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domingo, agosto 24, 2008

Mamma mia!: La película



Imagínense que se encuentran en una bonita isla griega en la que se celebra una verbena de 24 horas y en la que el repertorio de la orquesta de turno está compuesto únicamente de canciones del grupo ABBA. Imaginen los amoríos que vienen y van, los bailes improvisados y las coreografías torpes de todo buen vecino de pueblo desinhibido por las ingentes dosis de alcohol consumidas. Seguramente acaben esa fiesta algo más hermanados con sus conciudadanos y el buen rollo general les invadirá. Y seguramente la resaca no faltará a su cita el duro día después. Seguramente.

Aquel dispuesto a imaginar lo detallado se encontrará bien cerca de lo que ofrece Mamma mía! La película si acude al cine, bien como nostálgico seguidor de ABBA bien como espectador gustoso de musicales refrescantes que no pida más que un liviano entretenimiento. Hollywood sigue haciendo caja con el tirón de los musicales adaptados a la gran pantalla y el caso de Mamma mía! no era sino cuestión de tiempo. El problema es que mientras otros recientes musicales, adaptaciones de sus homólogos teatrales (Hairspray [Adam Shankman, 2007]) o no (Across the Universe [Julie Taymor, 2007]) dieron buenos resultados compensando sus más o menos deficientes narrativas a través de extraordinarias coreografías y trasfondos sociales reflejados, el caso de Mamma mía! puede presumir poco más allá de la contagiosa felicidad que impregna todo el metraje.
Y es que aquí la excusa narrativa se reduce a la mínima expresión: Sophie (Amanda Seyfried) descubre en el diario de su madre (Meryl Streep) que en el verano en que ella fuera engendrada veinte años atrás, su madre tuvo tres aventuras distintas con, por lo tanto, tres posibles engendradores a los que decide invitar en secreto a su boda con la intención de descubrir cuál de ellos es su padre (Pierce Brosnan, Colin Firth y Stellan Skarsgård). Los tres hombres son, por supuesto, encantadores, adorables a los ojos de Sophie, aunque no tan bienvenidos a los de su madre Donna, negada a rememorar el pasado en el pretendidamente día más feliz de la vida de su hija.



Así que no es difícil deducir por los derroteros por los que transcurrirá Mamma mía!, ni mucho más difícil adivinar cuál es el final de la película. Pero dada su condición de adaptación como de entretenimiento liviano, es factor nimio y perdonable. De hecho, la película consigue realizar un poderoso arranque, lleno de la fuerza que en gran parte contagian las canciones de ABBA, en plena vigencia pese al paso de tiempo. Durante su primer tercio, Mamma mía! dispone sus mejores pasajes musicales, culminando en la multitudinaria coreografía en un muelle en la que culmina Dancing Queen (número, aun así, parcialmente estropeado por dos incomprensibles e innecesarios momentos de slow motion). A partir de entonces, sólo cabe esperar más que pasajes próximos mantengan el mismo nivel y que se desencadene un entretenido enredo amoroso entre los posibles padres y su madre para inocua distracción del espectador hasta la llegada del consabido final.
El problema es que nada de esto ocurre: mientras la narración avanza a trompicones y con una dejadez absoluta, los pasajes musicales van perdiendo originalidad, a cada cuál más que el anterior, y se nutren de coreografías cada vez menos cuidadas, simplonas como la historia misma. El frenesí festivo se apodera de la película y la ya de por sí torpe narración (si bajamos un nivel más a buscarle sentido al modo de actuar de los personajes en su reencuentro, no lo encontraremos) deriva en escenas metidas con calzador para adecuarse a la canción de turno. Así, el desmadre de optimismo y celebración no consigue ocultar la nada que hay detrás y termina en unos compases finales en los que los destinos de los personajes y en especial el de los tres galanes (nulamente desarrollados, completos desconocidos para nosotros) se solventa de un carpetazo del todo inconcebible al que le sigue el obligado número final, aquí la reiteración del tema Mamma mía en un número que finalmente traspasa la barrera de lo chapucero.

Pero si algo no le podemos negar a Mamma mía! es su optimismo inherente y la sana capacidad de sus actores para reírse de sí mismos. En este sentido, es Pierce Brosnan el que resulta más ridículamente divertido cuendo se lanza a su canción pese a su no muy estimable voz o cuando se deja llevar por el ritmo de las canciones del grupo sueco. Sin embargo, es Meryl Streep esa leyenda del cine capaz de elevarse con su categoría y entrega por encima de la débil dirección de Phyllida Lloyd. La otra destacada es una Julie Walters desinhibida y estupenda en el papel de amiga de Donna, mientras Stellan Skarsgård y Colin Firth tienen poco o nada que decir en unos papeles mucho más mínimos de los que a priori se les presupone. Y no es que no quieran, sino que en Mamma mía! lo que prima es el sarao y ellos no son más parte que otros de esta fiesta jovial y superflua que apenas sí reservará algún momento en la memoria de incluso el espectador más entregado a ABBA.
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Mamma mía! The movie. Estados Unidos. 2008. 108'.
Dirección: Phyllida Lloyd.
Guión: Catherine Johnson.
Producción: Judy Craymer y Gary Goetzman.
Música: Benny Andersson y Björn Ulvaeus; basada en las canciones de ABBA.
Fotografía: Haris Zambarloukos.
Montaje: Lesley Walker.
Diseño de producción: Maria Djurkovic.
Vestuario: Ann Roth.
Intérpretes: Meryl Streep (Donna), Pierce Brosnan (Sam), Colin Firth (Harry), Stellan Skarsgård (Bill), Julie Walters (Rosie), Dominic Cooper (Sky), Amanda Seyfried (Sophie), Christine Baranski (Tanya).
Puntuación: 4
Mamma mía! en la red...
http://www.mammamiamovie.com/ (web oficial)
http://www.mamma-mia-lapelicula.es/ (web oficial España)
http://www.labutaca.net/films/60/mammamialapelicula.php (sobre la película)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1517.html (sobre Meryl Streep)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1546 (sobre Pierce Brosnan)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1370.html (sobre Colin Firth)
http://es.wikipedia.org/wiki/Mamma_Mia! (sobre el musical original)

jueves, febrero 21, 2008

Sweeney Todd: el barbero diabólico de la calle Fleet



Cuando uno descubre el complejísimo espíritu de un musical de motivaciones tan góticas y oscuras como es Sweeney Todd: the demon barber of Fleet street, no es de extrañar señalar a Tim Burton como el cineasta más idóneo para tratar de hacer una adaptación que, en manos de otros, sería poco menos que una osadía. Sin embargo, el californiano ha demostrado por activa y por pasiva poseer una particular sensibilidad que conecta con mundos tan lúgubremente atípicos, complejamente morales, como el que presenta la obra original de Stephen Sondheim y Hugh Wheeler.

Desde el principio Burton nos sumerge en ese extraño mundo con una facilidad que ya no asombra sabiendo de quién viene. Los créditos son, como fueran en Charlie y la fábrica de chocolate, un artesanal comienzo en el que intensa sangre de tono y textura exagerados salpica y es derramada por una larga serie de engranajes que regalan una pista de lo que está por venir. Esta obertura es, también, un aviso al espectador de que se encuentra ante un inminente cuento de terror en el que se ha disipado todo rastro de bondad que antaño ostentaran personajes del universo Burton, tales como el Edward Bloom de Big Fish (2003) o el mismo Eduardo Manostijeras. Para entendernos, Sweeney Todd sería la antítesis de este último: un ser cargado de odio y deseos de venganza que utiliza sus afiladas armas como instrumento para degollar todo cuello que se repose en el sillón de su barbería. En ese sentido, la obra de Burton se desvela notablemente pesimista y cruel, presentando un héroe condenado a la infelicidad y cuya sangrienta búsqueda de venganza acaba consumiéndole hasta escribir su propio final. Johnny Depp ha conseguido hacer de tan trágico personaje la que es, con certeza, la más soberbia interpretación en la carrera de un actor que nos ha acostumbrado a señalarlo como uno de los más talentosos de su generación. Nunca antes Depp mostró en una caracterización tan inquietantes maneras y tan escalofriante mirada, nunca tan sobrecogedor reflejo del dolor y la ira en los oscuros ojos de un personaje que rápidamente ha ganado una poderosa entidad propia en el imaginario visual del cine reciente. A su sombra, Helena Bonham Carter es casi misóginamente relegada a su mero reflejo femenino, una desencantada y nada impresionable pastelera que formará sociedad y matrimonio con el inescrutable, insensible Sweeney Todd.

Sweeney Todd: el barbero diabólico de la calle Fleet es un cuento gótico firmado por una mano maestra que encuentra, en este material, la adecuada base para generar su obra maestra definitiva. Burton genera para ella un Londres memorablemente siniestro, urbe de lo sucio y lo lúgubre que establece un estado de ánimo rubricado por un Poe moderno. Desde el desembarque de Todd en la ciudad, una elaboradísima estética del horror contagia cada callejón, cada esquina en la que vemos corretear ratas entre la basura, mendigos moribundos y vagabundos entre la podredumbre. En una nerviosa secuencia que rubrica la introducción y revela algo de ese espíritu casi enfermizo que reside en la película de Burton, una cámara vertiginosa se introduce en esas calles al ritmo frenético del la enervante música de Sondheim. Una descarga de adrenalina y horror suficientemente efectiva para introducir al espectador en un pesadillesco submundo, deteniéndose en algunos de sus recovecos antes de llegar al destino final: la vieja barbería de la calle Fleet. Si bien el impacto de la secuencia es demoledor, es imposible dejar de destacar una sola escena en el resto del metraje que no impresione por su impecable, sobrecogedora factura visual. En el cine, pocas ciudades se guardan en la memoria como este Londres extraído del más oscuro rincón del subconsciente y construido en la pantalla por alguien que sabe exactamente cómo contarnos su cuento de terror más personal.



Y pese a presentarse como visualmente impecable y magistralmente dirigida e integrada en el universo propio de su creador, Sweeney Todd: el barbero diabólico de la calle Fleet encuentra su mayor handicap en la propia naturaleza de la obra en la que se basa. El libreto de Sondheim no se desvela como un musical fácilmente digerible, sino más bien en las coordenadas de una tragedia en operística tesitura. Esto hace que, en su traslado a la pantalla, los números musicales apenas se sucedan sin descanso y caigan, en ocasiones, en una recurrencia excesiva que podría haberse evitado (los cantos del joven Anthony a Johanna, su amada e hija de Todd, acaban por volverse repetitivos e innecesarios). Esto no es óbice para reconocer que en una dura lucha interna entre la película de Burton y la difícil obra original, el director sale más que airoso en su adaptación y logra una película de constante y deliberado carácter macabro que sus acérrimos disfrutarán en sus dos horas de duración pero que, por contra, adolece del calado y los momentos memorables que otras tantas obras en su filmografía regalaron. La historia se revela, en su tramo final, limitada, y da con sus huesos en una conclusión del todo dispersa, descuidada, en la que los personajes van y vienen hasta hallar un destino fatal sin la sorpresa que se presumía. Muy lejos de aquella sincera despedida con la que acababa Big Fish o el inevitable y triste retiro de Eduardo Manostijeras a su castillo, finales que rubricaban y agrandaban de sobremanera la valía de la obra.

Con todo, es de recibo señalar una escena que destaca y se eleva como el momento en que el espectador es llevado hasta un estado de involuntaria empatía con Sweeney Todd, una escena cumbre en la que su ira y su rabia son las nuestras: Sweeney baja a la calle navaja en mano y entona un canto violento, iracundo dirigido a los impasibles viandantes. Corta el aire, grita con voz estruendosa y reclama su venganza. La mejor carta de presentación posible para este personaje maldito que Burton ha adoptado con la honesta intención de recalar, una vez más, en nuestros miedos más profundos.
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Sweeney Todd: the demon barber of Fleet street. Estados Unidos. 2007. 116'.
Director: Tim Burton.
Guión: John Logan; basado en el musical de Stephen Sondheim y Hugh Wheeler.
Música: Stephen Sondheim.
Fotografía: Dariusz Wolski.
Montaje: Chris Lebenzon.
Diseño de producción: Dante Ferretti.
Vestuario: Colleen Atwood.
Producción: Richard D. Zanuck, Walter F. Parkes, Laurie MacDonald y John Logan.
Intérpretes: Johnny Depp (Benjamin Barker/Sweeney Todd), Helena Bonham Carter (Sra. Lovett), Alan Rickman (juez Turpin), Timothy Spall (Beadle), Sacha Baron Cohen (Pirelli), Jamie Campbell Bower (Anthony), Laura Michele Kelly (Lucy), Jayne Wisener (Johanna), Edward Sanders (Toby).
Puntuación: 7,5
Encuentra la calle Fleet...
http://www.labutaca.net/films/59/sweeneytodd.php (sobre la película)
http://www.sweeneytoddmovie.com/ (web oficial)
http://wwws.warnerbros.es/sweeneytodd/ (web oficial España)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1809.html (sobre Tim Burton)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1863.html (sobre Johnny Depp)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1421 (sobre Helena Bonham-Carter)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1317.html (sobre Alan Rickman)
http://en.wikipedia.org/wiki/Sweeney_Todd_%28musical%29 (sobre el musical original, en inglés)

viernes, febrero 15, 2008

Across the Universe



No insistiré más en el hecho de que el musical sigue reinventándose en este comienzo de siglo. Hoy le toca el turno a la atemporal música de los Beatles, trasladada a un ejemplo del género que, por vez primera, opta por hilvanar una historia a través de los números musicales que son el hilo conductor de la historia, y no los pasajes que se derivan del transcurso de la misma.

Esto, como era previsible, acaba hablando en contra de la eficacia en que finalmente resulta la película de Julie Taymor, directora de corto currículum que se embarca en una atrevida, incluso temeraria propuesta, con tan sólo dos películas a sus espaldas (Titus y Frida). Antes de entrar a fondo en los resultados, cabe aplaudir a Taymor en su intención de rendir un sentido homenaje a la música de un grupo al que cada cuál pondremos nuestro adjetivo favorito y cada cuál disfrutaremos de sobremanera en el repaso de canciones que sobrepasan el tiempo y la distancia, melodías que resuenan como himnos en nuestra cabeza o que nos emocionan con sus engañosamente sencillas letras. Eso son los Beatles y Across the Universe, la manera de entender su universalidad a través de un mundo que se mueve con sus canciones. Constatado el punto de admiración del que parto y que no pocos que lean esto compartirán, resumiré mi impresión diciendo que la película de Taymor es un musical de brillante, deslumbrante factura visual capaz de inducir al asombro en no pocos de su largo repertorio de números, pero inevitablemente fallido desde cualquier punto de vista argumental, contextual o en el trato de sus personajes.



La idea era contar la historia de un grupo de amigos de distintas procedencias y metas, sumergidos en un despertar sensorial y vital avenido con luna revolución de libertad y rebeldía en los albores de la guerra de Vietnam. La temática, irremisiblemente conectada con el musical Hair! (1979) de Milos Forman, especialmente en lo referente a su esencia pacifista, aquí se halla subordinada a la partitura y al derroche visual que Taymor orquesta en pantalla en detrimento de la profundidad que le otorga a su historia. La historia de ese grupo de amigos experimentando libertad por cada poro se hace llevadera, pero no engancha ni implica al espectador en su viaje. En lugar de esto, uno se encuentra esperando a ser deslumbrando por la indudable capacidad de Taymor, prestigiosa escenógrafa, de proponer números imposibles de arrolladora fuerza visual. Algunos consiguen, incluso, trascender en su condición política y es ahí donde el imaginario visual que acompaña a Strawberry Fields Forever se desvela como inmensamente creativo y poderoso en su denuncia social. Otras canciones no necesitan ese trasfondo para impresionar con impresionantes coreografías y escenificaciones lideradas por las carismáticas actuaciones de músicos que reverdecen sus laureles (un genuino Joe Cocker cantando aquello de Come Together) u olvidan sus recientes rendiciones a lo comercial para ser lo que un día fueron (sincera, crepuscular voz de Bono en la magnífica versión de I am the Walrus). Y es que Across the Universe se constituye no sólo desde nuestra admiración y la admiración de Taymor, sino también la de esos músicos que entienden y reconocen abiertamente todo lo que su música debe a aquellos cuatro de Liverpool.

A pesar de la estimable propuesta de musical-homenaje que Taymor ha hilado en Across the Universe, lo que queda para la memoria es la sensación de un buen puñado de pequeños grandes homenajes en los que a uno le apetece repetir una y otra vez, pero no a costa de una narración que adolece de un guión limitado, que plantea poco que decir y ofrece idéntico resultado. El prolongamiento y la recurrencia de ciertas situaciones a lo largo de la película desvela en algunos momentos incluso una innecesaria necesidad de estirar el metraje en favor de incluir todos los grandes temas que una antología de los Beatles en imágenes merecería. De hecho, el estreno de Across the Universe viene precedido de los problemas entre Taymor y los productores en la duración del montaje final, problemas que retrasaron su estreno más de un año y que se han saldado con un considerable metraje de dos horas y cuarto. Un tiempo que, pese a resultar excesivo a ojos de una historia escasa, un guión pobre en recursos y unos personajes que pasean por la pantalla sin pena ni gloria, es tremendamente valioso en el disfrute del larguísimo repertorio de canciones de los Beatles. Al fin y al cabo, si Across the Universe no ha acabado siendo ese ejemplar homenaje musical que podría haber sido, no cabe duda de que al menos será un hermoso recopilatorio en el que renovar la adoración que algunos sentimos por ellos.
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Across the Universe. Estados Unidos. 2007. 131'.
Director: Julie Taymor.
Guión: Dick Clement e Ian La Frenais; basado en un argumento de Julie Taymor, Dick Clement e Ian La Frenais.
Fotografía: Bruno Delbonnel.
Montaje: Françoise Bonnot.
Diseño de producción: Mark Friedberg.
Vestuario: Albert Wolsky.
Música: Elliot Goldenthal.
Intérpretes: Evan Rachel Wood (Lucy), Jim Sturgess (Jude), Joe Anderson (Max), Dana Fuchs (Sadie), Martin Luther McCoy (Jo-Jo), T.V. Carpio (Prudence), Bono (Dr. Robert), Eddie Izzard (Mr. Kite).
Puntuación: 6
Across the net...
http://www.labutaca.net/films/58/acrosstheuniverse.php (sobre la película)
http://www.sonypicturesreleasing.es/sites/acrosstheuniverse/ (página web España)
http://www.acrosstheuniverse.com/ (página web Estados Unidos)
http://en.wikipedia.org/wiki/Julie_Taymor (sobre Julie Taymor, en inglés)
http://www.univision.com/content/content.jhtml?cid=1294499 (artículo de prensa sobre Taymor)

sábado, enero 12, 2008

Momentos de cine (XI): Gold Diggers (1933)


Durante los nefastos años de la Gran Depresión el musical de Hollywood vivió su época dorada, regalando al mundo algunos de los mejores ejemplos del género. El musical no era tanto una vía de escape a los tremebundos problemas de la sociedad norteamericana (que también) sino un recurso inestimable para politizar, sexualizar el complejo mundo en el que se inscribía y dar voz a los marginados (actores negros como los hermanos Fayard y Harold Nicholas disfrutaron entonces de una excelencia que les era denegada fuera de la pantalla) siempre bajo la inquisidora mirada de una industria redefinida bajo los términos del Código Hays.

En 1933 Mervin LeRoy hizo de Gold Diggers uno de los musicales más grandes de la historia. Segundo musical de una saga homónima iniciada por Warner Brothers y cuyas tres películas fueron respectivamente estrenadas en 1929, 1933 y 1935, LeRoy no perdió la oportunidad de rubricar su película con un número de proporciones tan inmensas como lo era su calado social. Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial, miles de veteranos del conflicto se vieron en la calle, sin reconocimiento ni trabajo alguno y a las puertas de una crisis económica que acabaría por hundir el país en la miseria. En 1932 los veteranos iniciaron en Washington la llamada "The Bonus March", la cual acabó con los marchantes siendo sofocados por el cuerpo militar bajo las órdenes del presidente Hoover. Humillados y olvidados durante más de una década, sólo tuvieron que esperar un año para que fuera el cine el que se acordara de ellos y Joan Blondell cantara y demandara su recuerdo. "Remember my forgotten man..."

lunes, noviembre 26, 2007

Hairspray



Hace casi dos décadas, el siempre irreverente John Waters proponía un musical revisionista de los 60 que exploraba la cultura televisiva y sus shows de bailes. Waters no podría imaginar que Hairspray iba a tener una insospechada repercusión que, por una vez, no se derivara de su habitual inconformismo y trasgresión en la pantalla. En 2002, Haispray debutaba como musical de Broadway cuyo éxito no se hizo esperar: más de 2000 representaciones y 8 premios Tony después, el fenómeno de este festival de la laca y la cultura pop se erigió como uno de los musicales de renombre más celebrados de Broadway que no tardaría en volver a ser revisado y actualizado para el cine.

Precisamente fijando su atención en el musical de vigente éxito y no en la historia original de John Waters, Adam Shankman, cuyo currículum no prometía gran cosa (Un canguro super duro, Doce fuera de casa) ha conseguido traducir su remake en un buen musical que sigue reafirmando el buen estado de un género revitalizado en la presente década. Hairspray es un musical divertido, optimista y descargado de pretensiones que deja al espectador tarareando cualquiera de sus pegadizas melodías y con un irreprimible impulso de ponerse a bailar desde la misma butaca del cine. Desde el primer y genial número musical, Good Morning Baltimore (en el que John Waters aparece en un cameo impagable), ofrece un entretenimiento conducido a través de coreografías y cantos corales que irregularmente resaltan tanto el espíritu jovial y optimista de la película como cierta picardía (en este mismo número, elementos como las ratas en la calle o el camión de la basura dan fe de ello) que se agradece ante el constante peligro que corre la película de caer en lo ingenuo y lo inocente. Y es que, si bien a Hairspray no se le puede acusar de no dar aquello que propone, bien es cierto que aun siendo un indiscutible entretenimiento en forma de musical y de estética cuidada, la ligereza de su trama y el eje en torno al que giran muchos de sus números nos hacen echar de menos algunos memorables y recientes pasajes del género (véase Chicago, Moulin Rouge o Bailar en la oscuridad).
En este sentido, Hairspray no aprovecha y casi pasa por alto el trasfondo social que Waters, a su manera, subrayaba en su día: la segregación racial en Baltimore y la imposición de modelos de estética y belleza a través de la cultura televisiva. Ambos temas están presentes, sí, pero Shankman los adopta como complementos de la trama y sus personajes para supeditarlos a su alegre y desenfrenada celebración musical.



Uno de los principales atractivos de Haispray y evidente reclamo para atraer a las audiencias que desconocieran la historia anterior del musical, era la puesta en escena de un John Travolta travestido y de gran volumen interpretando a Edna Turnblad, la entrañable madre de Tracy (Nikky Blonsky), una mujer sencilla y hogareña que se empeña en bajar a su hija de las nubes. Ver a Travolta desmelenarse cantando y bailando de semejante guisa no tiene precio, pero si damos un paso más allá, verlo felizmente casado con el mismísimo Christopher Walken haciendo del felizmente ingenuo señor Turnblad, es motivo suficiente para quitarse el sombrero ante una pareja artística tan extraña como hilarante. Y me remito para corroborarlo al inocente y afectuoso beso que Walken le planta en la mejilla a Travolta haciéndole sonrojar como uno momento tan sorprendentemente tierno como divertido.
En las antípodas de esa inefable muestra de cariño se encuentra la maldad de otra secundaria muy reconocible: Michelle Pfeiffer demuestra su veteranía ejecutando con eficacia suma el papel de la malvada Velma Von Tussle, antagonista natural de Edna y mujer de gran belleza y ambición desmesurada. También asistimos a la siempre imponente y siempre imponente voz de Queen Latifah, pero a pesar de las caras reconocibles que colman el cartel, es justo reconocer la labor de dos de sus verdaderos protagonistas, los jóvenes Nikki Blonski (Tracy) y Zac Efron, quienes no se intimidan y desempeñan actuaciones cargadas de energía que conducen y sostienen la película con solvencia. De hecho, se puede decir que Efron protagoniza el único momento verdaderamente memorable que pudiera destacarse en Hairspray, este es, su presentación al final de la fila en el Show de Corny Collins. A la sombra de ambos y de los pesos pesados, otros secundarios pasan casi necesariamente sin pena ni gloria por la pantalla, haciendo de su presencia anecdótica en algunos casos (Amanda Bynes y Elijah Kelly) o poco subrayada en comparación con el papel original (Brittany Snow, la odiosa Amber Von Tussle a quien apenas sí podemos odiar), lo que finalmente configura un reparto generalmente cargado de buenas actuaciones que contrastan con otras difícilmente destacables o incluso dejadas de lado.

Por encima de todo, Hairspray es un musical de estética colorista y optimismo radiante cuyo objetivo no es otro que hacer cantar y bailar. Su sencillez, aunque a veces excesiva, es siempre honesta y nos insta a dejarnos llevar a través de números brillantemente coreografiados y que remiten directamente al musical de Broadway, en el que directamente se basa. En definitiva, una tan inofensiva como divertida revisitación de los 60, sus peinados extremos y sus shows de televisión.
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Hairspray. Estados Unidos. 2007. 117'.
Director: Adam Shankman.
Guión: Leslie Dixon; basado en el guión de John Waters para su película Hairspay y el musical de 2002 con libreto de Mark O'Donnell y Thomas Meehan.
Producción: Craig Zadan y Neil Meron.
Música: Marc Shaiman.
Fotografía: Bojan Bazelli.
Montaje: Michael Tronick.
Vestuario: Rita Ryack.
Intérpretes: John Travolta (Edna Turnblad), Michelle Pfeiffer (Velma Von Tussle), Amanda Bynes (Penny Pingleton), Queen Latifah (Motormouth Maybelle), Christopher Walken (Wilbur Turnblad), James Marsden (Corny Collins), Nikki Blonsky (Tracy Turnblad), Zac Efron (Link Larkin), Brittany Snow (Amber Von Tussle), Elijah Kelley (Seaweed), Allison Janney (Prudy Pingleton), Taylor Parks (Little Inez).
Puntuación: 6,5
Que la laca no se acabe...
http://www.labutaca.net/films/55/hairspray.htm (sobre la peli)
http://es.wikipedia.org/wiki/Hairspray (sobre la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3450.html (crítica de la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1459 (sobre John Travolta)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2031.html (sobre Christopher Walken)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1521.html (sobre Michelle Pfeiffer)