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martes, marzo 23, 2010

El mal ajeno

Lo que empieza como una cover de honrosa estofa de El protegido (M. Night Shyamalan, 2000), entregada a un arrollador potencial visual que tiene su cumbre en el “despertar” post-traumático del personaje de Eduardo Noriega, pronto deriva en una trama que quiere zafarse a toda costa de las acusaciones de estancamiento, pero que ya está incurriendo en una carrera de fondo en la que los impostados vericuetos dramáticos llevan al retorcimiento y desgaste de la narrativa, más próxima a un capítulo extendido de Hospital Central que a un verdadero ejercicio de género. Santos sólo parece aquí el canalizador de tanto la impecabilidad de producción amenabariana como de los excesos de la escritura de Daniel Sánchez Arévalo, aquí firmando un guión definitivamente a la deriva, agotador y tempranamente agotado. La fascinación fantástica por la transferencia del don sanador del protagonista se contiene en su premisa, y no en un desarrollo posterior en el que, por reiteración de situaciones e impostados vuelcos de la tensión emocional, acaba alejando cualquier interés por las necesidades o capacidades afectivas de ese médico tornado curandero, o de ese padre de familia que llega tarde a su familia.
Leer crítica completa en LaButaca.net


En la imagen: Fotograma de "El mal ajeno" – Copyright © 2009 MOD Producciones, Himenóptero y Telecinco Cinema. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.

viernes, octubre 31, 2008

Transsiberian



Es una lástima que el esfuerzo de coproducción europea tan grande ejercido en el caso de Transsiberian se salde con un resultado tan fútil. No es la primera vez que una coproducción de este calado, refrendada con un elenco internacional y un nombre tras la cámara de mayor o menor prestigio, que se acaba estrellando en sus pretensiones o en la inconsistencia de la propuesta . Aquí el cartel se vende por sí sólo con Woody Harrelson, Kate Mara, Ben Kingsley o Eduardo Noriega a la cabeza, y el hombre tras la cámara, un Brad Anderson que la toma con cierto renombre tras haber dirigido El Maquinista (2004) o haber filmado su propio capítulo para la serie Masters of Horror. Desgraciadamente, las posibilidades de sacar partido de las fuentes mencionadas, aquí pretendientes de una excepcional historia de suspense enmarcada en un contexto no menos excepcional, quedan todas en papel mojado.

Transsiberian parte de una buena premisa. Nos es planteado un viaje a bordo del mítico tren transiberiano con dos puntos de partida: los confines del mundo allá en Vladivostok y la capital china, Pekín. En este viaje, una pareja de inexpertos e ingenuos americanos (Woody Harrelson y Emily Mortimer) conocerán a una pareja de no tan ingénuos trotamundos (Eduardo Noriega y Kate Mara) y se verán envueltos accidentalmente en una trama de asesinato y narcotráfico que finalmente les pondrán en las peligrosas manos de la policía rusa, acá representada por el veterano Ben Kingsley. Así, la primera hora de película ofrece una dedicación exclusiva a la presentación de las dos parejas protagonistas, respondiendo a la necesidad de crear un suspense a partir de sospechas y suposiciones del espectador resultantes de la interacción de los cuatro personajes. Cierto que estos están desigualmente configurados. La idea es definirlos en relación con un pasado más o menos borroso, más o menos oscuro con errores que hoy tratan de enmendar en proceso de redención o que ocultan con intenciones poco honorables. En esta coyuntura es el personaje de Jessie (Emily Mortimer) el mejor trazado, seguido por una taciturna e inescrutable Abby (Kate Mara) también correctamente establecida. Chirrían desde el principio un Woody Harrelson con un personaje irritantemente ingenuo hasta el final, y un Eduardo Noriega que resulta doblemente molesto cuando se interpreta a sí mismo en un contexto en el que le extraño y en el que debe representar la figura del español seductor y de poco fiar.



Las carencias de Transsiberian no tardan en dejarse ver. El problema se encuentra ya en la raíz, en un guión que parte una idea prometedora, un argumento que incluso podría remitirnos remotamente a un planteamiento propio de Agatha Christie, pero que pronto queda en evidencia por la multitud de malas decisiones, soluciones que escoge una trama que va empantanándose lentamente hasta tocar fondo. Esto es, sencillamente, que entre todos los caminos posibles de la trama que se urde en Transsiberian, Anderson siempre va a escoger el más difícil, aquel más improbable que le forzará a proponer soluciones a cada cuál más rocambolesca, a cada cuál más increíble que la anterior. La primera evidencia de estas decisiones es la de otorgar protagonismo a un personaje como el de Harrelson que resulta, bajo un análisis en frío, irrelevante y casi prescindible en la trama. Esto propicia que dicho personaje moleste, interfiera en las subtramas hasta el punto de que en un momento dado, Anderson le haga protagonizar la primera pirueta de las muchas que vendrán en el transcurso del metraje: por mero despiste, Roy (Harrelson) perderá el transiberiano en una de las paradas cual tren de cercanías que uno pierde por entretenerse en la tienda de la estación de turno; sólo que aquí implicará la consiguiente pérdida de una jornada de viaje en la que se precipitarán los acontecimientos centrales de la trama. Así, este será el primero de las muchas demostraciones que el guión dará de cómo hacer aparecer y desaparecer personajes con una conveniencia inaudita.

La trama, primeramente comedida y controlada por el realizador irá alimentándose progresivamente de actos inexplicables y, peor aún, innecesarios. Y aquí es dónde aquellos que se osan tomar el nombre de Alfred Hitchcock en vano deben advertir que Hitch, dominador incomparable de los mecanismos de un buen suspense, hubiera desechado todos ellos para elaborar una trama mucho más efectiva. Fíjense que Hitchcock prefería dejar las acciones más inverosímiles en manos de personajes improbables pero nunca dañinos para la trama como lo son las múltiples decisiones erróneas aquí tomadas. El ejemplo: Bruno Anthony (Robert Walker) en Extraños en un tren (Strangers on a Train, 1954). Aquí los errores acaban convirtiéndose en un cúmulo de despropósitos que alcanza proporciones monumentales. Giros que se permiten, con el clímax como excusa, el inexplicable vaciado de un tren, la inserción de una escena auténticamente Hostel o la inaudita aparición de una suerte de batallón ruso. Para entonces Ben Kingsley ha perdido los papeles y el aplomo del gran actor que es, justo antes de que Anderson remate la jugada con una chirriante moraleja apenas disimulada: echa raíces, ten retoños y aléjate de los rusos.
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Transsiberian. España, Alemania, Reino Unido y Lituania. 2008. 111'.
Dirección: Brad Anderson.
Guión: Brad Anderson y Will Conroy.
Producción: Julio Fernández.
Música: Alfonso de Vilallonga.
Fotografía: Xavi Giménez.
Montaje: Jaume Martí.
Diseño de producción: Alain Bainée.
Vestuario: Thomas Oláh.
Intérpretes: Woody Harrelson (Roy), Emily Mortimer (Jessie), Kate Mara (Abby), Eduardo Noriega (Carlos), Thomas Kretschmann (Myassa), Ben Kingsley (Grinko), Colin Stinton (oficial de la embajada), Mac McDonald (ministro), Etienne Chicot (hombre francés).
Puntuación: 3,7
Transsiberian en la red...
http://movies.filmax.com/transsiberian/ (web oficial)Ka
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=print&sid=4843 (crítica de Transsiberian)
http://opinion.labutaca.net/2008/09/26/transsiberian-brad-anderson-baja-el-liston-en-la-estepa/ (crítica de Transsiberian)
http://en.wikipedia.org/wiki/Ben_Kingsley (sobre Ben Kingsley, en inglés)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2541.html (sobre Woody Harrelson)
http://en.wikipedia.org/wiki/Kate_Mara (sobre Kate Mara, en inglés)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2168.html (sobre Eduardo Noriega)

jueves, septiembre 14, 2006

Alatriste



"No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente". Frase, obertura de una de las obras de más renombre de la literatura contemporánea española, con nombre propio y apellido también. Alatriste, Diego Alatriste. Muchos, muchísimos lectores disfrutaron y disfrutan de las aventuras del ficticio y rentabilísimo espadachín del siglo XVII que tantas alegrías le ha merecido a su padre literario Arturo Pérez-Reverte. 10 años y 5 libros después del nacimiento del nuevo héroe y/o antihéroe español por excelencia, salta a la gran pantalla rodeado de una expectación tan grande que bien podría ahogarla desde el principio. La mayor inversión del cine español presumía una mastodóntica megaproducción a la vez que derroche visual y la sana pretensión de contentar en la medida de lo posible a la legión de seguidores de la saga. O eso parecía.

Decepción. Es la primera palabra que me aviene cuando recuerdo Alatriste. Y los motivos para afirmar tal cosa se hacen más que evidentes cuando uno ve la película. Inconexa, totalmente exenta de un argumento que enganche al espectador, deshilvanada, desprovista de una línea que seguir, y todo ello consecuencia directa de la pretenciosidad no en el hecho de adaptar Alatriste a la pantalla con un elenco de medios incontestable, sino por querer hacerlo tomando los 5 libros que forman la saga. Y eso, además de pretencioso, es poco menos que imposible. Con tanta prisa, tanto brío, Alatriste se dedica a plasmar en pantalla retazos de las novelas, de forma atropellada y sin profundidad en apenas ninguno de ellos. Los que hayan leído las páginas de Reverte se desesperarán, más si cabe, por la prisa irracional que invade la película desde el primer minuto de metraje, por el desastroso montaje cuyas consecuencias se hacen notar en la planicie de sus personajes (algo que, por otra parte, era inevitable). El resultado son buenas actuaciones, mejor reparto y mediocre desarrollo de varios de los personajes fundamentales de la novela. Si bien Viggo Mortensen parece una elección acertada para el papel y desempeña correctamente el rol imponente, sucio y orgulloso de Diego Alatriste, es más que llamativo el forzado español que sale de la boca del neoyorquino. Eduardo Noriega da el pego como el poderoso amigo de Alatriste, el Duque de Guadalmedina, con una actuación breve pero convincente. Juan Echanove inspira una sensación extraña, extravagante, mientras se enfunda ese conseguido disfraz de Francisco de Quevedo. La deseada Elena Anaya deja bastante que desear como femme fatale. Javier Cámara y Eduard Fernández con su habitual eficiencia componen, posiblemente, las dos mejores actuaciones de la película, como conde Duque de Olivares el primero y como Copons, amigo fiel de Alatriste, el segundo. Los otros, los Unax Ugalde, Ariadna Gil, Francesc Garrido pasan en mayor o menor medida desapercibidos, no así Blanca Portillo como Bocanegra protagonizando el momento chocante, pintoresco, raro, de la película. Una extravagancia que ves pasar ante tus ojos y que te deja pensando si esa ha sido o no una buena idea.

Así que revisando la labor del reparto, se presume su trabajo como más mérito propio que parte que toca al director de la orquesta, Aguistín Díaz Yanes. Alatriste le ha desbordado, y eso se desprende de la falta considerable de pulso narrativo, de los acelerones temporales sin previo aviso (un año de galeras en unos segundos), de la escasa profundidad de los personajes y de la superficialidad del retrato del marco en el que se mueven, la decadente España del siglo XVII. Pero sigue siendo pecado capital el querer entender Alatriste como una biografía y no como una película de aventuras, dejando muchas cosas en el tintero y escribiendo otras mal o muy mal. No existe hilo argumental del que tirar, a partir del cual tejer. Las telas se cruzan, entrecruzan y crean una maraña que logran que el espectador se desoriente y sea incapaz de contar el argumento a grandes trazos. Y ese, en una película de este género, es un error imperdonable.

Sin embargo, son las virtudes técnicas las que ensalzan Alatriste y no la dejan caer en la mediocridad. Asistimos a escenas que simulan auténticos cuadros, referencia a parte de Velázquez y su Rendición de Breda. Se trata de brillantes composiciones visuales donde el diseño de producción está cuidado al detalle y la iluminación calculada al milimetro. Esos frescos vivientes son lo mejor de Alatriste, y con ellos, el espectacular vestuario que desfila como si de una pasarela del siglo XVII se tratara. Las localizaciones escogidas y los decorados construidos para la ocasión justifican el titánico esfuerzo del rodaje de Alatriste y rubrican el apartado técnico con uan matrícula de honor. Nada que objetar ahí. Perfecta en la forma, deficiente en el contenido, Alatriste tiene además una muy buena banda sonora acorde a la épica de la ocasión de la que Roque Baños es responsable. Esa épica corre a cargo de espectaculares batallas y sucios duelos de espadachines, donde la sangre corre sin miramientos a base de violentos cortes y estocadas del capitán y compañía.

Suerte para Díaz Yanes que su criatura no acaba haciéndose larga a pesar de las dos horas y media de duración. Su batiburrillo no acaba de aburrir pero tampoco convence, su impecable ambientación le hace ganar muchos puntos y al final, uno se queda con una sensación amarga pero a su vez piensa que pudo ser peor. Escaso bagaje para una figura que mereció mejor suerte y menor pretensión para todas y cada una de sus aventuras. Lo mismo debió pensar Reverte al ver la película que Diego Alatriste luchando contra las tropas holandesas en el infierno de Flandes... Mejor de una en una.
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Alatriste. España. 2006. 147'.
Director: Agustín Díaz Yanes.
Guión: Agustín Díaz Yanes; basado en las novelas "Las aventuras del Capitán Alatriste" de Arturo Pérez-Reverte.
Música Roque Baños.
Fotografía: Paco Femenía.
Montaje: Pepe Salcedo.
Dirección Artística: Benjamín Fernández.
Vestuario: Francesca Sartori.
Intérpretes: Viggo Mortensen (Alatriste), Elena Anaya (Angélica de Alquézar), Javier Cámara (Conde Duque de Olivares), Jesús Castejón (Luis de Alquézar), Antonio Dechent (Garrote), Juan Echanove (Francisco de Quevedo), Eduard Fernández (Copons), Francesc Garrido (Saldaña), Ariadna Gil (María de Castro), Enrico Lo Verso (Malatesta), Cristina Marcos (Joyera), Eduardo Noriega (Duque de Guadalmedina), Blanca Portillo (Bocanegra), Unax Ugalde (Íñigo Balboa).
Puntuación: 5
Alatriste en la red...
http://www.labutaca.net/films/43/alatriste.htm (sobre la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3166.html (sobre la peli)
http://www.capitanalatriste.com/ (página web oficial de Arturo Pérez-Reverte)
http://www.unaxugalde.tk/ (sobre Unax Ugalde)