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jueves, junio 27, 2013

El hombre de acero




Hay algo que, atrapados por el maëlstrom eterno y mutante que es la cultura popular, todavía no hemos entendido. Un superhéroe no es (o no solo es) un simple producto del afán humano por superar lo ordinario: es un síntoma de su contexto, una reacción al signo de los tiempos cifrada en un orden mitológico. Y a esa mitología nos debemos, nos rendimos como expresión de ese anhelo de transformación a la que no podemos acceder en nuestro día a día. Creado por Jerry Siegel y Joe Shuster en 1938 para la revista Action Comics, Superman simbolizaba lo fabuloso y al mismo tiempo lo inalcanzable en el concepto de superhombre: el individuo de a pie aumentado a la condición de deidad para corregir los males del mundo.

En su recorrido a través de 75 años de cómics y adaptaciones varias a televisión y cine, el Superman audiovisual había optado por interpretar al personaje en su vertiente más colorista, menos grave. Una lectura que, paradójicamente, no evitó la formación de leyendas negras en torno a las desgracias de los actores que lo interpretaron ni tampoco el sensacionalismo que envolviera las teorías de Fredric Wertham sobre los efectos nocivos de los media sobre los consumidores, reconducidos en el estigma “el complejo de Superman”. En ese camino entre la inocencia y el espíritu retro, y sin olvidar las salidas de tiesto de Richard Lester, el superhéroe por antonomasia había consolidado un imaginario cuyas bases sus adaptadores prácticamente habían dado por supuestas, asumidas por el devorador pop pero trivializadas en pro de un disfrute sin sombras.

Ha tenido que ser una película caótica, imprevisible y, en cierto modo, indecisa, la que viniera a arrojar una renovada –que no infiel– mirada sobre el mito. El hombre de acero resulta fascinante en su tortuosa conciliación de visiones y texturas dominantes en el cine contemporáneo: asume la esencia grim and gritty que ha elegido DC Comics como identidad en la pantalla vía Christopher Nolan, pero resta algo de la severidad exhibicionista que infectaba la trilogía de El Caballero Oscuro; cede su aliento épico a la mano de Zack Snyder, torcedor incansable de la imagen digital en busca de puntos del punto de encuentro intermedial –el plano-secuencia que ofrece los repetidos impactos de la pelea aérea entre Superman y Zod, tan próximo a la viñeta–; e invoca, en el mismo metraje, las delicias de la space opera de genoma pulp, la dispersión narrativa propia de un mind-game film, las derivas poéticas de un Terrence Malick y el afán apocalíptico de un Roland Emmerich. El resultado es una obra de seductora heterogeneidad, que aborda una consecuente exploración psicológica de su protagonista pese a las limitaciones interpretativas de Henry Cavill, y que culmina en la tesis de un planeta necesitado de heroísmo extraordinario para levantarse sobre sus ruinas. En medio de un paisaje de destrucción, Snyder, Nolan y el guionista David S. Goyer han reformulado Superman como ese superhéroe que es, una vez más, producto de su tiempo, obligado a aceptar el lado más oscuro de su responsabilidad moral y definido en las dudas de un humano más. 

Calificación: 7/10
A favor: Su ímpetu visual. Su genoma heterogéneo y complejo.
En contra: Su incontinencia destructiva puede llegar a saturar. Las limitaciones de Henry Cavill. 
"Superman: Man of Steel" © 2011 Warner Bros. Pictures y Legendary Pictures. Todos los derechos reservados.

lunes, septiembre 06, 2010

Ideas desordenadas a propósito de Origen


1.    Probablemente la mejor lectura (y la más exhaustiva) en torno a Origen sea el análisis propuesto por David Bordwell y Kristin Thompson. Uno de los puntos imprescindibles de su exposición es la asunción de que la película de Christopher Nolan, su motivación, es la de la metanarrativa, el sueño dentro del sueño dentro del sueño dentro del… esas muñecas rusas que configuran un clímax final de unos 45 minutos en el que las narraciones incrustadas a través de las que nos movemos (hacia dentro y hacia fuera, nunca atrás y adelante, como viene siendo habitual vía el uso del flashback) se dan mientras la furgoneta permanece en caída libre durante ese tiempo.

2.    En definitiva, dos palabras definen a Origen mejor que ningunas otras: estructura y exposición. Se trata, tal como Nolan reconoce, de un relato determinantemente expositivo: en todo momento sus personajes nos guían a través de esa ciencia del sueño, en ocasiones explicando repetidas veces puntos varios. Su objetivo: forzar al espectador a su acompañamiento a través de las distintas capas de esta heist movie (película de gran golpe), evitar que se pierda. El resultado es eficaz: Origen tiene una estructura compleja (quizá no tanto como otras películas de Nolan [El truco final], pero sí con más capas), un prodigio de arquitectura narrativa casi insultante en su genialidad; pero su perfecta exposición de mecanismos la hace relativamente fácil de seguir. Con todo, el número de cuestiones que plantea y enigmas irresolutos es considerable y suficiente para permitir su discusión casi de forma indefinida.

3.    Mi relación de amor-odio con el cine de Nolan empieza a virar (de forma definitiva, espero) hacia el amor. Como narrador, ha revocado con creces la torpeza que demostró en Batman Begins (2005); también como ilusionista tramposo e innecesariamente denso, el que se dejaba entrever en El truco final (2006). En Origen, pese a echar de menos más pasajes cautivadores, más imágenes grabadas en la retina, sí encontré a un prestidigitador visual en la escena del hotel. La pelea (en dos partes) entre Joseph Gordon-Levitt y los enemigos que va encontrando a gravedad cada vez más inestable, supone una escena arrolladora en su potencia, indiscutible en su identidad, pese a las visibles deudas a Matrix (Andy y Larry/Lana Wachowski, 1999). El asalto a la fortaleza en la nieve, sin embargo, demuestra que Nolan dista de ser un buen director de escenas de acción: embarullada, caótica y sin una gramática limpia y control del espacio que permitan al espectador seguir la escena más allá de su aturullamiento. No obstante, confieso que me pareció deliciosa la concesión a la saga Bond en esa persecución sobre esquíes.


4.    Recopilación y suma de referencias, guiños e influencias reconocidas y atribuidas a Origen. La fórmula sería algo así: Origen = el Jorge Luis Borges de El milagro secreto + Matrix, de los Wachowski (las capas de realidades) + The Dream of a Lifetime!, de Don Rosa (véase Bordwell y Thompson) + Intolerancia, de D.W. Griffith + Solaris, de Andrei Tarkovsky (la memoria y recreaciones de la esposa muerta) + James Bond onírico + Ciudadano Kane, de Orson Welles (el multimillonario atribulado por la presunta falta de amor de su padre, el objeto en la caja fuerte) + Michael Mann (la caligrafía de la persecución en la ciudad remite al director de Heat como ya lo hiciera la escena-apertura de El Caballero Oscuro) + Stanley Kubrick (probablemente la afirmación más gratuita y menos sostenible; Alvy Singer lo explica perfectamente en su texto sobre el filme).

5.    SPOILERS. El final de Origen es, antes que un golpe de efecto, la pieza que falta para que el puzle encaje a la perfección. Podría valer incluso para justificar, más allá de convenciones del género, el porqué sólo llegamos a adentrarnos en la psicología de Cobb y en lo enfermizo del recuerdo de su mujer, mientras los demás personajes aparecen más como comparsas en ese gran golpe onírico: el relato cobra incluso más sentido si se entiende que ya estamos dentro de un Inception que el personaje de Leonardo DiCaprio se ha inducido para poder expiar su culpa por la muerte de su mujer (SEGUNDA CAPA DE SPOILERS, sorprenden, cuanto menos, las similitudes en este punto con Shutter Island [Martin Scorsese, 2010] , la otra película que DiCaprio ha estrenado en lo que va de año). No es extraño, pues, que ese presunto Inception pueda encontrar de forma tan inmediata y fácil a Ariadne (Ellen Page), la mejor arquitecta de la mente, y que sea esta precisamente la que le acompañe hasta ese submundo del subconsciente en el que la mujer de Cobb aguarda (es la perfecta proyección elegida para ese cometido). O que la propia empresa de Saito lleve el apellido del protagonista en su nombre, o el hecho de que el tiempo no haya hecho mella en los hijos de Cobb. Pero esto, claro, sólo son conjeturas surgidas del espacio a la interpretación (más grande de lo que parece) que Nolan deja más allá de su racionalista, inmenso, desafiante, prometedor sueño multi-capa.
En la imagen: Fotograma de  Origen – Copyright © 2010 Syncopy, Warner Bros. Pictures y Legendary Pictures. Foto de Melissa Moseley. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

domingo, agosto 17, 2008

El Caballero Oscuro



En una escena de El Caballero Oscuro, Batman tiene por fin al Joker a su merced, al borde del precipicio y colgando boca abajo. Este preciso, único momento, pasará desapercibido para muchos como la simple conclusión, lógico desenlace de la película de superhéroes que acaban de ver. Sin embargo, empiezo por el final para señalar la mencionada escena como el momento en el que el Joker va a definir ante nuestros ojos atónitos la figura del superhéroe y su necesario antagonista, el supervillano: "Tú no me matarás por alguna absurda superioridad moral y yo no te mataré por lo mucho que me diviertes. Estamos destinados a hacerlo siempre" ("You won't kill me out of some misplaced sense of self-righteousness, and I won't kill you, because you're just too much fun. I think you and I are destined to do this forever"). Pese a que Nolan se ha explayado de manera soberbia en las anteriores dos horas largas previas a este magnífico punto de la narración en torno a los planteamientos morales que implican los particulares universos de ambas figuras, El Caballero Oscuro acaba espetando a la cara del espectador una sentencia demoledora en torno a los mismos.

El Caballero Oscuro es la adaptación que Christopher Nolan ha realizado sobre la serie de cómics que el maestro Frank Miller publicó en los 80 bajo el título de The Dark Knight Returns. Desde el primer plano de la película, una toma aérea que se adentra en un edificio a través de una ventana que estalla en pedazos (plano que, quizás no por casualidad, recuerde al inicio de Psicosis [Psycho, Alfred Hitchcock, 1960]), Christopher Nolan plantea dos premisas que definirán desde ese mismo momento su película: a) el establecimiento de un ritmo incansable y constante, pero nunca frenético y desbocado; b) las cuestiones morales que rodearán al enemigo por antonomasia de Batman, el Joker, y que ser harán extensivas tanto al resto de la ciudad de Gotham como a la misma sala de cine. El perfecto equilibrio entre estas dos premisas es lo que hace de El Caballero Oscuro una película que se nutre de las mejores fuentes posibles para acabar realizando la que es no sólo la película definitiva en torno al hombre murciélago, sino posiblemente la más compleja y soberbia película de superhéroes jamás realizada.
Hechas las presentaciones en Batman Begins (2005), Nolan ha retomado al oscuro héroe de Gotham en tiempos de bonanza para la ciudad, dispuesto a enfrentarlo ante la peor pesadilla posible de un superhéroe: un villano que (por fin) no es movido por intereses o pretensiones de destrucción masiva, sino un sociópata que inspira puro terror a partir del nihilismo que proclama y predica, un antagonista que cuestiona esa figura que absurdamente nadie cuestionó y un firme creyente en la maldad innata, arraigada a los instintos primarios del ser humano.



Y es que parte de la brillantez de El Caballero Oscuro reside en el efecto que ese antagonista único va a tener tanto en la figura de Batman como en la de los habitantes de Gotham. En el caso del primero, las acciones perpetradas por el Joker ponen en peligro de extinción al héroe, si bien este hace recaer sobre la calmada conciencia de ese adalid de la justicia la culpa de las muertes que se irán sucediendo día tras día si el enmascarado no revela su identidad. El héroe sometido a una encrucijada moral, es puesto contra las cuerdas y obligado a cuestionarse el fin de su papel como guardián de la noche en pos del improbable cese del horror que oferta su enemigo o seguir en lucha implacable a la sombra mientras se gana el odio del pueblo. En definitiva, un dilema moral cuyas soluciones le precipitarán sí o sí a un destino aciago que, efectivamente, será corroborado en la última escena en la voz del comisario Gordon. Batman no es un héroe. Es un justiciero que debe soportar el rencor o el favor del pueblo mientras vela por él. Un alma maldita en su sino, pero sabedora de la necesidad de su maldición.
En cuanto a Gotham, la ciudad vuelve a tener una importancia capital en la historia de Batman. En El Caballero Oscuro encontramos, por vez primera en el cine de superhéroes, una ciudad al borde del colapso, en el que la muerte y la destrucción se va apoderando de la misma sin concesiones. Nolan consigue imprimir un creciente caos que pone en jaque a Gotham, aquí representante de la civilización misma. La tensión que se vive en las calles crispa los nervios del espectador, quien sentirá como el miedo le invade ante el horror primario del Joker, riéndose de y hundiendo los valores sobre los que se cimienta la sociedad civilizada. En última instancia, esta será sometida a una prueba crucial que literalmente dinamita todos esos valores y los deja al albedrío de la misma ciudadanía. Más allá de las conclusiones de esta prueba que aquí no revelaré, El Caballero Oscuro no deja de inspirar una profunda inquietud sobre el comportamiento bajo presión de las masas, y la pregunta de cuántas pruebas más como esta necesita una civilización para derrumbarse por completo.



En otro orden de cosas, El Caballero Oscuro demuestra ser una película sumamente inteligente. La narración prima sobre el espectáculo y nunca se olvida ni se subyacen los importantes planteamientos que se dan en la misma. Prueba de ello es que la más espectacular de las escenas de acción que emplaza Nolan a lo largo del metraje (la persecución que culmina en el enfrentamiento en las calles entre Batman y el Joker), no ocupa un rimbombante clímax final (uno de los vicios más incorregibles del cine de superhéroes), sino que se sitúa en el transcurso de la narración. Tanto en este como de los demás pasajes de acción de la película, podemos congratularnos de encontrarnos ante un producto que nunca cae en la vacua pirotecnia, sino que prima la tensión y la emoción, cualidades que no privan a El Caballero Oscuro de erigirse como un épico espectáculo cuya larga duración parece transcurrir en un suspiro. Escasos son los ejemplos de cine que ostentan dicha condición y presumen además de una paridad con la reflexividad y madurez que atesoran. Y la película de Nolan, sin duda, pertenece a ese selecto club.
Sería imposible concebir el funcionamiento de esta gigantesca y compleja maquinaria sin el sustento de la misma sobre unos personajes bien configurados y sustentados por un reparto capaz de hacer creíble la paridad mencionada. Y no es sino el Joker la figura central, aquella que pone en marcha el engranaje de dicha maquinaria y que es ejecutado de manera sobresaliente por un entregadísimo, inolvidable Heath Ledger que supera a su gran precedente, el Jack Nicholson de Batman (Tim Burton, 1989). El Joker hiela la sangre con su maligna carcajada e insufla bajo la piel del espectador un terror irracional ante el cuál este no encuentra respuesta, pues está ante lo inédito, la encarnación del mal sin más motivos ni razones que las del caos y el horror mismos. Y Ledger deja estampas inolvidables a título póstumo, en especial aquella en la que el Joker saca la cabeza por la ventanilla del coche patrulla en el que se da a la fuga, dejando sentir en su rostro dibujado de locura el aire de la libertad. Nolan silencia la escena, y consigue unos escalofriantes segundos de cine que pintan magistralmente sobre el lienzo de la pantalla la silenciosa impunidad del mal.
A su alrededor, un reparto sólido y no menos protagonista, encabezado por un Christian Bale sobrio y creíble como un Bruce Wayne desbordado y atormentado, mientras un experimentado Gary Oldman demuestra una película más su idoneidad para el papel del comisario Jim Gordon y Aaron Eckhart ofrece un esfuerzo encomiable en su ejecución del fiscal Harvey Dent y su posterior transformación a Dos Caras. En un segundo plano, Maggie Gyllenhaal resulta un a válida sustituta de Katie Holmes como Rachel Dawes mientras que Michael Caine y Morgan Freeman aportan con su peso y veteranía interpretaciones poco discutibles. Tan sólo Nestor Carbonell, asiduo del reparto de Lost y aquí alcalde de Gotham, aparece desdibujado en un reparto sólido y a la altura de las enormes pretensiones de la película de Nolan; enormes como sus resultados mismos.



El Caballero Oscuro es uno de los más soberbios entretenimientos que ha regalado el cine. Lo es en su inteligencia y en su pulso, en su densidad y en su espectáculo, pero sobre todo lo es por ofrecer, además de todo ello, una desafiante reflexión en torno a las figuras del héroe y del villano. Poco queda de la vía esperpéntica y gótica que genuínamente iniciara Tim Burton y penosamente destrozara Joel Schumacher. Batman es, hoy más que nunca, un justiciero discutido e incomprendido por la sociedad por la que vela, un caballero oscuro cuyo futuro se revela más pesimista que nunca pese haber salvado Gotham una vez más. Pero donde su tormento crece, disminuye la incomprensible distancia que a cada película crecía entre el superhéroe y su público. Y ahí es donde la película de Christopher Nolan triunfa y donde merece la pena depositar las esperanzas del futuro cine de superhéroes: en que El Caballero Oscuro marque un antes y un después en esa complicada y fructífera relación.
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The Dark Knight. Estados Unidos. 2008. 152'.
Director: Christopher Nolan.
Producción: Charles Roven, Emma Thomas y Christopher Nolan.
Música: Hans Zimmer y James Newton Howard.
Fotografía: Wally Pfister.
Montaje: Lee Smith.
Diseño de producción: Nathan Crowley.
Vestuario: Lindy Hemming.
Guión: Jonathan Nolan y Christopher Nolan; basado en un argumento de Christopher Nolan y David S. Goyer; sobre los personajes creados por Bob Kane.
Intérpretes: Christian Bale (Bruce Wayne/Batman), Michael Caine (Alfred), Heath Ledger (Joker), Gary Oldman (James Gordon), Aaron Eckhart (Harvey Dent), Maggie Gyllenhaal (Rachel Dawes), Morgan Freeman (Lucius Fox), Monique Gabriela Curnen (Ramirez), Ron Dean (Wuertz), Cillian Murphy (Espantapájaros), Eric Roberts (Salvatore Maroni), Chin Han (Lau).
Puntuación: 9
El Caballero Oscuro en la red...
http://thedarkknight.warnerbros.com/(web oficial)
http://wwws.warnerbros.es/thedarkknight/ (web oficial España)
http://opinion.labutaca.net/2008/07/24/el-caballero-oscuro-mucho-mas-que-un-superheroe/ (crítica de la película)
http://elrinconalvysinger.blogspot.com/2008/08/oscuridad-sin-caballero.html (crítica de la película)
http://www.elpais.com/articulo/Revista/Verano/villanos/cambian/cara/mal/elppor/20080813elprdv_4/Tes (reportaje en El País.com)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2653.html (sobre Christopher Nolan)
http://es.youtube.com/watch?v=zxkglh9s_8g (entrevista a Christopher Nolan)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1418 (sobre Heath Ledger)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1363.html (sobre Christian Bale)
http://es.wikipedia.org/wiki/Gary_Oldman (sobre Gary Oldman)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1312.html (sobre Aaron Eckhart)
http://es.wikipedia.org/wiki/Maggie_Gyllenhaal (sobre Maggie Gyllenhaal)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1518.html (sobre Michael Cane)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2311.html (sobre Morgan Freeman)
http://en.wikipedia.org/wiki/Batman:_The_Dark_Knight_Returns (sobre el cómic de Frank Miller, en inglés)

jueves, agosto 14, 2008

Expectación

Hace ya más de tres años (glups) escribí una de las críticas más suicidas que haya escrito en este blog. Hoy vuelvo a revisarla con rubor. Me siento poco identificado en aquel texto que en su día escribí y que ahora encuentro simplón y sin ninguna profundidad de análisis. Pido piedad y recuerdo que tres años ha de aquella crítica. Algún pasito habremos dado...
Sin embargo, no me retracto en cuanto la esencia de lo que en su día dije de Batman Begins (Christopher Nolan, 2005), en cuanto a que se trataba de una película pretenciosamente oscura que apenas disfrutaba de la presencia de un gran villano y cuya principal lacra era un ritmo totalmente irregular, repleto de altibajos demasiado marcados para hacer de Batman Begins la película definitiva de Batman.

Y las razones del recuerdo de aquello (obvias, por otra parte), son, ni más ni menos, que cuando estemos leyendo este post ya se habrá estrenado El Caballero Oscuro (The Dark Knight, Christopher Nolan, 2008) segunda película que Nolan dirige en torno a la figura del hombre murciélago. Desde ya puedo proclamar que la expectación es uno de los peores enemigos del que escribe sobre cine, y reconozco haber sido presa, desde hace meses, de esa gigantesca montaña de expectativas que se ha ido generando a lo largo del último año en torno a una película que me negaré desde ya bautizar con un término tan vacuo como el de "película del verano"(un posible terrible homólogo para la "canción del verano"). Mejor diremos que El Caballero Oscuro es, de largo, la película que más ha dado de hablar en los últimos tiempos, y que los ríos de tinta y de caracteres que se han escrito hasta la fecha en torno a El Caballero Oscuro se van a multiplicar a partir de ayer.



No entraré a explicar los orígenes de esta nueva entrega de Batman, los cuáles se encuentran en la saga de los 80 creada por el genio Frank Miller. Nacho Vigalondo ya lo ha explicado en su magnífica bitácora con mejor letra y cabeza que la mía. Baste decir que mi expectación en torno a El Caballero Oscuro nació del tráiler original que vi por primera vez en un pase del cine Odeón de Southampton. Sencillamente, me estremeció. Contemplé algo que creía casi inexistente en el cine: la figura de un villano tremebundo, capaz de petrificarme de horror con una sola mueca. Pocos días después el hombre que se encontraba tras esa máscara de maquillaje moría y El Caballero Oscuro tomaba caminos de leyenda no menos oscura, de película con la condición mítica que le otorgaba su cadáver exquisito, tal como sucediera con Brandon Lee en El Cuervo (The Crow, Alex Proyas, 1994). Condición, por cierto, de la que solía y suelo desconfiar.

Pero luego El Caballero Oscuro siguió recorriendo un camino inusitado para una película de la estirpe de los superhéroes. Pronto vino la masiva expectación, de la que es muy difícil mantenerse al margen, y no mucho más tarde llegó su estreno americano y las mareantes recaudaciones, pero también una increíble respuesta por parte de la crítica. Mientras muchos esperábamos Watchmen (Zack Snyder, 2009) con afán, resulta que El Caballero Oscuro era alabada como una de las mejores películas de superhéroes de la historia, una película adulta, de una narración magníficamente controlada, un villano que corroboraba el mito más allá de su carácter póstumo y un entretenimiento de una calidad indiscutible. Por último, llegó la sorpresa a la base de datos del cine en Internet, Imdb, donde en cuestión de pocos días El Caballero Oscuro se alzó hasta el primer puesto por encima de todas las demás obras maestras que a lo largo de los años han sido valoradas por los usuarios de esta página. Dejando de lado la validez de los ránkings emitidos por la base de datos, quiero llamar la atención sobre lo que este hecho significa: más de 200.000 votantes habían decidido que El Caballero Oscuro era, sencillamente, la mejor película de la historia del cine.



Y esto servirá de muestra de la auténtica fiebre que se ha dado en torno al nuevo Batman. Intento ser escéptico y ajeno a todo esto, pero me resulta imposible no ir corriendo al cine a asistir a uno de los fenómenos más indiscutibles del cine reciente, para bien o para mal. Por un lado, lo constatado por Imdb me parece totalmente descabellado; por el otro, me recuerdo que previamente a Nolan, dos directores (Tim Burton y Joel Schumacher) han dirigido dos películas de Batman cada uno. Y el resultado en la segunda siempre fue indudablemente peor que su anterior (Batman vuelve [Batman returns, 1992] era muy inferior a Batman [1989], y Batman y Robin [Batman & Robin, 1997] conseguía la increíble hazaña de ser más lamentable que su precedente, Batman forever [1995]). Ojalá no sea el caso de Nolan, quien demostró un talento indiscutible con Memento (2000), talento que no volví a encontrar en él desde entonces. Así que que me perdonen si me he contagiado de expectación. Pero no me queda más remedio que esperar la mejor película de Batman posible. Y esto, de ser verdad, será una gran noticia para aquellos que esperamos historias en el que el bien y el mal luchan en una batalla sincera, en la que el dolor y el tormento se presenta en ambos, en la que el espectáculo debe ser tamaño al de las aspiraciones de los representantes de sendos lados sin que se convierta en un castillo de fuegos artificiales y excesos. En definitiva, hacer que una película de superhéroes se dignifique como ninguna lo ha hecho hasta niveles inusitados. No es fácil. Pero lo sabré ya en el próximo post.

martes, enero 16, 2007

El truco final (The Prestige)




Christopher Nolan vuelve a demostrar con El truco final (El prestigio) sus excelentes dotes narrativas mostradas en su breve, pero laureada filmografía. Partiendo de la historia de una trágica rivalidad entre dos ambiciosos magos, Nolan consigue manejar al espectador convirtiendo su propia película en un truco de magia. Al igual que el personaje de Michael Caine advierte al inicio del metraje, convierte algo ordinario en extraordinario. El cuidado guión de El truco final esconde la inteligencia e intriga que cabe esperar de un buen thriller. Invita al espectador a anticiparse a los acontecimientos sabiendo guardarse sus sorpresas, al mismo tiempo que los saltos en el tiempo en la narración consiguen mantener la tensión del espectador en sus momentos clave. Sin embargo, el desarrollo de la trama principal y el especial cuidado que se le presta perjudica al desarrollo, por ejemplo, de las vidas personales de sus protagonistas. Nolan casi se limitan a recuperar varias veces durante el film los aspectos más definitorios de sus personajes sin que se dé pie a una evolución de éstos. En especial es llamativo que el hecho que da inicio a la letal rivalidad de los magos Borden y Angier, vaya diluyéndose durante el film hasta quedar casi en anécdota.

Además del buen trabajo de Nolan encontramos las correctas actuaciones del consolidado reparto. Hugh Jackman sigue crece como actor lejos de criaturas extraordinarias. Su rival en el film, Christian Bale, repite a las órdenes de Nolan tras Batman Begins y confirma que es una apuesta segura para cualquier director dando solidez al personaje más complejo del film. También repite Michael Caine como secundario, tras Batman Begins, y revalida su condición como uno de los secundarios más codiciados de Hollywood. Por su parte, la actriz de moda, Scarlett Johansson, pasa algo más desapercibida y no acaba de encajar en la trama. Puntuación: 8
Silver Sack





Aún queda en la memoria (curiosa paradoja) el brillante debut de Christopher Nolan: Memento ya presentaba el estilo visual arrollador y característico de su autor. Aún queda en la memoria, también, su más reciente descalabro de nombre Batman Begins, donde dicho estilo y forma no impedían el vacío de contenido de la fallida precuela del superhéroe. Ahora Nolan se saca un as de la manga y presenta The prestige (El prestigio), donde dos magos de finales del XIX se hacen la vida imposible con tal de demostrar su genio como el más grande de la época. Desde el principio la película de Nolan se muestra como un derroche de fuerza y energía, intensidad adherida a cada uno de sus fotogramas y miembros de su reparto, todos ellos solventes.
A partir de esta premisa, The Prestige es una fábula embelesadora que nos introduce en el mundo del ilusionismo con una trama auténtica cautivadora en su primer tramo y que nos convence de que de nuevo nos encontramos ante el mejor Nolan.

Sin embargo, la película desemboca en otros derroteros y decide cruzar la barrera de lo científicamente imposible para dar la vuelta de tuerca a su argumento, a su ilusión extendida desde el minuto uno. El espectador acepta desconfiado este precepto y avanza hacia el desenlace con escenas cada vez más efectistas y que esconden un acusado trasfondo de cartón-piedra. Cuando llega la conclusión, esa falsedad se torna insostenible y se da de bruces con un final cercano a la tomadura de pelo. La escena en cuestión dejará estupefactos y contentos a unos: ellos aceptan el truco y el trato. Otros se verán obligados a revisar el argumento y descubrir serias incoherencias. Trampas que, por supuesto, quedarán oportunamente justificadas bajo el discurso de la magia y la ilusión y de si “¿el cine no era eso?”.
Puntuación: 5
Jordi

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The Prestige. Estados Unidos y Reino Unido. 2006. 128'.
Director: Christopher Nolan.
Guión: Christopher y Jonathan Nolan; basado en la novela The Prestige de Christopher Priest.
Música: David Julyan.
Fotografía: Wally Pfister.
Montaje: Lee Smith.
Diseño de producción: Nathan Crowley.
Vestuario: Joan Bergin.
Producción: Aaron Ryder, Emma Thomas y Christopher Nolan.
Intérpretes: Hugh Jackman (Robert Angier), Christian Bale (Alfred Borden), Michael Caine (Cutter), Scarlett Johansson (Olivia Wenscombe), Rebecca Hall (Sarah Borden), Andy Serkis (Alley), Piper Perabo (Julia McCullough), David Bowie (Nikola Tesla), Samantha Mahurin (Jess).
Abracadabra...
http://www.labutaca.net/films/47/theprestige.htm (sobre la peli)
http://wwws.warnerbros.es/theprestige/ (web oficial España)
http://www.prestige-movie.com/ (web oficial EEUU)
http://www.christophernolan.net/ (página web de Christopher Nolan)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1425.html (sobre Hugh Jackman)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1363.html (sobre Christian Bale)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1518.html (sobre Michael Caine)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1748.html (sobre Scarlett Johansson)