martes, julio 08, 2008

El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford



Nos encontramos ante una película única en su especie. Un western excepcional a todas luces y uno de los ejemplos más particulares del género por las coordenadas en las que se sitúa. No deja de ser una lástima que una película de una calidad tan extraordinaria haya pasado completamente desapercibida en nuestras pantallas y que haya resultado sólo parcialmente alabada por un sector de la crítica, aquel que no se ha limitado a atacar la película de Andrew Dominik fundamentándose en la longitud de su metraje y en el ritmo de su narración. Así que partamos de este punto y digamos que donde aquellos dijeron excesivo yo diré cautivador, y que donde aquellos dijeron parsimoniosa yo diré profunda e indagadora.

Hablo convencido de la excepcionalidad de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford desde que no retengo en mi memoria, quizás desde el Río Rojo de Howard Hawks (1948), una obra del género capaz de realizar una exploración tan profunda y tan rica de los personajes que la pueblan, haciendo de esa inspección de su detenido estudio de los dos hombres que gobiernan en el título y en la película, eje central que se sitúa bien lejos de cualquier convención que la tildara de un western más. A través de una profunda, fascinante y sí, extensa exploración de los caminos paralelos, tangentes y divergentes del afamado asesino y ladrón Jesse James (Brad Pitt) y del joven miembro de su banda Robert Ford (Casey Affleck), Dominik ha conseguido crear una historia que va más allá de los personajes para retratar brillantemente un tiempo y un lugar específicos (las últimas décadas del siglo XIX) y de paso recoger un análisis de una sociedad americana que, pese a pertenecer a aquel contexto, representa un comportamiento perpetuado a través de los tiempos. Un comportamiento en el que una figura tan amoral pero tan carismática como la de Jesse James puede acabar siendo saludada como leyenda y honrada por la memoria de la gente mientras un héroe anónimo como Robert Ford es reprendido como cobarde y despreciado por su acto por el resto de su existencia. Y después, sumergido en el olvido.



Pero tal es la complejidad que atesora la película de Dominik que hace que las últimas líneas escritas sigan, pese a todo, resultando enormemente tendenciosas. Y la razón es que la exploración psicológica de ambos personajes es de tal calado que nos es imposible situarnos en la posición de juez, un mérito que raramente han alcanzado pocos cineastas. Jesse James es el bandido despiadado y sanguinario que forja su leyenda a cada robo o asesinato perpetrado, cuyo carisma y capacidad para no ser atrapado a lo largo de su larga carrera delictiva ha inspirado la admiración de jóvenes que han crecido oyendo sus leyendas, entre ellos Robert Ford. Pero Jesse James también se nos presenta como un hombre profundamente desequilibrado, de un comportamiento impredecible que desvela su lucha interna y que le hace pasar de la afabilidad y el cariño que muestra para con su familia a la explosiva violencia con la que es capaz de golpear repetidamente a un niño para después romper a llorar. Un hombre que se ríe del extraño Ford ante los demás mientras que en solitario se sabe más común a él que a cualquier otro ser humano. Y él, Robert Ford, su más ferviente admirador, se presenta como un alma igualmente torturada por la cercanía a su héroe y el desprecio del mismo (“¿Quieres ser como yo o quieres ser yo?”). Joven vulnerable, de voz quebrada y tez pálida, es el habitual objeto de burla por su rara naturaleza, en constante fricción con sus ansias de leyenda, de suscribir su nombre junto al de James en la historia y cuyo castigo será el de asesinar al hombre que admiró para cumplir la posterior condena del eterno odio popular.



La riquísima construcción de ambos personajes se rubrica con sendas memorables actuaciones de Brad Pitt y Casey Affleck. Esta película sólo puede existir a través de sus personajes, y tanto Pitt como Affleck no sólo se limitan a cumplir su cometido, sino a revivirlos con la magnitud suficiente para inscribirlos en la memoria del espectador. Si bien sabíamos del talento de Pitt (galardonado con la Copa Volpi al mejor actor en el Festival de Venecia), Affleck toma aquí la oportunidad y la aprovecha para demostrar su calidad como intérprete, ya confirmada por encima de la de su hermano, pero llevada aquí hasta una inesperada enormidad que le llevó a una bien merecida nominación al Oscar como mejor actor secundario (pese a que este no pueda resultar secundario a Brad Pitt más allá de los títulos de crédito). A su alrededor, un conjunto de personajes, estos sí, secundarios, conforman la banda de Jesse James, todos ellos definidos y explorados con meticuloso esmero, en especial el hermano mayor de los James, Frank, interpretado por un siempre excepcional Sam Shepard.

Pero no sólo se condimenta de personajes la película de Andrew Dominik para construir una de las películas más destacadas del año. El cineasta deja claro que prefiere paisajes desolados tales como estepas nevadas y campos de trigo à la Gladiator, a áridos desiertos y poblados manufacturados. La cámara los contempla descubriendo en ellos su desnuda belleza con una sensibilidad digna del mismísimo Terrence Malick. Deja ver, Dominik, un particular toque de estilo cuando opta en los grandes planos generales, por dejar únicamente el centro del objetivo enfocando el paisaje mientras que el resto del plano permanece desenfocado. Tampoco faltan los homenajes a Centauros del Desierto (The Searchers, John Ford, 1956) ni incluso a los orígenes mismos del cine anclados en la fotografía y el teatro (el retrato fotográfico del cadáver de James, asistido por un numeroso público rememora, significantemente, los precedentes históricos del cine). Presentes están también las particulares obsesiones del cineasta (acá las botas sueltas, adelantando o significando la muerte de uno de los personajes o las sillas como señal de la pérdida, el abandono, o como lugar donde ambos protagonistas mecen sus guerras interiores), así como un meticuloso gusto por el detalle que se deja ver en esa cuchara removiendo el café que deja de moverse en el momento sabemos que Jesse James ha leído cierta noticia en el periódico. Se trata de un detallismo extremo que impregna toda la narración que, sin embargo, no oculta uno de los escasos “peros” que le pueden ser atribuida, este es, el uso de una voz narradora que vaga a la deriva por toda la película y se muestra demasiado inconstante, demasiado oportunista para ser tomada completamente en serio.



Pese a ello, las mencionadas virtudes forman una triada perfecta con el magistral tratamiento de los personajes (e, implícitamente, la dirección que Dominik ha ejercido sobre sus actores) y con el virtuosismo y la excelencia del apartado técnico, en el que la fotografía de Roger Deakins se revela simplemente mayestática: basta prestar nuestra atención a la escena en la que la familia James abandona su hogar y la cámara se detiene a observar, en la vacía casa, como las luces que se proyectan desde el exterior van desvaneciéndose lentamente. Por último, la conmovedora y nunca solemne música compuesta a la par por Nick Cave y Warren Ellis otorga a la película de Dominik una partitura acorde a las intenciones y magnitud de la obra, alcanzando su momento más excelso en la escena en la que Ford deambula por la casa vacía de Jesse James siendo Jesse James: acostándose en su cama y probando el tacto de las sábanas, acariciando su ropa y probándose su sombrero, pretendiendo tener las dos heridas de bala que él tiene alojadas en su cuerpo… Una pretensión de unicidad que es el fracaso de Ford y es el triunfo de la película. Una obra compleja, única y solitaria que ojalá el tiempo ponga en el lugar que merece.
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The assassination of Jesse James by the coward Robert Ford. Estados Unidos. 2007. 160'.
Director: Andrew Dominik.
Guión: Andrew Dominik; basado en la novela de Ron Hansen.
Música: Nick Cave y Warren Ellis.
Fotografía: Roger Deakins.
Montaje: Dylan Tichenor y Curtiss Clayton.
Producción: Brad Pitt, Dede Gardner, Ridley Scott, Jules Daly, Brad Grey y David Valdes.
Diseño de producción: Patricia Norris.
Intérpretes: Brad Pitt (Jesse James), Casey Affleck (Robert Ford), Sam Shepard (Frank James), Mary-Louise Parker (Zee James), Paul Schneider (Dick Liddil), Jeremy Renner (Wood Hite), Zooey Deschanel (Dorothy), Sam Rockwell (Charley Ford), Garret Dillahunt (Ed Miller).
Puntuación: 8,5
Para saber más de la leyenda...
http://jessejamesmovie.warnerbros.com/ (web oficial)
http://wwws.warnerbros.es/assassinationofjessejames/ (web oficial España)
http://www.labutaca.net/films/56/theassassinationofjessejames.php (sobre la película)
http://www.septimovicio.com/criticon/15112007_el_asesinato_de_jesse_james_por_el_cobarde_robert_ford_por_carlos_polite/ (reseña en Séptimo Vicio)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1342 (sobre Brad Pitt)
http://en.wikipedia.org/wiki/Casey_Affleck (sobre Casey Affleck, en inglés)
http://es.wikipedia.org/wiki/Andrew_Dominik (sobre Andrew Dominik)

viernes, julio 04, 2008

Los Cronocrímenes



Alabo desde ya la intención llevada a cabo y a buen puerto que ha hecho de este debut uno de los más valientes vistos en años en el cine español. Antes de entrar a valorar Los Cronocrímenes, cabe decir que la opera prima de Nacho Vigalondo es una ráfaga de aire fresco que se ha colado por la puerta de atrás del cine español para ofrecer en la gran pantalla lo que rara vez vemos en nuestra cinematografía: una película de ciencia-ficción, crímenes y viajes en el tiempo. Así que sólo esa valentía y atrevimiento casi suicida bien merecen el precio de una entrada de cine en pleno verano. Los Cronocrímenes se suma, desde ya, a esa escasa y bendita estirpe de debuts que, contra viento y marea, luchan por sacar a la luz una idea renovadora y fuera de los senderos habituales del cine español (acuérdense de Tesis, de Alejandro Amenábar[1996]). Y Nacho Vigalondo lo ha conseguido con una historia que lleva rumiando media vida (y tiene 31 años). Una historia que, a pesar de la nominación al Oscar, no ha podido ver la luz hasta hace una semana y sólo después de: a) un ejercicio exhaustivo de promoción vía blog, el juego de Los Cronocrímenes en internet y su consecuente premio del preestreno en un avión; b) el triunfo de la película en su ronda de festivales, donde ha cosechado ovaciones y premios por doquier; c) el anuncio del remake, después de que Tom Cruise comprara los derechos de la película y Steve Zaillian fuera denominado su futuro productor.

Los Cronocrímenes parte de una idea brillante: un mínimo viaje en el tiempo (una hora) que, como todo viaje en el tiempo que se precie, genera sus inevitables controversias y sus complejas paradojas temporales. En este caso es de remarcar que Nacho Vigalondo ha dado un paso más allá para tratar la temática de los viajes en el tiempo desde una perspectiva renovada y original, lo cual hace de Los Cronocrímenes uno de los más sorprendentes debuts de un director español, marcado por el acto de libertad creativa que el mismo Vigalondo dice creer necesario para la primera propuesta de un cineasta. Esa libertad creativa se ha alimentado aquí de un cúmulo de influencias que abarcan desde el giallo hasta el vouyerismo Hitchockiano pasando por algún que otro guiño a Lost y una trama fantástica que no podría ser retratada con un realismo más austero. Todo ello integrado en un producto con limitaciones de serie B (y en cierto modo, con su espíritu) cuyos resultados técnicos rebasan la expectativa y revelan una cuidada cinematografía y un perfeccionismo técnico del que dan fe hasta los integrantes de Muchachada Nui.



Así pues, nos encontramos ante una película que busca la sorpresa del espectador pese a que, en su conclusión final, desvelará que todo se ha movido ante la sorprendente inevitabilidad de la falta de sorpresa. Una paradoja más que sumar a la lista. Pero el caso es que Nacho Vigalondo ha conseguido generar 88 minutos de un entretenimiento de ciencia-ficción tras el cual se esconde un sesudo ejercicio existencialista y un puzzle construido con cuidado y esmero durante años para que cada pieza encaje y optemos o no a entrar a cuestionar ese babilónico desafío de hechos coincidentes, tangentes, paralelos o cruzados que se esconde tras una aparentemente sencilla línea temporal en la que sólo están envueltos cuatro personajes: Héctor (Karra Elejalde) se muda con su mujer Clara (Candela Fernández) a una casa en las afueras y en las proximidades de un bosque. Cuando Clara deja la casa momentáneamente para hacer una compra, Héctor divisa con sus prismáticos a una chica (Bárbara Goenaga) desnudándose en medio del bosque. Ese ejercicio de vouyerismo le arrastra hasta el interior del bosque donde la encuentra desnuda y aparentemente muerta en medio de un claro. Cuando Héctor se acerca al cuerpo, un tipo con la cara cubierta por vendas rosas ("la momia rosa", se especifica en la película) ataca a Héctor clavándole unas tijeras en el brazo. En su huida en busca de ayuda, Héctor acaba llegando a una especie de estación científica cuyo único científico (Nacho Vigalondo) le pide que se meta en una especie de cubeta enorme para esconderse del asesino. Cuando despierta, Héctor ha viajado atrás en el tiempo una hora y comprueba atónito, a través de los prismáticos, que comparte el espacio-tiempo con su "yo" de hace una hora. El conflicto espacio-temporal ha sido creado, y su solución requerirá ciertas piruetas argumentales que quizás no cualquier espectador sea capaz de aceptar: malabarismos nunca infundados, pero quizás demasiado revolucionarios para cierto sector del público poco o nada acostumbrado a los viajes en el tiempo y las duplicaciones de personajes.



Precisamente en esa multiplicación consecuencia del viaje en el tiempo, Karra Elejalde realiza una estupenda actuación, dando a cada uno de sus Héctor los matices necesarios para inducirnos desde la confiabilidad hasta el miedo. No se puede hablar de la evolución de Héctor como personaje porque existe como varios personajes, pero se puede decir con toda certeza que el Karra Elejalde que vemos en pantalla va sufriendo una transformación dada a través de su deformación física, la cual no sólo le acaba otorgando tintes grotescos, sino que supone un reflejo de la deformación de la personalidad de Héctor como consecuencia de sus viajes en el tiempo y, por ende, distintos estadios que afloran de la psique humana cuando es sometida a situaciones límites. Elejalde eclipsa al resto del reparto, por minutos en pantalla y por calidad como actor. A su lado, el científico al que interpreta el propio Nacho Vigalondo se queda pequeño y por momentos resulta poco creíble. En cuanto a Bárbara Goenaga, la actriz vasca cumple con su papel pequeño pero decisivo en el curso de los acontecimientos, receptor de la mirada voyeur tanto de Héctor como del espectador (nos encontramos ante una película que constantemente dirige la mirada del espectador hacia parcelas concretas de una misma realidad). Por último, Candela Fernández apenas disfruta de minutos en la pantalla y poco se puede decir de ella.



Los Cronocrímenes es el debut nada presuntuoso de un autor que tiene ganas de cambiar las reglas y que tiene las armas para conseguirlo. Digamos que la película de Nacho Vigalondo ha abierto una brecha espacio-temporal en el cine español para demostrar que sí hay cabida a proyectos que se enmarcan en géneros tan poco aceptables en el sistema de financiación y distribución como la ciencia-ficción (género que, por cierto, dio hace poco más de una década una de las mejores cintas jamás realizadas en este ámbito como fue Abre los ojos [Alejandro Amenábar, 1997]). Si hay una esperanza para que esa brecha se expanda, esa esperanza es el director cántabro, quien pretende, en menos de cinco películas, hacer una de zombis, una de superhéroes y otra con invasión alienígena. Ojalá Los Cronocrímenes reciba el beneplácito de los números en taquilla y todas ellas sean posible en un lapso menor a los cinco años de gestación que ha requerido esta opera prima. Ojalá todas ellas, mejores o peores, permitan que esa brecha espacio-temporal sea tan grande como la puerta de Stargate y permita que Vigalondo haya cambiado algunas reglas. Pero de momento, toca viajar al pasado. Una hora. Suficiente, espero, para desencadenar todos los acontecimientos descritos en las últimas líneas. Ojalá.
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Los Cronocrímenes. España. 2007. 88'.
Director: Nacho Vigalondo.
Guión: Nacho Vigalondo.
Fotografía: Flavio Labiano.
Montaje: José Luis Romeu.
Música: Chucky Namanera.
Dirección artística: José Luis Arrizabalaga y Arturo García.
Vestuario: Estíbaliz Markiegi.
Producción: Esteban Ibarretxe, Javier Ibarretxe y Eduardo Carneros.
Intérpretes: Karra Elejalde (Héctor), Bárbara Goenaga (chica), Nacho Vigalondo (chico), Candela Fernández (Clara).
Puntuación: 6,8
Métete en la cubeta y viaja tú mismo...
http://www.loscronocrimenes.com/(página web de la película)
http://www.labutaca.net/films/57/loscronocrimenes.php (sobre la película)
http://img72.imageshack.us/img72/2333/cronologadeloscronocrmeyj7.jpg (cronograma de la película, por si queda alguna duda en el aire [SPOILER])
http://www.aullidos.com/pelicula.asp?id_pelicula=1391 (crítica en Aullidos)
http://www.elpais.com/articulo/cine/He/hecho/juguete/pelicula/elpepuculcin/20071012elpepicin_1/Tes (entrevista a Nacho Vigalondo)
http://www.cineando.com/entrevistas/barbara-goenaga-los-cronocrimenes-es-matematicamente-perfecta/ (entrevista a Bárbara Goenaga)

miércoles, julio 02, 2008

I Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia: La Cabina

Un post brevísimo para hacer un poco de publicidad, que para el caso que nos ocupa nunca viene de más. Hoy se ha inaugurado la primera edición de La Cabina, I Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia, que con el boca-oreja ha conseguido un buen puñado de curiosos, aficionados, invitados, amigos y amigos de amigos que al final han hecho que la sala de proyecciones del MuVIM lograra una más que decente asistencia. Hablamos del primer festival de este tipo en nuestra ciudad, así que bien merece la pena gastar un poquito de espacio de este blog para promocionarlo. Entre mañana y el sábado se podrán ver ocho mediometrajes (entre 30 y 60 minutos), entre los que destaca una abrumadora presencia alemana (la mitad de ellos son de dicha nacionalidad) y entre los que encontramos también presencia española, pues En los arrozales (Josep María Villageliu, 2008) competirá por alzarse como el mejor mediometraje. El elegido, por cierto, será proyectado de nuevo en la ceremonia de clausura, el domingo a las 19h. Para conocer todos los detalles y ver lo bien que pinta, un click aquí y listo.



Y tras esta semana festivalera en el blog, vuelvo a las críticas de antaño. Próxima parada: Los Cronocrímenes de Nacho Vigalondo (2007), película que, avanzo, va a dar mucho que hablar si no lo está dando ya.

lunes, junio 30, 2008

Cinema Jove (IV y último): Clausura

Se acabó lo que se daba. Toca fin una semana de cine que hemos disfrutado como pocos, y de la que sólo lamento no haber podido multiplicarme para asistir a tantas proyecciones y encuentros como fuera posible. Se hizo lo que se pudo. El caso es que la 23ª edición de Cinema Jove dijo adiós el pasado sábado en el Teatro Principal. Menos gente que en la inauguración, aunque tantas o más caras conocidas que hacía una semana: Karra Elejealde, Óscar Jaenada, Leticia Dolera, Paco Plaza y Bárbara Goenaga entre otros se sentaban en las butacas del Principal. Algunos para recibir un premio, otros para entregarlo y otros para, simplemente, dar color a una ceremonia que concluyó con una estupenda y bella película de Emmanuel Mouret, Un baiser, s'il vous plaît (2007). Pero antes, todas las lunas de Valencia a películas, cortos, promesas de un futuro de cine y trayectorias disfrazadas tras el nuevo ciclo Cuadernos de Rodaje. Entre las anécdotas, la sorpresa de Karra Elejalde entregando el premio Un Futuro de Cine a su compañera de reparto en Los Cronocrímenes (Nacho Vigalondo, 2007) Bárbara Goenaga (el actor, también vasco, recibió el mismo premio en 1996), el ascenso al escenario antes de tiempo de uno de los premiados y algún que otro imprevisto que no haría mucha gracia a los patrocinadores (el video donde se mostraban todos ellos no funcionó). El caso es que el palmarés de Cinema Jove este año se queda así:



- Luna de Valencia de Oro (largometrajes): Sügisball (Veiko Ounpuu, 2007 Estonia).
- Mención especial (largometrajes): I am from Titov Veles (Teona Strugar, 2007 Macedonia).
- Luna de Valencia de Oro (cortometrajes): Fais comme chez-toi (Gautier About, 2007 Francia).
- Luna de Valencia de Plata (cortometrajes): Auf der Strecke (Reto Caffi, 2007 Alemania).
- Luna de Valencia de Bronce (cortometrajes): Brakvann (David Reiss-Andersen, 2007 Noruega).
- Mencion es especiales (cortometrajes): Aufrecht Stehen (Hannah Schweier, 2006 Alemania), C'est dimanche (Samir Guesmi, 2007 Francia) y Berni's Doll (Yann Jovette, 2007 Francia).
- Un Futuro de Cine: Bárbara Goenaga.
- Cuadernos de Rodaje: Jaume Balagueró y Paco Plaza.

Para ver el resto de premiados, pinchar aquí.

Y se cierra el festival con una delicatessen llegada del país vecino. Un baiser, s'il vous plaît (Emmanuel Mouret, 2007) es una comedia francesa con ciertos aires de Allen que se descubren hasta en la forma de introducir a Tchaikowsky en la película (véase Scoop). Mouret consigue narrar dos romances en paralelo, uno fugaz y pasajero y otro durarero que cambiará la vida de sus implicados y aquellos que le rodean. Mouret logra una elegantísima comedia que es capaz de divertir desde la máxima frialdad con la puede ejecutar una escena de sexo entre dos personas ante una cámara que las mira con impecable simetría (y aquí también intervienen la buena labor de tanto Emmanuel Mouret como de Virginie Ledoyen). Inteligencia en las elipsis, en los diálogos y en la introducción de una pequeña historia que contiene, a través de un relato narrado, otra más grande en su interior. Mouret triunfa en su narrativa sobria pero eficaz que explora los límites del amor y la amistad (brillante la discusión entre la pareja protagonista sobre qué es lo que sienten el uno por el otro), mientras nosotros encantados nos dejamos llevar hasta un final en el que el francés nos convencerá de la máxima que mueve su película y sus personajes: nadie puede predecir las consecuencias de un beso. Y con un beso, el bellamente filmado que corresponde a la última escena de la película, se despide Cinema Jove un año más. Una clausura que deja buen sabor y las expectativas realzadas de cara a la edición próxima.


viernes, junio 27, 2008

Cinema Jove (III)

Ha sido una semana intensa como pocas y la jornada laboral no se lo pone fácil a uno para ir a cuantas proyecciones, encuentros y actos en general le apetecen de entre la multitud que organiza Cinema Jove a lo largo de la semana. Aún así, esto es lo que ha dado de sí mi semana en particular. O desde donde lo dejé en el último post:

Miércoles
Proyección en el Instituto Francés de Tevye y sus siete hijas (Tuvia vesheva benotav, Menahem Golan, 1968) en el marco del ciclo Can(nes)celled. Se trata de una película germano-israelí de un director que descubro por primera vez, Menahem Golan. La película, un sencillo pero conmovedor relato de una familia judía de clase baja en la Rusia de principios de siglo, se centra en Tevye, un jovial judío padre de siete hijas y marido de una esposa a las que no puede alimentar. Esta película dio a conocer al personaje protagonista de una serie de novelas del escritor judío Sholem Aleichem, y Golan escogió este relato en particular para realizar este complejo retrato de la Rusia zarista y su mosaico de costumbres y religiones friccionando en un ámbito rural que registra tanto las penurias económicas del mismo, como el carácter festivo y optimista de sus gentes. Golan nos narra una historia en la que Tevye va viendo como sus hijas "abandonan el nido" a través distintas subtramas en las que se tocan temas como la política, la religión y el derecho de la mujer a vivir su propia vida en una sociedad anclada al pasado. La película contiene un cuidado tono tragicómico y buenas dosis de socarronería. Me quedé con dos escenas (amén de la estupenda actuación de Shmuel Rodensky): una auténticamente felliniana, una opulenta y pomposa boda imaginada por Tevye en la que todo el pueblo aparece teñido de blanco mientras una banda vestida de negro interpreta un festivo tema que las gentes del pueblo acompañan con bailes; la segunda, aquella en la que un policía local ha instado a los vecinos del pueblo a apalear a Tevye y a su familia y a quemar su casa debido a su condición judía. Tevye sale a encontrarse con la pacífica horda que no quiere hacer lo que la autoridad les ha indicado que hagan, ya que siempre han considerado a Tevye "uno de los suyos". En su lugar, Tevye y los vecinos negocian el número de ventanas que deben romper (con regateo incluido). Sin embargo, una vez la horda entra en la casa, esta es completamente saqueada e incendiada. Una escena que empieza siendo amargamente divertida y termina siendo amargamente despiadada.



La proyección, por cierto, coincidió con la rueda de prensa, en el piso de arriba, de Michel Léviant, guionista de Sous les bombes (Philippe Aractingi, 2007), película que se encuentra en la sección oficial de largometrajes del festival.

Jueves
De vuelta al Instituto Francés y de vuelta a Can(nes)celled. La asistencia a la película supera con creces a la del día anterior, algo que era de esperar teniendo en cuenta que se trata de una de las películas que más expectación despierta en este apartado. Se trata de ¡Al fuego, bomberos! (Horí, má panenko, Milos Forman, 1967), la última película que Forman realizó en su Checoslovaquia natal antes de que en 1968 los tanques soviéticos entraran en Praga y el director emigrara a Estados Unidos para acabar realizando en las siguientes décadas obras tan trascendentes como Alguien voló sobre el nido del cuco (One Flew Over the Cuckoo's Nest, 1975), Hair (1979) o Amadeus (1984). La película es una comedia brillante de tan solo 71 minutos, suficientes para hacer que su divertidísima mirada a la sociedad checa a partir del baile que los bomberos de una pequeña localidad organizan, llene la sala de unas carcajadas casi incesantes. El baile, por supuesto, resulta un completo desastre: la mitad de los objetos de la rifa desaparecen y los bomberos no encuentran chicas suficientes para organizar el concurso Miss Bombero. Desternillante y ácida como pocas, la película de Forman desemboca en un final agridulce, no sin cierto toque de negrísimo humor que acaba dando con un plano final tan divertido como cautivador. Una película imprescindible ya solo con la inolvidable y silenciosa actuación á la Buster Keaton de Jan Stöckl como el retirado jefe de los bomberos. Sencillamente sublime.



Viernes
Encuentro en el FNAC con Bárbara Goenaga, premio Un Futuro de Cine de este año. Le acompañan Rafael Maluenda, director del festival y Helena Taberna, directora de su última película rodada (se estrenará en Noviembre), La Buena Nueva, de la cual vemos el tráiler antes de empezar y el making off después de terminar. A Bárbara Goenaga la vamos a ver mucho en los próximos meses. De hecho, ya podemos verla en Los Cronocrímenes (2007) de Nacho Vigalondo, que se estrenó ayer mismito (por fin) y en 3:19 (Danny Saadia, 2008), en la que comparte reparto con Miguel Ángel Silvestre, quien se llevó el mismo premio la edición pasada. Precisamente uno de las preguntas para la actriz fue si temía encontrarse ante un fenómeno tan desbordante como el del actor español tras recibir el premio, ante lo cual Goenaga respondió que esperaba que no. La amena charla dio para que tanto Helena Taberna como Jesús Mora, también presente en la sala y quien la dirigió en Mi dulce (2001), se deshicieran en elogios hacia la actriz (Helena Taberna incluso dijo que Bárbara Goenaga le recordaba en cierta manera a la mismísima Isabelle Huppert), para que ella mencionara dos directores con los que les gustaría trabajar (Jarmusch y Gondry) y su admiración incondicional por Meryl Streep. También habló del rodaje de Los Cronocrímenes y de Oviedo Express (Gonzalo Suárez, 2007), diciendo de Vigalondo que es un director que parte de su inteligencia, su humor y su cultivación como cinéfilo, y diciendo de Suárez que es un cineasta de vuelta de todo esto del cine. Al final, nos llevamos un agradable encuentro y conocemos a una actriz que es todo humildad, simpatía y belleza.



Y por la noche a Viveros. Sesión doble que en algún sitio (no recuerdo cual) encontré curiosamente anunciada como "Grindhouse en Viveros". Las películas son El increíble hombre menguante (The Incredible Shrinking Man, Jack Arnold, 1957) y Aquella casa al lado del cementerio (Quella villa accanto al cimitero, Lucio Fulci, 1981). La primera, una de esas cuentas que llevaba tiempo queriendo saldar. Y no decepcionó. La película puede ser señalada sin ningún tipo de duda como una obra maestra del cine fantástico, una joya que merece ser preservada para recordarnos, como bien hace un final tan magistral como el resto de la hora y veinte minutos de película, que la existencia del hombre es un lugar común donde se encuentran lo diminuto y lo gigantesco del universo. Tan grande, tan insignificante. El público rompió en un sonoro y emotivo aplauso nunca tan merecido en una película que, además de resultar un poderosísimo entretenimiento, destila por momentos auténtica poesía visual y verbal. Es dificil imaginar una obra que adapte mejor que Jack Arnold las particulares obsesiones de Richard Matheson (el también autor de Soy Leyenda): el individuo despojado de su mundo cotidiano, de la normalidad que le rodea convertida en una amenaza a la que ha de enfrentarse en completa soledad, y la vuelta al instinto primitivo del mismo para ganarse su supervivencia en el terrorífico contexto.



Aquella casa al lado del cementerio es un giallo o una heredera del giallo repleta de excesos, sangre y vísceras de serie B. Un divertimento que sorprende por momentos con sus recursos de cámara e iluminación, pero que parte de un guión irrisorio que contiene todos los defectos que un producto de terror de serie B puede tener. Lucio Fulci, pese a no controlar cualquier apartado referente a la narración, demuestra saber reírse de sí mismo y sus excesos. Deja la extraña sensación de ser un vaivén entre momentos que sobrepasan con creces el ridículo (los padres intentando abrir la puerta tras la que su hijo está encerrado con el asesino) y otros que, pocos segundos después, son capaces de ponerte el corazón en un puño y quedar grabados en tu memoria (en esa misma escena, el asesino empuja la cabeza del niño contra el otro lado de la puerta mientras su padre está intentando abrirla a hachazos). Sentimientos contradictorios pues, para una película interesante en su estilizado uso de recursos (brillante la cámara subjetiva que desciende a golpes cuando adopta el punto de vista de la madre del niño siendo arrastrada escalera abajo por el asesino) y hasta alguna escena remarcable (el niño en el sótano, asistiendo a un auténtico circo de los horrores). Pero totalmente despreocupada de una narración que avanza a golpe de cuchilladas y gritos, lo cual quizá fuera, sin ir más lejos, la verdadera intención de Fulci. Una parte del público que se quedó a la segunda proyección fue poco a poco dejando sus asientos no tanto por su escaso aprecio a la película sino por los constantes problemas con los subtítulos, los cuales desaparecían durante ciertas escenas o no coincidían con lo que los personajes estaban diciendo. Sólo hacia el último tercio de película se puedo arreglar el problema, pero para entonces muchos habían marchado ya. Otros nos quedamos hasta el final, disfrutando como niños y recordándonos que, al final, lo de la sesión Grindhouse no iba tan en broma.

jueves, junio 26, 2008

Cinema Jove (II)

El lunes por la tarde, mientras media Valencia invadía las playas y el tráfico se colapsaba en los alrededores de las mismas, un grupo de viejos maestros del cine nos regalaron, en la terraza del Centro Cultural Bancaja, un coloquio inolvidable para los escasos periodistas y aficionados que nos acercamos hasta allí movidos por la admiración y unas ganas irreprimibles de aprender de los más grandes. Allí se encontraban, ante nuestros ojos Richard Lester, Jerzy Skolimowski, Michael Serna, y Jirí Menzel como cuatro amigos compartiendo una agradable tarde de verano levantino y dispuestos a contarnos un buen puñado de anécdotas y alguna que otra opinión sobre Cannes 68, la revolución y el devenir de los festivales y el cine independiente después de aquella marcada fecha en el calendario tanto histórico como del séptimo arte. Rafa Maluenda, director del festival, ejerció funciones de moderador, el periodista francés Philip Bergson, de entrevistador y el crítico español Carlos García Aranda, de traductor.


De izq. a der.: Philip Bergson, Richard Lester, Rafael Maluenda,
Michael Serna y Jirí Menzel


Fue un coloquio de apenas dos horas en la que estos cuatro directores explicaron sus opiniones respecto a la cancelación del celebérrimo festival de cine francés hace exactamente cuatro décadas y dónde se encontraban cada uno de ellos en la noche en el que los artistas se rebelaron y subieron al escenario para impedir que el telón se abriera. El único que reconoció haber estado realmente en el lugar de los hechos el mismo día de la cancelación fue Michael Serna, quien iba al festival con la primera película de estudio que era aceptaba a competición en el certamen galo, Joanna (1968), lo cuál tildó Serna de un "dudoso honor" a la vista de en lo que se ha convertido hoy el festival y su política aceptante de numerosas películas de estudio. Serna contó una divertida anécdota en la narró como él, al contrario que varios de los cineastas allí presentes que no tenían película ese año (Godard o Truffaut, por ejemplo), sí que quería que aquel telón se abriese y el festival continuase su curso, aseverando que llegó a enzarzarse con Godard a quien, asegura, tiró fuera del escenario. Cuando el debate pasó a centrarse en contestar a la pregunta de qué cambió tras mayo del 68, todos coincidieron en aseverar un sentimiento que fue explícitamente expresado por Richard Lester con dos palabras pronunciadas en perfecto español: "Absolutamente nada."


En el centro de la foto: Jerzy Skolimowski

Fue en el apartado de las anécdotas donde más se explayaron y divirtieron las cuatro leyendas. Fueron muchas y todas impagables, pero hubo una que fue un auténtico regalo, y el responsable fue el maestro polaco Skolimowski. Cuenta el director que una de las personas más afables y bellas que había conocido en su larga carrera fue el director inglés John Boorman. Skolimowski contó con todo lujo de detalles como cierta noche en los muelles de Santa Mónica, su amigo John Boorman y el mismísimo Lee Marvin, el legendario Liberty Valance, bebieron hasta emborracharse. Cuando los dos amigos se dispusieron a coger el coche, Marvin comenzó a insistirle a Boorman que quería conducir el coche del cineasta, a pesar de que Marvin había bebido unas cuantas copas más que su amigo. Boorman se negó en redondo y recibió, como respuesta, una estrafalaria petición: que solo aceptaría no conducir él si le dejaba ir en el techo de su coche. Boorman aceptó y, a los pocos minutos, la pareja fue detenida por un control policial. El agente de California se acercó a Boorman y le preguntó: "¿Sabe que lleva a Lee Marvin en el techo de su coche?" Ante lo que el inglés contestó: "sí, ¿pero eso es ilegal?"

El martes por la noche acudimos al ciclo "Jaume Balagueró y Paco Plaza: Cuadernos de Rodaje." La película, una total desconocida para mí de antemano, se convirtió instantáneamente en una de mis películas de terror predilectas. El otro (The Other, Robert Mulligan, 1972) es una fábula de terror fascinante desde el primer plano en el que observamos al niño Niles Perry (Chris Udvarnoky) en el centro de un plano general que enmarca un paisaje bucólico. Desde esta escena, en la que Mulligan ya introduce un sentimiento de inquietud en el espectador dado por los extraños primeros pasos de la película (el lento zoom hacia el niño, el silbido que empieza a oírse), la película consigue inscribir lentamente en su público un temor inexplicable ante la naturaleza de dos gemelos de carácteres completamente opuestos, una polarización del bien y el mal que adopta tintes terroríficos a medida avanza la narración. La sensación infundida de terror crece a medida que Mulligan hace crecer la sensación de la "otredad" y la deriva, de forma sutil y magistral en la evocación expresa de un cuento de terror que ya nos ha sido adelantado y narrado en el transcurso de la película. El otro fascina desde su reflexión sobre una infancia tortuosa en la que tanto están presente los miedos al abandono como la crueldad en los juegos de la niñez, fascina desde su minuciosidad y gusto por el detalle (el candado, sin ir más lejos), como por su capacidad de sorprendernos pese a que nos ha anticipado, de manera sutil, el devenir de los acontecimientos. Una obra imprescindible que nada tiene que envidiar a sus compañeras de cartel esta semana. El viernes, para nuestro disfrute, sesión doble: El increíble hombre menguante (The Incredible Shrinking Man, Jack Arnold, 1957) y Aquella casa al lado del cementerio (Quella villa acanto al cimitero, Lucio Fulci, 1981). Para no perdérselo.


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http://todofestivalesdecine.blogspot.com/2008/06/23-festival-internacional-de-cinema_24.html (crónica del encuentro del blog Todo Festivales)