martes, febrero 28, 2006

Capote

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Capote, genio y figura. Escritor único y excéntrico, admirado y brillante hasta la médula. "Retengo el 94% de lo que leo. Lo he comprobado". El hombre que inventó la novela de no ficción, y que escribió uno de los libros más grandes del siglo XX: A sangre fría. Su mito va unido irremediablemente al de su obra maestra, capaz de cambiar las tendencias y formas de escribir de la literatura norteamericana. Él lo sabía y era consciente del monstruo que estaba creando ("cuando pienso en lo bueno que será mi libro, me falta el aire") , un fascinador retrato del choque entre dos mundos, de las dos Américas (la de la familia unida del pueblo tranquilo y la de los descarriados que huyen de estado en estado) en la sangrienta noche del 14 de noviembre de 1959 en Holcomb, Kansas.

Capote es ni más ni menos que la puesta en escena de la construcción de aquel mito literario y, de paso, el retrato fidedigno de su autor en su descenso a los infiernos. Es todo un homenaje merecido a A sangre fría, es una apasionante narración del momento más trascendental de la vida del escritor y periodista, es una nada complaciente y genial película capaz de poner a sus pies a cualquier espectador con la sola presencia de un Philip Seymour Hoffman inmenso. Sin exagerar, el eterno secundario ha desempeñado la más impresionante actuación vista en un actor americano en muchos años. Sus gestos son medidos pero naturales y resulta imposible encontrar fisuras en una actuación que desborda brillantez en su representación del cinismo, de la ironía e inteligencia, del carácter sensible de Truman Capote. Hoffman es un gran actor que ha encontrado su sitio gracias a un papel para el que pareció nacer, pese a que se deje caer a posteriori en productos como Mission Impossible: 3. Una interpretación que, pese a su altura, está acompañada por una serie de actores y actrices que le rodean con gran solvencia. Desde Catherine Keener en el papel de la escritora e íntima amiga de Capote Nelle Harper Lee, hasta Cliffton Collins Jr. que se pone bajo la piel de Perry Smith, todos ellos denotan un gran trabajo interpretativo y una gran dirección de actores por parte de Bennett Miller que borda una película alejada de los cánones del biopic. Si algo hay que agradecerle a Miller es centrarse en el momento cumbre de la vida del personaje, aquellos años decisivos en los que forjó aquella obra por la que pasaría a la posterioridad y en la que tan implicado se vio hasta el punto de ser la última que finalizaría.

Pocas veces se ha tratado un personaje con tanta elegancia y sabiduría, acompañándolo de una historia que es paralela a la historia de A sangre fría, que apasiona a sus lectores y a sus no lectores, que demuestra la humanidad de los personajes implicados y que logra momentos soberbios, como el de la revelación de los hechos en la noche del asesinato o la ejecución final de Perry Smith y Dick Hickock. En una escena concreta de la película, la lectura de unos pasajes del libro ante un público asombrado y emocionado es un espejo de lo que vive la sala de cine ante un mito resucitado en pantalla. Un guión fuerte y de buenos diálogos, acompañados de un ritmo que nunca decae o aparenta endeblez, configuran un producto final perfectamente acabado y empaquetado con apenas unas manchas en el papel de regalo. Tal vez la homosexualidad de Capote no figure entre los objetivos principales de ese retrato, pero en cierta manera adolece de una ambigüedad que resulta incomprensible si la ponemos al nivel de la honestidad que defiere el resto de la película. Tampoco el arranque resulta del todo prometedor, con una rápida solución de lo que fue el crimen de los Clutter que, sin embargo, luego se revela como una reserva que más tarde concederá lo que echamos en falta de la noche de la matanza. Poco menos que conmóvedor resulta el momento en que Perry Smith narra aquellos hechos y un Capote contenido ante el horror, pregunta cuánto dinero consiguieron robarles. "40 dólares", contesta él.

En unos tiempos cada vez más dado a los biopics en serie, es de recibo hacer justicia a un drama tan portentoso y fascinante como Capote. Una de esas películas que gusta ver una y otra vez y que uno disfruta desde la admiración. Un trabajo que habla de lo mucho que promete Miller, y de lo grande que es Hoffman, un actor de pinitos que estaba en el momento y lugar oportuno para revelarse como lo que es: un auténtico camaleón. Genio y figura, Hoffman.
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Capote. Estados Unidos. 2005. 110'.
Director: Bennett Miller.
Guión: Dan Futterman; basado en la novela "Capote" de Gerald Clarke.
Música: Mychael Danna.
Fotografía: Adam Kimmel.
Montaje: Christopher Tellefsen.
Diseño de producción: Jess Gonchor.
Vestuario: Kasia Walicka Maimone.
Intérpretes: Philip Seymour Hoffman (Truman Capote), Catherine Keener (Nelle Harper Lee), Clifton Collins Jr. (Perry Smith), Chris Cooper (Alvin Dewey), Bruce Greenwood (Jack Dunphy), Bob Balaban (William Shawn), Amy Ryan (Marie Dewey), Mark Pellegrino (Dick Hickock).
Puntuación: 8
La web también está "encapotada"...
http://www.capotefilm.com/ (web oficial de la peli)
http://www.imdb.com/name/nm0000450/ (sobre Philip Seymour Hoffman)

lunes, febrero 20, 2006

Funny Games

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La ironía brutal que pone el título a la película de Haneke es el primero de los motivos para enfrentarse a ella con una óptica diferente. Esto es, desde la reflexión, la observación y la convicción de que se está a punto de ver una de esas películas que marcan, a sabiendas de que esos "juegos divertidos" son muchas cosas, pero en ningún caso divertidos. Cuando los fotogramas retenidos en la memoria de la persona y la escalofriante sensación de incomodidad ante una potencial situación de peligro se instalan en ella más allá de la algo más de hora y media de película, uno puede estar seguro de que el impacto cinematográfico de la misma es mayor del que podía esperar.

Puede sonar a tópico comparativo, pero es más que cierto que cuando vemos, hablamos, o incluso escribimos de Funny Games es inevitable pensar en La naranja mecánica. De alguna forma, ambas películas logran romper con la tranquilidad del espectador y exponen la conciencia del mismo a la serie de salvajes actos de sus protagonistas contra el orden social, el status quo que es quebrantado en dosis desmedidas de violencia. La película de Kubrick fue un hito demoledor, de esos que pasaran décadas y décadas de cine sin que pierda su capacidad de horrorizar, sorprender o transgredir, y que sigue siendo un ejemplo más que dejó el maestro de cómo hacer una película (casi) perfecta. 30 años de censura en Reino Unido y la carrera al traste de Malcolm MacDowell, su brillante protagonista, sólo sirvieron para alimentar su mito. Funny Games es La naranja mecánica de los 90, no me cabe ninguna duda. Y lo digo consciente de sus diferencias notables; lo digo pensando en la novena sinfonía de Beethoven y la siniestra sonrisa de MacDowell; lo digo pensando en la calma inusitada de Arno Frisch, el psicópata más escalofriantemente amable que un servidor ha conocido; lo digo, incapaz de olvidar la imagen de una televisión ensangrentada o la de un niño con una bolsa en la cabeza que apenas le deja respirar.
Haneke no descubre nada que no sepamos. No hurga en los motivos de la extrema violencia, no busca las razones ("¿por qué?", pregunta el padre de família; "¿por qué no? le responde el psicótico Paul), pero hace indigeribles las muertes que vemos por doquier y de forma contínua sin que la vida tenga ningun valor en tantas y tantas películas. Para ello, se sabe más que capaz de provocar la incomodida más extrema en el espectador desde la primera escena: en ella, la familia va en el coche camino a su chaletito de los fines de semana jugando a adivinar óperas (¿otra ironía del título?), cuando de repente irrumpen los créditos con una música atronadora, grunge extremo que resulta absolutamente irritante para los oídos. Poca música más oiremos a partir de ahí, porque precisamente una de las armas preferidas de Haneke será la total ausencia de música incidental, dejando en su lugar protagonismo a largos silencios o insoportables gritos de dolor y rabia.

La sensación de horror, de peligro, de agobio que le invade a uno cuando ve Funny Games tiene doble valor cuando en una maniobra de transgresión y de habilidad cinematográfica, Haneke es capaz de provocarla sin mostrar de forma directa al espectador los actos de mutilación, acuchillamiento, y asesinato que forman parte de los juegos. La cámara se encuentra, en esos momentos, enfocando como Arno Frisch está en la cocina preparándose un tentempié o fijando el plano sobre una Anna que asiste horrorizada y amordazada a las torturas aplicadas sobre su marido. La violencia sigue siendo insoportable hasta lo indecible, presente pero no expuesta, y acompañada por largos planos (incluso demasiado) que muestran de forma indirecta las desoladoras consecuencias emocionales que han resultado de esos actos. A todo esto hay que sumarle la ruptura de los esquemas clásicos cinematográficos que Haneke desempeña haciendo que el mismo Frisch se dirija al espectador en ocasiones o que, en un momento determinado, cuando se produce un brote de heroísmo fuera de lugar en su guión de horror y muerte, este coja el mando a distancia y se encargue de rebobinar la cinta para inflijir el castigo correspondiente.

Una gran experiencia visual que induce al espectador a una reflexión posterior sobre su mensaje. La crudeza e inseguridad transmitida por Funny Games obliga a recordar el absurdo de la violencia y a poner de manifiesto su instalación en la cuna de la sociedad del bienestar, irrumpiendo en brotes aislados pero alarmantes que, como un ciclón, acaba destrozando lo que encuentran a su paso. Toda una invitación a destapar miedos y asistir a la ruptura del orden, de la monotonía burguesa destrozada en mil pedazos por la visita inesperada de dos jóvenes amables e inofensivos que solo querían un par de huevos. Una invitación para la que ganas y estómago se necesitan.
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Funny Games. Austria. 1997. 108'.
Director: Michael Haneke.
Guión: Michael Haneke.
Música: Georg Friedrich Haendel, Pietro Mascagni, Wolfgang Amadeus Mozart y John Zorn.
Fotografía: Jürgen Jürges.
Montaje: Andreas Prochaska.
Intérpretes: Susanne Lothar (Anna), Ulrich Mühe (Georg), Arno Frisch (Paul), Frank Giering (Peter), Stephan Clapcynski (Schorschi), Doris Kunstmann (Gerda), Christoph Bantzer (Fred), Wolfgang Glück (Robert), Susanne Meneghel (Gerda Schwester), Monika Zallinger (Eva).
Puntuación: 9
Para seguir jugando, pincha por aquí...
http://www.elcultural.es/HTML/20040520/Cine/CINE9593.asp (entrevista MUY INTERESANTE a Haneke)

domingo, febrero 12, 2006

Buenas noches, y buena suerte

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Quién mejor que George Clooney para encarnar a ese actor que alguna vez se perdió. Ese galán y guaperas que deja atrás los papeles hechos como trajes a medida para ponerse serio y demostrar ser más que una cara bonita. Ese Cary Grant inteligente que alterna comedias ligeras con proyectos grandes y acaba convirtiéndose en más que una estrella es un espejo en el que Clooney podría mirarse. Tras su debut con Confesiones de una mente peligrosa, Buenas noches, y buena suerte se desvela como la personal confirmación de su director en forma de tributo a una de las figuras más carismáticas y relevantes del periodismo norteamericano de los años 50: Edward R. Murrow.

Uno de esos periodistas de pura cepa. Hombre convencido e intratable en su medio, capaz de ganarse el aprecio y la admiración de una opinión pública y poner contra las cuerdas a aquel obstinado McCarthy empecinado en la cacería de los fantasmas del comunismo. El retrato de Murrow es un retrato distanciado pero fiel, más pensado en la narración de su empresa contra el senador que en los detalles morbosos de su vida particular. Si algo se le puede agradecer a Clooney no es sólo su buen tratamiento de la cámara y la fidedigna reproducción de un momento y lugar apasionantes (merecen mención los decorados que construyen la redacción y plató de Véalo ahora, así como las instalaciones de la CBS), sino sus ganas de dejar para la posterioridad el retrato de un fragmento de la historia reciente estadounidense sin recurrir a parafernalias, pretensiones y artificios. Tanto que la narración se mantiene en un cierto grado de interés para el espectador que se mantiene constante, pero en ningún momento pasa a volverse apasionada y linda peligrosamente con el tedio. Tal vez la corta duración sea otro de los aciertos que, siendo de otra manera, le hubieran hecho perder muchos enteros a una obra calculada, medida del primer al último minuto, plano a plano, perfeccionista, competente en su guión así como su puesta en escena. Clooney se apunta un tanto como guionista y sube otro escalón en su carrera como director con la ayuda de un gran elenco de actores a los que sabe (y muy bien) dirigir. La impresionante actuación de David Strathairn recoge todos los silencios, miradas, y gestos medidos que serían el auténtico homenaje a Murrow, pero además le secundan buenos actores llamados Robert Downey Jr. (del que desearía estar asistiendo a una resurrección como actor), Patricia Clarkson, Frank Langella o incluso un sorprendente (y algo cebado) Jeff Daniels. Como si se vieran inmersos en aquella época y aquel equipo dispuestos a salir adelante al amparo de su carismático líder, siguen a su director para dar lo mejor de sí y componer un espectro sólido de actuaciones.


Buenas noches, y buena suerte no es película para agrado de masas, una de esas condenadas a escaso éxito y que hace levantar a impacientes espectadores acostumbrados al ritmo frenético y palomitero, tachándola falsamente de aburrida. Su ritmo es pausado y en ocasiones algo lento, pero recupera los tiempos de los clásicos en blanco y negro que también hereda para componer una historia ciertamente y eminentemente periodística que, induce a la reflexión cuando uno vuelve a enchufar la televisión y se encuentra con ciertas cosas. En esa recuperación, también asistimos a un ejercicio de documentación fabuloso que rescata imágenes de aquel vergonzoso episodio en el que la libertad de expresión y pensamiento de artistas, políticos y personajes de relevancia pública fue sesgada y sometida a la retórica hiriente y agresiva de McCarthy.
Por otro lado, es de recibo destacar que se ha renunciado a una introspección social que hubiera dado más profundidad a la película. Esta se centra casi exclusivamente en el ámbito de la profesión periodística de la que se convierte en un verdadero alegato, pero no es un reflejo de la reacción de la opinión pública ni de la época en sí más allá de las paredes de la CBS o del bar que frecuentan Murrow y sus hombres. Algo que tampoco es de reprender a un Clooney cuyo objetivo no es más que el de poner el ojo sobre ese equipo de profesionales que llevaron a cabo aquella proeza en forma de enderrocamiento del poder a golpe de verdades, y de qué manera se enfrentaron a las adversidades, presiones y miedos propios. Algo que, por supuesto, consigue. Y con nota.

En resumidas cuentas, el que antaño se dedicara a vestirse de espantajo y a rondar con Chris O'Donnell por Gotham City ha sabido madurar no sólo como actor (y gracias, entre otros, a sus colegas los Coen), pero también comienza a apuntar maneras de gran director. Y es una buena noticia. El tiempo dirá si esta película fue el inicio de su consolidación o una suerte de conato en el que se le apagaron las luces y, efectivamente, le dijera buenas noches al cine.
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Good night, and good luck. Estados Unidos. 2005. 93'.
Director: George Clooney.
Guión: George Clooney y Grant Heslov.
Fotografía: Robert Elswit (Blanco y negro).
Montaje: Stephen Mirrione.
Diseño de producción: Jim Bissell.
Dirección artística: Christa Munro.
Vestuario: Louise Frogley.
Intérpretes: David Strathairn (Edward R. Murrow), Robert Downey Jr. (Joe Wershba), Patricia Clarkson (Shirley Wershba), Ray Wise (Don Hollenbeck), Frank Langella (William Paley), Jeff Daniels (Sigfried "Sig" Mickelson), George Clooney (Fred Friendly).
Puntuación: 7
Pero aún hay más...
http://www.labutaca.net/films/35/goodnightandgoodluck.htm (sobre la peli)
http://wip.warnerbros.com/goodnightgoodluck/ (web oficial)
http://www.mangafilms.es/buenasnochesybuenasuerte (web oficial España)
http://www.tartcity.com/Strathairn.html (sobre David Strathairn, en inglés)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1407 (sobre George Clooney)
http://downeyunlimited.com/ (web de Robert Downey Jr.)
http://es.wikipedia.org/wiki/Patricia_Clarkson (sobre Patricia Clarkson)

viernes, febrero 03, 2006

Munich

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Enero y Febrero nunca fueron agradables para mí. El buen cine tropieza con los inclementes examenes, mientras parafernalias hollywoodienses se preparan para eternas ceremonias presentadas por graciosillos de sonrisas blanqueadas. Los premios me resultaban antaño divertidos en mi ignorancia, pero la edad despierta a uno una conciencia irrefenable en torno a la dorada farsa yanki que (casi) nunca premió a la mejor película, ni a sus derivadas categorías. El tío Oscar sostiene su espada dispuesto a repartir una justicia de la que nunca pudo presumir. Que se lo digan a Kubrick. O a Scorsese. 25 cm. de glamour y una destartalada réplica en mi estantería no son suficientes para sostener un post, pero sí llaman mi atención cuando Munich resulta ser una de las posibles elegidas a entrar en ese selecto y discutible club.

Y es que no es la más indicada para hacerlo. No por su calidad, que me parece evidente, sino porque se trata de una película poco académica. Hollywood no gusta de polémicas y películas poco agradecidas para con su patria. El glamour se lo dejó Spielberg vete a saber donde, porque esta historia de una venganza es de todo menos agradable a la vista de los señores miembros de la Academia. No quedan bien parados los americanos, y tampoco quedan mucho mejor los israelíes, encarnados en un grupo de matariles siempre más cercanos a la chapuza y a la sangría que a la sofisticación y limpieza "made in Bond". Munich narra la consumación de una venganza cruel y poco digerible a lo largo de dos horas y media de una película falsamente acusada de polémica. Las percepciones en torno a una película son tan diferentes como irreconciliables en cuanto a las ideologías que marcan una persona u otra dentro de una misma sala de cine. A nadie se le pide la objetividad absoluta por imposible, y por extensión no es reclamable a un cineasta que ya dejó en La lista de Schindler el retrato del sufrimiento de su pueblo y ahora aferra con ambas manos y sin miedo un tema tan delicado como omitido hasta la fecha. Por eso es de agradecer que, con su condición de descendiente de judíos, Spielberg no haya optado por convertir Munich en un instrumento de propaganda sionista que trate de justificar nada, sino en un producto que retrata la espiral de violencia inacabable creada a partir del horripilante atentado perpetrado en la villa olímpica de dicha ciudad en el 72. Judíos y palestinos son, en esta película, asesinos a sueldo contratados y que trabajan para naciones terceras que alimentan su odio mútuo. Si bien el protagonismo corresponde a los primeros, es más por necesidad de hilvanar una historia que por intenciones panfletarias de las que queda muy lejos. Los judíos aquí son protagonistas como son los palestinos de Paradise Now (otra de las sorpresivas candidatas al tío Oscar), más cuando la razón y mensaje de Munich son manifiestos en un epílogo en que los propios protagonistas reconocen la inutilidad de su venganza (si cae uno, otro peor ocupará su puesto...).

El rey midas sabe lo que se hace y vuelve a demostrar una profesión que muchos le discuten por su incuestionable capacidad para generar dólares a mansalva. Los minutos iniciales en los que se retrata el atentado y su impacto mediático alcanzan la maestría y con diferencia, son los mejores de esta película muy cercana a la perfección técnica a la que nos acostumbra su autor. Rápidamente se nos sitúa en la acción: un grupo encubierto formado por diversos especialistas aplicados en materias diversas (véase explosivos, conducción temeraria, limpieza de pruebas o falsificación documental) deberá recorrer distintas ciudades europeas con una lista de nombres a los que eliminar. Lo que en principio se trata de un "acto de justícia" se acaba tornando en una matanza continuada y sinsentido que hará pasar a sus responsables por el odio, la indiferencia, la inercia y el miedo final que les hace saberse objetivos. Eric Bana encabeza correctamente ese grupo secundado por unos magníficos secundarios (en especial unos Daniel Craig y Mathieu Kassovitz soberbios) que por ocasiones solapan su relativo protagonismo. En su sangrienta ruta, Spielberg tendrá ocasión para ofrecer grandes momentos de cine (el atentado en el hotel chipriota) que rubrica con su pericia técnica en el uso de la profundida de campo y los movimientos medidos de su cámara, acompañados por la, más que nunca, dramática y dolorosa música de John Williams.

Sin embargo, los "peros" de Munich hacen que todo esto no sea suficiente para llegar a la obra capital que pudo ser. La historia logra su función, pero adolece de un desgaste evidente hacia la última media hora. Por entonces ya se nos ha contado todo lo que había que contar y la estructura viaje-asesinato-reunión con el jefe o contacto acaba resultando repetitiva y su metraje, excesivo. El ritmo sufre un decaimiento considerable que le hace perder un pulso narrativo que hasta el momento había mantenido con eficacia y que acaba desembocando en un final que da la impresión de no acabar donde debería. A pesar de todo, esos minutos finales siguen transmitiendo la misma sensación de incomodidad y un cierto revoltijo estomacal que se genera cuando hemos asistido durante 164 minutos al espectáculo de la violencia irracional, del dolor de los pueblos enfrentados y a un thriller que consigue unir la acción y la tragedia en sus imágenes. Toda una demostración de oficio y clase cinematográfica.
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Munich. Estados Unidos. 2005. 164'.
Director: Steven Spielberg.
Guión: Tony Kushner y Eric Roth; basado en el libro de George Jonas.
Música: John Williams.
Montaje: Michael Kahn.
Fotografía: Janusz Kaminski.
Intérpretes: Eric Bana (Avner), Daniel Craig (Steve), Ciarán Hinds (Carl), Mathieu Kassovitz (Robert), Hanns Zischler (Hans), Geoffrey Rush (Ephraim), Ayelet Zurer (Daphna).
Puntuación: 7
Para ir de turismo por Munich...
http://www.munich.uip.es/ (web oficial España)

lunes, enero 23, 2006

Cantidades ingentes

De unos días a esta parte observo angustiado que, la velocidad con la que mi retina visiona cine queda muy lejos de la que me gustaría imprimir a mi ritmo de publicación en este blog. Es entonces cuando me doy cuenta de que la cinefagia es una cosa, y ponerse delante de un teclado a escribir un pedazo de texto con sentido es otra bien distinta. Mucho más difícil, y seguramente más polémico, pero al final más gratificante. Un servidor recuerda entonces que si escribe aquí con cierta regularidad es, precisamente, por la necesidad de compartir y discutir sobre una de sus mayores pasiones. Tranquilos, no voy a dejar caer una nueva retahíla de desesperantes confesiones. Fase superada. La cosa va de síntesis, resumenes, trozos de reflexiones y sentimientos que me dejaron algunas de esas películas perdidas en el camino que no han ocupado su sitio en cinelandia en favor de otras. Esto me pasa por devorarlas en cantidades ingentes... pero la otra opción sería dejar de hacerlo. Y no estoy por la labor.

Fascinante me resultó El viaje de Chihiro. Ni mucho menos una sorpresa. Ya venía avisado de la joya que me iba a encontrar y no es joya, sino un auténtico tesoro que se presenta capaz de romper todos los límites de la imaginación. Soy un completo ignorante del anime japonés y poco más sé de la trayectoria de Hayao Miyazaki. Pero sí fui capaz de darme cuenta hasta que punto me fascinó aquella recreación animada de un mundo de dioses y divinidades, en medio del cual se encontraba una Chihiro desconcertada, pero capaz de sobreponerse a cualquier adversidad. El viaje de Chihiro es un torrente de magia y un derroche imaginativo que desborda la pantalla que, en ningún caso, se queda en la intrascendencia o en la superficialidad. El valor de la amistad, perseguir los sueños y lo maravilloso de la infancia son temas que se dan cita en una película que empieza resultando impactante y extraña al espectador occidental, pero que acaba tornándose para ese mismo espectador en una apasionante leyenda de incontestable calidad. Resulta increíble la profundidad de sus personajes, humanos o no, en un mundo mitológico compuesto de sueños y momentos de cine auténticos y deliciosos, atractivos y oníricos. Tal vez lo mejor de la película sea comprobar como se puede llegar a la maestría en un terreno tan improbable para ello como es este. Por eso Miyazaki sabe como nadie romper todos los estereotipos y tópicos fábricados en serie por la Disney desde tiempos inmemoriales (cinematográficamente hablando), para dar una lección de cine entrañable y absolutamente descargado de pretenciosidad. Una delicia.
Puntuación: 9,5











La decepción me la llevé con Crash, de Paul Higgis. Si bien Higgis se ganó un renombre como guionista de Million Dollar Baby, tampoco hay que enterrar que antaño fue uno de los responsables de la teleserie Walker, hecha para mayor gloria de un Chuck Norris repartiendo mamporros a diestro y siniestro. Su debut en la dirección es la historia de un día en la ciudad de Los Ángeles durante el cual se cruzan las vidas de un inmigrante persa, un cerrajero también extranjero, dos delincuentes, un policía, un policía racista, el fiscal del distrito y su mujer y otras tantas almas que vagan por esa ciudad inconexa e infinita, como la definía el asesino Vincent (Tom Cruise) de Collateral, acaso un ejercicio de acción mucho más consciente y conocedor de dicha ciudad. Crash me pareció endeble, poco profunda cuando habla de sus personajes, e increíble en el mal sentido de la palabra. Las historias son tan forzadas como los lazos que las unen y algunas escenas rozan el absurdo, lo irrisorio. Un ejemplo es cuando la niña corre a interponerse entre su padre y la bala que le dispara el inmigrante persa, saliendo de la casa envuelta en un alo de luz, o la muerte de uno de los delincuentes negros a manos de un policía, tan incomprensible como absurda (atención al diálogo previo). Pero lo peor es su empecinamiento en el discurso antiracista, tan mal hilvanado y con tan poca inteligencia que acaba resultando grotesco en algunos momentos ("Madre ahora no puedo, estoy follando con una blanca"). Sin embargo, tiene unas cuantas virtudes que la salvan del naufragio. El mayor mérito de Crash es su discurso sobre la culpa y la redención que ya abordara Haggis en el escrito de Million Dollar Baby. A esto le acompañan unas cuantas escenas brillantes como la del accidente de coche en el que Thandie Newton queda atrapada, o la desgarradora en que Matt Dillon ayuda a su padre enfermo sentado en el váter. Buenos momentos de cine que, sin embargo, quedan lejos de dos maestros en esto de cruzar vidas como son Paul Thomas Anderson y Robert Altman. Puntuación: 5















Curiosidad fue lo que me despertó La noche de Halloween. Sin esta película no se entenderían ni tan si quiera existirían un gran número de posteriores productos de terror. Desde que se estrenara en 1978, su herencia ha sido indiscutible. Wes Craven y sus sucesores nos han acostumbrado a la vertiente más gore del género y ahora nos resulta casi increíble revisitar La noche de Halloween (sí, la de Michael Meyers, el asesino de la máscara de hockey) para apenas encontrarnos unas pocas gotas de sangre. Con todo, se trata de una de las mejores películas sobre la figura del voyeur, el sujeto que observa desde lo lejos, el asesino y cazador que acecha y que no veremos hasta el final de la película. Desde el inicio en que vemos el primer asesinato a través de la máscara ya intuímos que ese ejercicio de observación va a ser constante y en verdad, si bien La noche de Halloween no provoca el miedo que la hacía la película favorita de muchos adolescentes de instituto para llevar a sus respectivos ligues, hoy día sigue siendo capaz de generar la original inquietud que generaba en el espectador. Puntuación: 8

















Nostalgia de una época y lugar que no viví es lo que sentí con la tan absurda como encantadora ¡Qué noche la de aquel día!, por una vez acertada reinvención del título al español (A Hard Day's night es el original que da también nombre a una canción de sus cuatro protagonistas). La película de Richard Lester es todo un icono del pop y bandera de las llamadas pop movies. La experiencia no es sino la de pasar un día entero con los Beatles y descubrir su doble faceta gamberra y adorable en un ejercicio de propaganda para el grupo más que efectivo. Es una película de escasos méritos cinematográficos, cosa que por otro lado, en ningún momento pretende. Su guión se limita a seguir a los Beatles en sus juergas, ruedas de prensa y a meter situaciones de relleno entre canción y canción en las que el cuarteto dan rienda suelta a sus locuras. Una película que si en la actualidad se hiciera con cualquier otro grupo resultaría una broma de mal gusto (véase Spiceworld) pero que muy al contrario enamora, por que se trata de quienes se tratan y porque fascina conocer un poco más al niño grande que fue John, al carismático Paul, la inteligencia de George o el alma noble de Ringo. El recuerdo de un mito que, huelga decirlo, tiene una de las mejores bandas sonoras de la historia. Puntuación: 6











Y la rareza me la encontré en Kiss Kiss Bang Bang. El debut en la dirección de Shane Blake es original pero no rompedor, visualmente atractivo pero no deslumbrante, divertido pero no despampanante... Se ve a gusto y en principio resulta una propuesta diferente, pero al fin y al cabo acaba siendo una película más de detectives con elementos atípicos al cine negro. Resulta acelerada y demasiado condensada en la hora y media que dura para entender la compleja telaraña de asesinatos y tramas, por lo que uno al final se acaba quedando con los mejores momentos de humor negro, que los tiene y no son pocos (genial la escena de la ruleta rusa o cuando Robert Downey Jr. encuentra el cadáver en su baño). Sorprende también encontrarse con cocesiones de sus dos protagonistas al espectador, al que hablan directamente incluso para comentar aspectos de la narración, un detalle que se aprecia y gusta excepto cuando se utiliza para justificar un happy end imposible. Kilmer y Downey Jr. forman una buena pareja protagonista, con química indiscutible entre dos personajes improbables, un detective gay y un chorizo de poca monta. Sus geniales créditos iniciales y su original forma de narración son los puntos fuertes de una película que se queda a mitad camino de lo que pudo ser. Puntuación: 6

viernes, enero 20, 2006

Jarhead, el infierno espera

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Y esto es un tal Swofford que un buen día arrea con su petate y traje impecable y se presenta en las oficinas de alistamiento, no muy convencido de que aquello vaya a ser una buena idea. Su padre y su abuelo habían sido marines y el orgullo familiar es lo primero, pero es que además no hay honor mayor ni más bonito que el de servir a tu país y ayudar a los pobres kuwaitíes a los que se les echa encima ese demonio de Sadam Hussein. Pero aún así, no sabe si es una buena idea. No sospecha sin razón el chico cuando no sabe que, meses después, se encontrará en mitad del desierto de Arabia Saudí con no mayores entretenimientos que el de la masturbación (alternancia de manos para evitar el tedio), el fútbol en la arena del desierto o borracheras descomunales en días de fin de año. Número de kuwaitíes avistados: 0. Número de iraquíes avistados: 0. Número de pozos petrolíferos que defender (de los buenos amigos árabes): unos cuántos. Y que nadie los toque.

Para ser una historia en la que más bien no pasa nada, el tal Swofford le sacó una rentabilidad pasmosa cuando en 2003 la publicó en forma de un libro de memorias que rápidamente se ganó el sello de best-seller (9 semanas a la cabeza de los más vendidos) y recibió el honor titular de clásico por el The New York Times. Curioso lo de estos americanos, que de vez en cuando les hace gracia ver como se ríen de ellos, véase American Beauty. Pero es que aquel tal Mendes lo hizo tan bien y con un estilazo visual... que ahora le da por adaptar Jarhead con la misma sorna y acidez y les sigue gustando. Irak hace milagros. En el cine, digo. No sólo fueron los tres reyes que paseaban por aquel desierto en busca del oro del bigotudo, escondido en algún búnker inexpugnable. Aquel Russell sabía ser tan ácido como Mendes, pero contaba con el factor sorpresa. Los reyes eran cuatro, pero faltó Spike Jonze al mitad del camino. Los otros, Clooney, Cube y Wahlberg, no eran de los que repartían regalos y caramelos en la cabalgata, sino de los que iban a buscarlos. En el camino, una pizca de acción, otra tanta de injusticia social y unos toques de humor negro del bueno conseguían un pastel más que apetecible.

Ahora le toca el turno a los "cabeza bote", encabezaboteados por un Jake Gyllenhaal que pisa fuerte y además promete, dando vida a un Swofford exhausto, agotado de una guerra que nunca verá y en la que nunca apretará el gatillo, cansado de la mentira de una patria que en verdad le mandó a defender el oro negro, que al fin y al cabo es lo que cuenta. Aquí el que dispara es Sam Mendes, capaz de atreverse con una comedia rompedora y brutal sobre la familia media-alta, para luego meterse con esa adaptación de cómic deudora del mejor cine negro que era Camino a la Perdición. Ahora Jarhead le brinda la oportunidad de lindar con la crítica al belicismo, a la guerra de Irak y a todas las guerras en general. Divertida, pero también indigesta mofa que bien le viene a una España en últimos días caldo de cultivo de generales de circo que exaltan la patria con enfermizo fervor. La película de Mendes es tan sencilla en su argumento como ambigua en sus intenciones, criticona y cercana a la sátira, pero a veces debilitada por la exaltación del sentimiento de camaradería que, suponemos, es más de Swofford y su novela que no del director inglés. Jamie Foxx, por ejemplo, se encarga de recordar a la cámara porque le gusta ser marine en medio de un escenario dantesco, enfatizado con un u-ah que uno no puede dejar de pronunciar a modo de burla a la salida del cine. Por lo demás, se caracteriza por ser valiente y honesta en la descripción de la verdadera realidad bélica e interna de los marines en la que, al igual que se exalta el sentimiento de compañerismo, tampoco se esconde nada, hasta el punto de regodearse en la vergüenza humana en la cruel escena del hierro candente.

El regustillo American Beauty también está aquí presente en pasajes de paranoias de un protagonista que roza el delirio en escenas de impresionante factura visual a la que nos tiene acostumbrado su autor. Si bien no son tantas las oportunidades para darnos ese gustazo, la compensación viene con momentos de gran impacto y belleza en los fotogramas que componen a un Swoff contemplando enormes columnas de fuego bajo la lluvia de petróleo. "La tierra está sangrando", dice solemne. El montaje de Walter Murch, apabullante y brillante, es un aliciente más que evita el decaimiento del ritmo e imprime dinamismo a Jarhead, un retrato profundo de los soldados anónimos con actores casi anónimos (Gyllenhaal comienza a sonar ahora con Brokeback Mountain) y algún secundario de lujo como Jamie Foxx o Chris Cooper.

Todos ellos componen este inclasificable cuadro que invita a su observación, interpretación y reflexión. Thomas Newman pone la música y Kanye West se reivindica con una brillante canción original (Jesus walks with me) bien acompañada de una serie de temas clásicos que añaden a las escenas el toque de desenfado necesario que apuntalan a Jarhead como un conseguido ejercicio crítico y de entretenimiento. Una demostración de que su autor sabe desenvolverse con profesionalidad en cualquier terreno, incluso en esa nueva meca de la sátira o comedia bélica que parece ser un Irak que, por otro lado, para pocas bromas está.
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Jarhead. Estados Unidos. 2005. 123'.
Director: Sam Mendes.
Guión: William Broyles; basado en el libro de Anthony Swofford.
Música: Thomas Newman.
Montaje: Walter Murch.
Fotografía: Roger Deakins.
Intérpretes: Jake Gyllenhaal (Tony "Swoff" Swofford), Peter Sarsgaard (Allen Troy), Lucas Black (Chris Kruger), Jamie Foxx (Sargento Sykes), Chris Cooper (Teniente coronel Kazinski), Evan Jones (Fowler).
Puntuación: 7
Visita el infierno...
http://www.labutaca.net/films/37/jarhead.htm (sobre la peli).
http://www.jarhead.uip.es/ (web en español).
http://www.jarheadmovie.com/welcometothesuck.html (página web oficial).
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1710.html (sobre Sam Mendes).
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1429.html (sobre Jake Gyllenhal).
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2233.html (sobre Jamie Foxx).