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Imagen de El árbol de la vida, película distribuida en España por Tripictures © 2011 River Road Entertainment. Todos los derechos reservados.
El topo hace una relectura de la obra de John Le Carré como extensión de ese universo doloroso y caduco, en el que no caben los sentimientos pero sí la muerte de éstos —el plano que sintetiza la ruptura sentimental de Peter Guillam (Benedict Cumberbatch)—. Es, además, ese escenario, un ejercicio de estilismo que nunca se despega de la fidelidad narrativa hacia la obra original, pero que reconstruye de forma exquisita una Guerra Fría de claroscuros y grano que se reinventa cada vez que la música de Alberto Iglesias suena en las calles de Budapest, Estambul, o en las compartimentadas entrañas del Circus —magnífica la revisión de ese imaginario interior en el diseño de producción de Maria Djurkovic—. La confluencia de ambas constantes da como resultado una mirada siempre problemática pero plenamente coherente, una película cuya personalidad se encuentra en algún lugar entre la reposada, apasionante narrativa del thriller europeo de espías a la antigua usanza, y el tapizado arthouse que culmina en un clímax de inesperadas connotaciones épicas.Leer crítica completa en LaButaca.net
Debut en largo de Joe Cornish —guionista en la órbita de Edgar Wright, Simon Pegg y Nick Frost, quien aquí disfruta de un breve papel—, Attack the block ofrece, desde sus engañosamente sencillos presupuestos —adolescentes contra alienígenas—, varios estratos de su comedia de género a partir de los cuales es factible discutir sobre las políticas de la marginación y la supervivencia de la infraclase urbana del primer mundo. Dicho de otra manera, Cornish desarrolla su propia estética de banlieu a partir de géneros e influencias de procedencias y contextos muy distintos, pero cuya fascinación por la “otredad” es evidente. En ese sentido, su ópera prima podría definirse como una desprejuiciada intersección entre el cine callejero y de serie B de los 70 y 80 —con Walter Hill y Los amos de la noche (1979) como principal referencia— y la tradición familiar, ya lejos del original espíritu naif, a la que pertenecieran producciones como Los Goonies (Richard Donner, 1985).Leer crítica completa en LaButaca.net
Un método peligroso es relevante en la trayectoria de David Cronenberg al menos por dos motivos: 1) confirma la trayectoria anterior del director de Videodrome (1983) como permanente registro de pulsiones bajo las leyes de la Nueva Carne; y 2) abandona toda derivación genérica —básicamente, es una película sin género— para reconocer las bases freudianas de dichas pulsiones y acceder a una nueva dimensión dialéctica en la que el individuo y la historia quedan forzosamente enfrentados. En su relato del primer gran cisma del psicoanálisis, las referencias a las repercusiones históricas son constantes y sus protagonistas no podrían ser más conscientes de las consecuencias de sus investigaciones y diálogos.Leer crítica completa en LaButaca.net