Los sustitutos tenía mimbres de gran ciencia-ficción, una premisa dispuesta a conjugar acción desenfadada con alguna reflexión acerca de la pérdida de humanidad, una Blade runner (Ridley Scott, 1982) quizá menos trascendente y ampulosa, pero también estimable. No ha sido así. En su lugar, queda un producto mucho más al uso de lo que desearíamos admitir, un thriller empeñado en ser menor a toda costa, en minimizar su impacto sobre el espectador y proclamarse como mero entretenimiento sin muchas aspiraciones (...) Lo que no quiere decir que Los sustitutos no sea un thriller eficaz. Demuestra meticulosidad en crear un futuro probable (inquietante el maquillaje, llevado hasta la plasticidad del rostro), el de la libre experiencia hedonista sin riesgo de mortalidad, el de los placeres inducidos y la maximización de la apariencia. Tampoco puede decirse que fracase articulando su trama, perfectamente coherente y perfectamente habitual, sin apenas margen para la improvisación. El problema viene, más bien, dado por la empecinada baja intensidad de Jonathan Mostow, por un excesivo conformismo que merma las posibilidades de la historia, más preocupada por el drama matrimonial de su protagonista que por elevar su sci-fi action.
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miércoles, septiembre 30, 2009
Los sustitutos
sábado, septiembre 08, 2007
La jungla 4.0

John McClane se hace mayor (unos 18 años mayor desde que salvó la Nakatoni Tower de manos terroristas), pero los tipos como él tienen dicho propio y se empeñan en aquello de que perro viejo nunca muere. De todas maneras ya sabíamos que McClane/Willis es invencible y que era capaz de cualquier cosa, desde salir ileso de la explosión de un carguero hasta de reventar un avión en pleno despegue. Lo que no sabíamos era que pasaría si McClane, policía duro y chapado a la antigua se enfrentara a una amenaza con la que no supiera por donde empezar ni tan siquiera hacerle frente. Ahora ya lo sabemos.
De eso va La jungla 4.0. Se agradece la capacidad de renovación de la amenaza que ha mostrado la saga en cada una de sus entregas, y ciertamente, esta última aventura de McClane parte de una premisa tan poderosa para captar la atención del espectador como inquietante para su sensación de seguridad: ¿qué pasaría si todo lo que funciona con ordenadores, es decir, casi todo, dejara de funcionar? McClane no entiende de ordenadores. Es más, en determinados pasajes de la película uno tiene la duda de si ha llegado a tocar alguno en su larga carrera policial. Esa es precisamente la mayor virtud de la película de Len Wiseman (tercera en su filmografía tras Underworld y Underworld: evolution): durante la primera hora de película, sin duda alguna la mejor, asistimos a un colapso progresivo de las instalaciones informáticas, de luz, agua e infraestructuras en general. Un ataque terrorista a gran escala que va insuflando una creciente sesión de terror e impotencia en la población, que va provocando el caos empezando por el tráfico y terminando por la transmisión en directo de la demolición del congreso. En medio de ese "caos total" (así se denomina está supuestamente utópica amenaza de gran magnitud), McClane recibe una rutinaria misión de detener al hacker Matt Farrell (Justin Long) y llevarlo a comisaría. Pero como no podía ser de otra manera, McClane está apareciendo de nuevo en el momento más inoportuno y en el lugar equivocado, y allí están esperando para asediar la casa un grupo de asesinos cargados de armamento militar y muy mala leche dispuestos a matar al joven hacker.

Así, La jungla 4.0 ofrece una intensidad constante, pero más hipnótica durante el primer tramo de película y justo antes de que la película se olvide del leitmotiv de su narración para desembocar en tiroteos y espectaculares escenas pirotécnicas sin descanso para el espectador. Esa es la diferencia entre Wiseman y McTiernan, entre La jungla 4.0 y sus predecesoras: McTiernan sabe, durante toda la película, lograr un tira y afloja entre vibrantes escenas de acción y momentos de desbordante suspense. Esas escenas además, solían funcionar por la utilización de unos secundarios de probada eficacia (Larry Bryggman en la tercera entrega, o Reginald VelJohnson en la original) que aquí no existe salvo em la excepción de Cliff Curtis en el papel de Bowman. Para cuando La jungla 4.0 descarrila en mecánicas y continuadas escenas de acción sin medida ninguna (alcanza el súmmum en la escena en la que un F-35 persigue y bombardea al enorme tráiler conducido por McClane), el malo de la película, Thomas Gabriel/Timothy Olyphant ya ha dejado ver su endeblez y el sustento de la película ya sólo está en manos de McClane. Porque aquí, sí que no hay nada que reprochar: Willis, a sus 52 años sigue demuestra una entrega más que McClane es el papel de su vida. Nació para ese papel, lo sabe ejecutar a la perfección y, aunque las circunstancias que le rodeen no sean las mismas que en Nakatoni, él solito es capaz de aguantar la película en los ya flojísimos minutos finales (el enfrentamiento final con Gabriel más que decepcionante es poco menos que ridículo).
Si bien pues hay lugar a la decepción en esta cuarta entrega, no es tanta como habría cabido esperar. Parece que los impulsores de este reinicio de la saga no se dieron cuenta de que no es Bruce Willis toda La jungla, sino que había otra parte responsable de aquella mítica película de acción de finales de los 80: John McTiernan. A día de hoy, la saga parece agotada como lo parecía hasta el estreno de esta entrega, y sólo queda disfrutarla como entretenimiento liviano e intrascendente mientras en nuestro fuero interno desearíamos darle el pasaporte a algún que otro productor mientras recitábamos aquello de "Yippee-ki-yay, hijo de...
---------------------------------------------------------------------------------De eso va La jungla 4.0. Se agradece la capacidad de renovación de la amenaza que ha mostrado la saga en cada una de sus entregas, y ciertamente, esta última aventura de McClane parte de una premisa tan poderosa para captar la atención del espectador como inquietante para su sensación de seguridad: ¿qué pasaría si todo lo que funciona con ordenadores, es decir, casi todo, dejara de funcionar? McClane no entiende de ordenadores. Es más, en determinados pasajes de la película uno tiene la duda de si ha llegado a tocar alguno en su larga carrera policial. Esa es precisamente la mayor virtud de la película de Len Wiseman (tercera en su filmografía tras Underworld y Underworld: evolution): durante la primera hora de película, sin duda alguna la mejor, asistimos a un colapso progresivo de las instalaciones informáticas, de luz, agua e infraestructuras en general. Un ataque terrorista a gran escala que va insuflando una creciente sesión de terror e impotencia en la población, que va provocando el caos empezando por el tráfico y terminando por la transmisión en directo de la demolición del congreso. En medio de ese "caos total" (así se denomina está supuestamente utópica amenaza de gran magnitud), McClane recibe una rutinaria misión de detener al hacker Matt Farrell (Justin Long) y llevarlo a comisaría. Pero como no podía ser de otra manera, McClane está apareciendo de nuevo en el momento más inoportuno y en el lugar equivocado, y allí están esperando para asediar la casa un grupo de asesinos cargados de armamento militar y muy mala leche dispuestos a matar al joven hacker.

Así, La jungla 4.0 ofrece una intensidad constante, pero más hipnótica durante el primer tramo de película y justo antes de que la película se olvide del leitmotiv de su narración para desembocar en tiroteos y espectaculares escenas pirotécnicas sin descanso para el espectador. Esa es la diferencia entre Wiseman y McTiernan, entre La jungla 4.0 y sus predecesoras: McTiernan sabe, durante toda la película, lograr un tira y afloja entre vibrantes escenas de acción y momentos de desbordante suspense. Esas escenas además, solían funcionar por la utilización de unos secundarios de probada eficacia (Larry Bryggman en la tercera entrega, o Reginald VelJohnson en la original) que aquí no existe salvo em la excepción de Cliff Curtis en el papel de Bowman. Para cuando La jungla 4.0 descarrila en mecánicas y continuadas escenas de acción sin medida ninguna (alcanza el súmmum en la escena en la que un F-35 persigue y bombardea al enorme tráiler conducido por McClane), el malo de la película, Thomas Gabriel/Timothy Olyphant ya ha dejado ver su endeblez y el sustento de la película ya sólo está en manos de McClane. Porque aquí, sí que no hay nada que reprochar: Willis, a sus 52 años sigue demuestra una entrega más que McClane es el papel de su vida. Nació para ese papel, lo sabe ejecutar a la perfección y, aunque las circunstancias que le rodeen no sean las mismas que en Nakatoni, él solito es capaz de aguantar la película en los ya flojísimos minutos finales (el enfrentamiento final con Gabriel más que decepcionante es poco menos que ridículo).
Si bien pues hay lugar a la decepción en esta cuarta entrega, no es tanta como habría cabido esperar. Parece que los impulsores de este reinicio de la saga no se dieron cuenta de que no es Bruce Willis toda La jungla, sino que había otra parte responsable de aquella mítica película de acción de finales de los 80: John McTiernan. A día de hoy, la saga parece agotada como lo parecía hasta el estreno de esta entrega, y sólo queda disfrutarla como entretenimiento liviano e intrascendente mientras en nuestro fuero interno desearíamos darle el pasaporte a algún que otro productor mientras recitábamos aquello de "Yippee-ki-yay, hijo de...
Live free or die hard. Estados Unidos. 2007. 130'.
Director: Len Wiseman.
Guión: Mark Bomback; basado en un argumento de Mark Bomback y David Marconi; sobre el artículo "A farewell to arms" de John Carlin.
Producción: Michael Fottrell.
Música: Marco Beltrami.
Fotografía: Simon Duggan.
Montaje: Nicolas de Toth.
Diseño de producción: Patrick Tatopoulos.
Vestuario: Denise Wingate.
Puntuación: 5
Entra en la jungla...
http://www.labutaca.net/films/53/lajungla40.htm (sobre la peli)
http://www.lajungla4.es/ (web oficial España)
http://www.livefreeordiehard.com/ (web oficial E.E.U.U.)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1349 (sobre Bruce Willis)
http://www.imdb.com/name/nm0936482/ (sobre Len Wiseman)
http://www.imdb.com/name/nm0193295/ (sobre Cliff Curtis)
http://www.lashorasperdidas.com/reportajes/nov2003.htm (sobre John McTiernan)
viernes, agosto 10, 2007
Grindhouse: Planet Terror

Volvemos a los zombis, muertos vivientes y coleando de última hornada que llegan de la mano de Robert Rodriguez y su correspondiente mitad de la acá desmembrada Grindhouse. O cómo realizar una sentida declaración de amor hacia el cine de terror cutre de antaño, aquel que jugaba en divisiones de la B para abajo.
Vaya por delante que Planet Terror es pura diversión. Se ríe con cariño de aquellas películas Grindhouse, se ríe de sí misma y contagia su humor a un espectador al que el metraje de la película se le pasa en un suspiro. Su encanto reside en la galería de FX y en su exhibición gore de sorprendente variedad que haría las delicias del mismísimo Cronenberg. Mutilaciones, mordeduras exageradas zombis granudos viscosos que le comen el cerebro a Stacy Ferguson 'Fergie', cantante de Black Eyed Peas, una go-go de discoteca con una letal arma por pierna... huelga decir que Planet Terror nunca se toma en serio a sí misma como en su día hicieran muchas de las películas a las que hoy hace referencia. Lo que consigue esta primera parte de Grindhouse es que nos acordemos de aquel cine olvidado en las estanterías de los videoclubs, rodado con presupuestos irrisorios para luego ser exhibido en dobles sesiones al precio de una entrada. Rodriguez procura que su película presente la más ínfima calidad de imagen, que el fotograma se queme a mitad proyección y un rótulo nos pida disculpas porque falta un rollo de película. Incluso la pandilla de coleguillas de Tarantino y Rodriguez, formada entre otros por Eli Roth (Hostel) no duda en atreverse con tráileres falsos, todo para dejarnos en el cuerpo la divertida sensación de habernos trasladado a una de aquellas exhibiciones de flamante cutrerío cinematográfico.
Así, la mezcla de humor y horror es la seña de identidad de Planet Terror, explotando las posibilidades de un vasto elenco de personajes desde un malvado militar y desencantado de la patria (Bruce Willis, con una confesión final de lo más hilarante) a la susodicha go-go de buen corazón y letal prótesis (la 'embrujada' Rose McGowan), pasando por un guerrilero coleccionista de los testículos de sus víctimas (Naveen Andrews, Sayid en Lost) o un siniestro doctor interpretado genialmente por Josh Brolin. Todos ellos se lo pasan igual de bien que Robert Rodriguez y que nosotros mismos con una historia que no deja de ser una barata variante de cualquier película de zombi (no tiene profundidad ninguna) pero a la que ciertamente no se le puede reprochar desde el momento en que sabemos cuales son sus pretensiones, las cuales logra con creces. Planet Terror son 97 minutos de divertimento cargado de homenajes (ciertamente, el cine de John Carpenter está entre ellos), referencias y guiños, algunos inescrutables para la mayoría de los mortales. Un proyecto fresco y sorprendente que merece salir exitoso en una empresa tan arriesgada como Grindhouse y que nos devuelve al mejor Robert Rodriguez, el de Sin City: Ciudad del pecado (2005).
A falta del estreno de Death Proof (Quentin Tarantino, 2007) para poder evaluar Grindhouse como el conjunto que es, Planet Terror cumple con el objetivo del proyecto: recupera el terror de serie B en estado puro, y lo hace consciente y orgulloso de convertirse en una delirante marcianada entre los blockbusters de la cartelera veraniega.
-------------------------------------------------------------------------------------Vaya por delante que Planet Terror es pura diversión. Se ríe con cariño de aquellas películas Grindhouse, se ríe de sí misma y contagia su humor a un espectador al que el metraje de la película se le pasa en un suspiro. Su encanto reside en la galería de FX y en su exhibición gore de sorprendente variedad que haría las delicias del mismísimo Cronenberg. Mutilaciones, mordeduras exageradas zombis granudos viscosos que le comen el cerebro a Stacy Ferguson 'Fergie', cantante de Black Eyed Peas, una go-go de discoteca con una letal arma por pierna... huelga decir que Planet Terror nunca se toma en serio a sí misma como en su día hicieran muchas de las películas a las que hoy hace referencia. Lo que consigue esta primera parte de Grindhouse es que nos acordemos de aquel cine olvidado en las estanterías de los videoclubs, rodado con presupuestos irrisorios para luego ser exhibido en dobles sesiones al precio de una entrada. Rodriguez procura que su película presente la más ínfima calidad de imagen, que el fotograma se queme a mitad proyección y un rótulo nos pida disculpas porque falta un rollo de película. Incluso la pandilla de coleguillas de Tarantino y Rodriguez, formada entre otros por Eli Roth (Hostel) no duda en atreverse con tráileres falsos, todo para dejarnos en el cuerpo la divertida sensación de habernos trasladado a una de aquellas exhibiciones de flamante cutrerío cinematográfico.
Así, la mezcla de humor y horror es la seña de identidad de Planet Terror, explotando las posibilidades de un vasto elenco de personajes desde un malvado militar y desencantado de la patria (Bruce Willis, con una confesión final de lo más hilarante) a la susodicha go-go de buen corazón y letal prótesis (la 'embrujada' Rose McGowan), pasando por un guerrilero coleccionista de los testículos de sus víctimas (Naveen Andrews, Sayid en Lost) o un siniestro doctor interpretado genialmente por Josh Brolin. Todos ellos se lo pasan igual de bien que Robert Rodriguez y que nosotros mismos con una historia que no deja de ser una barata variante de cualquier película de zombi (no tiene profundidad ninguna) pero a la que ciertamente no se le puede reprochar desde el momento en que sabemos cuales son sus pretensiones, las cuales logra con creces. Planet Terror son 97 minutos de divertimento cargado de homenajes (ciertamente, el cine de John Carpenter está entre ellos), referencias y guiños, algunos inescrutables para la mayoría de los mortales. Un proyecto fresco y sorprendente que merece salir exitoso en una empresa tan arriesgada como Grindhouse y que nos devuelve al mejor Robert Rodriguez, el de Sin City: Ciudad del pecado (2005).
A falta del estreno de Death Proof (Quentin Tarantino, 2007) para poder evaluar Grindhouse como el conjunto que es, Planet Terror cumple con el objetivo del proyecto: recupera el terror de serie B en estado puro, y lo hace consciente y orgulloso de convertirse en una delirante marcianada entre los blockbusters de la cartelera veraniega.
Grindhouse: Planet Terror. Estados Unidos. 2007. 97'.
Dirección: Robert Rodriguez.
Guión: Robert Rodriguez.
Producción: Robert Rodriguez y Elizabeth Avellan.
Música: Robert Rodriguez.
Fotografía: Robert Rodriguez.
Montaje: Robert Rodriguez y Sally Menke.
Diseño de producción: Steve Joyner y Caylah Eddleblute.
Vestuario: Nina Proctor.
Intérpretes: Rose McGowan (Cherry), Marley Shelton (Dakota Block), Freddy Rodriguez (Wray), Josh Brolin (Dr. William Block), Jeff Fahey (J.T.), Michael Biehn (sheriff Hague), Naveen Andrews (Abby), Stacy Ferguson (Tammy), Rebel Rodriguez (Tony Block), Bruce Willis (Muldoon), Julio Oscar Mechoso (Romey), Nicky Katt (Joe), Hung Nguyen (Dr. Crane).
Puntuación: 7
Explora el Planeta Terror...
http://www.labutaca.net/films/54/planetterror.htm (sobre la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3418.html (crítica de la peli)
http://www.grindhousemovie.net/ (web oficial de Grindhouse)
http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Rodriguez (sobre Robert Rodriguez)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2731.html (sobre Robert Rodriguez)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1349 (sobre Bruce Willis)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1681.html (sobre Quentin Tarantino)
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