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lunes, marzo 26, 2012

Extraterrestre

Extraterrestre arroja luz alienígena sobre esas zonas omitidas, pasadas por alto en el proceso del galanteo y la relación sentimental. Despertarse en una cama ajena junto a una desconocida aquí no tiene nada de triunfal y sí mucho de una incomodidad casi irresoluble, tróspida quizá. Enamorarse desde ese punto de partida no es accidental —o no es sólo eso—, sino que contiene una épica emocional que se fundamenta en la extrañeza, en la torpeza implícita en todo flirteo y seducción que lleva —o no— a la deseada culminación. En su segunda película, Nacho Vigalondo sitúa la habitual fuente de otredad —la invasión extraterrestre, la nave que asoma entre los edificios de Madrid— al fondo, para subrayar en primer plano la reconocible pero apenas reconocida, el inexplicable encantamiento que produce el rostro de esa otra persona en la pantalla de un televisor —Michelle Jenner, o la belleza de ese OVNI durmiente—, el desconcierto de ese sentimiento cotidiano que nace en condiciones apocalípticas, como aquel que naturalmente despertaba en la pareja protagonista de Monsters (Gareth Edwards, 2010) cuando los monstruos tomaban el paisaje.
Leer crítica completa en LaButaca.net
En la imagen: Fotograma de Extraterrestre, película distribuida en España por Vértigo Films © 2011 Arsénico Producciones, Sayaka Producciones y Apache Entertainment. Todos los derechos reservados.

jueves, mayo 27, 2010

Desmond Hume

 

Y aquí estamos, en medio de la semana más lostie: en medio de la mayor sobresaturación de información, parodias de Youtube, interpretaciones y especulaciones increíbles y, en definitiva, ruido mediático que ninguna serie de ficción haya generado jamás. Para leer dos reflexiones serenas, pinchar aquí y aquí. Yo aprovecho mi primer (y quizá último) post de Lost para proclamar mi amor incondicional por la figura de Desmond Hume, personaje que me merece el lugar más destacado de entre la mitología parida por Damon Lindelof y Carlton Cuse. Hume es el verdadero héroe romántico de la serie, un Ulises condenado a volver sin remedio a Ítaca pero a estar alejado de Penélope, un fan del Celtic de Glasgow cuyo apellido referencia al filósofo que se adentró en el conflicto entre determinismo y libre albedrío, un escocés resistente a la misma energía electromagnética que haría pedazos a cualquier otro ser humano... y desde el lunes, y como ha dicho Alvy Singer, un recuperador de la memoria desde esa realidad alternativa que ahora sabemos limbo de Lost. En ese homenaje final y sentido a Jack Shephard, es sin embargo Desmond Hume el que obra el milagro de la reunión que despide la serie y se despide de los fans.

En la imagen: Henry Ian Cusick (Desmond Hume) en Lost - Copyright 2004-2010 ABC Studios, Touchstone Television, Bad Robot y Grass Skirt Productions. Todos los derechos reservados.

martes, agosto 04, 2009

Explicar la obra

1.
La historia empieza con Lars Von Trier en el pasado Festival de Cannes, pero acaba en David Cronenberg pasando por Nacho Vigalondo. Hablo a propósito del post que este último escribió dejando las cosas en su sitio, aquellas hipermediatizadas palabras del danés en las que se "proclamaba" mejor director del mundo. Pero vamos al verdadero meollo:
El periodista le pide al director que “explique y justifique” su película, alegando, entre otros motivos, la responsabilidad que supone estar en Cannes. Von Trier se niega, como todo director de cine con un mínimo de decencia debería hacer. No hay nada más mezquino y mediocre que un artista explicando o justificando su obra, ya sea en Cannes o en el salón de su casa.
Y he aquí la cuestión: ¿debe el autor explicar su obra? Si es así, ¿no estaría haciéndole un flaco favor en la reducción o condición de la visión y opinión ajena hacia la misma? ¿no lacraría toda posibilidad de relectura? Más aún: ¿por qué debería ser una responsabilidad justificar una obra por el mero hecho de ser parte de la Sección Oficial de Cannes? Pero en fin, este post (el mío) no hubiera existido si el mismo día no hubiera tropezado con una entrevista a mi bienamado David Cronenberg. Corresponde al número 349 de Dirigido Por (octubre 2005), y entre sus líneas encontramos de nuevo la cuestión de marras, sólo que el canadiense tiene la respuesta perfectamente asumida, integrada en su lógica de autor. De hecho, quizá sea la única respuesta que tenga:
...creo que Una historia de violencia es un poco más subversiva, que empieza con una propuesta más o menos tradicional y luego se subleva contra ella, la cuestiona y la termina corrompiendo. Por lo tanto no creo que el único tema de la película sea la redención. Sí creo que el film se pregunta sobre si la redención es posible, pero la realidad es que no necesariamente la contesta. Muchas otras cosas quedan sin contestar porque no tengo las respuestas, sólo tengo las preguntas. Por eso la película no tiene un mensaje predigerido, porque para eso uno tendría que tener todas las respuestas e ir presentándoselas convenientemente a su público. Pero eso no es para mí. Para mí la experiencia cinematográfica, además de ser una fórmula narrativa que me resulta verdaderamente fascinante, es una exploración filosófica en la que constantemente me pregunto cosas y las debato conmigo mismo. Básicamente invito al público a que me acompañe en mi viaje exploratorio, que vea por sí mismo y decida qué piensa de lo que voy descubriendo.
La conclusión no debería ser ningún hallazgo: la obra no sólo no debe ser explicada ni justificada, sino que no cuenta entre sus obligaciones dar respuesta a todas las preguntas que plantea. Las películas dan todas las respuestas también son, probablemente, menos estimulantes, aquellas que menos propician verdaderos discursos a posteriori. Saltamos a otro momento de la entrevista, este más bien epatante:
Puedo decir que supieron ofrecerme muchísimas películas que fueron muy famosas y que hicieron muchísimo dinero. Pude haber hecho Top Gun y otras tres películas con Tom Cruise. Me ofrecieron Unico testigo, El show de Truman y Alien 4 (...) Alguna vez una alta ejecutiva de Columbia me propuso que dirigiera Flashdance . Estaba obsesionada conmigo, no sé muy bien porqué. Si yo hubiera aceptado su propuesta y sus millones, le hubiera destruido la película tratando de hacer una cosa diferente de la que ellos querían hacer...
Llevo un par de días intentando una El show de Truman cronenbergriana. Con más preguntas todavía, con un Truman varios enteros más tortuoso y una pizca de bioterror. De momento no me ha explotado la cabeza. De momento.

Post de Vigalondo aquí
Entrevista completa aquí

2.
A propósito de "Up":
- A esto le llamo yo empezar una crítica con buen pie.
- Para los cansados de tanta alabanza, encontrarán en la excelente crítica de Planocenital su mejor aliado.

lunes, junio 22, 2009

De reestreno

Pues sí, reabrimos Cinelandia. Medio año de ausencia, toneladas de trabajo en La Butaca y un final de vida universitaria que nunca es lo que uno espera. Se vuelven a dar las circunstancias casi perfectas para que aniquile el tiempo libre que vuelvo a disponer con la reapertura del blog, y en ello estamos. Eso sí, con retoques varios. He decidido desmadrarme y dar rienda suelta a todo tipo de devaneos que van más allá del cine y que aún no tengo claro dónde llegarán. Lo contrario, esto es, escribir más críticas de las que ya escribo, podría acabar convirtiéndome en un tipo muy aburrido. También me he prometido abrir secciones altamente irregulares y disquisiciones que no sé como abordar. En resumen: contenidos nuevos, con la medianía de siempre.

Para empezar:

- Un año más, Cinema Jove. Y van 24. Es un festival pequeño, pero del que te puedes llevar algunos de tus mejores recuerdos frente a una pantalla. Yo descubrí a Lucio Fulci ahí. Este año los Cuadernos de Rodaje vienen con Welles, Walsh y dos noches de órdago: la del cazador y la de Halloween. Todo con el discreto encanto de un cine de verano plantado en medio de los Viveros, con bocatas de sobaquillo y todo.



- Especial Terminator en Miradas de Cine. Siempre son una buena noticia sus especiales, pero este es doblemente exquisito cuando entre sus páginas firman titanes como Pablo Muñoz (Alvy Singer) y Tonio L. Alarcón. Yo, erre que erre, he vuelto a la tecnofobia.



- Entre plomizos manuales y apuntes prestados, este mes he devorado Torso, de Brian Michael Bendis y Marc Andreyko. Necesitaré más lecturas para asimilarlo, pero de momento me quedo con la hostia estética, que no es poco. Si lo de Fincher resucita, esto podría desembocar en un romance espectacular entre viñetas y fotogramas.



- ¿Quiere usted ser productor? Por un módico precio de 2 euros, le enviarán el certificado y aparecerá en los créditos. La película, por cierto, se llama "El cosmonauta". Vigalondo está en el ajo, y ya se emplea a fondo en una campaña de marketing viral que ríanse de Abrams y de Stiller. Y en la banda sonora suena Remate, que por cierto se pasará por Valencia en octubre. A mí me han ganado con la reseña de Alberto Olmos del libro. Eso, y la solución soviética que espero junto a mi certificado.

viernes, julio 04, 2008

Los Cronocrímenes



Alabo desde ya la intención llevada a cabo y a buen puerto que ha hecho de este debut uno de los más valientes vistos en años en el cine español. Antes de entrar a valorar Los Cronocrímenes, cabe decir que la opera prima de Nacho Vigalondo es una ráfaga de aire fresco que se ha colado por la puerta de atrás del cine español para ofrecer en la gran pantalla lo que rara vez vemos en nuestra cinematografía: una película de ciencia-ficción, crímenes y viajes en el tiempo. Así que sólo esa valentía y atrevimiento casi suicida bien merecen el precio de una entrada de cine en pleno verano. Los Cronocrímenes se suma, desde ya, a esa escasa y bendita estirpe de debuts que, contra viento y marea, luchan por sacar a la luz una idea renovadora y fuera de los senderos habituales del cine español (acuérdense de Tesis, de Alejandro Amenábar[1996]). Y Nacho Vigalondo lo ha conseguido con una historia que lleva rumiando media vida (y tiene 31 años). Una historia que, a pesar de la nominación al Oscar, no ha podido ver la luz hasta hace una semana y sólo después de: a) un ejercicio exhaustivo de promoción vía blog, el juego de Los Cronocrímenes en internet y su consecuente premio del preestreno en un avión; b) el triunfo de la película en su ronda de festivales, donde ha cosechado ovaciones y premios por doquier; c) el anuncio del remake, después de que Tom Cruise comprara los derechos de la película y Steve Zaillian fuera denominado su futuro productor.

Los Cronocrímenes parte de una idea brillante: un mínimo viaje en el tiempo (una hora) que, como todo viaje en el tiempo que se precie, genera sus inevitables controversias y sus complejas paradojas temporales. En este caso es de remarcar que Nacho Vigalondo ha dado un paso más allá para tratar la temática de los viajes en el tiempo desde una perspectiva renovada y original, lo cual hace de Los Cronocrímenes uno de los más sorprendentes debuts de un director español, marcado por el acto de libertad creativa que el mismo Vigalondo dice creer necesario para la primera propuesta de un cineasta. Esa libertad creativa se ha alimentado aquí de un cúmulo de influencias que abarcan desde el giallo hasta el vouyerismo Hitchockiano pasando por algún que otro guiño a Lost y una trama fantástica que no podría ser retratada con un realismo más austero. Todo ello integrado en un producto con limitaciones de serie B (y en cierto modo, con su espíritu) cuyos resultados técnicos rebasan la expectativa y revelan una cuidada cinematografía y un perfeccionismo técnico del que dan fe hasta los integrantes de Muchachada Nui.



Así pues, nos encontramos ante una película que busca la sorpresa del espectador pese a que, en su conclusión final, desvelará que todo se ha movido ante la sorprendente inevitabilidad de la falta de sorpresa. Una paradoja más que sumar a la lista. Pero el caso es que Nacho Vigalondo ha conseguido generar 88 minutos de un entretenimiento de ciencia-ficción tras el cual se esconde un sesudo ejercicio existencialista y un puzzle construido con cuidado y esmero durante años para que cada pieza encaje y optemos o no a entrar a cuestionar ese babilónico desafío de hechos coincidentes, tangentes, paralelos o cruzados que se esconde tras una aparentemente sencilla línea temporal en la que sólo están envueltos cuatro personajes: Héctor (Karra Elejalde) se muda con su mujer Clara (Candela Fernández) a una casa en las afueras y en las proximidades de un bosque. Cuando Clara deja la casa momentáneamente para hacer una compra, Héctor divisa con sus prismáticos a una chica (Bárbara Goenaga) desnudándose en medio del bosque. Ese ejercicio de vouyerismo le arrastra hasta el interior del bosque donde la encuentra desnuda y aparentemente muerta en medio de un claro. Cuando Héctor se acerca al cuerpo, un tipo con la cara cubierta por vendas rosas ("la momia rosa", se especifica en la película) ataca a Héctor clavándole unas tijeras en el brazo. En su huida en busca de ayuda, Héctor acaba llegando a una especie de estación científica cuyo único científico (Nacho Vigalondo) le pide que se meta en una especie de cubeta enorme para esconderse del asesino. Cuando despierta, Héctor ha viajado atrás en el tiempo una hora y comprueba atónito, a través de los prismáticos, que comparte el espacio-tiempo con su "yo" de hace una hora. El conflicto espacio-temporal ha sido creado, y su solución requerirá ciertas piruetas argumentales que quizás no cualquier espectador sea capaz de aceptar: malabarismos nunca infundados, pero quizás demasiado revolucionarios para cierto sector del público poco o nada acostumbrado a los viajes en el tiempo y las duplicaciones de personajes.



Precisamente en esa multiplicación consecuencia del viaje en el tiempo, Karra Elejalde realiza una estupenda actuación, dando a cada uno de sus Héctor los matices necesarios para inducirnos desde la confiabilidad hasta el miedo. No se puede hablar de la evolución de Héctor como personaje porque existe como varios personajes, pero se puede decir con toda certeza que el Karra Elejalde que vemos en pantalla va sufriendo una transformación dada a través de su deformación física, la cual no sólo le acaba otorgando tintes grotescos, sino que supone un reflejo de la deformación de la personalidad de Héctor como consecuencia de sus viajes en el tiempo y, por ende, distintos estadios que afloran de la psique humana cuando es sometida a situaciones límites. Elejalde eclipsa al resto del reparto, por minutos en pantalla y por calidad como actor. A su lado, el científico al que interpreta el propio Nacho Vigalondo se queda pequeño y por momentos resulta poco creíble. En cuanto a Bárbara Goenaga, la actriz vasca cumple con su papel pequeño pero decisivo en el curso de los acontecimientos, receptor de la mirada voyeur tanto de Héctor como del espectador (nos encontramos ante una película que constantemente dirige la mirada del espectador hacia parcelas concretas de una misma realidad). Por último, Candela Fernández apenas disfruta de minutos en la pantalla y poco se puede decir de ella.



Los Cronocrímenes es el debut nada presuntuoso de un autor que tiene ganas de cambiar las reglas y que tiene las armas para conseguirlo. Digamos que la película de Nacho Vigalondo ha abierto una brecha espacio-temporal en el cine español para demostrar que sí hay cabida a proyectos que se enmarcan en géneros tan poco aceptables en el sistema de financiación y distribución como la ciencia-ficción (género que, por cierto, dio hace poco más de una década una de las mejores cintas jamás realizadas en este ámbito como fue Abre los ojos [Alejandro Amenábar, 1997]). Si hay una esperanza para que esa brecha se expanda, esa esperanza es el director cántabro, quien pretende, en menos de cinco películas, hacer una de zombis, una de superhéroes y otra con invasión alienígena. Ojalá Los Cronocrímenes reciba el beneplácito de los números en taquilla y todas ellas sean posible en un lapso menor a los cinco años de gestación que ha requerido esta opera prima. Ojalá todas ellas, mejores o peores, permitan que esa brecha espacio-temporal sea tan grande como la puerta de Stargate y permita que Vigalondo haya cambiado algunas reglas. Pero de momento, toca viajar al pasado. Una hora. Suficiente, espero, para desencadenar todos los acontecimientos descritos en las últimas líneas. Ojalá.
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Los Cronocrímenes. España. 2007. 88'.
Director: Nacho Vigalondo.
Guión: Nacho Vigalondo.
Fotografía: Flavio Labiano.
Montaje: José Luis Romeu.
Música: Chucky Namanera.
Dirección artística: José Luis Arrizabalaga y Arturo García.
Vestuario: Estíbaliz Markiegi.
Producción: Esteban Ibarretxe, Javier Ibarretxe y Eduardo Carneros.
Intérpretes: Karra Elejalde (Héctor), Bárbara Goenaga (chica), Nacho Vigalondo (chico), Candela Fernández (Clara).
Puntuación: 6,8
Métete en la cubeta y viaja tú mismo...
http://www.loscronocrimenes.com/(página web de la película)
http://www.labutaca.net/films/57/loscronocrimenes.php (sobre la película)
http://img72.imageshack.us/img72/2333/cronologadeloscronocrmeyj7.jpg (cronograma de la película, por si queda alguna duda en el aire [SPOILER])
http://www.aullidos.com/pelicula.asp?id_pelicula=1391 (crítica en Aullidos)
http://www.elpais.com/articulo/cine/He/hecho/juguete/pelicula/elpepuculcin/20071012elpepicin_1/Tes (entrevista a Nacho Vigalondo)
http://www.cineando.com/entrevistas/barbara-goenaga-los-cronocrimenes-es-matematicamente-perfecta/ (entrevista a Bárbara Goenaga)

domingo, marzo 18, 2007

Lecciones de cine: el plano secuencia

Plano secuencia: Es una forma de filmar, en el que en una toma única se hacen todos los cambios y movimientos de cámara necesarios. No suelen hacerse muy largas por la dificultad de rodaje que entrañan. No obstante, hay planos secuencia memorables por su calidad, longitud y anécdotas de rodaje, como el comienzo de Sed de mal (Touch of evil 1958), de Orson Welles.

Tipos de plano. Los movimientos en el cine (Enrique Martínez-Salanova Sánchez)

Lección de plano secuencia:



"Una de las cosas que ha hecho célebre el estilo de Cuarón es su atrevimiento a la hora de componer planos secuencias imposiblemente largos. Algo que la comunidad cinéfila adora, en el mejor de los casos porque detecta en el director una determinación y personalidad definida, y en peor, porque sencillamente es capaz de detectarlos y cronometrarlos. Un plano secuencia infinito es un bombón para el entendido, y a veces, para el director, una forma de enseñar que la tiene más larga que sus colegas (la frase es del genial Aitor Enériz). En este sentido, la película más valiente, más compleja y atrevida será un único plano secuencia, como en El Arca, de Sokurov, el triunfo del lenguaje y los cojones. La comunión definitiva entre la sintaxis y el atletismo (...)
Children of Men no se parece a un shooter, pero es la película que más se parece a un shooter que he visto en mi vida: Seguimos a un único personaje en una única misión, que debe superar por fases, la cámara gira a su alrededor con objetivos angulares, integrándolo en el espacio y forzando la identificación de su punto de vista con el nuestro. Hay tiros, puñetazos, esquinas en las que parapetarse, secuencias en vehículos y fuegos cruzados entre fuerzas enemigas entre sí, siendo el protagonista una tercera potencia, un one man army. Y el entorno, decadente, europeo y de un futurismo derrotado, a los que hemos jugado al menos a uno de los dos videojuegos que he mencionado en el párrafo anterior nos resuena en la cabeza"

Nacho Vigalondo (Mondopixel 2.0)