
En La niebla el terror irracional nace de una tormenta y la posterior aparición de una niebla que invade todo un pueblo y obliga a sus habitantes a permanecer encerrados en sus recintos. Cualquiera que salga de ellos y se adentre en la espesa niebla, estará alejándose de la certeza de seguridad que, hasta ahora proporcionaban la comunidad o la familia para adentrarse en el territorio del más absoluto desconocido, allí donde reside una amenaza que pone en jaque la dicha seguridad de ese reducido grupo social. El interior de la niebla es, por tanto, el escenario perfecto en el que se definiría, en los términos de Stephen King, la freudiana teoría del The Uncanny (del alemán, Das Unheimliche), esto es, cuando un elemento que nos es presuntamente familiar (la niebla como fenómeno meteorológico), concibe y oculta tras de sí lo desconocido, la amenaza en principio no visible que nos aterroriza y que puede adoptar diversas formas concretas. En el relato que Darabont adapta a la pantalla, la forma adoptada es la de diversas bestias de tamaños varios, monstruos que pudieran ser creaciones extraídas del imaginario de Lovecraft y que aquí, pronto se revelan no sólo capaces de alterar la estabilidad de un pequeño reducto como es un supermercado, sino de establecerse como las especies potenciales que fuercen la extinción del ser humano o le devuelvan a su sumisión original en la Tierra.

Así que sí, alguien abrió la caja de Pandora allí arriba en las montañas. Poco o nada sabemos de esos monstruos que inician su cacería humana salvo la mínima información que se derive de un par de militares, aquí llevada hasta el simplismo extremo (se habla de una puerta abierta a otras dimensiones) cuando nadie demanda detalladas explicaciones a Darabont del por qué de la invasión de una plaga mitológica, dígase también bíblica atendiendo a los delirios religiosos de una Marcia Gay Harden, eficaz como fanática líder religiosa anunciando el Apocalipsis mismo y como gestora del miedo social de esa micro comunidad atrincherada en el supermercado. Precisamente en este apartado es donde Darabont muestra de nuevo sus mayores destrezas: en el sometimiento de sus personajes a un encierro en el que nacerán las desavenencias, la crispación, el fanatismo o el entendimiento, el cariño y la esperanza. Si bien el supermercado no es la prisión de Shawshank, el director exprime al máximo las posibilidades de un bastión aparentemente seguro y perdurable (aprovisionamiento y herramientas aseguradas, un buen número de gente disponible para enfrentarse a cualquier posible amenaza), pero que pronto da pie a un meticuloso y pesimista paradigma de la evolución de una comunidad sometida a situaciones extremas. La vuelta al instinto de supervivencia, al pensamiento primario, y todo ello en un enclave eminentemente contemporáneo como es un supermercado, un contexto deudor de aquel centro comercial de Pittsburgh que George A. Romero eligió para su Zombi (Dawn of the Dead, 1978).
Lo más envidiable del cine de Darabont no es sólo que, como bien menciona Bango en su excelente bitácora, es el cineasta que mejor entiende el universo de Stephen King. Sino también que es poseedor de un pulso narrativo excepcional que difícilmente encuentra parangón entre sus coetáneos. Lo demostró al hacer no sólo llevaderos, sino fascinantes sus dos bien conocidos dramas carcelarios, y lo demuestra de nuevo aquí, haciendo que el miedo social y la intromisión de la amenaza en el reducto en el que se atrinchera esa sociedad sea paulatinamente aterradora, que el miedo se filtre lentamente bajo la piel del espectador y que acabe adoptando, hacia su conclusión, aterradoras proporciones mayestáticas que evidencien la consumación de lo impensable: el fin de la especie humana.
Sin embargo, no es ese el devenir que les espera a los héroes anónimos que deben afrontar su supervivencia a ciegas: la de La Niebla será una conclusión que, aun trágica, por fortuna se muestra valiente al contradecir las directrices marcadas por aquellos productos de terror condescendientes al beneplácito de la masas; pero que, por desgracia, también desvela las limitaciones interpretativas, hasta el momento bien disimuladas, de Thomas Jane. Y a pesar de ello, La Niebla, seguirá dejando un nudo en la garganta en el espectador, una patada en la misma boca del estómago de la que resulta difícil reponerse.
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The Mist. Estados Unidos. 2007. 127'.
Dirección: Frank Darabont.
Guión: Frank Darabont; basado en el relato de Stephen King.
Producción: Frank Darabont y Liz Glotzer.
Música: Mark Isham.
Fotografía: Rohn Schmidt.
Montaje: Hunter M. Via.
Diseño de producción: Gregory Melton.
Vestuario: Giovanna Ottobre-Melton.
Interpretación: Thomas Jane (David Drayton), Marcia Gay Harden (Sra. Carmody), Laurie Holden (Amanda), Andre Braugher (Norton), Toby Jones (Ollie), Bill Sadler (Jim), Jeffrey DeMunn Dan Miller), Frances Sternhagen (Irene), Alexa Davalos (Sally), Nathan Gamble (Billy Drayton).
Puntuación: 7,2
Adéntrate en La Niebla...
http://bango.blogia.com/2008/060401-la-niebla-the-mist-de-frank-darabont-2007-.php (crítica de La Niebla en El Cronicón Cinéfilo)
http://www.labutaca.net/films/58/themist.php (sobre la película)
http://www.themist-movie.com/ (web oficial)
http://www.notrofilms.com/laniebla/ (web oficial España)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1595.html (sobre Thomas Jane)
http://es.wikipedia.org/wiki/Frank_Darabont (sobre Frank Darabont)












