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miércoles, octubre 26, 2005

21 gramos



Cuenta pendiente saldada. La vi hace unos días y aún me dura el nudo en el estómago. Una de esas películas que golpean la vida de una persona de forma inesperada y dura, y que, a pesar de todo, se hace querer y uno no puede sino tener el deseo de verla otra vez.

Y es que 21 gramos es una gran película, trágica hasta lo indecible, poderosa, dolorosa y humana como pocas. El primer fotograma es toda una declaración de intenciones, con Sean Penn sentado al borde de una cama donde duerme desnuda la bellísima Naomi Watts, y un silencio sepulcral que encierra dolor. Una caja de pandora en la que se han metido tres vidas desconocidas entre sí pero unidas por la fatalidad del destino. Un hombre enfermo (Penn), que espera un trasplante de corazón y que ve como su vida y su matrimonio se acaban, un ex presidiario (del Toro) ahora reconvertido y religioso, amante de su familia, y una mujer (Watts) feliz con su marido y sus dos hijas. Un accidente trunca esas vidas y las cambia para siempre, para unos en forma de segunda oportunidad, para otros como la evidencia de un perdón imposible, para otros el más inconcebible de los dramas.

Tremebunda, genial, narrativamente perfecta, un puzzle que se pone a disposición del espectador y cuyas piezas van encajando a medida avanza el metraje mediante un meticuloso y magnífico montaje. Y por supuesto, imposible no hablar de unos actores que rozan el cielo en su actuación. Sean Penn presenta su candidatura a uno de los mejores actores de estos comienzos del siglo XXI, interpretando a ese enfermo de corazón que ve su vida terminar y al que un giro inesperado le devuelve la razón de su existencia y una segunda oportunidad. Benicio del Toro, el ex presidiario, o la búsqueda de la redención en un hombre que lo da todo por su familia, pero al que ese accidente de coche le recuerda la condición de castigado por la eternidad y acaso por un Dios inclemente en el que ya no sabe si creer. Una actuación soberbia, que me recordó al grandísimo actor que vi en Traffic. Y Naomi Watts, mujer hermosa que lo tiene todo y que todo lo pierde del día a la noche: "Dicen que la vida sigue, pero no es verdad... la vida ya no sigue de la misma manera". De alguna manera, Watts consigue enamorar a la cámara a pesar de su desgracia, su personaje nos muestra un alma desnuda y rota en mil pedazos, y lo hace tan bien que resulta imposible imaginar a cualquier otra en su papel.

Deprimente y brillante, buenos diálogos y mejor guión. Iñárritu retrata la América profunda y nos mete de lleno en el drama humano, en la desgracia de la vida, y lo hace como nadie. Una película sobresaliente, una de esas que sabes que con el paso de los años envejecerá como el buen vino y será, indiscutiblemente, un referente a tener en cuenta. "Dicen que todos perdemos 21 gramos al morir, el peso de cinco monedas de cinco centavos, el peso de una chocolatina, el peso de un colibrí... o quizá, el peso del alma".
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21 grams. Estados Unidos. 2003. 125'.
Director: Alejandro González Iñárritu.
Guión: Guillermo Arriaga.
Música: Gustavo Santaolalla.
Fotografía: Rodrigo Prieto.
Montaje: Stephen Mirrione.
Intérpretes: Sean Penn (Paul), Benicio Del Toro (Jack Jordan), Naomi Watts (Christina), Charlotte Gainsbourg (Mary Rivers), Melissa Leo (Marianne Jordan)
Puntuación: 9