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domingo, octubre 12, 2008

Quemar después de leer



Incluso cuando los Coen realizan aquello que llaman una "comedia menor", contrapunto distendido de su severa y trascendente No es país para viejos (No Country for Old Men, 2007) , no deja de tratarse de una magnífica noticia. Los hermanos han demostrado por activa y pasiva que se desenvuelven como pez en el agua en una comedia cuyo cariz es el humor negro remarcado por unos personajes siempre peculiares, acá claramente con una sola vocación: enfatizar la profunda estupidez humana a partir de cada uno de ellos, poco importa si esta se da en un descerebrado monitor de gimnasio (Brad Pitt) o en un refinado e iracundo ex analista de la CIA (John Malkovich).

Quemar después de leer podría resumirse como un complejo chiste que los hermanos construyen a partir de los más improbables personajes, todos ellos estúpidos conductuales o emocionales, metidos en una no menos improbable trama de Guerra Fría en nuestros días. Cierto que el chiste, pese a complejo, no se basa sino en la nada misma que los Coen nunca ocultan (se insiste desde el principio de la película en que las memorias de Cox no tienen relevancia alguna) y, por tanto, no ha lugar a la sensación de hallarnos ante una broma de mal gusto. El divertimento consiste, precisamente, en comprobar como esa galería de personajes juegan (y ciertamente, se lo pasan en grande) a ser espías, chantajistas, extorsionadores o infieles cónyuges a partir de un motivo argumental carente de trascendencia alguna. El juego termina, cómo no, con una ruleta rusa que otorgará a cada uno de sus personajes suertes distintas, menester en el que necesariamente intervendrá el humor más negro de los Coen. Mientrastanto, Joel y Ethan habrán demostrado que, llegados a este punto de su carrera, hoy se revelan más irreverentes que nunca para con hipotéticos márgenes férreos de los géneros, pues resulta casi imposible demarcar Quemar después de leer en unos límites estables de un género determinado. Tanto puede definirse como una comedia de enredo (monumental, por cierto) como una película de espías, como una comedia de situación o un noir ambientado entre gimnasios y dependencias de la CIA. Las fronteras quedaron diluídas hace ya tiempo y su inconformismo, la constante violación de premisas genéricas en tanto que la incorporación revisada de las mismas a su cine hacen de ellos hoy unos autores tan inclasificables como aquellos que sorprendieran en 1984 con Sangre Fácil (Simple Blood).



Decía Howard Hawks que le gustaba cualquier película en la que se pudiera adivinar quién diablos la había hecho, y Quemar después de leer se inscribe en un único género posible: el coeniano. A veces más afortunado en sus manifestaciones, otras veces menos, pero indudablemente único. Constituye un universo tan soberbiamente definido que su autoría fluye sin esfuerzo alguno por las imágenes de cada película: desde los rasgos estilísticos que mucho tienen que ver con el uso de su cámara hasta su envidiable capacidad para dotar a cada personaje de unos rasgos que, independientemente de la severidad de la situación, les hacen deudores del esperpento. En Quemar después de leer existe el toque Coen, más perfeccionado que nunca aunque con menores logros que en sus más excelsas comedias (véase Arizona Baby [Raising Arizona, 1987] o El Gran Lebowski [The Big Lebowski. 1998]. Y lo hace al servicio de una historia menos rica, seguramente, pero cuya gracia reside en el inmenso entresijo que se forma al servicio de unos personajes rocambolescos y paradigma de la tontuna en todas sus formas. Que esto se convierta en un gran chiste de la estupidez humana queda refrendado en dos hilarantes conversaciones entre J. K. Simmons y David Rasche, jefe y subordinado en la CIA respectivamente, que recapitulan atónitos el curso de los acontecimientos en sendas conversaciones, la segunda ejerciendo de un cierre que reniega acertadamente de cualquier pretensión de clímax para la historia aquí contada. Qué hemos aprendido, se pregunta Simmons, y se contesta a sí mismo que a no repetirlo, supone. Pero acto seguido llega la siguiente pregunta: ¿y qué diablos es lo que hemos hecho? Y la pregunta confirma la ausencia de cualquier pretensión de los Coen más allá de ejercer una travesura más, la intención llevada a buen puerto de contar un relato movido por las causas y consecuencias que son fruto del absurdo y de la idiotez de un puñado de personajes que interactúan.



Brillan en el elenco grandes nombres y habituales (o ambos, caso de Clooney), que definen sus personajes con mayor o mejor fortuna, pero siempre acordes a lo que se nos cuenta. Aquí se trata de ejercer la caricatura para inscribirse en ese toque Coen, algo que Clooney ya demostró hacer efectivamente en O Brother! (O Brother, Where Art Thou?, 2000) y Crueldad Intolerable (Intolerable Cruelty, 2003) y que sigue desempeñando aquí con soltura para regocijo del espectador. Lo mismo sucede con McDormand, otra habitual aquí interpretando encantadoramente a un personaje desencantado. Malkovich por su parte y en su debut con los Coen, se muestra hilarante como el irritable ex analista de la CIA y un actor que se ajusta como un guante a las preferencias de los autores. No ocurre así con Swinton, desempeñando el posiblemente menos coeniano de los personajes o Brad Pitt, aquí un idiota absoluto que más parece un objeto de burla que un intérprete idóneo para inscribirse en el particular repertorio de pintorescos personajes al que los hermanos nos acostumbran en cada película. Quemar después de leer los pone a todos al servicio de las travesuras de los firmantes, quienes a su vez nos disponen un enredo sin más pretensiones que el mero divertimento a costa de los anteriormente citados, pero que secretamente sabremos erigido con las experimentadas herramientas de dos de los mayores artesanos del cine actual.
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Burn After Reading. Estados Unidos. 2008. 96'.
Dirección y guión: Joel Coen y Ethan Coen.
Producción: Joel Coen y Ethan Coen.
Música: Carter Burwell.
Fotografía: Emmanuel Lubezki.
Montaje: Roderick Jaynes.
Diseño de producción: Jess Gonchor.
Vestuario: Mary Zophres.
Interpretación: George Clooney (Harry Pfarrer), Frances McDormand (Linda Litzke), John Malkovich (Osborne Cox), Tilda Swinton (Katie Cox), Richard Jenkins (Ted), Brad Pitt (Chad Feldheimer), Elizabeth Marvel (Sandy Pfarrer), J.K. Simmons (jefe CIA).
Interpretación: George Clooney (Harry Pfarrer), Frances McDormand (Linda Litzke), John Malkovich (Osborne Cox), Tilda Swinton (Katie Cox), Richard Jenkins (Ted), Brad Pitt (Chad Feldheimer), Elizabeth Marvel (Sandy Pfarrer), J.K. Simmons (jefe CIA).
Puntuación: 7
Quemar después de leer en la red...
http://www.filminfocus.com/focusfeatures/film/burn_after_reading (web oficial)
http://www.quemardespuesdeleer.es/ (web oficial España)
http://www.labutaca.net/films/61/burn-after-reading.php (sobre la película)
http://cinelandia.blogspot.com/2006/11/coentneos.html (repaso a su filmografía en Cinelandia)
http://www.elcultural.es/Historico_articulo.asp?c=24063 (crítica de la película)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1924.html (sobre los hermanos Coen)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1407 (sobre George Clooney)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1342 (sobre Brad Pitt)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1404 (sobre Frances McDormand)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1458 (sobre John Malkovich)
http://es.wikipedia.org/wiki/Tilda_Swinton (sobre Tilda Swinton)

martes, diciembre 26, 2006

Eragon



Una de esas señales inequívocas de que ha llegado la navidad la encuentra uno a la puerta del cine. De repente uno se da cuenta que la programación de los multisalas se llena de moñadas diversas, películas infantiloides o vergüenzas indescriptibles de la mano de cómicos como Tim Allen. También viene siendo tradición en los últimos años encontrarse productos de fantasía, adaptaciones de novelas incidentes en mundos imaginarios que encuentran su mayor e indiscutible referencia en la trilogía de Tolkien y por tanto, la de Jackson.

Eragon desde luego no escapa a esa oleada de películas surgidas a rebufo de El señor de los anillos. Y esta, huele a refrito. Apesta a refrito. Un poco de elfos por aquí, otro poquito de Rivendel por allá (le cambiamos el nombre, vale), unos cuantos orcos disimulados con vendas y bichitos asquerosos, un elegido para que salve el mundo y hasta un malo malísimo de asombroso parecido a 'lengua de serpiente'. Por supuesto incorpora la novedad de los dragones y sus jinetes, pero hasta ahí lo que Eragon aporta de nuevo. La falta de originalidad es, pues, la principal ausente de una película a la que se le presupondría un desborde de fantasía, falta que suple a base de batallas y peleas bien repartidas a lo largo de su metraje. Porque eso sí, la distracción que proporciona es innegable y su sencillísima trama no decae en ningún momento, máxime para los pequeños que la disfrutan los que más. Pero ese entretenimiento no deja de ser más que un fast food cinematográfico, trampa para obligados padres a acompañar a sus pequeños o para adolescentes eufóricos.

En medio de este espectáculo de fuegos artificiales y magia que viene y va, hay hueco para que Jeremy Irons se redima de su lamentable precedente en una película de este tipo y para la más que curiosa aparición de Crispin Glover (alias 'Willard'). A ellos dos le sumamos la impresionante belleza de Sienna Gallory y hasta ahí la suma en lo que al reparto se refiere. La aparición de John Malkovich como rey déspota y tirano se reduce a tan pocos minutos en pantalla que bien podría ser considerado un extra más, siendo algunos de esos segundos que le araña a la película los más innecesarios (el malo malísimo y cabreadísimo nos insiste en que habrá una segunda parte, por si a algún despistado en la sala se le había escapado).

Y aún a riesgo de quedarme corto en la crítica, nada más que contar. Entretenimiento palomitero, espectaculares efectos especiales a mansalva y una mayoría de personajes de cartón piedra de los que, como suele ocurrir en estas películas, poco se sabe o se pasa de puntillas sobre ellos. En resumen, ideal como película navideña "para todos los públicos", con canción moñas en los créditos incluída, lista para saltar a los cuarenta principales. Ah, y la dragona (porque es dragona) habla, aunque sea telepáticamente. Pero yo prefiero a Paco Rabal.
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Eragon. Estados Unidos. 2006. 104'.
Director: Stefen Fangmeier.
Guión: Peter Buchman; basado en la novela de Christopher Paolini.
Música: Patrick Doyle.
Montaje: Roger Barton.
Fotografía: Hugh Johnson.
Diseño de producción: Wolf Kroeger.
Vestuario: Kym Barrett.
Producción: John David y Wyck Godfrey.
Intérpretes: Edward Speleers (Eragon), Jeremy Irons (Brom), Sienna Guillory (Arya), Robert Carlyle (Durza), John Malkovich (rey Galbatorix), Djimon Hounsou (Ajihad), Garrett Hedlund (Murtagh), Joss Stone (Angela).
Puntuación: 4
Más dragonerías...
http://www.labutaca.net/films/47/eragon.htm (sobre la peli)
http://www.eragonmovie.com/ (página web)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1446 (sobre Jeremy Irons)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1458 (sobre John Malkovich)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3253.html (crítica de la peli)