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martes, febrero 28, 2012

La invención de Hugo

En términos de justicia poética, el malhadado destino de Georges Méliès ha recibido sus ajustes de cuentas de parte de aquellos directores conscientes de la importancia capital de los pioneros. David W. Griffith admitió deberle todo al mago francés, pero fue otro Georges, Franju, el que le rendiría cariñoso homenaje en su Le grand Méliès (1952), en el que la viuda y el hijo de Méliès reconstruían el legado creativo y sentimental del amado director. Aquel cortometraje, que bien podría servir como radiografía de los primeros pasos del cine, se revela hoy como ensayo de la manifestación de amor incondicional por este arte que es La invención de Hugo.
Leer crítica completa en LaButaca.net
En la imagen: Fotograma de La invención de Hugo, película distribuida en España por Paramount Pictures Spain © 2011 GK Films e Infinitum Nihil. Todos los derechos reservados.

martes, noviembre 09, 2010

Música, maestro: Sobre James Agee, la música en las películas y Martin Scorsese

Últimamente actualizo poco mi blog. Las razones son sencillas: 1) obligaciones ya contraídas y otras nuevas me dejan poco tiempo para ello; 2) no hay ningún tema que me motive lo suficiente para animarme a nuevas parrafadas al margen de críticas y algún que otro ensayo. Los motivos que me llevan a escribir este post no se corresponden tanto a que tenga más tiempo para escribir (ni mucho menos), sino a un cierto entusiasmo que me ha llevado, en el último fin de semana, a una estimulante intersección entre James Agee y Martin Scorsese.

Del primero me encuentro leyendo (devorando) la recopilación Escritos sobre cine, publicada por Paidós y en la que se recogen una selección de críticas que Agee escribió durante los años 40 para The Nation, Sight & Sound y otras publicaciones. Para empezar, se puede decir que la figura de Agee fuera de la crítica es tan portentosa como la del crítico misma: escritor (poco prolífico), poeta y guionista de La noche del cazador (Charles Laughton, 1955) y de La reina de África (John Huston, 1951), admirador confeso de John Huston (lo que me hace granjearle todas mis simpatías) y conocedor de la obra de James Joyce (lo que me lleva a superar un último escalón hasta la admiración y a desear que Agee hubiera vivido lo bastante para escribir sobre The Dead [John Huston, 1987]). Agee dejó obras incompletas, ganó un premio Pulitzer a título póstumo por su novela A death in the family (1957) y se constituyó pilar fundacional en la crítica norteamericana antes de morir en 1955 a los 45 años de edad.


Dicho esto, las críticas de Agee deben ser contempladas desde la distancia, con total conciencia del contexto crítico, social e histórico en el que fueron escritas. No se trata de discernir discursos válidos o no, de  cuestionar su validez en un modelo actual. Se trata de entenderlas desde la base de una escritura plenamente consciente de sus reglas, límites, destinatario y militancia. Y sobre todo, humanismo. Si el humanismo fuera declarado motivo primero de la crítica de cine, James Agee sería el maestro en este ejercicio: en sus textos están presentes referencias a los comportamientos que se dan en las películas (algo, me temo, que se ha perdido casi por completo), críticas a la simplificación de conductas de los personajes, búsquedas del alma interna en cada obra, y sobre todo una reivindicación sincera del ser humano y su papel en la sociedad y en la historia. El compromiso de Agee se extendía, en general, al retrato de la realidad: desconfiaba por naturaleza de la ficción y elogiaba de forma casi sistemática el documental, también cuando se trataba del de propaganda, como las piezas Why we fight (1943), de Frank Capra. También era un crítico de enorme inventiva literaria, capaz de concluir su crítica de Días sin huella (Billy Wilder, 1945) con una última frase intencionadamente llena de erratas para emular la escritura de un ebrio. Y, a su vez, era un temerario que brillaba por su falta de prudencia, a menudo asegurando que la película que criticaba era lo mejor que había hecho Hollywood en 10 ó 20 años, o que el cine se hallaba en franca decadencia (¡en los años 40!), o que desde la era del mudo prácticamente habían dejado de existir las buenas comedias.


Pero, volviendo al asunto de este texto, lo que quiero traer a colación es la permanente decepción que Agee explicita al respecto de las posibilidades técnicas y estéticas del cine, que se resumirían básicamente en dos: 1) la creencia de que el cine casi nunca conseguía aprovechar (y que incluso se quedaba muy corto) las inmensas posibilidades del plano, sobre todo en el plano emocional y dramático; 2) la idea de que la música es, por lo general, un lastre para sacar rendimiento a esas posibilidades. Aquí una cita que pone de manifiesto su escaso amor por la intromisión de la banda sonora:
"La música es tan perjudicial para casi todas las películas de ficción como para casi todas las películas documentales (...) Conduce inevitablemente a la pereza o la desvirtuación de la imaginación a la hora de construir imágenes y concatenarlas, así como a la hora de verlas."
Las quejas hacia la invasión musical en la imagen se repiten en varias de sus críticas. Es fundamental entender que estas parten de la fe de Agee en los infinitos caminos del cine, y no de un empecinamiento en señalar sus limitaciones. En cualquier, caso no es ni el primero ni el último en renegar de la supuesta dirección en la que una banda sonora encamina una escena: en ese sentido, Quentin Tarantino, podría significar una última derivación pop de esa postura, un cineasta que se niega a utilizar música compuesta ex profeso para sus películas, pero que no duda en tirar mano de una vasta discoteca para conferir nuevos significados, inspiraciones en cada imagen que firma. La demostración más obvia es Malditos bastardos (2009), un título que se mueve, presuntamente, en terrenos bélicos e históricos, pero que a cada paso se reinventa como obra, con anacronismo y alevosía, cuando incluye temas de Zarah Leander, David Bowie o incluso Billy Preston.

Nunca he dejado de creer en la música compuesta para cine. Aun cuando eso signifique, a menudo, acotaciones en los sentimientos y visión del espectador. Sin embargo, no es menos cierto que, cada vez que enumero mis momentos más milagrosos frente una pantalla, estos corresponden a encuentros entre músicas e imágenes que nacieron sin sospechar que un día se encontrarían: el concierto para piano número 23 de Mozart en El nuevo mundo (Terrence Malick, 2005), las piezas que Philip Glass compuso para la trilogía qatsi sonando en El show de Truman (Peter Weir, 1998), etc.

Aquí es donde entra en juego mi admiración por Martin Scorsese. Me cuesta imaginar un director con el que haya crecido más como espectador desde que tengo uso de razón, me cuesta pensar en otro realizador por el que esa admiración no deje de crecer día a día, película tras película. Recibo con incredulidad las voces que, a través de sus últimos títulos, lo han apagado como cineasta frente a otros nombres: no concibo una película que crezca más en mi memoria ni a pasos tan agigantados como Shutter Island (2010); me resulta difícil encontrar un thriller con una personalidad más arrolladora que Infiltrados (2006); sólo I'm not there (Todd Haynes, 2007) se me presume un retrato más monumental de Bob Dylan que No direction home (2005); El aviador (2004) brilla con toda la pulcritud del cine clásico norteamericano, del que Scorsese es gran cronista, pero a su vez siempre se me antojó deliciosamente desquiciada; Gangs of New York (2002) es pura poesía fundacional americana debajo de su gigantesco e imperfecto armazón.


Podría pasar horas e interminables entradas de blog diseccionando mi pasión por Scorsese, pero sólo me detendré en dos títulos para ilustrar una diferencia musical que vale para ejemplificar lo suscrito arriba en lo que respecta al uso de la banda sonora en el cine. Estas dos películas son Taxi driver (1976) e Infiltrados (2006). Empecemos por memorar el final de la primera: Travis Bickle (Robert De Niro) entra en el edificio donde se encuentra Iris, la prostituta interpretada por Jodie Foster, e inicia un tiroteo que Scorsese filma con suciedad y crudeza exageradas, miembros que vuelan por los aires de forma grotesca y sangre irreal a borbotones. La escena no tiene música, lo que acentúa todas esas preferencias estéticas. Sin embargo, eso cambia en los últimos planos: Travis se deja caer sobre el sofá mientras se desangra y agoniza sin balas con las que acabar su vida, Iris solloza cerca de él, y un policía entra por la puerta; acto seguido, y mientras el policía le apunta, Travis apunta con su dedo ensangrentado a su sien y hace el gesto del disparo antes de dejar caer la cabeza y morir. La música suena desde el plano en que el policía entra por la puerta, y pertenece a la partitura póstuma que Bernard Herrman. Música póstuma, música breve, música contundente, música retórica y, sobre todo, música hecha para subrayar, puntuar un único plano. Uno tremebundo y de clímax evidente, en el que se acotan los significados y las lecturas posibles en esa conjunción.


Ahora saltemos a Infiltrados y a cualquiera de las muchas escenas que conforman su excelente colección de temas, entendiendo aquí temas como la imprevisible y armónica conjunción que los hits musicales y las imágenes de Scorsese. En cada uno de esos momentos, el cine del director revela una autoconciencia magnífica de esa sintaxis particular, traducida en secuencias que adquieren, a partir de una suma específica de sonidos y fotogramas, casi tantos sentidos como espectadores hay. Y la selección es, como mínimo, impresionante. Gimme Shelter, de los Rolling Stones, es telonera de la perversidad de Frank Costello (Jack Nicholson) en su presentación y visita a un bar. I'm shipping up to Boston, de los Dropkick Murphys, se enmarca en los travellings de los tardíos títulos de crédito al tiempo que apunta la tradición migratoria irlandesa de Boston de la que bebe la trama. Otro ejemplo sería la utilización de Sail on, sailor. La canción es el último track del disco Holland, que publicaran en 1973 los Beach Boys. Y una vez más, toma cuerpo en una escena protagonizada por Costello: en esta ocasión, la acción se sitúa en un restaurante; antes de abandonarlo, Costello pasa por la mesa en la que se encuentran dos curas y, por pura diversión, se dedica a recriminarles su presunta pederastia; uno de los curas le recuerda a Costello que el orgullo precede a la caída; este responde entregándole un dibujo obsceno que tiene por protagonista a la hermana Marie Teresa, quien volverá a la mesa cuando Costello esté ya abandonando el local.


El tema, la conjunción imagen-música, una vez más, consigue logros polisémicos. Que la canción de los Beach Boys subraye tan peculiar escena puede adquirir un tono cómico para una parte del público, una que disfrute riéndose con la malicia y la sociopatía de Costello, que no son pocas. Pero a su vez, otros espectadores podrán hallar en la escena un cierto regusto épico, el del heroico villano que se reafirma en sus convicciones incluso cuando le recuerdan que su final no está muy lejos. Esa es la diferencia respecto a la escena final de Taxi Driver: Scorsese se muestra tan pletórico en sus facultades retóricas allí como aquí, pero en el caso de Infiltrados, multiplica las posibilidades de esa retórica mediante el éxito popular, la canción de los Beach Boys o la de los Rolling Stones. Limitación por multiplicación, una posible tercera vía que quizás hubiera sido del gusto de Agee, quizás no. Pero ojo, porque a Agee sí le hubiera gustado, sospecho, el final de Infiltrados. He aquí un extracto de su crítica a Días sin huella en la que suplica, una vez más, el silencio para acompañar a la imagen:
"Algunos minutos de pantomima sepulcralmente silenciosa (¡sin música, por favor!) de la debilidad mortal de un resacoso, por ejemplo, hubieran dejado sólidamente asentado lo que apenas está esbozado."
Y, en estos menesteres, la caligrafía de Scorsese también es impecable. En Juego sucio (Internal affairs, Wai-keung Lau, Alan Mak, 2002), la película de Hong Kong en la que se basa Infiltrados, la escena cumbre del tiroteo en el ascensor es pura afectación dramática, aparatosidad, tremendismo y condicionamiento de una música y un montaje elegíacos. Su homóloga en Infiltrados, en cambio, es mucho más brillante.


La ausencia de música, la economía de planos y la maximización de cada uno de ellos (se otorga un punto de vista de privilegio al espectador) se traducen en términos de crudeza y contundencia. La sucesión de varias muertes en pocos segundos dibuja una escena negrísima, que raya la comedia cuando, por ejemplo, las puertas del ascensor no pueden cerrarse porque tropiezan con el cuerpo sin vida de Bill Costigan (Leonardo DiCaprio). En términos de retórica, ese clímax de Infiltrados es tan valioso o más que el más celebrado y ya descrito de Taxi Driver. Pero, por encima de todo, culmina un tratado magnífico y con conocimiento de causa sobre los empleos de las bandas sonoras en el cine. De parte de Scorsese.

En las imágenes: Fotografía de James Agee. Fotograma de Días sin huella – Copyright © 1945 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. Fotograma de Shutter Island – Copyright © 2009 Paramount Pictures, Phoenix Pictures, Sikelia Productions y Appian Way. Distribuida en España por Vértice Cine. Todos los derechos reservados. Fotograma de Infiltrados – Copyright © 2006 Warner Bros. Pictures, Plan B, Initial Entertainment Group, Vertigo Entertainment y Media Asia Films. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados.
Vídeos de Taxi driver – Copyright © 1976 Columbia Pictures Corporation, Bill/Phillips e Italo/Judeo Productions. Todos los derechos reservados. De Infiltrados – Copyright © 2006 Warner Bros. Pictures, Plan B, Initial Entertainment Group, Vertigo Entertainment y Media Asia Films. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados.

lunes, septiembre 24, 2007

Memorias de Queens



O el manual de cómo reconocer a tus santos. Así reza el título original de película y novela (A guide to recognizing your saints), ambas señalando su autoría hacia el mismo responsable. Dito Montiel de este, uno de los proyectos más celebrados en la escena independiente y sin duda, una de las mejores películas que hayan pasado (aunque fugazmente como suele suceder con estas pequeñas joyas) por cartelera este año.

Memorias de Queens es un relato autobiográfico nada disimulado. Una de esas historias que harían las delicias de un cineasta como Martín Scorsese y que recuerdan a algún que otro debut (las similitudes con Una historia del Bronx de Robert de Niro o Malas Calles de Scorsese son notorias) que en su día también dejara muy buen sabor de boca. En el relato que aquí nos ocupa encontramos a Robert Downey Jr. como el Dito adulto, un escritor de naciente éxito que decide volver a su barrio natal después de haberlo abandonado en su juventud huyendo de la violencia y la sordidez de sus calles. Esta es, claro está, la excusa para retroceder en el tiempo y volver al Queens de los 70, en el que el joven Dito (el nuevo chico de oro de Hollywood, Shia Labeouf) vaga por su barrio con sus amigos, el violento Antonio (Channing Tatum), su hermano retrasado Giuseppe (Adam Scarimbolo) y Nerf, amigo fiel pero de pocas luces. Su día a día pasa por cortejar a las chicas del barrio, pasar el rato en los parques o en los apeaderos y mantener la ilusión de poder en su propio territorio. En ese contexto nacerán para ellos el amor, el sexo, las drogas y en general el clímax de una juventud que está condenada a extinguirse o a romperse en cuanto la violencia aparezca en escena. Porque Queens es un barrio en el que sobrevive el más fuerte y no hay lugar para las grandes aspiraciones, donde cualquiera que sobreviva a su juventud será condenado a una existencia vulgar y desahuciada en la que convencerse que nada de esto es cierto y que todo va bien (imagen proyectada en el padre de Dito, magistral Chazz Palminteri) . Así, Dito no se muestra desde el principio como el más listo, pero sí como el más inteligente del reducido grupo. Nace la inquietud en él cuando conoce al “nuevo” de la clase, un escocés que le propone viajar más allá de las calles, ganar un dinero paseando perros para un amigo gay y reunir lo bastante para formar un grupo de música e irse a California un tiempo. La posibilidad de una vida nueva, y la mecha que enciende el conflicto con sus amigos y su familia.

El debut de Dito Montiel es entrañable casi desde el principio. Una sucesión de escenas de la calle retratadas con la mirada nostálgica del autor que mira con cariño a su propia vida y contadas con desnuda sencillez. Memorias de Queens es un muestrario de deseos frustrados, castrados por la violencia o por la miopía de un padre incapaz de comprender ni tan solo escuchar a su propio hijo. La fórmula de la película de Montiel radica en sus pocas pretensiones y en sus tripas, aquellas que le permiten recrear su memoria en la pantalla dotándola de una inusual fuerza dramática que alcanza su cumbre en la escena que Palminteri y Labeouf comparten en el baño. Dito hijo, dentro de la bañera, se encuentra conmocionado por la experiencia de la muerte en directo. Dito padre intenta convencerle de que todo va y saldrá bien sin siquiera conocer el problema. Un explícito retrato en una sola escena de la incomunicación.

Sólo cabe añadir que buena parte de la solidez del drama que reside en Memorias de Queens se sostiene en un elenco joven pero consistente de actores acompañados de otros secundarios de cuya calidad ya sabíamos. Si Palminteri está enorme, Dianne Wiest está sencillamente magnífica en el papel de madre intermediaria entre el conflicto padre-hijo. Robert Downey Jr. vuelve a demostrar su gran talento y tanto Shia Labeouf como Channing Tatum convencen y conmueven como jóvenes sin esperanza posible y a los que sólo les queda la amistad para sobreponerse a la puta realidad. Se mire por donde se mire, un regalo para los sentidos.
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A guide to recognizing your saints. Estados Unidos. 2007. 98'.
Director: Dito Montiel.
Guión: Dito Montiel, basado en su propio libro.
Producción: Trudie Styler, Travis Swords, Cjarlie Corwin y Clara Markowicz.
Fotografía: Eric Gautier.
Montaje: Christopher Tellefsen y Jake Pushinsky.
Dirección artística: Jody Asnes.
Vestuario: Sandra Hernández.
Intérpretes: Robert Downey Jr. (Dito), Shia LaBeouf (Dito de joven), Chazz Palminteri (Monty), Dianne Wiest (Flaurie), Channing Tatum (Antonio joven), Eric Roberts (Antonio), Rosario Dawson (Laurie), Melonie Díaz (Laurie joven), Martin Compston (Mike O'Shea), Adam Scarimbolo (Giuseppe), Julia Garro (Diane), Scott Campbell (Nerf).

Puntuación: 8
Conoce Queens a través de estos links...
http://www.labutaca.net/films/48/aguidetorecognizingyoursaints.htm (sobre lapeli)
http://www.firstlookstudios.com/guide/ (web oficial)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3406.html (sobre Shia Labeouf)
http://theeveningclass.blogspot.com/2006/09/guide-to-recognizing-your-saintsthe.html (entrevista a Dito Montiel, en inglés)
http://www.imdb.com/name/nm0001590/ (sobre Chazz Palminteri)
http://es.wikipedia.org/wiki/Dianne_Wiest (sobre Dianne Wiest)

domingo, abril 01, 2007

Uno de los nuestros



La huella, la impronta que el legado de Martin Scorsese ha dejado en el cine norteamericano no descansa únicamente en una obra de indiscutibles logros artísticos. Si algo se puede decir de Scorsese es que se ha constituido desde la trinchera cinematográfica como uno de los biógrafos de su país. Tanto en lo referente a los cruentos orígenes (Gangs of New York) como a los retratos de los renegados (Taxi Driver) y los olvidados (Toro Salvaje), su filmografía fija sus modelos en la propia sociedad. Modelos siempre oscuros, manchados de sangre y frutos de incómodos debates, pero tan soberbiamente retratados que la admiración y el miedo se conjugan en uno sólo para el que los contempla.

Y aquí entra, claro está, la figura del gangster. La preferida de Marty, sin duda. Su "mafiosa" trilogía iniciada en Malas Calles, proseguida con Uno de los nuestros (Goodfellas) y rubricada brillantemente con Casino no debería dejar nunca de ser un referente para un género revivido en los 70 de la mano de su amigo Coppola (las dos primeras entregas de El Padrino). Gracias a ellos la gente miraba a los gángsteres de manera distinta: tipos que ejercían su profesión por ganarse el “respeto” de la comunidad, por dinero o por tradición. Sus motivaciones no eran demasiado distintas a la de cualquier otro y, en cierta manera, su vida cotidiana también guardaba algunas semejanzas con la nuestra. Cuando Henry (Ray Liotta), Tommy (Joe Pesci) y Jimmy (Robert de Niro) irrumpen en la casa de la madre de Tommy buscando una pala para enterrar un cadáver y acaban disfrutando de un exquisito desayuno italiano con ella, salta a la vista que “la familia” era algo más.

Goodfellas inscribe con letras de oro a Henry Hill en la nómina de los gángsteres memorables del cine. "Desde que tengo uso de razón, siempre quise ser un gánster". Desde el comienzo Henry es narrador de su propia historia, y sus primeros pasos como ayudante de la mafia local en un aparcadero de coches podrían ser la fuente de inspiración que De Niro convirtió en Una historia del Bronx. El pequeño Hill demuestra ambición desde temprana edad y desarrolla una filosofía explícita: coge lo que quieras y cuando quieras. Desde ese punto de partida, Uno de los nuestros es uno de los retratos más completos que se pueden encontrar en el cine de la América ilegal, desde las pequeñas mafias de barrio hasta el monumental golpe contra una compañía aérea, pasando por el negocio de la droga. La trayectoria vital de Henry Hill es la línea de tiempo de la historia y evolución de la mafia a la que primero admira para luego convertirse en pieza fundamental. Scorsese demuestra en Uno de los nuestros su completa madurez en el control de los resortes narrativos y el oficio del que ya se las sabe todas. Su película comienza con la explosiva fuerza visual que aún sería capaz de superar en Casino y que no abandonará ya hasta que Hill se despida sonriendo a la cámara en la última escena. Es pura fascinación acompasada de ritmo implacable de una historia en la que no dejan de suceder cosas y en la que, al tiempo, no dejamos de descubrir a los personajes en situaciones cotidianas, improvisados gestos de amistad verdadera o conflictos morales que nos hacen conocerlos un poco mejor que en la escena anterior. Y los actores fetiches de Scorsese tienen buena parte de culpa. Digo fetiches porque, si bien no se le puede negar el esfuerzo interpretativo de Liotta, en momentos concretos de Goodfellas se hace evidente que el papel de Henry Hill le viene algo grande y que, sus dos compañeros, con los que comparte encuadre en buena parte del metraje, le hacen sombra casi por costumbre. No es tanto culpa de Liotta, que está correcto, sino más por la enormidad de De Niro y Pesci (que se ganó el Oscar). De Niro se desenvuelve como pez en el agua en el papel de asesino frío y calculador, un líder natural que es la antítesis del impulsivo Tommy (Pesci), una bomba de relojería que en sus arranques de ira irracional acaba generando daños crueles y desproporcionados.

Catálogo de gángsteres, retrato entrañable, fascinación a raudales y reunión de las virtudes de las mejores obras de Scorsese. Incluso en la selección musical, que también recorre varias décadas como banda sonora de la vida de Hill y compañía: Paul Anka, George Harrison, Mick Jagger, o el solo de la guitarra de Clapton en Layla cuando Hill concluye su narración contándonos cómo dejó de ser "uno de los nuestros". Una gozada.
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Goodfellas. Estados Unidos. 1990. 145'.
Director: Martin Scorsese.
Guión: Nicholas Pileggi y Martin Scorsese; basado en la novela Wise Guy, de Nicholas Pileggi.
Música: Paul Anka, Jeff Barry, Eric Clapton, Ernie Erdman, Paul Evans, Claude François, George Harrison, Mick Jagger, Mel London, Elias McDaniel, McKinley, Harry Nilsson, Phil Spector, Pete Townshend.
Fotografía: Michael Balhaus.
Producción: Irwin Winkler.
Intérpretes: Ray Liotta (Henry Hill), Robert de Niro (Jimmy Conway), Joe Pesci (Tommy Santoro), Lorraine Bracco (Karen Hill), Paul Sorvino (Paul Cicero).
Puntuación: 8,5
Visita a la familia...
http://www.labutaca.net/films/colabora/nuestros.htm (sobre la peli)
http://www.miradas.net/0204/estudios/2003/02_mscorsese/goodfellas.html (ensayo sobre la peli y Martin Scorsese)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2277.html (sobre Martin Scorsese)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1560.html (sobre Robert de Niro)
http://es.wikipedia.org/wiki/Joe_Pesci (sobre Joe Pesci)


martes, febrero 27, 2007

"Necesito tanto un Oscar como pueda necesitar diez dólares"

Era 1956 y uno de los mejores actores del mundo era nominado, una vez más, a la archifamosa estatuilla. La película por la que le nominaron era Conspiración del silencio y el veterano intérprete no vería materializada ni esa ni ninguna de las cuatro candidaturas más que recibiría antes de morir en 1967 (de hecho, su última nominación por Adivina quién viene esta noche fue póstuma). A pesar de que el ya tenía dos de las doradas figurillas de la academia, al actor nunca le agradaron los espectáculos pomposos de la Academia y lo demostró con esta frase tan improvisada como contundente.

No pretendo hacer un resumen de los Oscar que fácilmente se puede encontrar en cualquier página de Internet. Con dos clicks tendrás la lista de los triunfadores y de los olvidados perdedores. Mientrastanto, me encargaré de recordar que los Oscar están llenos de suficientes contradicciones como para apreciar lo realmente poco objetivos que suelen ser. Aunque obviamente, aquí hablar de objetividad es más que discutible, hay cosas que hablan por sí solas. A raíz de la nominación y posterior Oscar de Scorsese, algunos han hablado de la falta de respeto de la Academia tras nominarlo seis veces e irse otra media docena de vacío a casa. He aquí una lista de algunos de los directores no premiados que pone en tela de juicio la justicia de los más populares galardones del cine:

Alfred Hitchcock

Krzystof Kieslowsky

Andrei Tarkovsky

Luis Buñuel

Charles Chaplin

Martin Scorsese

Federico Fellini

Orson Welles

François Truffaut

Stanley Kubrick

Fritz Lang

Vittorio de Sica




Ni que decir que no seré yo el que ponga el grito en el cielo por el Oscar a Scorsese ni a su película. Sólo quiero recordar que Infiltrados, pese a ser una película interesante y que, indudablemente vuelve a demostrar que es uno de los grandes tras la cámara, es una obra menor en su filmografía. A estas alturas y con todo lo demostrado, Scorsese casi hubiera salido ganando al formar parte de un club tan selecto de renegados como el detallado en la lista anterior. Sólo hay que echar un vistazo a algunas de las películas que la Academia dejó en la estacada antes de, por fin, reconocer que es "uno de los nuestros".

Malas Calles

Taxi Driver

Toro Salvaje

La última tentación de Cristo

Uno de los nuestros

Casino

Al límite

Gangs of New York


Así que como Spencer Tracy, lo mismo necesita Scorsese un Oscar que diez dólares...

martes, octubre 31, 2006

Infiltrados



Mucho se ha hablado del puto olor a Oscar que despedía esta puta película. Si bien se me plantean putamente exagerados, Infiltrados se presenta como una puta película destinada a estar entre los putos éxitos del puto 2006. Y no, no se me ha acabado de ir la olla, es uno de los efectos secundarios que provoca su visionado.

Infiltrados pretende adaptar la cinta asiática Infernal affairs, trasladando la turbia historia de mentiras, sita originalmente en Hong Kong, a los barrios bajos de Boston. La trama orbita entorno a Billy Costigan (Leonardo DiCaprio), infiltrado en la mafia, y Colin Sullivan (Matt Damon), infiltrado en la policía. Ir más allá de esta simple descripción podría desquiciarme y tampoco es lo que prentendo hacer. Lo que sí cabe comentar es que pese al gran interés 'in crecendo' que despierta su trama, parte de un arraque algo atolondrado y poco satisfactorio en su montaje. Aunque para gustos colores.

Si bien la trama es atractiva, no reside en esta el atractivo de Infiltrados. El film nos permite contemplar la labor de Martin Scorsese como director de un elenco de actores de probada valía. Desde luego el resultado es inmejorable. Desde sus protagonistas hasta los secundarios de lujo se pueden disfrutar de grandes actuaciones. Personalmente destacaría a Mark Wahlberg, Martin Sheen y la descubierta Vera Farmiga. Por su parte Nicholson parece demasiado esclavo de su genialidad y al final no se sabe si estás viendo a un mafioso o un vídeo de lo mejor de Jack Nicholson.

También no quería dejar pasar la ocasión de comentar que la banda sonora me parece, de lejos, el aspecto más pobre de Infiltrados. En muchas escenas no acompaña y tiene poca fuerza (si es que yo mismo sé qué quiero decir con eso). Patinazo de Howard Shore.

Retomando el lamentable inicio de la crítica, recomendaría a William Monahan, el guionista, la compra urgente de un diccionario. El de Manuel Seco ya le servirá. Tras dos horas de película uno se cuestiona si al guionista le traiciona el subsconciente. Incluir la palabra 'fuck' y sus derivados (en la versión original, obviamente) hasta 237 veces no es normal (1'56 veces por minuto). En la versión doblada oiremos 'puta' o 'follar' (ya que nosotros molamos más y usamos dos vocablos para la misma palabra).

Al margen de anécdotas estúpidas, Infiltrados se convierte en una interesante recomendación que mezcla calidad y entretenimiento en buenas dosis. Dos horas largas (quizá le sobre algún minutillo) de buen cine y, sobretodo, buenas interpretaciones. Decir que huele a Oscar me parece exagerado, pero como a Hollywood le entiende su abuela vaya usted a saber.
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Infiltrados (The departed). USA. 2006. 152'.
Director: Martin Scorsese.
Guión: William Monahan, inspirado en la película "Infernal affairs" de Andrew Lau y Alan Mak.
Fotografía: Michael Ballhaus.
Montaje: Thelma Schoomaker.
Música: Howard Shore.
Diseño de producción: Kristi Zea.
Vestuario: Sandy Powell.
Intérpretes: Leonardo DiCaprio (Billy Costigan), Matt Damon (Colin Sullivan), Jack Nicholson (Frank Costello), Mark Wahlberg (sargento Dignam), Martin Sheen (capitán Queenan), Ray Winstone (Sr. French), Vera Farmiga (Madolyn), Alec Baldwin (capitán Ellerby), Anthony Anderson (Brown), Kevin Corrigan (Sean), James Badge Dale (Barrigan).
Puntuación: 7
A ver si os atragantáis con los links...
http://www.labutaca.net/films/46/infiltrados.htm (sobre la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3226.html (crítica de la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2277.html (sobre Martin Scorsese)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1495.html (sobre Leonardo DiCaprio)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1506.html (sobre Matt Damon)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1427.html (sobre Jack Nicholson)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1505.html (sobre Mark Walhberg)
http://en.wikipedia.org/wiki/Martin_Sheen (sobre Martin Sheen)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1318.htmll (sobre Alec Baldwin)
http://en.wikipedia.org/wiki/Howard_Shore (sobre Howard Shore)
http://imdb.com/title/tt0338564/ (la película en la que se basó)