
La cuarta película de la filmografía de Hayao Miyazaki es un esbozo de los rasgos que definirán, en pocas películas, la que se alzará como su obra más maestra e universal: El viaje de Chihiro. Como los bocetos de las grandes obras de arte, el boceto es bello y de rasgos más simples, pero adquiere un carácter ineludible en la construcción final de la obra magnánima. Este es el caso de Mi vecino Totoro, nunca tan compleja como aquel inolvidable viaje, pero depositora de las bases de parte del universo de Miyazaki: aquel que rinde una sincera oda a la infancia y al poder de la imaginación; la fascinación por el mundo que le rodea, y la necesidad de crecer con y ser amigo de la fantasía, compañero de viaje que un día abandonará el sendero, pero que hasta entonces será nuestra arma más poderosa frente a los obstáculos del mundo real.
Así, Mi vecino Totoro es una elegía a la infancia, bucólica y rebosante de magia. Las dos hermanas que protagonizan la película de Miyazaki, Sitsaku y Mei, representan respectivamente la niña que deja poco a poco la infancia atrás y la hermana pequeña que vive en la más absoluta inocencia y pureza de la niñez. Mientras Sitsaku empieza a afrontar las responsabilidades de un adulto o advierte la existencia del sexo masculino, su prioridad máxima es la de cuidar de su hermana Mei, risueña y jovial niña que sólo piensa en jugar y proclama su creencia en un mundo feérico que no está al alcance de los más adultos. Por esta razón Sitsaku se encuentra, cada vez más, en la incerteza de creerla o no cuando su hermana, adentrándose en un túnel que encontró en medio de la maleza, llegó al refugio de un extraño ser corpulento y de enorme boca al que llamó Totoro. Esta variación de la Alicia de Lewis Carroll en su entrada a un mundo fantástico y de fantasía inefable corresponde a las necesidades emocionales de la pequeña Mei. Y su nuevo vecino Totoro, ser entrañable donde los haya, será aquel al que le corresponda ayudarla cuando la infante se enfrente a los miedos que la invaden: el temor a quedarse sin el padre protector y comprensivo o la madre hospitalizada. Totoro es un ser extraordinario que sólo un niño puede entender con racionalidad indiscutible, precisamente porque es un ser que pertenece únicamente a su mundo, el de los sueños y los juegos con duendes del polvo y pequeños seres del bosque, aquel en que un gatobús acude en tu ayuda si crees en él y te dejas guiar por su rumbo.

Esconde Mi vecino Totoro, bajo su narración aparentemente simple, un soberbio cuento sobre la infancia y sus maravillas, lleno de lirismo y sencillez, desposeído de pretensiones y de ideales más allá que los del ecologismo y la bondad del ser humano. Y no por ello este micromundo creado por el siempre inspirado Miyazaki supone un cargante derroche de alegría y optimismo. Miyazaki propone en su película, de forma sutil y magistral, el miedo a la pérdida como el principal enemigo de la felicidad de la infancia: la pérdida de la madre, enferma y hospitalizada; la pérdida de Mei, en un viaje movido por el amor y nunca por la racionalidad; y la pérdida del mágico mundo de Totoro, ese ser capaz de devolver la sonrisa a una niña con juegos en los que la diversión hace crecer un árbol hasta el cielo o correr entre el bosque con el veloz gatobús. Estas pérdidas nos recuerdan, no muy lejanamente, a la trágica pero imprescindible La tumba de las luciérnagas (Hotaru No Haka, Isao Takahata, 1988), realizada el mismo año también por el Estudio Ghibli. Sin embargo, al contrario que en aquella, Mi vecino Totoro está forzada a validar su tesis a través de un final optimista y radiantemente feliz: la imaginación en la infancia es un tesoro que transforma, deforma e idealiza el a veces gris mundo real. Un tesoro que es preciso conservar mientras el corazón deje de imponerse a la razón, y el niño deje de serlo.
Miyazaki realizó con Mi vecino Totoro un notable ejemplo de cine exultantemente inteligente, tan dirigido a los mayores que observarán nostálgicos la profundidad de su mensaje como los más pequeños, quienes quedarán tan inscritos e identificados en ese mundo mágico que propone el genio japonés que sus escasos 86 minutos de metraje se quedarán en un suspiro. Un suspiro y un recuerdo que perdure como la joya con la que un día fueron más niños que nunca.
------------------------------------------------------------------------------------Así, Mi vecino Totoro es una elegía a la infancia, bucólica y rebosante de magia. Las dos hermanas que protagonizan la película de Miyazaki, Sitsaku y Mei, representan respectivamente la niña que deja poco a poco la infancia atrás y la hermana pequeña que vive en la más absoluta inocencia y pureza de la niñez. Mientras Sitsaku empieza a afrontar las responsabilidades de un adulto o advierte la existencia del sexo masculino, su prioridad máxima es la de cuidar de su hermana Mei, risueña y jovial niña que sólo piensa en jugar y proclama su creencia en un mundo feérico que no está al alcance de los más adultos. Por esta razón Sitsaku se encuentra, cada vez más, en la incerteza de creerla o no cuando su hermana, adentrándose en un túnel que encontró en medio de la maleza, llegó al refugio de un extraño ser corpulento y de enorme boca al que llamó Totoro. Esta variación de la Alicia de Lewis Carroll en su entrada a un mundo fantástico y de fantasía inefable corresponde a las necesidades emocionales de la pequeña Mei. Y su nuevo vecino Totoro, ser entrañable donde los haya, será aquel al que le corresponda ayudarla cuando la infante se enfrente a los miedos que la invaden: el temor a quedarse sin el padre protector y comprensivo o la madre hospitalizada. Totoro es un ser extraordinario que sólo un niño puede entender con racionalidad indiscutible, precisamente porque es un ser que pertenece únicamente a su mundo, el de los sueños y los juegos con duendes del polvo y pequeños seres del bosque, aquel en que un gatobús acude en tu ayuda si crees en él y te dejas guiar por su rumbo.

Esconde Mi vecino Totoro, bajo su narración aparentemente simple, un soberbio cuento sobre la infancia y sus maravillas, lleno de lirismo y sencillez, desposeído de pretensiones y de ideales más allá que los del ecologismo y la bondad del ser humano. Y no por ello este micromundo creado por el siempre inspirado Miyazaki supone un cargante derroche de alegría y optimismo. Miyazaki propone en su película, de forma sutil y magistral, el miedo a la pérdida como el principal enemigo de la felicidad de la infancia: la pérdida de la madre, enferma y hospitalizada; la pérdida de Mei, en un viaje movido por el amor y nunca por la racionalidad; y la pérdida del mágico mundo de Totoro, ese ser capaz de devolver la sonrisa a una niña con juegos en los que la diversión hace crecer un árbol hasta el cielo o correr entre el bosque con el veloz gatobús. Estas pérdidas nos recuerdan, no muy lejanamente, a la trágica pero imprescindible La tumba de las luciérnagas (Hotaru No Haka, Isao Takahata, 1988), realizada el mismo año también por el Estudio Ghibli. Sin embargo, al contrario que en aquella, Mi vecino Totoro está forzada a validar su tesis a través de un final optimista y radiantemente feliz: la imaginación en la infancia es un tesoro que transforma, deforma e idealiza el a veces gris mundo real. Un tesoro que es preciso conservar mientras el corazón deje de imponerse a la razón, y el niño deje de serlo.
Miyazaki realizó con Mi vecino Totoro un notable ejemplo de cine exultantemente inteligente, tan dirigido a los mayores que observarán nostálgicos la profundidad de su mensaje como los más pequeños, quienes quedarán tan inscritos e identificados en ese mundo mágico que propone el genio japonés que sus escasos 86 minutos de metraje se quedarán en un suspiro. Un suspiro y un recuerdo que perdure como la joya con la que un día fueron más niños que nunca.
Tonari no Totoro. Japón. 1988. 86'.
Director: Hayao Miyazaki.
Guión: Hayao Miyazaki.
Música: Jo Hisaishi.
Fotografía: Hisao Shirai.
Montaje: Takeshi Seyama.
Producción: Toru Hara.
Puntuación: 8,2
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http://bango.blogia.com/2007/070601-mi-vecino-totoro-el-laberinto-del-troll.php (magnífico artículo sobre la película en El Cronicón Cinéfilo)
http://es.wikipedia.org/wiki/Hayao_Miyazaki (sobre Hayao Miyazaki)