lunes, septiembre 13, 2010

Resident evil: Ultratumba


Como esa avioneta que sobrevuela un Hollywood reducido a escombros, Resident evil: Ultratumba llega al cine después de toda regla rota, de todo formalismo violentado y como mera transposición (perfectamente válida) de las estructuras y caracteres del survival horror. Así, no deberíamos extrañarnos la sonrisa cómplice ante esos diálogos-basura que casi son una celebración de la vulgaridad. O encontrarnos con que aquella escena más candidata a memorable es, precisamente, la que ofrece un duelo pasado de vueltas entre una heroína en permanente pose (Ali Larter) y un monstruoso, exacerbado boss de fase final.
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En la imagen: Fotograma de Resident evil: Ultratumba – Copyright © 2010 Screen Gems, Constantin Film International, Davis Films e Impact Pictures. Fotos por Rafy. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

jueves, septiembre 09, 2010

Yo estuve allí (II)

Leyendo (con gozo) el Dossier sobre la crítica que publicó Miradas.net hace unos años, he encontrado una afirmación, en la entrevista a Tomás Fernández Valentí (Dirigido por) de la que me siento maravillosamente cómplice. Dice así:
Me viene a la memoria que, hace años, en un arranque de entusiasmo, llegué a escribir en Dirigido que el travelling que abría una película Disney, Los rescatadores en Cangurolandia (muy buena, por cierto), me parecía uno de los mejores movimientos de cámara que había dado el cine en mucho tiempo. Quizá exageré y ahora puede que no me pronunciara de una manera tan radical, pero lo cierto es que ese travelling me sigue pareciendo bellísimo, y tanto me da que se trate de una película de animación. Si la película fuese de imagen real, pensaría lo mismo.
Al leer esto, mi entusiasmo se disparó. No sólo porque Los rescatadores en Cangurolandia, película que vi hasta el hastío en mi infancia, me parezca una película buena (que también), sino porque ese travelling inicial era exactamente lo que recorría mi cabeza en mi visita a Ayers Rock / Uluru: una asociación inevitable fruto de ese inmenso plano que va desde lo particular de los insectos del desierto de Simpson, a lo particular en la casa de Cody a través de la ventana, pasando por un recorrido frenético que atraviesa los cañones de Kata Tjuka y deja a la izquierda la roca. 


lunes, septiembre 06, 2010

Ideas desordenadas a propósito de Origen


1.    Probablemente la mejor lectura (y la más exhaustiva) en torno a Origen sea el análisis propuesto por David Bordwell y Kristin Thompson. Uno de los puntos imprescindibles de su exposición es la asunción de que la película de Christopher Nolan, su motivación, es la de la metanarrativa, el sueño dentro del sueño dentro del sueño dentro del… esas muñecas rusas que configuran un clímax final de unos 45 minutos en el que las narraciones incrustadas a través de las que nos movemos (hacia dentro y hacia fuera, nunca atrás y adelante, como viene siendo habitual vía el uso del flashback) se dan mientras la furgoneta permanece en caída libre durante ese tiempo.

2.    En definitiva, dos palabras definen a Origen mejor que ningunas otras: estructura y exposición. Se trata, tal como Nolan reconoce, de un relato determinantemente expositivo: en todo momento sus personajes nos guían a través de esa ciencia del sueño, en ocasiones explicando repetidas veces puntos varios. Su objetivo: forzar al espectador a su acompañamiento a través de las distintas capas de esta heist movie (película de gran golpe), evitar que se pierda. El resultado es eficaz: Origen tiene una estructura compleja (quizá no tanto como otras películas de Nolan [El truco final], pero sí con más capas), un prodigio de arquitectura narrativa casi insultante en su genialidad; pero su perfecta exposición de mecanismos la hace relativamente fácil de seguir. Con todo, el número de cuestiones que plantea y enigmas irresolutos es considerable y suficiente para permitir su discusión casi de forma indefinida.

3.    Mi relación de amor-odio con el cine de Nolan empieza a virar (de forma definitiva, espero) hacia el amor. Como narrador, ha revocado con creces la torpeza que demostró en Batman Begins (2005); también como ilusionista tramposo e innecesariamente denso, el que se dejaba entrever en El truco final (2006). En Origen, pese a echar de menos más pasajes cautivadores, más imágenes grabadas en la retina, sí encontré a un prestidigitador visual en la escena del hotel. La pelea (en dos partes) entre Joseph Gordon-Levitt y los enemigos que va encontrando a gravedad cada vez más inestable, supone una escena arrolladora en su potencia, indiscutible en su identidad, pese a las visibles deudas a Matrix (Andy y Larry/Lana Wachowski, 1999). El asalto a la fortaleza en la nieve, sin embargo, demuestra que Nolan dista de ser un buen director de escenas de acción: embarullada, caótica y sin una gramática limpia y control del espacio que permitan al espectador seguir la escena más allá de su aturullamiento. No obstante, confieso que me pareció deliciosa la concesión a la saga Bond en esa persecución sobre esquíes.


4.    Recopilación y suma de referencias, guiños e influencias reconocidas y atribuidas a Origen. La fórmula sería algo así: Origen = el Jorge Luis Borges de El milagro secreto + Matrix, de los Wachowski (las capas de realidades) + The Dream of a Lifetime!, de Don Rosa (véase Bordwell y Thompson) + Intolerancia, de D.W. Griffith + Solaris, de Andrei Tarkovsky (la memoria y recreaciones de la esposa muerta) + James Bond onírico + Ciudadano Kane, de Orson Welles (el multimillonario atribulado por la presunta falta de amor de su padre, el objeto en la caja fuerte) + Michael Mann (la caligrafía de la persecución en la ciudad remite al director de Heat como ya lo hiciera la escena-apertura de El Caballero Oscuro) + Stanley Kubrick (probablemente la afirmación más gratuita y menos sostenible; Alvy Singer lo explica perfectamente en su texto sobre el filme).

5.    SPOILERS. El final de Origen es, antes que un golpe de efecto, la pieza que falta para que el puzle encaje a la perfección. Podría valer incluso para justificar, más allá de convenciones del género, el porqué sólo llegamos a adentrarnos en la psicología de Cobb y en lo enfermizo del recuerdo de su mujer, mientras los demás personajes aparecen más como comparsas en ese gran golpe onírico: el relato cobra incluso más sentido si se entiende que ya estamos dentro de un Inception que el personaje de Leonardo DiCaprio se ha inducido para poder expiar su culpa por la muerte de su mujer (SEGUNDA CAPA DE SPOILERS, sorprenden, cuanto menos, las similitudes en este punto con Shutter Island [Martin Scorsese, 2010] , la otra película que DiCaprio ha estrenado en lo que va de año). No es extraño, pues, que ese presunto Inception pueda encontrar de forma tan inmediata y fácil a Ariadne (Ellen Page), la mejor arquitecta de la mente, y que sea esta precisamente la que le acompañe hasta ese submundo del subconsciente en el que la mujer de Cobb aguarda (es la perfecta proyección elegida para ese cometido). O que la propia empresa de Saito lleve el apellido del protagonista en su nombre, o el hecho de que el tiempo no haya hecho mella en los hijos de Cobb. Pero esto, claro, sólo son conjeturas surgidas del espacio a la interpretación (más grande de lo que parece) que Nolan deja más allá de su racionalista, inmenso, desafiante, prometedor sueño multi-capa.
En la imagen: Fotograma de  Origen – Copyright © 2010 Syncopy, Warner Bros. Pictures y Legendary Pictures. Foto de Melissa Moseley. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

martes, agosto 31, 2010

Conocerás al hombre de tus sueños


Woody Allen parece haber extendido, con sus últimas películas, la creencia entre el público de ser un cineasta mayor que aborda una etapa forjada a base de obras menores. Sería tan fácil resguardarse en ese veredicto rápido como difícil detenerse y comprobar las desconcertantes variaciones en todos y cada uno de esos títulos dispuestos en torno a parámetros no muy alejados. En este sentido, Conocerás al hombre de tus sueños se revela aun más desafiante que sus predecesoras, presentada bajo la misma apariencia de comedia ligera londinense de Scoop (2006), pero afín a los dilemas dostoievskianos de Match point (2005) y Cassandra’s Dream (2007), al tiempo que reniega de la mala leche y final felicidad capriana de la minusvalorada Si la cosa funciona (2009).
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Fotogramas de Conocerás al hombre de tus sueños – Copyright © 2010 Mediapro, Versatil Cinema, Gravier Productions, Antena 3 Films y Dippermouth. Fotos por Keith Hamshere. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.

lunes, agosto 02, 2010

El equipo A


Son el delirio autoconsciente y la acción sin freno virtudes primeras de una película que nunca olvida su referente. A la susodicha reconstrucción mitómana hay que añadir al menos dos elementos que apuntan hacia la pleitesía rendida a la serie creada por Stephen J. Cannell y Frank Lupo: 1) el montaje que pone en paralelo la ideación de cada plan y su posterior ejecución; 2) el guiño, a medio camino de la parodia y el respeto, del que son objeto la furgoneta y el peinado mohicano de M.A. (Quinton Jackson), entre otros. Al margen de cuestiones sentimentales, la cinta disfruta un humor moderadamente gamberro que expresan bien la composición chalada de Murdock (acertado Sharlto Copley) o el desvergonzado chiste a costa de la tecnología 3D. En lo que a acción se refiere, su espectáculo desenfadado y abierta celebración de lo descabellado inhabilitan cualquier debate sobre la credibilidad y alcanzan su cumbre en una alucinada secuencia en la que un tanque se convierte en un improbable arma antiaérea en caída libre.
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En la imagen: Imagen promocional de El Equipo A – Copyright © 2010 Dune Entertainment, Scott Free Productions, Stephen Cannell Productions y 20th Century Fox. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

La vida en tiempos de guerra


No se trata, sin embargo, de una repetición de aquella exposición tremebunda de miserias, míseros y miserables que les conminan a la soledad. La vida en tiempos de guerra sería, más bien, la constatación de que ninguno de ellos recibió un salvavidas a última hora, de que el monstruo sigue solo hasta la hora de su sacrificio y de que el que ya lo culminó, sigue sufriendo la vejación emocional bajo forma espectral: Andy (Paul Reubens) ahora reclama desde el más allá su posibilidad de felicidad, pero la negación reiterada de Joy provoca de nuevo la reacción furibunda del condenado; Allen ocupa el lugar de Andy, sigue sus aciagos pasos y reclama el suicidio de Joy como acto de justicia de amor. En esta Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999) sin redención ni clemencia, todo es post-traumático (el clonazepam, el pavor al contacto) y nada apunta a la esperanza en la gramática del autor. Todo llega después de la tormenta, después del 11-S y del huracán Katrina, de la pedofilia y del desengaño: en el momento de sentarse entre las ruinas y cuestionar el beneficio de la supervivencia.
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En las imagen: Fotograma de La vida en tiempos de guerra – Copyright © 2009 Werc Werk Works. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.