lunes, agosto 04, 2008

Mi vecino Totoro



La cuarta película de la filmografía de Hayao Miyazaki es un esbozo de los rasgos que definirán, en pocas películas, la que se alzará como su obra más maestra e universal: El viaje de Chihiro. Como los bocetos de las grandes obras de arte, el boceto es bello y de rasgos más simples, pero adquiere un carácter ineludible en la construcción final de la obra magnánima. Este es el caso de Mi vecino Totoro, nunca tan compleja como aquel inolvidable viaje, pero depositora de las bases de parte del universo de Miyazaki: aquel que rinde una sincera oda a la infancia y al poder de la imaginación; la fascinación por el mundo que le rodea, y la necesidad de crecer con y ser amigo de la fantasía, compañero de viaje que un día abandonará el sendero, pero que hasta entonces será nuestra arma más poderosa frente a los obstáculos del mundo real.

Así, Mi vecino Totoro es una elegía a la infancia, bucólica y rebosante de magia. Las dos hermanas que protagonizan la película de Miyazaki, Sitsaku y Mei, representan respectivamente la niña que deja poco a poco la infancia atrás y la hermana pequeña que vive en la más absoluta inocencia y pureza de la niñez. Mientras Sitsaku empieza a afrontar las responsabilidades de un adulto o advierte la existencia del sexo masculino, su prioridad máxima es la de cuidar de su hermana Mei, risueña y jovial niña que sólo piensa en jugar y proclama su creencia en un mundo feérico que no está al alcance de los más adultos. Por esta razón Sitsaku se encuentra, cada vez más, en la incerteza de creerla o no cuando su hermana, adentrándose en un túnel que encontró en medio de la maleza, llegó al refugio de un extraño ser corpulento y de enorme boca al que llamó Totoro. Esta variación de la Alicia de Lewis Carroll en su entrada a un mundo fantástico y de fantasía inefable corresponde a las necesidades emocionales de la pequeña Mei. Y su nuevo vecino Totoro, ser entrañable donde los haya, será aquel al que le corresponda ayudarla cuando la infante se enfrente a los miedos que la invaden: el temor a quedarse sin el padre protector y comprensivo o la madre hospitalizada. Totoro es un ser extraordinario que sólo un niño puede entender con racionalidad indiscutible, precisamente porque es un ser que pertenece únicamente a su mundo, el de los sueños y los juegos con duendes del polvo y pequeños seres del bosque, aquel en que un gatobús acude en tu ayuda si crees en él y te dejas guiar por su rumbo.



Esconde Mi vecino Totoro, bajo su narración aparentemente simple, un soberbio cuento sobre la infancia y sus maravillas, lleno de lirismo y sencillez, desposeído de pretensiones y de ideales más allá que los del ecologismo y la bondad del ser humano. Y no por ello este micromundo creado por el siempre inspirado Miyazaki supone un cargante derroche de alegría y optimismo. Miyazaki propone en su película, de forma sutil y magistral, el miedo a la pérdida como el principal enemigo de la felicidad de la infancia: la pérdida de la madre, enferma y hospitalizada; la pérdida de Mei, en un viaje movido por el amor y nunca por la racionalidad; y la pérdida del mágico mundo de Totoro, ese ser capaz de devolver la sonrisa a una niña con juegos en los que la diversión hace crecer un árbol hasta el cielo o correr entre el bosque con el veloz gatobús. Estas pérdidas nos recuerdan, no muy lejanamente, a la trágica pero imprescindible La tumba de las luciérnagas (Hotaru No Haka, Isao Takahata, 1988), realizada el mismo año también por el Estudio Ghibli. Sin embargo, al contrario que en aquella, Mi vecino Totoro está forzada a validar su tesis a través de un final optimista y radiantemente feliz: la imaginación en la infancia es un tesoro que transforma, deforma e idealiza el a veces gris mundo real. Un tesoro que es preciso conservar mientras el corazón deje de imponerse a la razón, y el niño deje de serlo.

Miyazaki realizó con Mi vecino Totoro un notable ejemplo de cine exultantemente inteligente, tan dirigido a los mayores que observarán nostálgicos la profundidad de su mensaje como los más pequeños, quienes quedarán tan inscritos e identificados en ese mundo mágico que propone el genio japonés que sus escasos 86 minutos de metraje se quedarán en un suspiro. Un suspiro y un recuerdo que perdure como la joya con la que un día fueron más niños que nunca.
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Tonari no Totoro. Japón. 1988. 86'.
Director: Hayao Miyazaki.
Guión: Hayao Miyazaki.
Música: Jo Hisaishi.
Fotografía: Hisao Shirai.
Montaje: Takeshi Seyama.
Producción: Toru Hara.
Puntuación: 8,2
Entra en el refugio de Totoro...
http://bango.blogia.com/2007/070601-mi-vecino-totoro-el-laberinto-del-troll.php (magnífico artículo sobre la película en El Cronicón Cinéfilo)
http://es.wikipedia.org/wiki/Hayao_Miyazaki (sobre Hayao Miyazaki)

jueves, julio 31, 2008

Doble sesión de Roger Corman



Dice la leyenda que Roger Corman apostó a que era capaz de terminar una película en menos de tres días. Roger William Corman, aquel hombre que había estudiado ingeniería industrial y que había acabado como analista de historias y de ahí, a prolífico director de cine, era conocido en la industria por su capacidad para realizar películas a una gran velocidad y con los mínimos recursos posibles. Pero aquella apuesta parecía ir demasiado lejos...
Sin embargo, cuenta también la leyenda que, efectivamente, La Pequeña Tienda de los Horrores (The Little Shop of Horrors, 1960) se rodó en dos días y una noche. Los que recuerden el remake de esta misma película que Frank Oz realizó en 1986 con Rick Moranis a la cabeza de su reparto (y saltándonos el paso intermedio del musical de Howard Ashan en el que se basaba más directamente la película de Oz), se darán cuenta de hasta qué punto el cine que Roger Corman realizó desde las catacumbas de Hollywood entre 1955 y 1971 (fecha en la que, oficialmente, se retiró de la dirección pese a recuperarla esporádicamente y continuar su intensa labor como productor) tuvo gran influencia en el cine de posteriores grandes autores. Algunos de ellos, incluso, empezaron trabajando en producciones de Corman (Jack Nicholson en la mencionada La Pequeña Tienda de los Horrores, pero también Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, James Cameron o Joe Dante) o fueron impulsados por la feliz casualidad de encontrarse en el mismo patio de butacas que él (Peter Bogdanovich). Productor de más de 300 películas y director de unas 50, la extensa filmografía de Corman es hoy un patrimonio inestimable que demuestra, desde las más pequeñas intenciones, una máxima irreprochable: la magnitud del cine no corresponde a sus recursos ni sus presupuestos, sino a lo valioso de sus planteamientos y el amor y destreza con la que aquel que se encuentra tras la cámara convierte esos planteamientos en una ficción en la que merece la pena creer.
Y qué mejor homenaje podría merecer Corman que una doble sesión de estas historias que hoy siguen fascinando y no por baratas, sino por historias. Historias para no dormir, para encoger el corazón o conmover el alma. Historias que recogen la esencia de uno de los más puros y genuinos cineastas.



La primera película de la sesión es El péndulo de la muerte (Pit and the Pendulum, 1961) Pertenece al grupo de adaptaciones que Roger Corman realizó sobre relatos de Edgar Allan Poe con el inefable Vincent Price como protagonista en casi la totalidad de ellas y el no menos magnífico Richard Matheson al cargo de sus guiones: La caída de la casa Usher (House of Usher, 1960) o El Cuervo (The Raven, 1963) serían, junto a la mencionada, algunas de las más representativas de la serie. El relato en el que se basa El péndulo de la muerte se sitúa entre los mejores relatos del escritor norteamericano, un brevísimo pero angustioso cuento de terror ambientado en los últimos días de la Inquisición española en el que un prisionero es condenado a morir a manos del más terrible instrumento de tortura: un péndulo con una enorme cuchilla en su extremo que baja lenta y calculádamente hacia el corazón del prisionero, atado e impedido en sus movimientos. En definitiva, una terrorífica reflexión sobre la angustia que adviene al individuo ante la inevitabilidad de la muerte y el tiempo que transcurre hacia esa sola dirección. Tiempo y muerte son explícitamente representados en el relato de Poe con un instrumento de tortura, el más terrible que la mente humana pudiera idear.
La película de Corman no es la más fiel adaptación posible a ese relato. Bien al contrario, apenas toma como único elemento el péndulo para ubicarlo en el clímax que se alcanza en la conclusión. Matheson tomó ese objeto que aúna el sentido del relato de Poe y construyó a su alrededor una historia de almas atormentadas deambulando, en un castillo maldito de almas errantes que aún lloran las torturas y los crímenes a los que la Inquisición les sometió en las terribles cámaras que oculta la fortaleza. Nicholas (Vincent Price) es el señor del castillo, un hombre atormentado por el recuerdo de su mujer muerta en extrañas circunstancias y por una visión traumática de su infancia. Hasta el castillo llega el Doctor Kerr, su cuñado, dispuesto a averiguar toda la verdad sobre la muerte de su hermana, quien sigue, de alguna manera, presente en el opresivo y tenebroso ambiente de la fortaleza.
Aunque alejada de su original, El péndulo de la muerte es una reinvención del relato de Poe de la que el mismo Poe estaría orgulloso, pues se inscribe de lleno en su particular universo. Un fascinante relato de almas torturadas y susurrantes, con un Vincent Price que demuestra la magnificencia de su calidad como actor a cada desmayo, a cada transición hacia la locura, y a cada vuelta a la normalidad. En El péndulo de la muerte hay lugar al terror de lo desconocido habitando en nuestra morada, a la traición y la explícita tortura (y en vista al significado que ha tomado lo explícito en el género, entiéndase como visible), e incluso a la aventura y al romance (o a su insinuación). Todo ello empacado en apenas 80 minutos de añejo y maravilloso cine de terror, para sumo placer de aquel que sepa entender sus planteamientos y no menospreciar sus recursos.



En segundo lugar, una de las películas imprescindibles de la filmografía del director. El hombre con rayos X en los ojos (X, 1963) es saludada por muchos como la obra maestra de Roger Corman. Y no faltan razones para ello. La historia de un oftalmólogo que juega a ser Dios experimentando con una fórmula que le permite ver más allá de donde la vista alcanza, penetrar en el interior de los objetos, las personas, es un relato de tintes existencialistas y eminentemente trágico. Protagonizado por Ray Milland, el imborrable alcohólico de Días sin huella (Billy Wilder, 1945), El hombre con rayos X en los ojos nos descubre el horror que encuentra el hombre al explorar en su propio interior. Al placer puramente vouyerístico que le otorga en primera instancia su poder, la creciente capacidad de penetración de la visión del doctor James Xavier se convierte en su creciente tortura. Los horrores, las enfermedades que descubre en los interiores de los cuerpos le acaban convirtiendo en un hombre sometido a una condena de cáriz casi mitológico: ver más y más, hasta quedarse ciego. Condenado a huir mientras asiste al desvanecimiento del mundo superficial que antes rechazaba, El doctor Xavier se convierte en fugitivo de la justicia subyugado a un don que se ha convertido en su tortura, y que le lleva a proclamar, ciego ante un grupo de creyentes, el fatal destino reservado para aquellos que juegan a rebasar los límites de la naturaleza y a ser dioses.

Sacerdote: ¿Eres un pecador? ¿Quieres salvarte?.
Xavier: ¿Salvarme? ¡No!! Tan solo pretendo decir lo que veo... Una tiniebla fria... mas allá del mismo tiempo y mas allá de los humanos... Una luz que alumbra y abrasa... Y en el centro del Universo, el Ojo... que nos ve a todos. No. ¡No!!

Roger Corman, aquí inscrito entre la ciencia-ficción y el horror, impulsa este último de una manera más genuina que nunca, a través de cámaras subjetivas en los que la lente adopta la forma de una retina que es testigo de una paleta de colores cada vez más intensa y difusa que le ofreció a Corman la posibilidad de la experimentación. En las exploraciones de Xavier en el interior de los cuerpos, Corman incluso se permitió el filmar dibujos del interior humano que, lejos de caer en el recurso pobre, dotaron de un encanto añadido a esta magnífica película. Corman consiguió con El hombre con rayos X en los ojos una de sus películas más severas y existenciales, en la que el miedo que impone nos es incluso más cercano que en otras cintas de su filmografía y en la que nos deja un sabor horriblemente amargo una vez alcanzamos los créditos finales. En definitiva, una cinta que invita a la reflexión del espectador y lo hace superando cualquier estigma que la clasificación de serie B pueda representar para el mismo: como una de las más profundas e imprescindibles películas de su género.



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http://elgabinete.blogspot.com/2007/04/roger-corman-el-rey-de-la-serie-b.html (sobre Roger Corman)
http://www.sensesofcinema.com/contents/directors/06/corman.html (sobre Roger Corman, en inglés)
http://blugosi.freeprohost.com/ojos_x.htm (sobre El hombre...)

domingo, julio 27, 2008

Tropa de élite



Tropa de élite se alzó el pasado invierno con el Oso de Oro que la acreditaba como mejor película de la Berlinale. Esto quizás pueda llamar la atención en dos direcciones opuestas. La primera: la premiación de una apuesta de irrevocables (y devastadores) tintes sociales; por otra, la falta de una mayor presencia de cine de primera fila, digamos, sobresaliente, en favor de predicar glamour y extender alfombras rojas en la capital alemana.

Y antes de que las presuposiciones del que lee afloren, diré que nos encontramos ante una película sin duda notable, un thriller de vocación social que se alza como una de las más notorias propuestas cinematográficas en lo que llevamos de 2008. Sin embargo, la otra cara de la moneda es, que una película como Tropa de élite, reiteradamente comparada con la imprescindible Ciudad de Dios (Cidade de Deus, Fernando Meirelles, 2002) pese a compartir pocas conexiones, queda uno o dos escalones por debajo del calado del emotivo mosaico narrativo y retrato social de la película de Meirelles. Por lo tanto, difícilmente se hubiera alzado Tropa de élite con el mayor galardón del Festival de Berlín en la irrealizable coincidencia de que ambas se hubieran presentado a la misma edición del certamen.

Centrándonos en Tropa de élite, la película de Padilha es un estruendoso impacto de bala en la conciencia social y política de la sociedad brasileña. Una violenta y jamás olvidable denuncia disfrazada de relato asiduo a las premisas estéticas de la modernidad, estas son, una voz narradora en primera persona que bien podría ser la de Renton en Trainspotting (Danny Boyle, 1996) o la alteración de la línea temporal así como personajes y narrativas tangentes propias del mismísimo Quentin Tarantino. Modeladas con un ritmo lo bastante elevado para que la película pueda ser señalada como un thriller (un incómodo thriller), las cualidades de Tropa de élite se hacen notar en su efecto demoledor sobre la conciencia de aquel que se sienta en su butaca ajeno a qué diablos es el BOPE (Batallón de Operaciones Especiales de la Policía) o hasta qué punto los narcos gobiernan junto con los policías corruptos la favela de Babilonia en Río de Janeiro. El mérito es mayor incluso cuando la película de Padilha consigue dicho efecto alejándose de los empecinados senderos del realismo social. Muy al contrario, los personajes son de lo más novelescos y específicamente configurados, hasta el punto de convertirse en el principal factor de detrimento de la película en favor de otras aspirantes al mismo calado social que pretende.



Sin embargo, es innegable la efectividad de sus planteamientos a la vista de su capacidad de llegar y conmocionar a audiencias más amplias por medio de estos caminos. No sólo nos encontramos ante un thriller que puede pasar ante la mirada más superficial como una mera película de acción brasileña, sino que por momentos roza el perfecto contexto de una película bélica, lo cuál certifica su éxito al retratar las favelas de Río de Janeiro como los auténticos campos de batalla que son. Tropa de élite se convierte en una auténtica Chaqueta Metálica en el momento que asistimos al inhumano proceso de entrenamiento al que se someten los aspirantes al BOPE. Este es liderado por la cabeza visible del triángulo protagonista, un capitán Nascimento (Wagner Moura) que vive entre la esperanza de encontrar a un sucesor que le permita dejar el infierno nocturno de las favelas para dedicarse a su familia, mientras ve como ese pequeño núcleo familiar se descompone y se aleja noche tras noche. Nascimento está ejecutado por Wagner Moura con una actuación irregularmente eficaz, convincente en su desesperación y su ansiedad creciente, pero subyugada a unos estadios de su personaje extremadamente polarizados entre los que apenas sí se presencia un desarrollo y/o desgaste psicológico.

Tropa de élite es una película tan brutal como necesaria. Un notable ejercicio de conciencia de frenético ritmo y conclusiones pesimistas: no hay lugar en las favelas para la humanidad o la esperanza. Sí lo hay para la espiral de violencia y muerte entre las clases más desfavorecidas y la hipocresía entre los burgueses más acomodados. En Tropa de élite, somos espectadores de una guerra en la que todos ellos, a su manera, son víctimas y verdugos. Verdugos y víctimas.
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Tropa de elite. Brasil. 2007. 115'.
Director: José Padilha.
Producción: Marcos Prado y José Padilha.
Música: Pedro Bromfman.
Fotografía: Lula Carvalho.
Montaje: Daniel Rezende.
Diseño de producción: Tulé Peake.
Vestuario: Cláudia Kopke.
Guión: José Padilha, Rodrigo Pimentel y Bráulio Mantovani.
Intérpretes: Wagner Moura (capitán Nascimento), André Ramiro (André Matias), Caio Junqueira (Neto), Milhem Cortaz (capitán Fábio), Fernanda Machado (Maria), Maria Ribeiro (Rosane), Paulo Vilela (Edu), Fernanda de Freitas (Roberta), André Mauro (Rodrigues), Fábio Lago (Baiano).
Puntuación: 7,8
Adéntrate en las favelas...
http://www.tropadeeliteofilme.com.br/(web oficial)
http://www.brasilelite.com/(web oficial España)
http://www.labutaca.net/films/61/tropadeelite.php (sobre la película)
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=63361 (entrevista a José Padilha)
http://www.blogdecine.com/2007/10/31-tropa-de-elite-sacude-brasil (noticia relacionada con la película)

martes, julio 22, 2008

Momentos de cine (XIII): Oldboy

El cine coreano ha demostrado en esta década ser una de las cinematografías con mejor salud en el panorama internacional. A la experiencia de realizadores de renombre y experiencia como Kim Ki-duk (Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera [Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom, 2003], Hierro 3 [Bin-jip, 2004] o El arco [Hwal, 2005]) se han sumado una generación de nuevos talentos que han conseguido poner Corea del Sur en el mapa cinematográfico y trascender más allá del mercado asiático al que normalmente se ven confinadas sus películas, desafiando de esta manera el Orientalismo cinematográfico que había limitado su expansión como productos válidos para las audiencias occidentales. Dos de las cabezas visibles de esa grupo de cineastas son Bong Joon-ho, autor de la inefable Memories of murder [Salinui chueok, 2003] y la monstruosa The Host [Gwoemul, 2006], y Park Chan-wook, autor de la imprescindible trilogía de la venganza.

Oldboy (2003) es la segunda de las películas que conforman la trilogía, posterior a la crudísima Sympathy for Mr. Vengeance (Boksuneun naui geot, 2002) y anterior a la perturbadora e imborrable (para bien y para mal) Sympathy for Lady Vengeance (Chinjeolhan geumjassi, 2005). Oldboy fue un éxito mayúsculo que traspasó las fronteras coreanas, pese a seguir llegando a algunos países más como película de culto que como propuesta mainstream del cine coreano. Probablemente sea la más comercial de la trilogía y probablemente la película de Park Chan-wook sea en ocasiones víctima de sus excesos y sus pretensiones. Pero sus imagenes quedan, una vez visualizadas, grabadas por siempre en la retina del espectador que entre de lleno en esta fábula sobre la venganza de crueldad desmesurada. Oldboy es un relato extremadamente violento pero de un lirismo excepcional; es una película donde las fronteras del héroe/antihéroe y el villano/víctima son desafiadas y transgredidas una y otra vez, una película en la que los valores morales del espectador son constantemente dinamitados, y una tragedia griega que concluye con uno de los finales más sádicos y perturbadores jamás contemplados. Rodada con una estética visual intachable, arrolladora, y rubricada con la inolvidable música compuesta por Jun-Seok Bang y Yeong-Wook Jo, que la eleva desde a un bello vals hasta épicos sonidos de venganza y muerte.

Su protagonista Oh Dae-su (Choi Min-sik) no es un héroe. Es un miserable, un despojo humano que recibe el castigo más desproporcionado posible por su extensa colección de pecados. Un antihéroe sometido a 15 años de encierro sin razón aparente. 15 años de rabia y sed de venganza que alimentan un alma ya de por sí perversa y cruel, y que explota en uno de los más excepcionales travellings del cine reciente:



jueves, julio 17, 2008

El increíble Hulk



Llega la enésima adaptación Marvel y lo hace como segundo intento para uno de sus superhéroes estandarte. Bruce Banner, alias Hulk o "La Masa" fue trasladado en 2003 a la pantalla por el director menos indicado posible para aquella película. El taiwanés Ang Lee trató de hacer poesía donde debía haber mamporros y aquella Hulk resultó tan inútil en su intento de profundizar en el complejo interior de su atormentado protagonista (entonces encarnado por Eric Bana) como en el posible entretenimiento que esta pudiera haber ofrecido. El increíble Hulk, de Louis Leterrier, es una película en las antípodas de aquella, un producto explícitamente destinado al entretenimiento y estrictamente ejecutado bajo las premisas Marvel.

Lo mejor que se puede decir de este nuevo Hulk es que sí, ofrece dos horas de espectacular entretenimiento que a buen seguro son un más que recomendable pasatiempo para todo aquel que acuda al cine sin demasiadas pretensiones y buscando un mero divertimento. La película de Leterrier ofrece una incesante sucesión de escenas de acción estupendamente elaboradas que ofrecen tiempos muertos lo suficientemente llevaderos para que la acción no acabe resultando abrumadora. Desde la primera persecución del ejército de los Estados Unidos al fugitivo Bruce Banner (Edward Norton), ya sabemos que, al contrario que en su predecesora, esta película da por presentado a Banner y a su alter ego, y lo contextualiza en su constante huída y búsqueda de una cura que evite definitivamente sus transformaciones. En esa caza y captura dirigida por el general Thaddeus "Thunderbolt" Ross, la presa es Banner y el cazador aspira al poder de su presa: Emil Blonsky es un acertado antagonista a Bruce Banner, hábilmente interpretado por Tim Roth en un papel que le viene como un guante. El cuarteto protagonista se completa con una bella Liv Tyler que es la excusa para introducir una apenas desarrollada y casi inapreciable historia de amor en medio de una montaña rusa de emociones fuertes. Los cuatro actores cumplen sus cometidos pese a la escasa profundidad de sus personajes, apenas explorados, apenas con tiempo suficiente en la pantalla para exigir una identificación o una mayor implicación del espectador.



Así que si la cara de El increíble Hulk es su acción bien ejecutada y repartida a lo largo de la película, la cruz viene dada por el hecho de que, pese a ser un eficaz entretenimiento, no deja de ser más que eso. Y quiero decir con ello que esta podría ser la película definitiva de Hulk para aquellos que buscaran únicamente contemplar atónitos a Hulk en acción, pero no para aquellos que se sintieran fascinados por el personaje torturado que se encontraba tras él. Bruce Banner es, de largo, uno de los personajes más complejos de Marvel, un superhéroe heredero del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson en el que es difícil discernir la heroicidad y la monstruosidad de los instintos primarios de la bestia. Es por eso que, pese a la correcta actuación de Edward Norton, el personaje permanece desdibujado, vagando por la pantalla entre transformación y transformación sin que nos sintamos parte de su huída, de su desgracia ni de su deseo por volver a ser "normal".



Ajustándonos a sus intenciones, bien explícitas desde los primeros compases de la película, El increíble Hulk cumple como digno entretenimiento, sin caer en la ruinosa mediocridad en la que cayeron otras adaptaciones Marvel (Daredevil [Mark Steven Johnson, 2003], El Castigador[The Punisher, Jonathan Hensleigh, 2004]) pero sin alcanzar el perfecto equilibrio entre espectáculo y la profundidad del universo Marvel que logró Bryan Singer con su X-Men (2000). Aún así, no faltan las innecesarias e irritantes escenas ralentizadas y algún intercambio de frases rayano en lo cavernícola cuando Hulk y un cambiado Blonsky se vean las caras en el espectacular enfrentamiento final. Pese a todo, el sabor que queda es el de una inocua y entretenida película de acción que, a la vista de su sorprendente epílogo, no es más que un avance de lo que está por venir. Marvel, con la inclusión de sendos cameos en Iron Man (Jon Favreau, 2008) y en el El increíble Hulk, nos está diciendo que esto no ha sido más que el principio de una larga y fructífera franquicia.
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The incredible Hulk. Estados Unidos. 2008. 114'.
Dirección: Louis Leterrier.
Guión: Zak Penn; basado en los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby.
Intérpretes: Edward Norton (Bruce Banner), Liv Tyler (Dra. Elizabeth "Betty" Ross), Tim Roth (Emil Blonsky), Tim Blake Nelson (Samuel Sterns), Ty Burrell (Leonard), William Hurt (general Thaddeus "Thunderbolt" Ross).
Fotografía: Peter Menzies Jr.
Música: Craig Armstrong.
Montaje: John Wright, Rick Shaine y Vincent Tabaillon.
Vestuario: Denise Cronenberg.
Diseño de producción: Kirk M. Petruccelli.
Producción: Avi Arad, Gale Anne Hurd y Kevin Feige.
Puntuación: 5,7
Siguiendo el rastro de Hulk...
http://incrediblehulk.marvel.com/(web oficial)
http://www.sonypicturesreleasing.es/sites/hulk/elincreiblehulk/(web oficial España)
http://www.labutaca.net/films/61/elincreiblehulk.php (sobre la película)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1387.html (sobre Edward Norton)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1598.html (sobre Tim Roth)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1498.html (sobre Liv Tyler)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3577.html (sobre William Hurt)

viernes, julio 11, 2008

Funny Games



Dice Michael Haneke que si ha decidido hacer él mismo un remake de su propia película es porque desea que el mismo mensaje que aquella perturbadora Funny Games de hace una década, aquella patada en el estómago del espectador que fue bautizada por algunos como La naranja mecánica de los 90, tuviera un alcance mayor y llegara a un público más amplio. De este modo, surge la respuesta a la forzosa pregunta de por qué Haneke, diez años después de uno de sus más controvertidos triunfos, decide repetirlo con un reparto internacional y realiza una película idéntica a aquella, plano por plano. Nos encontramos ante la actualización de una obra, en la que Haneke, a diferencia de Gus Van Sant y su ya célebre fotocopia en color del clásico de Hitchcock Psicosis (Psycho, 1998), ostenta el derecho del autor a reeditar su propia obra con una mayor tirada y reevaluar el impacto de la misma en las audiencias de hoy día.

Porque ciertamente, lo que ha cambiado es la reacción del público y no la película de Haneke. La Funny Games de 1997 era una bofetada a la creciente insensibilización de una sociedad ante la violencia. Sin embargo, la condición de autor de Haneke no era un incentivo para que su Funny Games se convirtiera en un severo correctivo para las masas abocadas al creciente consumo de violencia vía televisión. Diez años después la nueva Funny Games, en su idéntico acabado, sigue teniendo esa capacidad de despedazar la seguridad y el bienestar del espectador, amén de su intacto desafío moral al mismo. La cuestión a plantear es si, atendiendo al modo en que las audiencias han continuado alimentándose de violencia gratuita, esta actualización de Haneke es capaz de ejercer sobre el gran público de hoy el mismo devastador efecto que tuvo sobre aquellos que, para bien y para mal, descubrimos su imprescindible obra original en su condición de cine de autor. Y sin quererlo (¿sin quererlo?) Funny Games se ha convertido en un experimento sociológico cuyos resultados probablemente queden en la incógnita.



Así que esta Funny Games sigue conservando los méritos que encumbraron a su predecesora. Sigue siendo el más angustioso retrato de la violencia posible en el que, paradójicamente, la violencia siempre tiene lugar fuera de campo. La brillantez de Haneke reside en su capacidad para crearnos un malestar por momentos insostenible sin mostrar las escenas de tortura y asesinato que tendrán lugar. En su lugar, encontraremos imagenes del sufrimiento del que mira, del espectador que asiste a la violencia (la cámara enfoca a Ann [Naomi Watts] mientras oímos los gritos de su marido George [Tim Roth], siendo acuchillado), planos en los que Haneke mantiene nuestra mirada sobre el dolor indecible que sucede al estallido de violencia, y la impasibilidad de aquellos que se retroalimentan de la violencia sin saber el por qué y la ejecutan con frialdad disfrazada de terrorífica amabilidad. La única excepción en la que la violencia entra dentro de campo es aquella escena en la que Ann toma la escopeta y dispara a Fred (Boyd Gaines), uno de los dos asaltantes. En ese momento su compañero Paul (Michael Pitt), toma el mando a distancia y rebobina la escena hasta el momento preciso en el que cambiar el curso de los acontecimientos. Esta subversiva genialidad con la que Haneke sorprendió a propios y extraños en 1997, entra de lleno en el discurso que domina Funny Games de principio a fin. Sólo basta recuperar la perturbadora imagen del televisor manchado de sangre para entender lo que Haneke trata de decirnos. Y es que diez años después, se puede decir que el proceso de retroalimentación de la violencia activo en la actual sociedad de la información no sólo ha aumentado, sino que se ha exponenciado de manera alarmante. Al alcance de un mando a distancia se encuentra nuestra vía para nutrirnos de ella y regodearnos simplemente dándole al botón de rebobinar o cambiando de canal. Y absorberla, casi inconscientemente, como espectáculo:

George (Tim Roth): ¿Por qué no nos matáis, y ya está?
Fred (Boyd Gaines): No hay que olvidar la importancia del espectáculo...

Ni nosotros, que somos cómplices del mismo. Paul (Michael Pitt) nos pregunta de qué lado estamos y, en más de una ocasión mira a la cámara y nos sonríe (sustituyendo al guiño de Arno Frisch en la anterior Funny Games). Y a propósito de Arno Frisch, destacar a Michael Pitt y su perturbadora interpretación como el frío asesino sin motivos ni objetivos aparentes. Como él, el resto del reparto está a la altura de las circunstancias y hace que, incluso en el apartado actoral, Funny Games se equipare a su predecesora, consiguiendo que ningún personaje pierda un ápice de tanto el terrorismo disfrazado de serenidad e impasibilidad caracterizado por los dos intrusos como el horror ante lo desconocido y lo impensable por parte de una familia modelo (todo sea dicho, servidor sigue prefiriendo la escalofriante calma de Arno Frisch a la extrañeza algo más repulsiva que posee el Paul de Michael Pitt).



Funny Games sigue siendo tan necesaria como en 1997, pero sin embargo el impacto es diferente cuando uno ya ha conocido las dos películas gemelas de Haneke. Uno no puede evitar sentirse anticipado a todo lo que viene por delante y, pese a que no ha perdido la fuerza de su mensaje, sí se hecha de menos el mismo espíritu de ruptura y subversión que podrían haber otorgado más ricos matices a esta nueva revisión.
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Funny Games. Estados Unidos. 2007. 111'.
Dirección: Michael Haneke.
Guión: Michael Haneke.
Fotografía: Darius Khondji.
Montaje: Monika Willi.
Producción: Chris Coen y Hamish McAlpine.
Diseño de producción: Kevin Thompson.
Vestuario: David Robinson.
Intérpretes: Naomi Watts (Ann), Tim Roth (George), Michael Pitt (Paul), Brady Corbet (Peter), Devon Gearhart (Georgie), Boyd Gaines (Fred), Siobhan Fallon Hogan (Betsy), Robert LuPone (Robert), Susanne Haneke (cuñada de Betsy), Linda Moran (Eva).
Puntuación: 7
Sigue jugando...
http://wip.warnerbros.com/funnygames/ (web oficial)
http://www.labutaca.net/films/60/funnygames.php (sobre la película)
http://es.wikipedia.org/wiki/Michael_Haneke (sobre Michael Haneke)
http://es.wikipedia.org/wiki/Michael_Pitt (sobre Michael Pitt)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1526.html (sobre Naomi Watts)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1598.html (sobre Tim Roth)