Mostrando entradas con la etiqueta Naomi Watts. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Naomi Watts. Mostrar todas las entradas

viernes, julio 11, 2008

Funny Games



Dice Michael Haneke que si ha decidido hacer él mismo un remake de su propia película es porque desea que el mismo mensaje que aquella perturbadora Funny Games de hace una década, aquella patada en el estómago del espectador que fue bautizada por algunos como La naranja mecánica de los 90, tuviera un alcance mayor y llegara a un público más amplio. De este modo, surge la respuesta a la forzosa pregunta de por qué Haneke, diez años después de uno de sus más controvertidos triunfos, decide repetirlo con un reparto internacional y realiza una película idéntica a aquella, plano por plano. Nos encontramos ante la actualización de una obra, en la que Haneke, a diferencia de Gus Van Sant y su ya célebre fotocopia en color del clásico de Hitchcock Psicosis (Psycho, 1998), ostenta el derecho del autor a reeditar su propia obra con una mayor tirada y reevaluar el impacto de la misma en las audiencias de hoy día.

Porque ciertamente, lo que ha cambiado es la reacción del público y no la película de Haneke. La Funny Games de 1997 era una bofetada a la creciente insensibilización de una sociedad ante la violencia. Sin embargo, la condición de autor de Haneke no era un incentivo para que su Funny Games se convirtiera en un severo correctivo para las masas abocadas al creciente consumo de violencia vía televisión. Diez años después la nueva Funny Games, en su idéntico acabado, sigue teniendo esa capacidad de despedazar la seguridad y el bienestar del espectador, amén de su intacto desafío moral al mismo. La cuestión a plantear es si, atendiendo al modo en que las audiencias han continuado alimentándose de violencia gratuita, esta actualización de Haneke es capaz de ejercer sobre el gran público de hoy el mismo devastador efecto que tuvo sobre aquellos que, para bien y para mal, descubrimos su imprescindible obra original en su condición de cine de autor. Y sin quererlo (¿sin quererlo?) Funny Games se ha convertido en un experimento sociológico cuyos resultados probablemente queden en la incógnita.



Así que esta Funny Games sigue conservando los méritos que encumbraron a su predecesora. Sigue siendo el más angustioso retrato de la violencia posible en el que, paradójicamente, la violencia siempre tiene lugar fuera de campo. La brillantez de Haneke reside en su capacidad para crearnos un malestar por momentos insostenible sin mostrar las escenas de tortura y asesinato que tendrán lugar. En su lugar, encontraremos imagenes del sufrimiento del que mira, del espectador que asiste a la violencia (la cámara enfoca a Ann [Naomi Watts] mientras oímos los gritos de su marido George [Tim Roth], siendo acuchillado), planos en los que Haneke mantiene nuestra mirada sobre el dolor indecible que sucede al estallido de violencia, y la impasibilidad de aquellos que se retroalimentan de la violencia sin saber el por qué y la ejecutan con frialdad disfrazada de terrorífica amabilidad. La única excepción en la que la violencia entra dentro de campo es aquella escena en la que Ann toma la escopeta y dispara a Fred (Boyd Gaines), uno de los dos asaltantes. En ese momento su compañero Paul (Michael Pitt), toma el mando a distancia y rebobina la escena hasta el momento preciso en el que cambiar el curso de los acontecimientos. Esta subversiva genialidad con la que Haneke sorprendió a propios y extraños en 1997, entra de lleno en el discurso que domina Funny Games de principio a fin. Sólo basta recuperar la perturbadora imagen del televisor manchado de sangre para entender lo que Haneke trata de decirnos. Y es que diez años después, se puede decir que el proceso de retroalimentación de la violencia activo en la actual sociedad de la información no sólo ha aumentado, sino que se ha exponenciado de manera alarmante. Al alcance de un mando a distancia se encuentra nuestra vía para nutrirnos de ella y regodearnos simplemente dándole al botón de rebobinar o cambiando de canal. Y absorberla, casi inconscientemente, como espectáculo:

George (Tim Roth): ¿Por qué no nos matáis, y ya está?
Fred (Boyd Gaines): No hay que olvidar la importancia del espectáculo...

Ni nosotros, que somos cómplices del mismo. Paul (Michael Pitt) nos pregunta de qué lado estamos y, en más de una ocasión mira a la cámara y nos sonríe (sustituyendo al guiño de Arno Frisch en la anterior Funny Games). Y a propósito de Arno Frisch, destacar a Michael Pitt y su perturbadora interpretación como el frío asesino sin motivos ni objetivos aparentes. Como él, el resto del reparto está a la altura de las circunstancias y hace que, incluso en el apartado actoral, Funny Games se equipare a su predecesora, consiguiendo que ningún personaje pierda un ápice de tanto el terrorismo disfrazado de serenidad e impasibilidad caracterizado por los dos intrusos como el horror ante lo desconocido y lo impensable por parte de una familia modelo (todo sea dicho, servidor sigue prefiriendo la escalofriante calma de Arno Frisch a la extrañeza algo más repulsiva que posee el Paul de Michael Pitt).



Funny Games sigue siendo tan necesaria como en 1997, pero sin embargo el impacto es diferente cuando uno ya ha conocido las dos películas gemelas de Haneke. Uno no puede evitar sentirse anticipado a todo lo que viene por delante y, pese a que no ha perdido la fuerza de su mensaje, sí se hecha de menos el mismo espíritu de ruptura y subversión que podrían haber otorgado más ricos matices a esta nueva revisión.
-------------------------------------------------------------------------------
Funny Games. Estados Unidos. 2007. 111'.
Dirección: Michael Haneke.
Guión: Michael Haneke.
Fotografía: Darius Khondji.
Montaje: Monika Willi.
Producción: Chris Coen y Hamish McAlpine.
Diseño de producción: Kevin Thompson.
Vestuario: David Robinson.
Intérpretes: Naomi Watts (Ann), Tim Roth (George), Michael Pitt (Paul), Brady Corbet (Peter), Devon Gearhart (Georgie), Boyd Gaines (Fred), Siobhan Fallon Hogan (Betsy), Robert LuPone (Robert), Susanne Haneke (cuñada de Betsy), Linda Moran (Eva).
Puntuación: 7
Sigue jugando...
http://wip.warnerbros.com/funnygames/ (web oficial)
http://www.labutaca.net/films/60/funnygames.php (sobre la película)
http://es.wikipedia.org/wiki/Michael_Haneke (sobre Michael Haneke)
http://es.wikipedia.org/wiki/Michael_Pitt (sobre Michael Pitt)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1526.html (sobre Naomi Watts)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1598.html (sobre Tim Roth)

lunes, enero 28, 2008

Promesas del este



El cine de David Cronenberg se sitúa en el oscuro recodo del arte donde tantos maestros son renegados u olvidados. El director canadiense perteneció antaño a los marginales, incomprendidos o furiosamente reprendidos por unos planteamientos intolerables para buena parte del espectro crítico y académico. Las premisas de su cine son las pertenecientes a la Nueva Carne, una corriente ilustradora del sublimado miedo del hombre a ver su cuerpo abierto, deformado hasta la desintegración de su identidad, que con frecuencia era rápida y simplistamente condenada como grotesca, gratuita o de extremo mal gusto. Hoy Cronenberg es un cineasta de creciente respeto al que muchos se apuntan a constatar su "madurez" con películas como Promesas del este, como si su pasado estuviera lleno de productos de serie B destinados a rellenar las estanterías de los videoclubes esperando adolescentes sedientos de sangre y vísceras. Y aquí no ha pasado nada.

Lo que Promesas del este desprende en sus imágenes es la sabiduría cinematográfica de su realizador, no una madurez que alcanzó mucho tiempo atrás y que dejó en su haber obras del calibre de La mosca, Videodrome o eXistenZ. Su última película, sin embargo, continúa alejándose del terror biológico que le hizo autor de culto y se emparienta con Una historia de violencia como una evolución lógica de una filmografía que no ha experimentado una súbita transformación, sino que se halla en una constante evolución en la que el canadiense nunca perdió sus señas de identidad. En Promesas del este, vuelve a fijarse en la naturaleza del ser humano y vuelve a hacerlo con Viggo Mortensen. Parece que el director hubiera visto en Mortensen el perfecto representante del hombre de naturaleza tranquila que desencadena una explosión de violencia delatora de su animal instinto. En su última película esa liberación de violencia contenida da como resultado una de las mejores escenas de su filmografía: una lucha visceral, animal que tiene lugar en unas termas y en la que Nikolai (Viggo Mortensen), desnudo y desprevenido, debe batirse cuerpo a cuerpo con dos asesinos que deben saldar una cuenta. Una secuencia que dispone en pantalla hombres luchando con salvaje primitivismo, animales cuyo instinto y sangre se unen en una furiosa batalla por la supervivencia, resultando esta en la extrema crueldad del contendiente triunfante para con el otro.



Cronenberg, con una narración contenida y de la que domina cada resorte, cuenta la historia de hombres y mujeres de muy distinta naturaleza y envueltos en un mismo conflicto generado por el diario de una joven prostituta rusa que muere en el hospital en que trabaja Anna (Naomi Watts) no sin que antes su hija sea extraída de su útero y salvada. El diario, caja de Pandora de los secretos y atrocidades de una familia que ostenta el poder de la mafia rusa londinense, supone el desencadenante de amenazas, traiciones y venganzas que completan una narración que bebe del cine negro modelándolo a las preferencias personales de un director que dota de oscuridad y complejidad moral a sus personajes, que gusta de hacernos temer al más terrorífico asesino para luego convertirlo en un improbable ángel de la guarda y sumergirnos en una opresora claustrofobia construida con miedo, silencio y gestos. En el último apartado, el simple gesto de Mortensen clavando sus dedos en el cuello en señal de amenaza es suficiente para infundir más terror que cualquier villano de turno.

Promesas del este reviste instintos animales y tramas familiares de tragedias y muerte. Tiene un extraña aura que fascina y atemoriza al mismo tiempo, que debe buena parte a la impecable interpretación de Mortensen y a las excelentes caracterizaciones de Vincent Cassel y Armin Mueller-Stahl. En ellos descubrimos asesinos implacables de extrema impasibilidad (Mortensen), salvajes que se obligan a reprimir su homosexualidad (Cassel) u hombres de familia capaces de cometer actos atroces y convencerse de su nobleza (Mueller-Stahl). Cronenbeg construye con ellos una historia altamente perturbadora a la par que seductora, una historia de héroes y villanos, de hombres condenados a la violencia y de hombres condenados al miedo. Una poderosa fábula en la que deja su buen hacer y perseveran las enormes cualidades de su autor. Para aquel que las quiera ver.
--------------------------------------------------------------------------------
Eastern promises. Reino Unido, Canadá y Estados Unidos. 2007. 100'.
Director: David Cronenberg.
Guión: Steve Knight.
Fotografía: Peter Suschitzky.
Montaje: Ronald Sanders.
Música: Howard Shore.
Diseño de producción: Carol Spier.
Vestuario: Denise Cronenberg.
Producción: Paul Webster y Robert Lantos.
Intérpretes: Viggo Mortensen (Nikolai Luzhin), Naomi Watts (Anna Khitrova), Vincent Cassel (Kirill), Armin Mueller-Stahl (Semyon), Sinéad Cusack (Helen), Jerzy Skolimowski (Stepan).
Puntuación: 8
Más acerca de Promesas del Este...
http://www.labutaca.net/films/56/promesasdeleste.php (sobre la película)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3467.html (crítica de la película)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1607.html (sobre Viggo Mortensen)
http://es.wikipedia.org/wiki/Vincent_Cassel (sobre Vincent Cassel)
http://en.wikipedia.org/wiki/David_Cronenberg (sobre David Cronenberg, en inglés)

miércoles, octubre 26, 2005

21 gramos



Cuenta pendiente saldada. La vi hace unos días y aún me dura el nudo en el estómago. Una de esas películas que golpean la vida de una persona de forma inesperada y dura, y que, a pesar de todo, se hace querer y uno no puede sino tener el deseo de verla otra vez.

Y es que 21 gramos es una gran película, trágica hasta lo indecible, poderosa, dolorosa y humana como pocas. El primer fotograma es toda una declaración de intenciones, con Sean Penn sentado al borde de una cama donde duerme desnuda la bellísima Naomi Watts, y un silencio sepulcral que encierra dolor. Una caja de pandora en la que se han metido tres vidas desconocidas entre sí pero unidas por la fatalidad del destino. Un hombre enfermo (Penn), que espera un trasplante de corazón y que ve como su vida y su matrimonio se acaban, un ex presidiario (del Toro) ahora reconvertido y religioso, amante de su familia, y una mujer (Watts) feliz con su marido y sus dos hijas. Un accidente trunca esas vidas y las cambia para siempre, para unos en forma de segunda oportunidad, para otros como la evidencia de un perdón imposible, para otros el más inconcebible de los dramas.

Tremebunda, genial, narrativamente perfecta, un puzzle que se pone a disposición del espectador y cuyas piezas van encajando a medida avanza el metraje mediante un meticuloso y magnífico montaje. Y por supuesto, imposible no hablar de unos actores que rozan el cielo en su actuación. Sean Penn presenta su candidatura a uno de los mejores actores de estos comienzos del siglo XXI, interpretando a ese enfermo de corazón que ve su vida terminar y al que un giro inesperado le devuelve la razón de su existencia y una segunda oportunidad. Benicio del Toro, el ex presidiario, o la búsqueda de la redención en un hombre que lo da todo por su familia, pero al que ese accidente de coche le recuerda la condición de castigado por la eternidad y acaso por un Dios inclemente en el que ya no sabe si creer. Una actuación soberbia, que me recordó al grandísimo actor que vi en Traffic. Y Naomi Watts, mujer hermosa que lo tiene todo y que todo lo pierde del día a la noche: "Dicen que la vida sigue, pero no es verdad... la vida ya no sigue de la misma manera". De alguna manera, Watts consigue enamorar a la cámara a pesar de su desgracia, su personaje nos muestra un alma desnuda y rota en mil pedazos, y lo hace tan bien que resulta imposible imaginar a cualquier otra en su papel.

Deprimente y brillante, buenos diálogos y mejor guión. Iñárritu retrata la América profunda y nos mete de lleno en el drama humano, en la desgracia de la vida, y lo hace como nadie. Una película sobresaliente, una de esas que sabes que con el paso de los años envejecerá como el buen vino y será, indiscutiblemente, un referente a tener en cuenta. "Dicen que todos perdemos 21 gramos al morir, el peso de cinco monedas de cinco centavos, el peso de una chocolatina, el peso de un colibrí... o quizá, el peso del alma".
------------------------------------------------------------------
21 grams. Estados Unidos. 2003. 125'.
Director: Alejandro González Iñárritu.
Guión: Guillermo Arriaga.
Música: Gustavo Santaolalla.
Fotografía: Rodrigo Prieto.
Montaje: Stephen Mirrione.
Intérpretes: Sean Penn (Paul), Benicio Del Toro (Jack Jordan), Naomi Watts (Christina), Charlotte Gainsbourg (Mary Rivers), Melissa Leo (Marianne Jordan)
Puntuación: 9