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martes, febrero 28, 2012

La invención de Hugo

En términos de justicia poética, el malhadado destino de Georges Méliès ha recibido sus ajustes de cuentas de parte de aquellos directores conscientes de la importancia capital de los pioneros. David W. Griffith admitió deberle todo al mago francés, pero fue otro Georges, Franju, el que le rendiría cariñoso homenaje en su Le grand Méliès (1952), en el que la viuda y el hijo de Méliès reconstruían el legado creativo y sentimental del amado director. Aquel cortometraje, que bien podría servir como radiografía de los primeros pasos del cine, se revela hoy como ensayo de la manifestación de amor incondicional por este arte que es La invención de Hugo.
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En la imagen: Fotograma de La invención de Hugo, película distribuida en España por Paramount Pictures Spain © 2011 GK Films e Infinitum Nihil. Todos los derechos reservados.

sábado, noviembre 17, 2007

Lecciones de cine (IV): El montaje ideológico

El montaje tal como lo entendía Serguéi M. Eisenstein. Firme oposición al montaje clásico asentado por David W. Griffith: el montaje como una composición de elementos e imágenes no necesariamente vinculadas, no necesariamente respetuosas del raccord, no necesariamente claves para la trama, pero cuyo mosaico final ayudará a insuflar al espectador la emoción y pasión necesarias para hacer del espectador un sujeto plenamente involucrado y llevado hasta una finalidad ideológica y/o emotiva.

“(…) la tarea de todo tipo de teatro es la formación del espectador hacia una dirección deseada. Una atracción en el teatro es un momento agresivo; aquel que influye al espectador en sus sentidos y en su mente. A través de éstos, se intenta transmitir el contenido ideal de la obra en la percepción del espectador, entiéndanse éstos como contenidos netamente ideológicos.*”

Se basa en gestos, en signos mínimos o grandes ademanes, gritos de dolor que restallan en la tormenta, que intentan imponerse a una banda sonora que crece imperiosa. Todo con el difícil cometido de impactarnos e involucrarnos, de trascender más allá de lo que transcurre en la pantalla y dejarlo penetrar bajo la piel. Eisenstein ilustró su teoría del montaje cinematográfico en el fragmento La escalera de Odessa dentro de El acorazado Potemkin (1925), y desde entonces no pocos cineastas han imitado el espíritu del montaje ideológico. James McTeigue lo ejerció de nuevo para la mejor y más poderosa escena de V de Vendetta con magnífico resultado:

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[1] Sergei Eisenstein, Montage der Attraktionen, 1923, en: Oskana Bulgakova, Sergei Eisenstein: Das dynamische Quadrat, Philip Reclam Verlag, 1988. Página 11