jueves, diciembre 22, 2011
"The artist"
miércoles, junio 24, 2009
El primer día del resto de tu vida
Desde su prólogo mismo, la cinta de Rémi Bezançon demuestra prodigiosa capacidad para conjugar, en el seno del relato fragmentado, un estilo visual arrollador y hasta temerario, en el que la pauta la dan los insultantemente brillantes enunciados de cada capítulo, y el ritmo, las modélicas transiciones. En este último apartado, el catálogo de exquisiteces que acompañan desde la banda sonora encuentra perfecta complicidad con el montaje, a saber una canción que empieza sonando en una suerte de prom infantil para saltar a los cascos de la adolescencia. Suenan David Bowie, The Divine Comedy y Lou Reed. Padre e hijo buscan en una conversación el mejor solo de guitarra, y llegan a la probable conclusión de Freebird (Lynyrd Skynyrd).Leer crítica completa en La Butaca
viernes, noviembre 02, 2007
La Haine (El Odio)

"Es la historia de un hombre que cae de un edificio de cincuenta pisos. El tío, a medida que su caída se repite sin cesar para calmarse: hasta aquí todo va bien, hasta aquí todo va bien, hasta aquí todo va bien. Pero lo importante no es la caída, es el aterrizaje."
La Haine. Francia. 1995. 96'.
Director: Mathieu Kassovitz.
Guión: Mathieu Kassovitz.
Fotografía: Pierre Aim.
Producción: Christophe Rossignon.
Montaje: Mathieu Kassovitz y Scott Stevenson.
Dirección Artística: Giuseppe Ponturo.
Intérpretes: Mathieu Kassovitz (Vinz), Hubert Koundé (Hubert), Saïd Taghmaoui (Saïd), Abdel Ahmed Ghili (Abdel).
Puntuación: 7,5
Explora la banlieue...
http://www.imdb.com/title/tt0113247/ (sobre la peli)
http://fr.wikipedia.org/wiki/La_Haine (sobre la peli, en francés)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1984.html (sobre Vincent Cassel)
http://www.imdb.com/name/nm0468003/ (sobre Hubert Koundé)
http://imdb.com/name/nm0846548/ (sobre Saïd Taghmaoui)
http://es.wikipedia.org/wiki/Mathieu_Kassovitz (sobre Mathieu Kassovitz)
domingo, diciembre 31, 2006
Retratos de la Nouvelle Vague (V y último): À bout de souffle
Montaje salvaje y rupturista, ausencia de guión salvo trazos argumentales básicos, improvisación, diálogos inventados sobre la marcha, planos imposibles, picados, contrapicados, Godard y sus cameos, homenajes varios a la Nouvelle Vague (Hiroshima, mon amour en un cine de París), desprecio infinito hacia los convencionalismos, rebeldía, inconformismo... Suma imposible en una película que rompió el miedo a alterar lo clásico, la construcción lineal que dictaban los manuales de cine, cine nuevo, único, irrepetible y su del mismo espíritu insultante y chulesco que su héroe, Michel Poicard.
Belmondo construye un mito dentro de otro mito, un personaje incomprensible, gamberro y nihilista ("entre la pena y la nada, elijo la nada...") que se ha enamorado. Motivos no le faltan: su Patricia es Jean Seberg, rubia americana de pelo corto y todos los honores para ser nombrada la más bella musa de la Nouvelle Vague. Su cara de ángel contrasta con el rostro curtido de Belmondo, hombre duro e imposible, amante enfermizo y delincuente de profesión. Un romance poco usual, en el filo de una escapada que tampoco es tal. Más bien la convicción de Godard de que un romance y una escapada no tienen por qué ser lo que nos hasta ahora habían sido. Y lo bien que le sale...

sábado, diciembre 23, 2006
Retratos de la Nouvelle Vague (IV): Hiroshima, mon amour

Y Resnais dice:
domingo, diciembre 17, 2006
Retratos de la Nouvelle Vague (III): Los 400 golpes
Recuerdo bien
aquellos "cuatrocientos golpes" de Truffaut
y el travelling con el pequeño desertor
Antoine Doinel,
playa a través,
buscando un mar que parecía más un paredón.
Y el happy-end
que la censura travestida en voz en off
sobrepusiera al pesimismo del autor,
nos hizo ver
que un mundo cruel
se salva con una homilía fuera del guión.
Cine, cine, cine,
más cine por favor,
que toda la vida es cine
y los sueños,
cine son.
Al fin llegó
el día tan temido más allá del mar,
previstos por los grises de Henri Decaë
cuánta razón
tuvo el censor,
Antoine Doinel murió en su "domicilio conyugal".
Pido perdón
por confundir el cine con la realidad,
no es fácil olvidar Cahiers du Cinéma,
le Mac Mahon,
eso pasó,
son olas viejas con resacas de la nouvelle vague.
http://cinelandia.blogspot.com/2005/11/los-400-golpes.html
martes, diciembre 12, 2006
Retratos de la Nouvelle Vague (II): La mamain et la putain
Película misteriosamente hipnótica, pese a sus 219 minutos, tour de force incomprendido y desconocido en España, su reaparición la convirtió casi automáticamente en película de culto. Elementos no le faltan. El trágico final de su director, quien se quitara la vida 8 años después, es uno de ellos, y a él se le incorpora el carácter nostálgico de la generación perdida, de la cultura desaparecida y del mayo del 68. Un último esfuerzo de retratar el mundo que pudo ser y que no llegó a ser, la vida desde el amor al amor, desde la bohemia y los cafés de París donde uno podía sentarse a dos mesas de Sartre a discutir sobre Murnau o Pabst. Una profunda desilusión.
Y a todo esto, Doinel (Léaud) ha crecido, pero no del todo. Ahora se llama Alexandre, extravagante y maniático Alexandre que vaga por las calles de París cual Horacio Oliveira, y dice que no tiene casa y añade que por suerte para él. Vive con su amante, la mamain del título (Bernardette Lafont), que le cuida y adora pese a la extraña convivencia que mantienen. Veronika, o la putain del título (François Lebrun), irrumpe violentamente en ese círculo tras un cruce de miradas en el café de una rue cualquiera y un intercambio de teléfonos. El círculo se estrecha, los papeles se confunden, el amante erudito y bohemio queda en evidencia, todos lloran lo perdido y que ya no queda nada por perder, mientras en el gramófono entona el Requiem de Mozart.
Y Edith Piaf, y Zara Leander, y Offenbach, y Bresson también... Ya no queda romanticismo, sólo putas y madres. Nada por lo que luchar, nada en que creer, la muerte lenta y dolorosa del 59, del 68, el umbral de la nueva era del miedo a la palabra, a la duda y la libertad. Dolor infinito el que encierra La mamain et la putain, el mismo que carcomía a Eustache fuera de su cine y le llevaba a hacer autorretratos dentro de él. Y el adiós de la generación perdida...
domingo, diciembre 03, 2006
Retratos de la Nouvelle Vague (I): Les Amants
Ella es una aburrida burguesa, cansada de la monotonía de su matrimonio con un aburrido periodista que ya no la toca. La única aventura que queda en su vida es la de visitar a su amiga en París los fines de semana y aprovechar la estancia para lanzarse a los brazos de Raoul, un apuesto y pretendido campeón de polo del que cree estar enamorada. Son esos (escasos) los días de libertad y de pasión que llenan la vida de Jeanne (Tournier en la ficción, Moreau en la realidad).
Y entonces la sospecha creciente de su marido la obliga a celebrar una velada a la que asistan sus dos amigos. El destino fuerza a Jeanne a sufrir una avería de camino a esa cena, cruzándose en su camino con un desconocido que acabará convergiendo con los demás actores de la trama en lo que acaba convirtiéndose en una siniestra velada: insufribles silencios y conversaciones rellenas de palabras vacuas, insolencias de un amante celoso y falsedad manifiesta de un marido con tal de no admitir duda respecto a lo que es suyo. De repente Jeanne odia todo lo que le rodea, odio profundo y aburrimiento soberano de nuevo. El vacío absoluto.
Ese vacío que no le deja dormir, que reconduce sus pasos y la lleva al exterior de la casa en la madrugada. Allí espera el arqueólogo, el desconocido que la recogió. Juego de miradas, esquivas primero y furtivas después, juego del deseo, el hombre y la mujer solos ante la naturaleza y solos el uno ante el otro, descubriendo aquello que no supieron ver a la luz del día, despertando una tormenta de sentidos que les invaden y que explotan en la unión de un beso. Los amantes se sumergen en el trance absoluto e inician un paseo que resucita sus vidas y sus corazones. Eso debe ser el amor, piensan, eso debe ser enamorarse... y Louis Malle lo pone delante de nuestros ojos para que lo comprendamos.
Pero salta a la vista que Les Amants no es una película genuina de la Nouvelle Vague. No hay transgresiones, ni un guión desmontado y rupturista, ni violencia y desorden en el montaje o los planos. Más bien Les Amants muestra un completo respeto por la narrativa y estética clásica del clásico cine francés, por lo menos hasta que descubrimos dos elementos: la aparición del bohemio y latin lover, que va y viene a ninguna parte y que simboliza la aventura, la última oportunidad para el corazón desgastado de Jeanne, y el lírico y casi onírico final, donde el enamoramiento significa también un dudoso futuro y, por tanto, un final abierto. Malle nunca fue el autor arrebatador y genuino que fueran Truffaut o Godard, pero fue de los primeros en atreverse, en romper con el clásico conservadurismo del romanticismo en el cine y de hacerlo al servicio de dos amantes que explotan su deseo en la noche, pero que con la llegada del día descubren la incerteza de su futuro. Tras hacer el amor y dormir juntos pese a la amenaza de su entorno, el cielo da paso a una nueva aurora y el día a las nuevas incertidumbres. Jeanne está segura de haberse enamorado, pero duda de sus actos al despedirse de su hija dormida, y vuelve a hacerlo tras dejar atrás la mansión, cuando ambos huyen en el coche y ella llora. Jeanne se apresura a decir que está segura de lo que hace, que no sabe qué le pasa y que le perdone. Él, serio y meditabundo mira a la carretera mientras recita la más bella frase de Les Amants:
"...desearía que siempre fuera de noche..."



