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miércoles, noviembre 23, 2011

Un dios salvaje

Lejos del Roman Polanski más agitador, Un dios salvaje podría responder al fácil símil del lobo con piel de cordero, una película sin medias tintas pero en la que se columbra más furia de la desplegada sobre el escenario. Lo cual no evita, claro, que incómodas revelaciones se den cita entre las cuatro paredes: la maligna facilidad de Christoph Waltz para desmoronar todo sistema de valores ajeno, la comodidad de Jodie Foster a la hora de encarnar la más impostada moral occidental o la sorprendente progresión de John C. Reilly hacia un iracundo lado oscuro. Pero sobre todo, resulta inquietante el inevitable paralelismo que la cinta establece con El ángel exterminador (1962) de Buñuel, cada vez que sus encrespados personajes no consiguen abandonar la casa para volver al reglado y civilizado mundo exterior.
En la imagen: Fotograma de Un dios salvaje, película distribuida en España por Alta Classics © 2011 SBS Productions, Constantin Film Produktion, SPI Film Studio, Versátil Cinema, Zanagar Films y France 2 Cinéma. Todos los derechos reservados.

martes, septiembre 22, 2009

Malditos bastardos




El título original, Inglourious basterds, da la pista sobre el destinatario de tamaña declaración, a partir de la reinvención ortográfica sobre “The inglorious bastards”, título inglés de Aquel maldito tren blindado (Enzo G. Castellari, 1978). La cinta de Castellari (quien disfruta de un cameo aquí) era una digna representante del macaroni combat, subgénero contestando con deliciosa serie B y desinhibición a las muestras de cine de comandos que llegaban desde Hollywood a finales de los 60 (imprescindibles como Doce del patíbulo o  Los violentos de Kelly). Tarantino no excluye ninguna posibilidad y Malditos bastardos profesa devoción por aquellas formas gamberras y festivas, pero se postra, sobre todo, ante un tiempo y contexto en el que también coexistía el spaghetti western. Los primeros compases de su película significan, de hecho, uno de los mayores milagros de su filmografía, el improbable encuentro entre Sergio Leone y John Ford que supone un capítulo-apertura equiparable en excelencias al de Kill Bill: Vol. 2. Este le basta al realizador para demostrar su dominio insultante en el diseño del diálogo, en el asentamiento de un clima desde el perfecto control de los tiempos y los resortes del mismo; pero también en la creación de personajes irrevocablemente magistrales, aquí un coronel Hans Landa interpretado por un inmenso Christoph Waltz.
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