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sábado, octubre 21, 2006

El laberinto del fauno



Ha llegado la hora de granjearme enemigos irreconciliables. No recuerdo la última vez que ocurrió, pero en esta ocasión se podía adivinar cuando la firma de la obra era la de Guillermo del Toro. No porque mire con malos ojos su cine, o tal vez no lo haga con los mismos ojos... pero sí a sabiendas de la legión de seguidores que su nombre conlleva y que no dudan en encumbrarle como 'maestro del terror fantástico'. Pero antes de que me señalen dedos acusadores, aviso de la ausencia de todo prejuicio a su obra. La única película que tuve la ocasión de ver antes de El laberinto del Fauno fue Blade 2, película que, a pesar de los múltiples fans de la saga y el personaje que la elevaron por encima de su predecesora, me pareció más hueca que la sesera de Zaplana. Poco más se puede decir de un producto hecho para satisfacer la sed de sangre y peleas videoclipleras a ritmo de techno. Siendo esta mi única referencia, me adentré en este laberinto con ánimos de segunda oportunidad para una película que, por otra parte, se sitúa en las antípodas de la del famoso cazavampiros.

El laberinto del Fauno corresponde a la segunda película de la trilogía que Guillermo del Toro rueda en España tras El espinazo del diablo. La temática de ambas películas son bien similares, ambas protagonizadas por un niño (en esta ocasión una niña) en un ambiente de opresión y miedo. Si bien El espinazo del diablo transcurría en un orfanato durante la guerra civil, El laberinto del Fauno lo hace durante la posguerra, en un molino cerca de la frontera pirenaica improvisado como base de operaciones de un cruel capitán del ejército franquista (Sergi López) que es enviado con la misión de acabar con los vestigios de la última resistencia republicana.
Hasta allí se trasladan Ofelia (poético nombre, apuntan algunos críticos ridículamente) y su embarazada madre (Ariadna Gil). La niña, encarnada loablemente por Ivana Baquero, no tardará en abrirse paso en un laberinto cercano al molino donde conocerá al Fauno, una bestia ascentral que le pondrá a prueba en diversos retos y misiones que desafiarán su valentía y el amor por su nuevo hermano.

Así pues, el concepto de El laberinto del Fauno es muy sencillo, tan sencillo que resulta trivial e intrascendente: la mezcla de un mundo real terrible, insoportable, y el mundo de fantasía donde la niña se refugia de la realidad y donde los monstruos no son ni de lejos tan temibles como son los mismos humanos. La distinción entre esos dos mundos no es progresiva ni paulatina, sino todo lo contrario, brusca y excesivamente diferenciada, de tal manera que uno no sabe cómo tomárselo. Da la impresión de dos películas completamente distintas confluyen en una sola y finalmente es la fantasía la que queda relegada a un segundo plano. Tampoco es algo que se le pueda reprochar a del Toro: el mundo de fantasía es el refugio de la realidad para Ofelia. El problema es que El laberinto del Fauno se queda a medio camino de todo. Como película de fantasía, resulta insuficiente para un público más adepto al género (en el que también se incluye el infantil), y como película realista resulta tópica, maniquea y sumamente desagradable en determinadas escenas que rozan el subgénero gore. Ejemplos hay para dar en todo su metraje, pero resulta especialmente grotesca la escena en la que Maribel Verdú le asesta golpe de cuchillo a Sergi López y el resultado es la boca de López abierta por uno de los dos lados. Por sí no fuera suficiente, del Toro se regodea en la repulsión del espectador y nos muestra una y otra vez el corte para culminarlo en la espectacular celebración del mal gusto de la escena en la que le vemos coserse la boca en un primer plano que impide que se nos escape detalle alguno. Gracias señor del Toro, pero no hacía falta.

Si bien no ayudan estos generosos detalles a la definición de un público más concreto para la película, sí que lo hacen para una intención nada oculta en El laberinto del Fauno: la de demonizar hasta el extremo al capitán franquista y a su grupo de hombres, personajes grises e inhumanos que disfrutan ejecutando y cazando a los valientes hombres de la resistencia, liderados por el joven y atractivo Pedro y con personajes entrañables, véase un simpático tartamudo que será capturado y torturado hasta la muerte sin que los malos le arranquen la más mínima confesión. Mientrastanto, Ofelia se pierde por el laberinto y conoce monstruos increíbles, el Fauno le va dando pistas y objetos cuya utilidad desconocerá hasta el momento apropiado de su uso: llaves, una mandrágora, una tiza mágica, una especie de daga... un listado de utensilios y pruebas que consiguen que el espectador acabe teniendo la incómoda sensación de estar asistiendo a un juego de rol.

Y a pesar de todo, El laberinto del Fauno reúne suficientes elementos positivos para invitar al espectador al optimismo respecto a las cualidades de su director. La más destacada es, sin duda, la genial puesta en escena que realiza y que se deja ver en múltiples escenas. La ambientación es impecable y poco o nada se le puede recriminar en cuanto a la dirección artística. El otro apartado destacable es la buena dirección de los actores. Si bien Sergi López no tiene la culpa de que el personaje sea el malo malísimo (aunque desde luego parece tener debilidad por los papeles antagonistas), cumple con su cometido y acompaña bien a la gran actuación de Ivana Baquero, una auténtica joya en bruto que sabe transmitir dramatismo, angustia e inocencia de manera inusual ante la cámara. Así, el balance de las actuaciones, si pasamos por alto una Ariadna Gil insoportable por moñas, lacrimógena y que por momentos da la impresión de encontrarse en un estado perpétuo de drogadicción, es positivo y demuestra una buena dirección de parte de Del Toro. El tercer y último elemento que no hace del todo desdeñable la visualización de El laberinto del Fauno es la partitura musical de Javier Navarrete, capaz de imprimir un intenso dramatismo a determinadas escenas de la película, que sin llegar a alcanzar la emoción que deberían, sí reciben un pequeño y necesario impulso de la banda sonora que impide que caigan en la emoción plana o vacía.

Uno sale de la sala pensando que se podría haber hecho más, algo mejor con el material del que disponía el director. La suma de elementos positivos acumulados a lo largo de las casi dos horas no acaban de hacer olvidar los múltiples defectos que hacen de El laberinto del Fauno una película menor. El desenlace guardará una pequeña sorpresa que, más que sorprender gratamente por la presencia de un gran actor como es Federico Luppi, provoca la vergënza ajena y acaba rematando mal (muy mal, si no fuera porque la escena es más bien anecdótica) a una historia ya de por sí irregular y que, a pesar de su fuerza, no convence.
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El laberinto del Fauno. España y México. 2006. 112'.
Director: Guillermo del Toro.
Guión: Guillermo del Toro.
Fotografía: Guillermo Navarro.
Montaje: Bernat Vilaplana.
Música: Javier Navarrete.
Diseño de producción: Eugenio Caballero.
Vestuario: Lala Huete.
Intérpretes: Sergi López (Vidal), Maribel Verdú (Mercedes), Ivana Baquero (Ofelia), Álex Angulo (doctor), Ariadna Gil (Carmen), Doug Jones (fauno), César Bea (Serrano), Manuel Solo (Garcés), Roger Casamajor (Pedro).
Puntuación: 5
Busca la salida del laberinto por aquí...
http://www.labutaca.net/films/40/ellaberintodelfauno.htm (sobre la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3206.html (crítica de la peli)
http://www.clubcultura.com/clubcine/clubcineastas/guillermodeltoro/ellaberintodelfauno/ (página web)
http://es.wikipedia.org/wiki/Guillermo_del_Toro (sobre Guillermo del Toro)
http://www.cinestel.com/41701/97401.html?*session*id*key*=*session*id*val* (entrevista a Ivana Baquero)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2162.html (sobre Sergi López)



jueves, septiembre 14, 2006

Alatriste



"No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente". Frase, obertura de una de las obras de más renombre de la literatura contemporánea española, con nombre propio y apellido también. Alatriste, Diego Alatriste. Muchos, muchísimos lectores disfrutaron y disfrutan de las aventuras del ficticio y rentabilísimo espadachín del siglo XVII que tantas alegrías le ha merecido a su padre literario Arturo Pérez-Reverte. 10 años y 5 libros después del nacimiento del nuevo héroe y/o antihéroe español por excelencia, salta a la gran pantalla rodeado de una expectación tan grande que bien podría ahogarla desde el principio. La mayor inversión del cine español presumía una mastodóntica megaproducción a la vez que derroche visual y la sana pretensión de contentar en la medida de lo posible a la legión de seguidores de la saga. O eso parecía.

Decepción. Es la primera palabra que me aviene cuando recuerdo Alatriste. Y los motivos para afirmar tal cosa se hacen más que evidentes cuando uno ve la película. Inconexa, totalmente exenta de un argumento que enganche al espectador, deshilvanada, desprovista de una línea que seguir, y todo ello consecuencia directa de la pretenciosidad no en el hecho de adaptar Alatriste a la pantalla con un elenco de medios incontestable, sino por querer hacerlo tomando los 5 libros que forman la saga. Y eso, además de pretencioso, es poco menos que imposible. Con tanta prisa, tanto brío, Alatriste se dedica a plasmar en pantalla retazos de las novelas, de forma atropellada y sin profundidad en apenas ninguno de ellos. Los que hayan leído las páginas de Reverte se desesperarán, más si cabe, por la prisa irracional que invade la película desde el primer minuto de metraje, por el desastroso montaje cuyas consecuencias se hacen notar en la planicie de sus personajes (algo que, por otra parte, era inevitable). El resultado son buenas actuaciones, mejor reparto y mediocre desarrollo de varios de los personajes fundamentales de la novela. Si bien Viggo Mortensen parece una elección acertada para el papel y desempeña correctamente el rol imponente, sucio y orgulloso de Diego Alatriste, es más que llamativo el forzado español que sale de la boca del neoyorquino. Eduardo Noriega da el pego como el poderoso amigo de Alatriste, el Duque de Guadalmedina, con una actuación breve pero convincente. Juan Echanove inspira una sensación extraña, extravagante, mientras se enfunda ese conseguido disfraz de Francisco de Quevedo. La deseada Elena Anaya deja bastante que desear como femme fatale. Javier Cámara y Eduard Fernández con su habitual eficiencia componen, posiblemente, las dos mejores actuaciones de la película, como conde Duque de Olivares el primero y como Copons, amigo fiel de Alatriste, el segundo. Los otros, los Unax Ugalde, Ariadna Gil, Francesc Garrido pasan en mayor o menor medida desapercibidos, no así Blanca Portillo como Bocanegra protagonizando el momento chocante, pintoresco, raro, de la película. Una extravagancia que ves pasar ante tus ojos y que te deja pensando si esa ha sido o no una buena idea.

Así que revisando la labor del reparto, se presume su trabajo como más mérito propio que parte que toca al director de la orquesta, Aguistín Díaz Yanes. Alatriste le ha desbordado, y eso se desprende de la falta considerable de pulso narrativo, de los acelerones temporales sin previo aviso (un año de galeras en unos segundos), de la escasa profundidad de los personajes y de la superficialidad del retrato del marco en el que se mueven, la decadente España del siglo XVII. Pero sigue siendo pecado capital el querer entender Alatriste como una biografía y no como una película de aventuras, dejando muchas cosas en el tintero y escribiendo otras mal o muy mal. No existe hilo argumental del que tirar, a partir del cual tejer. Las telas se cruzan, entrecruzan y crean una maraña que logran que el espectador se desoriente y sea incapaz de contar el argumento a grandes trazos. Y ese, en una película de este género, es un error imperdonable.

Sin embargo, son las virtudes técnicas las que ensalzan Alatriste y no la dejan caer en la mediocridad. Asistimos a escenas que simulan auténticos cuadros, referencia a parte de Velázquez y su Rendición de Breda. Se trata de brillantes composiciones visuales donde el diseño de producción está cuidado al detalle y la iluminación calculada al milimetro. Esos frescos vivientes son lo mejor de Alatriste, y con ellos, el espectacular vestuario que desfila como si de una pasarela del siglo XVII se tratara. Las localizaciones escogidas y los decorados construidos para la ocasión justifican el titánico esfuerzo del rodaje de Alatriste y rubrican el apartado técnico con uan matrícula de honor. Nada que objetar ahí. Perfecta en la forma, deficiente en el contenido, Alatriste tiene además una muy buena banda sonora acorde a la épica de la ocasión de la que Roque Baños es responsable. Esa épica corre a cargo de espectaculares batallas y sucios duelos de espadachines, donde la sangre corre sin miramientos a base de violentos cortes y estocadas del capitán y compañía.

Suerte para Díaz Yanes que su criatura no acaba haciéndose larga a pesar de las dos horas y media de duración. Su batiburrillo no acaba de aburrir pero tampoco convence, su impecable ambientación le hace ganar muchos puntos y al final, uno se queda con una sensación amarga pero a su vez piensa que pudo ser peor. Escaso bagaje para una figura que mereció mejor suerte y menor pretensión para todas y cada una de sus aventuras. Lo mismo debió pensar Reverte al ver la película que Diego Alatriste luchando contra las tropas holandesas en el infierno de Flandes... Mejor de una en una.
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Alatriste. España. 2006. 147'.
Director: Agustín Díaz Yanes.
Guión: Agustín Díaz Yanes; basado en las novelas "Las aventuras del Capitán Alatriste" de Arturo Pérez-Reverte.
Música Roque Baños.
Fotografía: Paco Femenía.
Montaje: Pepe Salcedo.
Dirección Artística: Benjamín Fernández.
Vestuario: Francesca Sartori.
Intérpretes: Viggo Mortensen (Alatriste), Elena Anaya (Angélica de Alquézar), Javier Cámara (Conde Duque de Olivares), Jesús Castejón (Luis de Alquézar), Antonio Dechent (Garrote), Juan Echanove (Francisco de Quevedo), Eduard Fernández (Copons), Francesc Garrido (Saldaña), Ariadna Gil (María de Castro), Enrico Lo Verso (Malatesta), Cristina Marcos (Joyera), Eduardo Noriega (Duque de Guadalmedina), Blanca Portillo (Bocanegra), Unax Ugalde (Íñigo Balboa).
Puntuación: 5
Alatriste en la red...
http://www.labutaca.net/films/43/alatriste.htm (sobre la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3166.html (sobre la peli)
http://www.capitanalatriste.com/ (página web oficial de Arturo Pérez-Reverte)
http://www.unaxugalde.tk/ (sobre Unax Ugalde)