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sábado, abril 21, 2007

Las colinas tienen ojos



La típica familia de clase media-alta americana conduce su caravana por desierto profundo. Se han desviado de su ruta de camino a Los Ángeles, pero ha sido intencionadamente:"Big Bob", cabeza de familia y respetable policía, y su conservadora y religiosa esposa Eithel han heredado unas minas de plata de una difunta tía y quieren visitarla. En una gasolinera, un extraño anciano les advierte de olvidarse de esas minas ya explotadas y abandonadas, instándoles a continuar su camino.

Llegados a ese punto y sabedores de que hablamos de un clásico de culto del terror (y revisitado por Alexandre Aja en su remake de 2006), intuimos el peligro latente y, lo que es más temible, su cercanía. Las colinas tienen ojos era la segunda película de Craven tras La última casa a la izquierda y, en ella, este ex profesor de humanidades daba rienda suelta a toda su perversidad y crueldad como armas contra la modélica familia norteamericana. Las colinas tienen ojos se adhirió a otros títulos de los 70 como La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974) o Zombi (George A. Romero, 1978) e impulsó una renovación del terror en el cine americano tras unos 60 que habían sido época dorada de la Hammer británica y el cine giallo italiano. Con su sugestivo título, Las colinas tienen ojos hacía referencia al mal oculto entre las colinas que envuelven la inmensa estepa desértica en la que los Carter se ven obligados a permanecer tras el clásico desafortunado accidente. Ese mal es tan inusual como terrorífico: una familia de descarriados, estirpe de personas monstruosas que hubiera hecho las delicias de Tod Browning. Júpiter es su malévolo líder y cabeza de familia (diametralmente opuesto al ejemplar "Big Bob"), un ser extraordinario que nació con un tamaño descomunal y destinado a hacer el mal sin concesiones. Cuando Júpiter y su deleznable clan de mutantes divisan la desamparada situación de los Carter al pie de las colinas que habitan, no tardan en identificarlos como futura carnaza.



Las virtudes que hacen de Las colinas tienen ojos una tan interesante como inquietante película pasan por escenificar un sangriento enfrentamiento entre dos clases sociales opuestas y hacerlo con una creciente sensación de angustia. Se trata de una lucha a muerte, por la supervivencia de una de las dos familias sin mostrar la superioridad de ninguna sobre la otra. Si bien los Carter se muestran al principio indefensos y desconcertados ante el ataque de los de Júpiter, la reacción no tarda en hacerse obligada y habrán de recurrir a la inteligencia para superar a sus adversarios. Entre ellos, el más logrado es Michael Berryman como Plutón, cuyo aspecto terrorífico consigue que su presencia sea la más perturbadora (hasta el punto de ser cabeza visible en el cartel de la película). La bestialidad y animalidad de su físico y su personaje se imponen en escenas espeluznantes (como la violación a la menor de las Carter) en un papel de Plutón le valio para, desde entonces, ser uno de los actores fetiches del género, con especial asiduidad a la serie B.

Las colinas tienen ojos es una demostración de la pericia de Craven para crear una atmósfera hostil que va incrementándose hasta el inevitable estallido de violencia. Pese a que son mayores sus logros en un guión de posibilidades algo reducidas, Craven las rentabiliza al máximo y decide acabar la película contundentemente: un plano que significa toda la ira de la venganza. Sin embargo, no deja de ser una solución fácil y una conclusión netamente tajante, donde quedan demasiadas cosas abiertas para dejarlo ahí. Pese a que la película no queda bien cerrada, Las colinas tienen ojos acaba resultando de lo más interesante y ofrece más de una lectura bajo su humor negro y sorna. Y lo mejor: que sigue dando miedo tres décadas después.
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The hills have eyes. Estados Unidos. 1977. 89'.
Director: Wes Craven.
Guión: Wes Craven.
Fotografía: Eric Saarinen.
Música: Don Peake.
Producción: Peter Locke.
Intérpretes: Susan Lanier (Brenda Carter), Robert Houston (Bobby Carter), Martin Speer (Doug Wood), Dee Wallace-Stone (Lynne Wood), Russ Grieve ("Big Bob" Carter), John Steadman (Fred), James Whitworth (Júpiter), Virginia Vincent (Ethel Carter), Lance Gordon (Marte), Michael Berryman (Plutón), Janus Blythe (Rubí).
Puntuación: 7
Detrás de las colinas...
http://www.lacoctelera.com/int/post/2005/09/11/las-colinas-tienen-ojos (sobre la peli)
http://horasdeoscuridad.blogspot.com/2006/04/resea-las-colinas-tienen-ojos-1977.html (sobre la peli)
http://www.labutaca.net/films/41/lascolinastienenojos.htm (sobre el remake)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2532.html (sobre Wes Craven)
http://en.wikipedia.org/wiki/Michael_Berryman (sobre Michael Berryman)

jueves, marzo 22, 2007

Las caras del terror

No hay en el cine género que más haya necesitado reinventarse para sobrevivir que el fantástico en general, y el de terror en particular. Esto es tan cierto como que al establecimiento y consolidación de los distintos subgéneros les siguió su decadencia, posterior revisión tardía (en algunos casos) y nueva decadencia posterior. Si no, ahí están los clásicos de la Universal, que hicieron de Drácula y el Doctor Frankenstein formas de arte y acabaron muriendo para ser recuperados décadas más tarde por la Hammer británica. Lo propio sucedió con los vientos nórdicos de brujería que soplaron en los inicios del cine, el terror gótico italiano de los 60 y 70 o el nuevo terror asiático que en la segunda mitad de nuestra década se encuentra ya agotado. La cantidad de corrientes generadas por el cine de terror se corresponde en una buena parte a lo legendario y supersticioso, parte a los mitos que sobrevivieron al paso del tiempo y parte indispensable a los miedos inherentes a la naturaleza del hombre. Son formas diferentes que puede adoptar el terror, diferentes caras para hacer crecer la inquietud, el desquicio o el repelús. En dos palabras: dar miedo.
Sin embargo, la repetición de los miedos mencionados y sus variantes hasta la extenuación han hecho del cine de terror un género inevitablemente cargado de tópicos, con la consiguiente dificultad para esquivarlos. Es tras esa extenuación que revisar modelos a seguir del género puede ser la mejor receta para saber por donde empezar. Eso o volver a los puntos de inspiración de algunas de esas corrientes. La tercera vía pasa por esperar la sorpresa en un tiempo en el que casi todo está inventado, algo tan poco probable a estas alturas que, cuando sucede, resulta más grato que nunca. He aquí tres ejemplos de las caras que puede adoptar el terror:

Suspiria (1977) de Dario Argento pertenece al primer grupo. Se trata de un indiscutible modelo a seguir que ya merece la categorización de clásico. Argento tuvo como maestro en Mario Bava y prosiguió la corriente gótica italiana con una historia de brujas en una telúrica escuela de ballet alemana. Suspiria actualiza el mito de la brujería a un escenario tan tenebroso como el mismo medievo y lo adapta con una textura de tonos chillones, rojos perturbadores que colman cada escena y componen un estilo escandalosamente visual y una de las fotografías (a cargo de Luciano Tovoli) más llamativas que se recuerden. La perturbación se completa con la comunión de la escandalosa imagen con la atípica banda sonora que el mismo Dario Argento compuso con la banda de progressive rock Goblin, una suma de experimentales sonidos electrónicos, indefinibles instrumentos y voces de ultratumba. Solo esos dos ingredientes ya convierten a Suspiria en una delicia estética que, además, esconde tras el envoltorio una soberbia historia de asesinatos, magia negra y espíritus malignos. En un primer momento engaña con una escena truculenta, un asesinato más propio de los serial, sumamente desagradable e impactante en una escenario enrarecido hasta el extremo, casi expresionista. Entonces Suspiria cambia de registro y se mete de lleno en una atmósfera hostil, dictatorial en la que un miedo oculto se esconde para ir creciendo alrededor de la inocente Suzy (Jessica Harper). El desquicio imperante se delata en la extraña aparición de una plaga de gusanos, el ataque del perro-guía del pianista ciego de la escuela al sobrino de una de las regidoras y, pronto, las inevitables desapariciones y asesinatos de algunas de las alumnas que sabían demasiado. Susurros, pasillos lúgrubes, habitáculos desconocidos, trampas mortales... Suspiria se disfruta tanto como se sufre con su ambientación extrema y desquiciante que va in crescendo hasta culminar en un final extravagante y casi referencial a la serie B. Pero esto, claro, no le impide ser candidata a la mejor película de terror parida en Italia y un clásico no del todo consolidado en el género. Puntuación: 9



Ringu (1998) de Hideo Nakata no necesita presentación. Es la responsable directa de la propagación del cine de terror asiático que durante cerca de una década ha dado suculentos beneficios no sólo a las cinematografías de extremo oriente, sino también a las productoras norteamericanas que no tardaron en explotar el filón hasta el agotamiento mediante secuelas, precuelas, remakes y fantochadas de diversa calaña. La lista es larga y dejó de tener sentido para aburrir al público en algún momento, pero antes de todo eso, Hideo Nakata realizó una loable adaptación de la ya archiconocida historia de Sadako, el espíritu maligno de una niña asesinada que propagaba su maldición a través de una cinta de video. Cuando en 1991 Koji Suzuki escribió The Ring ni podía imaginar la repercusión que alcanzaría su segunda novela para convertirse en serial radiofónico, videojuegos, manga, película y acabar dando con ella el pistoletazo de salida a toda una oleada de terror nipón en el cine secundada por sus vecinos. Ringu presenta los primeros trazos de esa oleada y hace de ellos su premisa básica. Por ejemplo, huye del terror a golpe de sustos y violento subidón de volumen que formaba parte del repertorio de efectismos baratos del que Gore Verbinski dio buena cuenta en el remake norteamericano. Nakata teje la trama en una atmósfera deprimente y gris, casi siempre acompañada de lluvia, y deja que sea la propia historia la que asuste, sin necesidad de reventar tímpanos. No deja de ser una investigación de lo paranormal que es, en paralelo, un viaje al origen del horror, camino en el que la angustia de los personajes es inversamente proporcional a los días que les queda hasta la fecha de su muerte. Contagiar esa angustia fuera de la pantalla es su principal mérito; conseguir una aparición tan espeluznante del fantasma de Sadako arrastrándose fuera del televisor, su mérito más terrorífico. Puntuación: 7



Casi diez años y unas cuantas bazofias después, es inevitable desconfiar de la última exportación del género venida desde el lejano oriente o su correspondiente homóloga yanqui. Por eso The Host (2006) de Bong Joon-ho resulta una muy grata sorpresa a todas luces, partiendo de dejar atrás las historias de fantasmas con mala leche para volver al cine de monstruos. Y lo hace para bien, rehusando escenas sanguinolentas y de destrucción masiva en favor de un monstruo cuya motivación es la de cazar personas con las que alimentarse en su guarida de las cloacas. Los héroes son estúpidos, torpes y no se mueven por una conciencia de seguridad colectiva sino por salvar a un ser querido de las garras del monstruo. Ni siquiera está presente el estereotipado villano, sea el mismo monstruo o el antagonista cojonero que se interpone a toda costa en los objetivos del héroe. Si cabe apuntar hacia algún eje del mal son los mismos gobernantes, los que ponen en alerta biológica a la población y ejercen la política del miedo a través de las armas químicas. The Host tiene esos tintes sociales como los tiene de un cierto humor que va desde el gag hasta el humor negro, a pesar de que los desiguales resultados en este último campo den con alguna escena rayana en el ridículo (la familia llorando la desaparición de la niña). Tan original como el mismo monstruo que le da título (una creación digital brillante y de movimientos elegantísimos), la película de Joon-ho es una nueva esperanza para la recuperación del género. De una belleza visual por momentos impresionante, la escena que más elogios debería merecer es la correspondiente al primer ataque del monstruo: nada que envidiar a los mejores momentos de intocables como Alien. Puntuación: 7



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http://es.wikipedia.org/wiki/Dario_Argento (sobre Dario Argento)
http://en.wikipedia.org/wiki/Suspiria (sobre Suspiria, en inglés)
http://www.aullidos.com/leerarticulo.asp?id_articulo=36&id_Pagina=1 (sobre el terror asiático)
http://es.wikipedia.org/wiki/Ringu (sobre Ringu)
http://www.labutaca.net/films/43/thehost.htm (sobre The Host)
http://www.hostmovie.com/ (página web oficial de The Host)