Mostrando entradas con la etiqueta Paul Verhoeven. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paul Verhoeven. Mostrar todas las entradas

miércoles, septiembre 04, 2013

(Más) Paul Verhoeven en Transit: cine y otros desvíos




Entre las anécdotas preferidas de Paul Verhoeven, está aquella en la que el holandés cuenta cómo en su infancia fantaseaba con la idea de coger la pelota de otros niños y tirarla al agua, interrumpiendo así el juego. Donde muchos podrían ver en ese acto un simple gesto de malicia en el que todos hemos incurrido o deseado incurrir alguna vez en el patio de juegos, cabe también considerar que fuese la temprana expresión de  esa vocación de arremeter contra lo reglado que definirá gran parte de su cine. Verhoeven podrá ser un provocador, pero en su provocación hay algo más que un limitado capricho por escandalizar al otro y encontrar placer en ello. Hay, al contrario, una innata voluntad por desestabilizarlo, de violar la íntima seguridad con la que este ha asumido el contrato social, los valores de una tradición, o las certezas necesarias para integrarse en el tejido de la realidad sin demasiados sobresaltos.

Leer artículo completo en Transit: cine y otros desvíos

En la imagen: Fotograma de Desafío Total © 1990 Carolco Pictures. Todos los derechos reservados.

jueves, septiembre 23, 2010

Paul Verhoeven y la política visual de la provocación

Una disección de la política visual del cine de Paul Verhoeven. Mi aportación al número 10 de L' Atalante. Revista de estudios cinematográficos, ya en sus puntos de venta.


Bajo la perfecta excusa de su octogésimo aniversario, la revista Cahiers du Cinema España rendía, en septiembre de 2009, homenaje y recuerdo a Un perro andaluz (Luis Buñuel, 1929). En ese marco de revisión, y bajo el provocativo título de No mirarás. Instrucciones para transgredir el mandamiento primigenio, el crítico Jordi Costa recordaba la relevancia de la imagen-símbolo inmediatamente asociada a la película de Buñuel, invocada como emblema de toda una vanguardia. Aquel ojo sesgado por el filo de la navaja de Buñuel que, según Costa, podía haber simbolizado el temprano Apocalipsis de un cine recién nacido, «también fue Génesis: abrió las puertas de una historia posible, subterránea, construida para enfrentar a todo aquello que no debería ser mirado por el ojo de un espectador que ya no podía ser inocente» (COSTA, 2009: 88-89). La agresión sobre la mirada, recordaba Costa, era y es signo inequívoco de la transgresión, de la vocación de una violenta reeducación de esta, antes de que se torne acomodaticia y reniegue del inconformismo que reclamaban para la pantalla los surrealistas apelando a lo prohibido, lo inconsciente, lo irracional.

    En una de las últimas secuencias de El cuarto hombre (Paul Verhoeven, 1983), Gerard Reve (Jeroen Krabbé) intenta convencer a su primero ansiado y finalmente conquistado amante, Herman (Thom Hoffman), del peligro que corren de convertirse en la cuarta víctima de Christine (Renée Soutendijk), viuda negra con la que ambos han compartido alcoba. Acto seguido, los dos suben a un coche que conduce Herman. Durante el trayecto, este pierde el control del automóvil y lo precipita hacia un fatal accidente que decidirá el cuarto hombre que reclama el título: una de las barras de hierro que penden de una grúa en un astillero atraviesa el cristal delantero del coche y, tras él, la cabeza de Herman a través de su cuenca ocular derecha. Asumida, en primera instancia, la correlación de la imagen con el mito de Sansón y Dalila en la grotesca muerte, el ojo atravesado inscribe además al cineasta holandés Paul Verhoeven como perpetrador, de pleno derecho, de la contravención a ese mandamiento primigenio, a ese tajante acto de violencia aplicada sobre la mirada. Y a su vez, supone mascarón de proa de toda una política visual de la provocación que el director ha pergeñado a través de una de las filmografías más convulsas y agitadoras de las últimas décadas.

Leer ensayo completo en formato pdf

lunes, julio 12, 2010

Ponyo, L'Atalante y otros

1. El próximo viernes 16 a las 22.00h ponemos en marcha la tercera edición de Nits de Cinema. Cine al aire libre en el claustro del edificio de La Nau. Y además cine para gozar. Empezamos con Nanuk el esquimal (Robert Flaherty, 1922), pero durante 11 días estaremos proyectando un buen puñado de títulos de los que siempre, siempre apetecen. Servidor presentará, el domingo 18, la maravillosa Ponyo del acantilado (Hayao Miyazaki, 2008).

 
2. Ya está a la venta el número 10 de L'Atalante. Revista de estudios cinematográficos. Yo pongo mi granito de arena con un artículo sobre Paul Verhoeven. Y como siempre, además también hay muchos y muy buenos textos que no puedo dejar de recomendar. Más detalles aquí.


3. Crítica de Gainsbourg (Vida de un héroe), una de las pocas alegrías que me he llevado en el cine en el último mes. Y seguimos esperando con impaciencia la muy, muy prometedora Toy story 3.


En la imagen: Fotograma de Ponyo del acantilado - Copyright © 2008 Studio Ghibli. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.

miércoles, junio 13, 2007

Esto va Superman y...

Hace poco volví a oír el chiste en ese magnífico programa de radio de cine y no pude evitar dibujar una sonrisa. Hay que reconocerlo: aunque la película El hombre sin sombra (2000) de Paul Verhoeven no era gran cosa, el chiste de Superman y Wonder Woman tenía su gracia...



- Sebastian (Kevin Bacon): Eh, ¿sabéis el chiste de Superman y Wonder Woman?
- Matthew: Déjate de payasadas.
- Sebastian: No, vamos, ¡este es muy bueno! Superman está volando sobre Metrópolis, ¿no? y va super caliente, va mirando los tejados y de repente ve a Wonder Woman tomando el sol en la azotea del Palacio de Justicia, ¿vale? Y está tumbada ahí en pelota picada, despatarrada y como pidiendo que se la follen, ¿no? Así que Superman se dice asímismo "oh, dios mío, tengo que hacerme con ese chochito fantástico". Pero entonces se da cuenta de que podría bajar, echar un polvete rápido y largarse antes de que ella se diera cuenta, porque es Superman, ¿no? Es más rápido que una bala... Así que Superman se lanza en picado y se la folla tan deprisa que ella ni le ve, y Wonder Woman se incorpora y dice "¡¿Qué coño ha sido eso?!"... Y el hombre invisible dice "¡no lo sé, pero tengo el ojete destrozado!".

Para ver la escena pincha aquí:
http://www.youtube.com/watch?v=Qze2vQDj6E4