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martes, junio 17, 2008

La Niebla



Abordados por la incesante avalancha de productos de terror elaborados en cadena, de patrones similares y públicos ya ganados, es improbable y al tiempo grato ver como un director de la talla de Frank Darabont (nombre que, ciertamente de poco le suena a la audiencia hasta que lee en el cartel aquello de "del director y guionista de Cadena Perpetua y La Milla Verde") retoma, una vez más, un relato de Stephen King para desempeñarlo en pantalla, una vez más, con una habilidad que hace a tomar a su producto final una valía que despunta muy por encima del resto de los arriba mencionados.

En La niebla el terror irracional nace de una tormenta y la posterior aparición de una niebla que invade todo un pueblo y obliga a sus habitantes a permanecer encerrados en sus recintos. Cualquiera que salga de ellos y se adentre en la espesa niebla, estará alejándose de la certeza de seguridad que, hasta ahora proporcionaban la comunidad o la familia para adentrarse en el territorio del más absoluto desconocido, allí donde reside una amenaza que pone en jaque la dicha seguridad de ese reducido grupo social. El interior de la niebla es, por tanto, el escenario perfecto en el que se definiría, en los términos de Stephen King, la freudiana teoría del The Uncanny (del alemán, Das Unheimliche), esto es, cuando un elemento que nos es presuntamente familiar (la niebla como fenómeno meteorológico), concibe y oculta tras de sí lo desconocido, la amenaza en principio no visible que nos aterroriza y que puede adoptar diversas formas concretas. En el relato que Darabont adapta a la pantalla, la forma adoptada es la de diversas bestias de tamaños varios, monstruos que pudieran ser creaciones extraídas del imaginario de Lovecraft y que aquí, pronto se revelan no sólo capaces de alterar la estabilidad de un pequeño reducto como es un supermercado, sino de establecerse como las especies potenciales que fuercen la extinción del ser humano o le devuelvan a su sumisión original en la Tierra.



Así que sí, alguien abrió la caja de Pandora allí arriba en las montañas. Poco o nada sabemos de esos monstruos que inician su cacería humana salvo la mínima información que se derive de un par de militares, aquí llevada hasta el simplismo extremo (se habla de una puerta abierta a otras dimensiones) cuando nadie demanda detalladas explicaciones a Darabont del por qué de la invasión de una plaga mitológica, dígase también bíblica atendiendo a los delirios religiosos de una Marcia Gay Harden, eficaz como fanática líder religiosa anunciando el Apocalipsis mismo y como gestora del miedo social de esa micro comunidad atrincherada en el supermercado. Precisamente en este apartado es donde Darabont muestra de nuevo sus mayores destrezas: en el sometimiento de sus personajes a un encierro en el que nacerán las desavenencias, la crispación, el fanatismo o el entendimiento, el cariño y la esperanza. Si bien el supermercado no es la prisión de Shawshank, el director exprime al máximo las posibilidades de un bastión aparentemente seguro y perdurable (aprovisionamiento y herramientas aseguradas, un buen número de gente disponible para enfrentarse a cualquier posible amenaza), pero que pronto da pie a un meticuloso y pesimista paradigma de la evolución de una comunidad sometida a situaciones extremas. La vuelta al instinto de supervivencia, al pensamiento primario, y todo ello en un enclave eminentemente contemporáneo como es un supermercado, un contexto deudor de aquel centro comercial de Pittsburgh que George A. Romero eligió para su Zombi (Dawn of the Dead, 1978).

Lo más envidiable del cine de Darabont no es sólo que, como bien menciona Bango en su excelente bitácora, es el cineasta que mejor entiende el universo de Stephen King. Sino también que es poseedor de un pulso narrativo excepcional que difícilmente encuentra parangón entre sus coetáneos. Lo demostró al hacer no sólo llevaderos, sino fascinantes sus dos bien conocidos dramas carcelarios, y lo demuestra de nuevo aquí, haciendo que el miedo social y la intromisión de la amenaza en el reducto en el que se atrinchera esa sociedad sea paulatinamente aterradora, que el miedo se filtre lentamente bajo la piel del espectador y que acabe adoptando, hacia su conclusión, aterradoras proporciones mayestáticas que evidencien la consumación de lo impensable: el fin de la especie humana.
Sin embargo, no es ese el devenir que les espera a los héroes anónimos que deben afrontar su supervivencia a ciegas: la de La Niebla será una conclusión que, aun trágica, por fortuna se muestra valiente al contradecir las directrices marcadas por aquellos productos de terror condescendientes al beneplácito de la masas; pero que, por desgracia, también desvela las limitaciones interpretativas, hasta el momento bien disimuladas, de Thomas Jane. Y a pesar de ello, La Niebla, seguirá dejando un nudo en la garganta en el espectador, una patada en la misma boca del estómago de la que resulta difícil reponerse.
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The Mist. Estados Unidos. 2007. 127'.
Dirección: Frank Darabont.
Guión: Frank Darabont; basado en el relato de Stephen King.
Producción: Frank Darabont y Liz Glotzer.
Música: Mark Isham.
Fotografía: Rohn Schmidt.
Montaje: Hunter M. Via.
Diseño de producción: Gregory Melton.
Vestuario: Giovanna Ottobre-Melton.
Interpretación: Thomas Jane (David Drayton), Marcia Gay Harden (Sra. Carmody), Laurie Holden (Amanda), Andre Braugher (Norton), Toby Jones (Ollie), Bill Sadler (Jim), Jeffrey DeMunn Dan Miller), Frances Sternhagen (Irene), Alexa Davalos (Sally), Nathan Gamble (Billy Drayton).
Puntuación: 7,2
Adéntrate en La Niebla...
http://bango.blogia.com/2008/060401-la-niebla-the-mist-de-frank-darabont-2007-.php (crítica de La Niebla en El Cronicón Cinéfilo)
http://www.labutaca.net/films/58/themist.php (sobre la película)
http://www.themist-movie.com/ (web oficial)
http://www.notrofilms.com/laniebla/ (web oficial España)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1595.html (sobre Thomas Jane)
http://es.wikipedia.org/wiki/Frank_Darabont (sobre Frank Darabont)

lunes, diciembre 17, 2007

La brújula dorada



La explotación masiva y orgiástica que el género fantástico está viviendo de unos años a esta parte se hace evidente cuando uno ve películas como La brújula dorada. Poco importa ya si el defecto de origen se encuentra en las novelas o en una incorrecta adaptación de la misma cuando, como otras tantas, se inscribe bajo el manido perfil de película familiar que nos traslada a otros mundos y cuya imaginación desbordante no es sino una excusa nada disimulada para desplegar las redes de su merchandising. Estamos, una vez más, ante un ejemplo de comercialización imponiéndose al cine, una muestra fabricada en cadena que se une a una triste lista de películas fantásticas que en los últimos tiempos nacen con el objetivo de captar tantos públicos como les sea posible bajo el falso disfraz de la artesanía y la imaginación.

La brújula dorada se ajusta al arquetipo que se ha impuesto para un género supuestamente dirigido tanto a la familia como al público juvenil: niña intrépida ajena al complicado mundo de los adultos acaba siendo la inesperada y única esperanza para salvar a un mundo en el que conviven y luchan diversas especies (acá osos guerreros, giptanos, humanos, brujas...). Primera entrega de una trilogía basada en la saga fantástica de Philip Pullman La Materia Oscura, desconozco si la obra escrita ofrecía más riqueza narrativa y descriptiva de la que puede presumir su equivalente cinematográfico, pero lo cierto es que la película de Chris Weitz se limita a precipitar en la pantalla una avalancha de personajes y seres en una retahíla de escenas fantásticas servidas al más puro espectáculo que apenas dejan entrever lo que realmente está pasando. Por si fuera poco La brújula dorada agiganta su maquinaria promocional anunciando grandes estrellas que luego apenas sí disfrutan minutos de metraje (Daniel Craig, Nicole Kidman y Eva Green apenas disponen de dos o tres escenas, mientras que lo de Christopher Lee casi podría considerarse un cameo). Anunciada por New Line Cinema como la trilogía heredera de El señor de los anillos (también de dicha productora), la comparación deja en vergonzosa evidencia a La brújula dorada desde el momento en que es incapaz de ofrecer un mínimo desarrollo de sus personajes o cualquier atisbo de profundidad de su contexto (poco sabemos acerca de una sociedad regida por un organismo llamado "Magisterio"), amén de la vacuidad de sus diálogos. Ni siquiera la batalla final tiene parangón alguno con la más mínima reyerta de la trilogía de Jackson, sino que muy al contrario no deja de subrayar un desorden y desconcierto reinante durante la mayor parte de la película que llega aquí a su punto álgido.



Algunas ideas bien desarrolladas, como la disputa del trono de los osos guerreros o el paralelismo vital establecido entre humanos y "daimonions" (animales en continua transformación en los que reside el alma de sus dueños) caen en saco roto porque el tono general de la película fluye en la más absoluta superficialidad, sin ofrecer aportes nuevos al género allá donde podría hacerlo (la interpretación de los símbolos de la brújula se resuelve con un destello de polvo en el que la joven heroína halla la respuesta). No hay intención alguna de construir un verdadero mundo de fantasía en el que los intereses de los distintos personajes vienen precedidos de una historia, un desarrollo, sino el abocamiento de la mayor cantidad posible de elementos embelesadores empacados en dos horas de metraje acompañadas con una banda sonora que apela constantemente a la épica, pero que se olvida al instante deja de sonar y rubricadas con la sensiblera canción de turno en los créditos finales. Paralelamente, el notable trabajo desempeñado en la dirección artística queda desalentadoramente complementado por todo ese pastiche fantástico que apenas tiene algo que ofrecer y mucho dinero que pedir.

Si todo ese conjunto no induce al aburrimiento es por aglutinamiento de elementos y no por la mínima emoción que se le debiera suponer a un producto de esta clase. La brújula dorada acaba, como no, con la promesa abierta de su continuación, dejando una misión en transcurso y la expectativa creada en las crecientes hordas de seguidores sedientos de fantasía prefabricada y trilogías que la retroalimenten. Una tendencia que, por desgracia, parece no ver fin.
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The golden compass. Estados Unidos. 2007. 113'.
Director: Chris Weitz.
Guión: Chris Weitz; basado en el libro "Luces del norte" de Philip Pullman.
Producción: Deborah Forte y Bill Carraro.
Música: Alexandre Desplat.
Fotografía: Henry Braham.
Montaje: Anne Coates.
Diseño de producción: Dennis Gassner.
Vestuario: Ruth Myers.
Intérpretes: Nicole Kidman (Marisa Coulter), Dakota Blue Richards (Lyra Belacqua), Sam Elliott (Lee Scoresby), Eva Green (Serafina Pekkala), Daniel Craig (lord Asriel), Tom Courtenay (Farder Coram), Derek Jacobi (emisario magisterial), Simon McBurney (Fra Pavel), Jim Carter (John Faa), Ben Walker (Roger), Clare Higgins (Ma Costa).
Puntuación: 4
Sigue la dirección de la brújula...
http://www.labutaca.net/films/50/thegoldencompass.htm (sobre la película)
http://es.wikipedia.org/wiki/Luces_del_Norte (sobre el libro)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1532.html (sobre Nicole Kidman)
http://www.imdb.com/name/nm0185819/ (sobre Daniel Craig)
http://www.imdb.com/name/nm2301950/ (sobre Dakota Blue Richards)
http://www.imdb.com/name/nm0000385/ (sobre Sam Elliot)
http://en.wikipedia.org/wiki/Chris_Weitz (sobre Chris Weitz)

miércoles, agosto 15, 2007

Harry Potter y la Orden del Fénix



Aunque sé que mi fiel e inexistente público no me he echado de menos, he hecho un huequecito en mi abultada agenda para recuperar esa rara costumbre de ir al cine. La pobre desdichada que me ha tenido como espectador en estos tórridos días ha sido la quinta entrega de Harry Potter. Valga decir por adelantado que sólo he visto con anterioridad la segunda y tercera entrega, por lo que mi juicio puede verse afectado por la ignorancia (como siempre, vamos...).

Lo primero que uno anota al ver esta película es que después de las entregas estrenadas para la gran pantalla y los innumerables libros vendidos, mucho del trabajo que cualquier película necesitaría para atraer al espectador a las salas está hecho de sobras. Y quizá ese sea el detalle que más me ha molestado, ya que Harry Potter y la Orden del Fénix adolece de depender en exceso del resto de la saga y tiene escaso peso y trascendencia narrativa por sí misma. A ello sumaría un desarrollo un tanto atribulado y confuso que se centra y se olvida de detalles sin mucha explicación, algo que ya no creo que se pueda achacar al hecho de no haber seguido toda la saga.

Pero después de dar las malas noticias por adelantado, nos ponemos positivos. Mentiría si dijera que se ha descubierto en Daniel Radcliffe un gran actor, pero al margen del gran acierto y mérito que supone mantener al reparto original, también es cierto que Daniel logra llevar con suficiente soltura el peso de la película. De igual manera el resto del reparto cumple con su papel, aunque algunos de los personajes no se acaban de desarrollar todo lo que cabría desear. No obstante, pese a los pocos minutos con los que cuentan, me gustaría destacar a Ralph Fiennes y Helena Bonham Carter como grandes aciertos en el papel de villanos.

Actores aparte, una de las cosas que más me han sorprendido ha sido el hecho de contar con el desconocido David Yates como director, después de haber figurado en el cartel grandes nombres. Si bien, como he comentado, el trabajo ya estaba hecho y se puede decir que ha superado la prueba sin más contratiempos, aunque personalmente echo en falta un toque más oscuro como el de la tercera entrega.
Por otro lado, como cabe de esperar en una de magia, los efectos especiales son protagonistas de la película y posiblemente sean el punto que consigue hacer de la película un buen entretenimiento para una aciaga tarde veraniega. Y como esto ya es mucho escribir después de tanto tiempo, pues ya me he cansado de darle a las teclas. En definitiva, Harry Potter es lo que uno espera, algo que es muy de agradecer al acudir a una sala de cine, es decir, una película espectacular, con pocos huecos para aburrirse y apta para cualquier público.
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Harry Potter. Reino Unido y Estados Unidos. 2007. 138'.
Dirección: David Yates.
Guión: Michael Goldenberg, basado en la novela de J. K. Rowling.
Producción: David Heyman y David Barron.
Música: Nicholas Hooper.
Fotografía: Slawomir Idziak.
Montaje: Mark Day.
Diseño de producción: Stuart Craig.
Vestuario: Jany Temine.
Intérpretes: Daniel Radcliffe (Harry Potter), Rupert Grint (Ron Weasley), Emma Watson, (Hermione Granger), Helena Bonham Carter (Bellatrix Lestrange), Michael Gambon (Albus Dumbledore), Robbie Coltrane (Rubeus Hagrid), Ralph Fiennes (Lord Voldemort), Brendan Gleeson (Alastor 'Ojoloco' Moody), Jason Isaacs (Lucius Malfoy), Gary Oldman (Sirius Black), Alan Rickman (Severus Snape), Maggie Smith (Minerva McGonagall), Imelda Staunton (Dolores Umbrigde), David Thewlis (Remus Lupin), Robert Hardy (Cornelius Fudge), Emma Thompson (Sybil Trelawney), Evanna Lynch (Luna Lovegood), Tom Felton (Draco Malfoy).
Puntuación: 6'5

Harry Potter, haz magia...
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3398.html?topic=4 (crítica de la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1375.html (sobre Daniel Radcliffe)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1551.html (sobre Ralph Fiennes)

jueves, marzo 22, 2007

Las caras del terror

No hay en el cine género que más haya necesitado reinventarse para sobrevivir que el fantástico en general, y el de terror en particular. Esto es tan cierto como que al establecimiento y consolidación de los distintos subgéneros les siguió su decadencia, posterior revisión tardía (en algunos casos) y nueva decadencia posterior. Si no, ahí están los clásicos de la Universal, que hicieron de Drácula y el Doctor Frankenstein formas de arte y acabaron muriendo para ser recuperados décadas más tarde por la Hammer británica. Lo propio sucedió con los vientos nórdicos de brujería que soplaron en los inicios del cine, el terror gótico italiano de los 60 y 70 o el nuevo terror asiático que en la segunda mitad de nuestra década se encuentra ya agotado. La cantidad de corrientes generadas por el cine de terror se corresponde en una buena parte a lo legendario y supersticioso, parte a los mitos que sobrevivieron al paso del tiempo y parte indispensable a los miedos inherentes a la naturaleza del hombre. Son formas diferentes que puede adoptar el terror, diferentes caras para hacer crecer la inquietud, el desquicio o el repelús. En dos palabras: dar miedo.
Sin embargo, la repetición de los miedos mencionados y sus variantes hasta la extenuación han hecho del cine de terror un género inevitablemente cargado de tópicos, con la consiguiente dificultad para esquivarlos. Es tras esa extenuación que revisar modelos a seguir del género puede ser la mejor receta para saber por donde empezar. Eso o volver a los puntos de inspiración de algunas de esas corrientes. La tercera vía pasa por esperar la sorpresa en un tiempo en el que casi todo está inventado, algo tan poco probable a estas alturas que, cuando sucede, resulta más grato que nunca. He aquí tres ejemplos de las caras que puede adoptar el terror:

Suspiria (1977) de Dario Argento pertenece al primer grupo. Se trata de un indiscutible modelo a seguir que ya merece la categorización de clásico. Argento tuvo como maestro en Mario Bava y prosiguió la corriente gótica italiana con una historia de brujas en una telúrica escuela de ballet alemana. Suspiria actualiza el mito de la brujería a un escenario tan tenebroso como el mismo medievo y lo adapta con una textura de tonos chillones, rojos perturbadores que colman cada escena y componen un estilo escandalosamente visual y una de las fotografías (a cargo de Luciano Tovoli) más llamativas que se recuerden. La perturbación se completa con la comunión de la escandalosa imagen con la atípica banda sonora que el mismo Dario Argento compuso con la banda de progressive rock Goblin, una suma de experimentales sonidos electrónicos, indefinibles instrumentos y voces de ultratumba. Solo esos dos ingredientes ya convierten a Suspiria en una delicia estética que, además, esconde tras el envoltorio una soberbia historia de asesinatos, magia negra y espíritus malignos. En un primer momento engaña con una escena truculenta, un asesinato más propio de los serial, sumamente desagradable e impactante en una escenario enrarecido hasta el extremo, casi expresionista. Entonces Suspiria cambia de registro y se mete de lleno en una atmósfera hostil, dictatorial en la que un miedo oculto se esconde para ir creciendo alrededor de la inocente Suzy (Jessica Harper). El desquicio imperante se delata en la extraña aparición de una plaga de gusanos, el ataque del perro-guía del pianista ciego de la escuela al sobrino de una de las regidoras y, pronto, las inevitables desapariciones y asesinatos de algunas de las alumnas que sabían demasiado. Susurros, pasillos lúgrubes, habitáculos desconocidos, trampas mortales... Suspiria se disfruta tanto como se sufre con su ambientación extrema y desquiciante que va in crescendo hasta culminar en un final extravagante y casi referencial a la serie B. Pero esto, claro, no le impide ser candidata a la mejor película de terror parida en Italia y un clásico no del todo consolidado en el género. Puntuación: 9



Ringu (1998) de Hideo Nakata no necesita presentación. Es la responsable directa de la propagación del cine de terror asiático que durante cerca de una década ha dado suculentos beneficios no sólo a las cinematografías de extremo oriente, sino también a las productoras norteamericanas que no tardaron en explotar el filón hasta el agotamiento mediante secuelas, precuelas, remakes y fantochadas de diversa calaña. La lista es larga y dejó de tener sentido para aburrir al público en algún momento, pero antes de todo eso, Hideo Nakata realizó una loable adaptación de la ya archiconocida historia de Sadako, el espíritu maligno de una niña asesinada que propagaba su maldición a través de una cinta de video. Cuando en 1991 Koji Suzuki escribió The Ring ni podía imaginar la repercusión que alcanzaría su segunda novela para convertirse en serial radiofónico, videojuegos, manga, película y acabar dando con ella el pistoletazo de salida a toda una oleada de terror nipón en el cine secundada por sus vecinos. Ringu presenta los primeros trazos de esa oleada y hace de ellos su premisa básica. Por ejemplo, huye del terror a golpe de sustos y violento subidón de volumen que formaba parte del repertorio de efectismos baratos del que Gore Verbinski dio buena cuenta en el remake norteamericano. Nakata teje la trama en una atmósfera deprimente y gris, casi siempre acompañada de lluvia, y deja que sea la propia historia la que asuste, sin necesidad de reventar tímpanos. No deja de ser una investigación de lo paranormal que es, en paralelo, un viaje al origen del horror, camino en el que la angustia de los personajes es inversamente proporcional a los días que les queda hasta la fecha de su muerte. Contagiar esa angustia fuera de la pantalla es su principal mérito; conseguir una aparición tan espeluznante del fantasma de Sadako arrastrándose fuera del televisor, su mérito más terrorífico. Puntuación: 7



Casi diez años y unas cuantas bazofias después, es inevitable desconfiar de la última exportación del género venida desde el lejano oriente o su correspondiente homóloga yanqui. Por eso The Host (2006) de Bong Joon-ho resulta una muy grata sorpresa a todas luces, partiendo de dejar atrás las historias de fantasmas con mala leche para volver al cine de monstruos. Y lo hace para bien, rehusando escenas sanguinolentas y de destrucción masiva en favor de un monstruo cuya motivación es la de cazar personas con las que alimentarse en su guarida de las cloacas. Los héroes son estúpidos, torpes y no se mueven por una conciencia de seguridad colectiva sino por salvar a un ser querido de las garras del monstruo. Ni siquiera está presente el estereotipado villano, sea el mismo monstruo o el antagonista cojonero que se interpone a toda costa en los objetivos del héroe. Si cabe apuntar hacia algún eje del mal son los mismos gobernantes, los que ponen en alerta biológica a la población y ejercen la política del miedo a través de las armas químicas. The Host tiene esos tintes sociales como los tiene de un cierto humor que va desde el gag hasta el humor negro, a pesar de que los desiguales resultados en este último campo den con alguna escena rayana en el ridículo (la familia llorando la desaparición de la niña). Tan original como el mismo monstruo que le da título (una creación digital brillante y de movimientos elegantísimos), la película de Joon-ho es una nueva esperanza para la recuperación del género. De una belleza visual por momentos impresionante, la escena que más elogios debería merecer es la correspondiente al primer ataque del monstruo: nada que envidiar a los mejores momentos de intocables como Alien. Puntuación: 7



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http://es.wikipedia.org/wiki/Dario_Argento (sobre Dario Argento)
http://en.wikipedia.org/wiki/Suspiria (sobre Suspiria, en inglés)
http://www.aullidos.com/leerarticulo.asp?id_articulo=36&id_Pagina=1 (sobre el terror asiático)
http://es.wikipedia.org/wiki/Ringu (sobre Ringu)
http://www.labutaca.net/films/43/thehost.htm (sobre The Host)
http://www.hostmovie.com/ (página web oficial de The Host)

viernes, febrero 16, 2007

Nosferatu. Una sinfonía del horror.



Corren tiempos difíciles para el miedo. En el cine, entiéndase. El que fuera durante más de un siglo uno de los mejores instrumentos para provocar el sobresalto, encogimiento o inquietud en el espectador inerme en la sala oscura, ha generado en ese mismo espectador y por sobredosis de terror visual y explícito, una preocupante insensibilidad hacia cualquier intento de atemorizarle. Pocas películas nos recuerdan ya que el terror más efectivo pasa por ser el más sugestivo, el que vislumbra la amenaza pero la mantiene parcial o totalmente oculta, el que escenifica uno de los temores más arraigados en el ser humano: el miedo a lo desconocido.

Contados son los ejemplos que hoy nos recuerdan cómo generar la esencia del horror. Toca entonces hacer una revisión al pasado y advertir que, si bien no todos los precedentes son buenos consejeros en el cine, el caso de Nosferatu con el cine de vampiros y, en general, de terror, lo es y de sobremanera.
Y me disculpo desde ya por la oleada de optimisto aquí vertida, justificada a mis ojos tras haber asistido a una de las más emocionantes proyecciones que recuerde, acompañada de un magistral piano a cargo de Arcadi Valiente y seguida de una lección de montaje en el cine de parte de Sánchez-Biosca. El primero supuso la perfecta compañía de los acordes y las teclas que agigantaron la inquietud que ya de por sí posee el film de F.W. Murnau. El segundo ayudaba a entender los mecanismos visibles, imagen por imagen, del terror hilvanado por el director alemán, descubriéndonos los engranajes que hacen funcionar esa inquieta sensación sobre el espectador. Y sí, desentrañando los secretos de Nosferatu, pero acrecentando la fascinación por ella.

Repasemos el género. Pongamos a los vampiros del cine en fila y examinemos. No es difícil adivinar lo mucho que se ha vampirizado la figura vampírica del cine. Tópicos acumulados y aceptados en revisiones posteriores han creado un imaginario en torno a ellos poco menos que confuso, difícil de examinar. Por suerte Murnau opta por la fidelidad a la obra de Bram Stoker para trasladarla a la pantalla con toda la fuerza que hizo del expresionismo alemán uno de los movimientos capitales del cine. En 1922, tras Wiene y El Gabinete del doctor Caligari, el movimiento cobraba fuerza con esta primer gran película de terror y con ella, uno de los primeros grandes iconos del cine: la pintoresca, roedora y casi cadavérica cara de Max Schreck. Lejos del conde engominado de atuendos pomposos y maldad manifiesta, el conde Orlok de Murnau cobra desfiguración hasta asimilarse a las ratas a las que controla. No es un rostro terrorífico, pero sí incómodo en su fealdad, provocador de cierta inquietud y claramente expresionista, de facciones exageradas que también vemos en las manos, alargadas y deformes.
Son sus sombras las que infunden la inquietud tanto en la víctima como en el espectador: las imágenes que marcan de Nosferatu no son de ataques indiscriminados y consecuencias sanguinolentas, sino de una sombra encorvada, deforme y amenazante que sube por las escaleras al final de las cuales encontrará postrada en la alcoba la nueva víctima de cuya alma ya tomó posesión hace tiempo.



Pero para llegar a esa escena antes hemos asistido a un viaje en barco del que el conde Orlok se ha adueñado, acabando con su tripulación lenta y dolorosamente (e invisible para nosotros) a través de un batallón de ratas que escapan de entre la tierra transilvana almacenada en los ataúdes para propagar la peste. Con esta enfermedad, Murnau extiende paulatinamente el horror y le da mayor dimensión al tratar con siniestra premeditación una de las enfermedades que más diezmó la especie humana. Paralelamente, el director alemán ofrece una lección de montaje cinematográfico poco usual en su tiempo (por brillante). Murnau despliega dos líneas argumentales paralelas al viaje de Nosferatu: la frenética vuelta a casa de Hutter (Gustav Von Waigenheim), a contrarreloj para salvar a su amada de las garras del conde, y la vampirización progresiva de un sujeto que clama a Nosferatu como su maestro y espera su llegada con ansiedad casi animal. El desarrollo equilibrado y medido del argumento múltiple hace de Nosferatu no sólo un ejemplo aventajado de montaje cinematográfico, sino también una de las cintas mudas más entretenidas. Amén, claro, de ser pieza imprescindible para entender todo un movimiento (expresionismo) y los albores de todo un género (terror).

Así es como se construye una sinfonía del horror. Sugiriendo, induciendo a, jugando a las sombras y a miradas de pánico sin contraplano. No es el juego de la sangre y los murciélagos el de Murnau, sino el de la posesión y la enfermedad. No esperes gritar, no esperes el horror físico. Espera la fascinación y la sombra acechándose sobre ti. Si con esos argumentos Nosferatu consigue que, a dos butacas de ti, una niña se encoja de miedo proclamando su miedo a los vampiros, significará que Murnau habrá ganado en su juego.
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Nosferatu, eine Symphonie des Grauens. Alemania. 1922. 94'.
Director: F.W.Murnau.
Guión: Henrik Galeen.
Fotografía: Günther Krampf, Fritz Arno Wagner.
Música: James Bernard (versión restaurada).
Intérpretes: Max Schreck (Graf Orlok), Gustav Von Waigenheim (Hutter), Greta Schröeder (Ellen Hutter), Alexander Granach (Knock), Georg H. Schnell, Ruth Landshoff, John Gottowt, Gustav Botz.
Puntuación: 10
Vampirízate en la red...
http://es.wikipedia.org/wiki/Nosferatu (sobre la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article946.html (crítica de la peli)
http://es.wikipedia.org/wiki/Max_Schreck (sobre Max Schreck)
http://es.wikipedia.org/wiki/F.W._Murnau (sobre F.W.Murnau)
http://www.cinefantastico.com/articulo.php?id=15 (curioso ranking de cine de vampiros)
http://perso.wanadoo.es/vampiros/html/cine.html (reportaje sobre vampiros en el cine)
http://es.wikipedia.org/wiki/Expresionismo (sobre el expresionismo alemán)

jueves, febrero 08, 2007

Pi. Fe en el Caos.



Los números mueven el mundo. El universo se traduce en números. Incluso Dios está en los números. Maximilian Cohen te lo dice, Aronofsky te lo dice, y te sonará a enfermiza teoría matemática, pero una vez tomes conciencia de que formas parte de una ecuación infinita ya no habrá marcha atrás. Y estarás sumido en el caos.

Pi es una de las candidatas a película más paranoica de la historia. Piensa en Kafka y tendrás un punto de partida: un obsesivo matemático encerrado entre ordenadores y alejado de cualquier contacto social busca el sentido del universo entre los números. Luego imprime el blanco y negro a la imagen, utiliza una cámara nerviosa que se mueve en espirales, grabando los detalles más insignificantes del universo y acentuando tu sensación de encierro, claustrofobia: empiezas a acercarte. Ahora da un paso más e imagínate dentro del cerebro de Maximilian Cohen (Sean Gullette), donde los números circulan a velocidad frenética, número Pi, Arquímedes, Euclides, la espiral presente en todo el universo, los 216 números... y un puñal se clava en tu cabeza, chillas de dolor, la migraña taladra tu masa cerebral, el estallido está cercano. Medicación. Calma relativa.

Ahora, para acabar está intromisión cerebral, piensa que vas en el metro y todo el mundo te mira, te observa, te persigue. Huyes y en tu huída encuentras cosas que no pueden tener que ver con las matemáticas: tu cerebro se pudre en tu lavabo o en la escalera de un metro, esa silueta derramando sangre se te vuelve a aparecer, esos insectos trepando las paredes de tu zulo... confirman lo que intuías hace tiempo: estás enfermo, pero eso no importa. No importa porque la secuencia está cerca, tienes al alcance de la mano el orden universal y deberás mantenerlo a salvo de esa oscura organización (¿empresarial? ¿gubernamental? ¿bursátil?) y de esa secta de judíos que busca a Dios en los 216 números.

Ahora ya sabes de qué va esto.

Pi es claustrofóbica hasta la asfixia. Impresiona como se desenvuelve la cámara en espacios cerrados, fijándose en los fragmentos de realidad más propensos a sacar de quicio al espectador, pegándose a la cabeza de Maximilian Cohen, entrando en simbiosis con su cerebro enfermo y haciéndonos parte de los estallidos que le retuercen hasta lo insufrible en el lavabo de su madriguera. Pi te convierte en cómplice del tipo más insociable que existe y te muestra como su existencia cae por una espiral de números, sufrimiento y Diazepán. Si la interpretación de Sean Gullete no fuera tan genial, seguramente no te creerías a un personaje que juega a ser Dios alejado de cualquier religión que no sea las matemáticas. Pero lo es. Gullette se desenvuelve como pez en el agua en el surrealismo más imposible de Aronofsky, atmósfera enfermiza que consigue momentos brillantes acompañada de mínimos sonidos electrónicos y repetitivos. La experimental música es aquí como el patrón que Maximilian Cohen busca, el patrón que con la inquietud perdura en tu cerebro tras los créditos finales de Pi.

Y pese a ser la película más "matemática" que conozcas, no busques el desaguisado argumental ni pretendas la perfecta estructura narrativa. Pi es la paranoia pura y dura llevada al extremo, allá donde la locura empieza. Es tan ciencia como ficción, y en cuanto a ciencia, sus bases no pueden ser tomadas en serio. Pero aquí gana la inquietud que queda en ti tiempo después de verla. Gana la desconfianza con la que mirarás la próxima "coincidencia" numérica que encuentres en tu vida...

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Pi. Estados Unidos. 1998. 84'.
Director: Darren Aronofsky.
Guión: Darren Aronofsky, Sean Gullette, Eric Watson.
Música: Clint Mansell.
Fotografía: Matthew Libatique.
Producción: Eric Watson.
Intérpretes: Sean Gullette (Maximilian Cohen), Mark Margolis (Sol Roberson), Ben Shenkman (Lenny Meyer), Pamela Hart (Nancy Dawson), Stephen Pearlman (Rabino Cohen), Samia Shoaib (Devi), Ajay Naidu (Farroukh)
Puntuación: 7,5
Por si no te salen las cuentas...
http://webs.adam.es/rllorens/pihome.htm (página dedicada al número Pi)
http://www.imdb.com/title/tt0138704/ (sobre la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1001.html?topic=4 (crítica de la peli)
http://www.aronofsky.net/ (página web del director)
http://www.nervepop.com/filmlounge/interview/darrenaronofsky/index.aspx (entrevista en inglés a Aronofsky sobre su último proyecto, The Fountain)
http://www.imdb.com/name/nm0347797/ (sobre Sean Gullette)

martes, enero 16, 2007

El truco final (The Prestige)




Christopher Nolan vuelve a demostrar con El truco final (El prestigio) sus excelentes dotes narrativas mostradas en su breve, pero laureada filmografía. Partiendo de la historia de una trágica rivalidad entre dos ambiciosos magos, Nolan consigue manejar al espectador convirtiendo su propia película en un truco de magia. Al igual que el personaje de Michael Caine advierte al inicio del metraje, convierte algo ordinario en extraordinario. El cuidado guión de El truco final esconde la inteligencia e intriga que cabe esperar de un buen thriller. Invita al espectador a anticiparse a los acontecimientos sabiendo guardarse sus sorpresas, al mismo tiempo que los saltos en el tiempo en la narración consiguen mantener la tensión del espectador en sus momentos clave. Sin embargo, el desarrollo de la trama principal y el especial cuidado que se le presta perjudica al desarrollo, por ejemplo, de las vidas personales de sus protagonistas. Nolan casi se limitan a recuperar varias veces durante el film los aspectos más definitorios de sus personajes sin que se dé pie a una evolución de éstos. En especial es llamativo que el hecho que da inicio a la letal rivalidad de los magos Borden y Angier, vaya diluyéndose durante el film hasta quedar casi en anécdota.

Además del buen trabajo de Nolan encontramos las correctas actuaciones del consolidado reparto. Hugh Jackman sigue crece como actor lejos de criaturas extraordinarias. Su rival en el film, Christian Bale, repite a las órdenes de Nolan tras Batman Begins y confirma que es una apuesta segura para cualquier director dando solidez al personaje más complejo del film. También repite Michael Caine como secundario, tras Batman Begins, y revalida su condición como uno de los secundarios más codiciados de Hollywood. Por su parte, la actriz de moda, Scarlett Johansson, pasa algo más desapercibida y no acaba de encajar en la trama. Puntuación: 8
Silver Sack





Aún queda en la memoria (curiosa paradoja) el brillante debut de Christopher Nolan: Memento ya presentaba el estilo visual arrollador y característico de su autor. Aún queda en la memoria, también, su más reciente descalabro de nombre Batman Begins, donde dicho estilo y forma no impedían el vacío de contenido de la fallida precuela del superhéroe. Ahora Nolan se saca un as de la manga y presenta The prestige (El prestigio), donde dos magos de finales del XIX se hacen la vida imposible con tal de demostrar su genio como el más grande de la época. Desde el principio la película de Nolan se muestra como un derroche de fuerza y energía, intensidad adherida a cada uno de sus fotogramas y miembros de su reparto, todos ellos solventes.
A partir de esta premisa, The Prestige es una fábula embelesadora que nos introduce en el mundo del ilusionismo con una trama auténtica cautivadora en su primer tramo y que nos convence de que de nuevo nos encontramos ante el mejor Nolan.

Sin embargo, la película desemboca en otros derroteros y decide cruzar la barrera de lo científicamente imposible para dar la vuelta de tuerca a su argumento, a su ilusión extendida desde el minuto uno. El espectador acepta desconfiado este precepto y avanza hacia el desenlace con escenas cada vez más efectistas y que esconden un acusado trasfondo de cartón-piedra. Cuando llega la conclusión, esa falsedad se torna insostenible y se da de bruces con un final cercano a la tomadura de pelo. La escena en cuestión dejará estupefactos y contentos a unos: ellos aceptan el truco y el trato. Otros se verán obligados a revisar el argumento y descubrir serias incoherencias. Trampas que, por supuesto, quedarán oportunamente justificadas bajo el discurso de la magia y la ilusión y de si “¿el cine no era eso?”.
Puntuación: 5
Jordi

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The Prestige. Estados Unidos y Reino Unido. 2006. 128'.
Director: Christopher Nolan.
Guión: Christopher y Jonathan Nolan; basado en la novela The Prestige de Christopher Priest.
Música: David Julyan.
Fotografía: Wally Pfister.
Montaje: Lee Smith.
Diseño de producción: Nathan Crowley.
Vestuario: Joan Bergin.
Producción: Aaron Ryder, Emma Thomas y Christopher Nolan.
Intérpretes: Hugh Jackman (Robert Angier), Christian Bale (Alfred Borden), Michael Caine (Cutter), Scarlett Johansson (Olivia Wenscombe), Rebecca Hall (Sarah Borden), Andy Serkis (Alley), Piper Perabo (Julia McCullough), David Bowie (Nikola Tesla), Samantha Mahurin (Jess).
Abracadabra...
http://www.labutaca.net/films/47/theprestige.htm (sobre la peli)
http://wwws.warnerbros.es/theprestige/ (web oficial España)
http://www.prestige-movie.com/ (web oficial EEUU)
http://www.christophernolan.net/ (página web de Christopher Nolan)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1425.html (sobre Hugh Jackman)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1363.html (sobre Christian Bale)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1518.html (sobre Michael Caine)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1748.html (sobre Scarlett Johansson)

martes, diciembre 26, 2006

Eragon



Una de esas señales inequívocas de que ha llegado la navidad la encuentra uno a la puerta del cine. De repente uno se da cuenta que la programación de los multisalas se llena de moñadas diversas, películas infantiloides o vergüenzas indescriptibles de la mano de cómicos como Tim Allen. También viene siendo tradición en los últimos años encontrarse productos de fantasía, adaptaciones de novelas incidentes en mundos imaginarios que encuentran su mayor e indiscutible referencia en la trilogía de Tolkien y por tanto, la de Jackson.

Eragon desde luego no escapa a esa oleada de películas surgidas a rebufo de El señor de los anillos. Y esta, huele a refrito. Apesta a refrito. Un poco de elfos por aquí, otro poquito de Rivendel por allá (le cambiamos el nombre, vale), unos cuantos orcos disimulados con vendas y bichitos asquerosos, un elegido para que salve el mundo y hasta un malo malísimo de asombroso parecido a 'lengua de serpiente'. Por supuesto incorpora la novedad de los dragones y sus jinetes, pero hasta ahí lo que Eragon aporta de nuevo. La falta de originalidad es, pues, la principal ausente de una película a la que se le presupondría un desborde de fantasía, falta que suple a base de batallas y peleas bien repartidas a lo largo de su metraje. Porque eso sí, la distracción que proporciona es innegable y su sencillísima trama no decae en ningún momento, máxime para los pequeños que la disfrutan los que más. Pero ese entretenimiento no deja de ser más que un fast food cinematográfico, trampa para obligados padres a acompañar a sus pequeños o para adolescentes eufóricos.

En medio de este espectáculo de fuegos artificiales y magia que viene y va, hay hueco para que Jeremy Irons se redima de su lamentable precedente en una película de este tipo y para la más que curiosa aparición de Crispin Glover (alias 'Willard'). A ellos dos le sumamos la impresionante belleza de Sienna Gallory y hasta ahí la suma en lo que al reparto se refiere. La aparición de John Malkovich como rey déspota y tirano se reduce a tan pocos minutos en pantalla que bien podría ser considerado un extra más, siendo algunos de esos segundos que le araña a la película los más innecesarios (el malo malísimo y cabreadísimo nos insiste en que habrá una segunda parte, por si a algún despistado en la sala se le había escapado).

Y aún a riesgo de quedarme corto en la crítica, nada más que contar. Entretenimiento palomitero, espectaculares efectos especiales a mansalva y una mayoría de personajes de cartón piedra de los que, como suele ocurrir en estas películas, poco se sabe o se pasa de puntillas sobre ellos. En resumen, ideal como película navideña "para todos los públicos", con canción moñas en los créditos incluída, lista para saltar a los cuarenta principales. Ah, y la dragona (porque es dragona) habla, aunque sea telepáticamente. Pero yo prefiero a Paco Rabal.
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Eragon. Estados Unidos. 2006. 104'.
Director: Stefen Fangmeier.
Guión: Peter Buchman; basado en la novela de Christopher Paolini.
Música: Patrick Doyle.
Montaje: Roger Barton.
Fotografía: Hugh Johnson.
Diseño de producción: Wolf Kroeger.
Vestuario: Kym Barrett.
Producción: John David y Wyck Godfrey.
Intérpretes: Edward Speleers (Eragon), Jeremy Irons (Brom), Sienna Guillory (Arya), Robert Carlyle (Durza), John Malkovich (rey Galbatorix), Djimon Hounsou (Ajihad), Garrett Hedlund (Murtagh), Joss Stone (Angela).
Puntuación: 4
Más dragonerías...
http://www.labutaca.net/films/47/eragon.htm (sobre la peli)
http://www.eragonmovie.com/ (página web)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1446 (sobre Jeremy Irons)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1458 (sobre John Malkovich)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3253.html (crítica de la peli)

sábado, octubre 21, 2006

El laberinto del fauno



Ha llegado la hora de granjearme enemigos irreconciliables. No recuerdo la última vez que ocurrió, pero en esta ocasión se podía adivinar cuando la firma de la obra era la de Guillermo del Toro. No porque mire con malos ojos su cine, o tal vez no lo haga con los mismos ojos... pero sí a sabiendas de la legión de seguidores que su nombre conlleva y que no dudan en encumbrarle como 'maestro del terror fantástico'. Pero antes de que me señalen dedos acusadores, aviso de la ausencia de todo prejuicio a su obra. La única película que tuve la ocasión de ver antes de El laberinto del Fauno fue Blade 2, película que, a pesar de los múltiples fans de la saga y el personaje que la elevaron por encima de su predecesora, me pareció más hueca que la sesera de Zaplana. Poco más se puede decir de un producto hecho para satisfacer la sed de sangre y peleas videoclipleras a ritmo de techno. Siendo esta mi única referencia, me adentré en este laberinto con ánimos de segunda oportunidad para una película que, por otra parte, se sitúa en las antípodas de la del famoso cazavampiros.

El laberinto del Fauno corresponde a la segunda película de la trilogía que Guillermo del Toro rueda en España tras El espinazo del diablo. La temática de ambas películas son bien similares, ambas protagonizadas por un niño (en esta ocasión una niña) en un ambiente de opresión y miedo. Si bien El espinazo del diablo transcurría en un orfanato durante la guerra civil, El laberinto del Fauno lo hace durante la posguerra, en un molino cerca de la frontera pirenaica improvisado como base de operaciones de un cruel capitán del ejército franquista (Sergi López) que es enviado con la misión de acabar con los vestigios de la última resistencia republicana.
Hasta allí se trasladan Ofelia (poético nombre, apuntan algunos críticos ridículamente) y su embarazada madre (Ariadna Gil). La niña, encarnada loablemente por Ivana Baquero, no tardará en abrirse paso en un laberinto cercano al molino donde conocerá al Fauno, una bestia ascentral que le pondrá a prueba en diversos retos y misiones que desafiarán su valentía y el amor por su nuevo hermano.

Así pues, el concepto de El laberinto del Fauno es muy sencillo, tan sencillo que resulta trivial e intrascendente: la mezcla de un mundo real terrible, insoportable, y el mundo de fantasía donde la niña se refugia de la realidad y donde los monstruos no son ni de lejos tan temibles como son los mismos humanos. La distinción entre esos dos mundos no es progresiva ni paulatina, sino todo lo contrario, brusca y excesivamente diferenciada, de tal manera que uno no sabe cómo tomárselo. Da la impresión de dos películas completamente distintas confluyen en una sola y finalmente es la fantasía la que queda relegada a un segundo plano. Tampoco es algo que se le pueda reprochar a del Toro: el mundo de fantasía es el refugio de la realidad para Ofelia. El problema es que El laberinto del Fauno se queda a medio camino de todo. Como película de fantasía, resulta insuficiente para un público más adepto al género (en el que también se incluye el infantil), y como película realista resulta tópica, maniquea y sumamente desagradable en determinadas escenas que rozan el subgénero gore. Ejemplos hay para dar en todo su metraje, pero resulta especialmente grotesca la escena en la que Maribel Verdú le asesta golpe de cuchillo a Sergi López y el resultado es la boca de López abierta por uno de los dos lados. Por sí no fuera suficiente, del Toro se regodea en la repulsión del espectador y nos muestra una y otra vez el corte para culminarlo en la espectacular celebración del mal gusto de la escena en la que le vemos coserse la boca en un primer plano que impide que se nos escape detalle alguno. Gracias señor del Toro, pero no hacía falta.

Si bien no ayudan estos generosos detalles a la definición de un público más concreto para la película, sí que lo hacen para una intención nada oculta en El laberinto del Fauno: la de demonizar hasta el extremo al capitán franquista y a su grupo de hombres, personajes grises e inhumanos que disfrutan ejecutando y cazando a los valientes hombres de la resistencia, liderados por el joven y atractivo Pedro y con personajes entrañables, véase un simpático tartamudo que será capturado y torturado hasta la muerte sin que los malos le arranquen la más mínima confesión. Mientrastanto, Ofelia se pierde por el laberinto y conoce monstruos increíbles, el Fauno le va dando pistas y objetos cuya utilidad desconocerá hasta el momento apropiado de su uso: llaves, una mandrágora, una tiza mágica, una especie de daga... un listado de utensilios y pruebas que consiguen que el espectador acabe teniendo la incómoda sensación de estar asistiendo a un juego de rol.

Y a pesar de todo, El laberinto del Fauno reúne suficientes elementos positivos para invitar al espectador al optimismo respecto a las cualidades de su director. La más destacada es, sin duda, la genial puesta en escena que realiza y que se deja ver en múltiples escenas. La ambientación es impecable y poco o nada se le puede recriminar en cuanto a la dirección artística. El otro apartado destacable es la buena dirección de los actores. Si bien Sergi López no tiene la culpa de que el personaje sea el malo malísimo (aunque desde luego parece tener debilidad por los papeles antagonistas), cumple con su cometido y acompaña bien a la gran actuación de Ivana Baquero, una auténtica joya en bruto que sabe transmitir dramatismo, angustia e inocencia de manera inusual ante la cámara. Así, el balance de las actuaciones, si pasamos por alto una Ariadna Gil insoportable por moñas, lacrimógena y que por momentos da la impresión de encontrarse en un estado perpétuo de drogadicción, es positivo y demuestra una buena dirección de parte de Del Toro. El tercer y último elemento que no hace del todo desdeñable la visualización de El laberinto del Fauno es la partitura musical de Javier Navarrete, capaz de imprimir un intenso dramatismo a determinadas escenas de la película, que sin llegar a alcanzar la emoción que deberían, sí reciben un pequeño y necesario impulso de la banda sonora que impide que caigan en la emoción plana o vacía.

Uno sale de la sala pensando que se podría haber hecho más, algo mejor con el material del que disponía el director. La suma de elementos positivos acumulados a lo largo de las casi dos horas no acaban de hacer olvidar los múltiples defectos que hacen de El laberinto del Fauno una película menor. El desenlace guardará una pequeña sorpresa que, más que sorprender gratamente por la presencia de un gran actor como es Federico Luppi, provoca la vergënza ajena y acaba rematando mal (muy mal, si no fuera porque la escena es más bien anecdótica) a una historia ya de por sí irregular y que, a pesar de su fuerza, no convence.
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El laberinto del Fauno. España y México. 2006. 112'.
Director: Guillermo del Toro.
Guión: Guillermo del Toro.
Fotografía: Guillermo Navarro.
Montaje: Bernat Vilaplana.
Música: Javier Navarrete.
Diseño de producción: Eugenio Caballero.
Vestuario: Lala Huete.
Intérpretes: Sergi López (Vidal), Maribel Verdú (Mercedes), Ivana Baquero (Ofelia), Álex Angulo (doctor), Ariadna Gil (Carmen), Doug Jones (fauno), César Bea (Serrano), Manuel Solo (Garcés), Roger Casamajor (Pedro).
Puntuación: 5
Busca la salida del laberinto por aquí...
http://www.labutaca.net/films/40/ellaberintodelfauno.htm (sobre la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3206.html (crítica de la peli)
http://www.clubcultura.com/clubcine/clubcineastas/guillermodeltoro/ellaberintodelfauno/ (página web)
http://es.wikipedia.org/wiki/Guillermo_del_Toro (sobre Guillermo del Toro)
http://www.cinestel.com/41701/97401.html?*session*id*key*=*session*id*val* (entrevista a Ivana Baquero)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2162.html (sobre Sergi López)



viernes, septiembre 01, 2006

Cube



Nunca me gustaron los cubos de Rubik. Siempre me resultaron exasperantes métodos para acabar con el aburrimiento, un entretenimiento desesperante que además observaba con cierto recelo. La geometría y con ella toda su matemática intrínseca escondía tras ese cubo el inquietante misterio de sus entresijos. Un invento del diablo, lo llamarían algunos. Desconfiad del cubo.

Puestos a hacerlo más malévolo, Vicenzo Natali llegó en 1997 para reanimar el género del terror psicológico, del suspense insoportable que además genera un nuevo oscuro rincón en lo profundo te tu conciencia. Podrá gustarte más, podrá gustarte menos, pero una vez empiezas a ver Cube no puedes negar la sorpresa. Y cuando avanza un poco más la cosa, ya no puedes evitar quedar atrapado como uno más de los personajes dentro de ese maligno invento. Y no puedes evitarlo porque Cube es tan tramposa como eficaz en su planteamiento. No hilvana la trama, no la desenreda, pero sí te deja, nada más empezar, sumido en el terror más absoluto, en medio de la nada, en el interior de un laberinto que ya anuncia en el primer minuto de película la sentencia de muerte para los que de alguna manera han llegado hasta él. Alderson es el primero en indagar los entresijos y el primero en abrir una de las compuertas que dan a una de las innumerables habitaciones contiguas. Allí, ese anónimo personaje, sin ninguna trascendencia ni lugar en la trama será descuartizado milimétricamente. Es un aviso: Cube no es ninguna broma. No es ninguna sencilla regla de tres ni una ecuación de primer grado.

Con la aparición de los demás personajes, Cube pone sus cartas sobre la mesa. 6 personajes que de manera accidental pero nada casual se encuentran en medio de esa nada. Una estudiante de matemáticas de mente privilegiada, un policía, una médico, un autista, un escapista y un arquitecto. Uno ya adivina que, lejos de cualquier coincidencia, son las pistas, las piezas de un puzzle mortífero que necesitan complementarse sí o sí para hallar la salida. Todos ellos significan una utilidad, una potencial resolución al enigma, todos salvo (aparentemente) el autista. Uno de los méritos de la película de Natali es la de ir descubriendo a sus personajes poco a poco, revelando detalles significativos que nos forzarán a modificar nuestra percepción sobre ellos. Mientras tanto, sutilmente el clímax y atmósfera kafkiana de Cube van in crescendo y arañando minutos a un metraje que ha de ser necesariamente escaso para no prolongar lo inprolongable. A la vez que los personajes se descubren o mueren, conocemos nuevos datos en torno al funcionamiento del cubo, nuevas variables para acercarnos un poco más al final.

Mientras uno permanece con los ojos como platos y agarrado a su butaca o lugar de aposento, Cube tiene la virtud de conseguir desviar la atención de sus defectos latentes que pasan, principalmente, por la mediocre interpretación de actores como Maurice Dean Wint, que roza constantemente la sobreactuación. La intención nada oculta de Natali con estas exageraciones interpretativas es la de poner hincapié en el caos que nace, se desarrolla y muere con la trama. Un caos que la mayoría del tiempo se logra desde la sencillez y austeridad, desde el miedo irracional, pero que en ocasiones recurre a ciertos apoyos más bien innecesarios. El mejor terror se consigue (y bravo por Natali) en los momentos donde la claustrofobia flota en el ambiente, en los silencios insoportables de esa habitación que activa la trampa con el sonido, en los cálculos infinitos e inalcanzables con los que chocan desesperados los protagonistas en su lenta agonía.

¿Conclusión?... no hay conclusión. No la hay porque el cubo de Natali no nos la quiere dar. Ni falta que hace. Resultaría absurdo reprender Cube por su ausencia de aclaración final que nos indique el cómo, dónde, quién y porqué del cubo. Cualquier explicación nos resultaría insuficiente y quedaría muy por debajo de la expectativa generada. La esencia de la película es la esencia del terror irracional, del que nos invade en una claustrofóbica pesadilla de la que no podemos salir y de la que despertamos con sudores y respiración acelerada. Miedo, en su forma básica y más pura.
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Cube. Canadá. 1997. 90'.
Director: Vicenzo Natali.
Guión: André Bijelic, Vincenzo Natali y Graeme Manson.
Música: Mark Korven.
Montaje: John Sanders.
Fotografía: Derek Sanders.
Diseño de producción: Jasna Stefanovich.
Intérpretes: Nicole de Boer (Joan Leaven), Nicky Guadagni (Helen Holloway), David Hewlett (David Worth), Andrew Miller (Kazan), Julian Richings (Alderson), Wayne Robson (Rennes), Maurice Dean Wint (Quentin)
Puntuación: 7
Continúa explorando el cubo...
http://centros5.pntic.mec.es/ies.victoria.kent/Rincon-C/Alumnos/al-10/al-10.htm (sobre la saga Cube)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2296.html?topic=4 (sobre la peli)