La calma tras la tempestad. 7 samuráis, 7 ronin, 7 descarriados acaban de librar la última gran batalla de su vida. Una lucha sin recompensa ni honores de guerra. Como única motivación, el convencimiento de salvaguardar el honor del guerrero en la defensa de una aldea ignorante e indefensa ante los saqueos de los bandidos año tras año. La guerra ha durado varios días y ha precisado de una milimétrica estrategia para hacer posible la gesta de derrotar a un pequeño ejército de 40 villanos de extrema crueldad. Por tres comidas al día y un buen puñado de redención espiritual, esos 7 hombres serían capaces de enfrentarse a los ejércitos del emperador. Aun sabiendo que no serán 7 las vidas que verán la luz de un nuevo día.
Y así, en el conmovedor epílogo de la obra de Akira Kurosawa, los campesinos exultantes tras la victoria de sus héroes, recogen el arroz entre cantos y liberados por fin del miedo con el que se acostumbraron a vivir. A no mucha distancia de allí, tres olvidados y silenciosos samuráis observan el ritual al pie de una colina donde yacen cuatro tumbas con las respectivas armas de los guerreros allí enterrados. Por la mente de los tres supervivientes transcurren los recuerdos de sus compañeros y amigos: el loco Kikuchiyo o el letal e impasible Kyuzu no volverán a blandir su espada. El adiós de los combatientes anónimos, olvidados por los mismos aldeanos a los que salvaron.
