El apogeo de la ficción televisiva norteamericana ha resultado en el desbordamiento del espectador. Nunca antes fuimos tan urgidos a no perdernos la última gran serie, nunca resultó tan imposible procesar la apabullante cantidad de ficción, el flujo que lejos de remitir se acelera temporada tras temporada mientras crece la desubicuidad, o la sensación de ella. Por supuesto esta nueva era toma conciencia de las nuevas realidades de su público, y ahí entra la adaptación de sus formatos: queda anticuada, caduca, la serie de largo recorrido, estirada hasta la extenuación de la fórmula; se impone la serie como concepto perfectamente delimitado, como relato calculado y apelativo a un público más segmentado, tendente a la estandarización de la duración (42 ó 53 minutos). Las hay que se sustentan en todo el carisma de su protagonista, hasta el punto de que este le da nombre al invento (
Dexter,
House), las hay que marcan su revolución de la narrativa fantástica en torno a una pregunta (¿qué es la isla?), un misterio ante el que se subyuga todo un alud de enunciados epatantes y subtramas no necesariamente conclusivas (es decir,
Lost). Otras, apuntan a esa revolución de los cánones narrativos desde su uso de la acción en tiempo real (
24), y no faltan las que incluso cuentan con cierta complicidad
freak para su triunfo (
The IT crowd). Y luego está
Los Soprano.
Creada en 1999 por David Chase, guionista con muchas tablas en el medio,
Los Soprano nace bajo una premisa endiabladamente atractiva: la historia de un capo del crimen organizado de New Jersey y sus dificultades para conciliar sus menesteres familiares con los de la otra familia. Pero es sólo la premisa, y
Los Soprano, durante seis temporadas que emite la HBO hasta 2007, pone en bandeja apasionantes disquisiciones: la doble crisis de la figura paterna y la patriarcal, el peso del liderazgo, los remordimientos de un gángster, la erótica del poder y temas varios de diván a tratar con la doctora Jennifer Melfi. Sumemos una cinefilia patente, extraordinarias dotes para la parodia (y la autoparodia), un elenco en permanente estado de gracia y una narrativa superdotada. Convendremos entonces en que sí, probablemente
Los Soprano sea la serie perfecta. O casi.
ATENCIÓN: SPOILERS
Espero ansioso que resucite
Elitevision para seguir sumergiéndome en deliciosos análisis episódicos. Mientras tanto, dejo aquí una prueba fehaciente de lo que vengo diciendo.
Aparcamiento prolongado es el capítulo en el que veremos morir a Adriana La Cerva (Drea de Matteo). Tras revelarle su posición de confidente del FBI a Christopher (Michael Imperioli), este sale del apartamento dejándola a ella y alguna que otra promesa de escapar definitivamente a la "familia". Poco después, Adriana recibe una llamada de Tony Soprano (James Gandolfini) comunicándole una noticia nefasta: Christopher ha intentado suicidarse y se encuentra ingresado en el hospital. Soprano le anuncia que Silvio irá en breve a buscarla para llevarle al hospital a ver a su prometido. Y una vez en el coche...
1. Silvio (Steve Van Zandt) se desvía de la carretera principal. Todo bien hasta aquí.

2. Adriana, más serena, escucha al
consigliere, tan imperturbable como de costumbre. En un primer plano, vemos a Silvio decirle que no se preocupe por Christopher, que es un chico fuerte.


3. Pero entonces pasamos a primer plano de Adriana. La serenidad ha desaparecido. Empieza a sollozar. ¿Angustia por Christopher?

4. No. El fatal destino de Adriana se anuncia con un solo contraplano. Vemos el bosque e inmediatamente sabemos cuál ha sido la decisión de Christopher y qué es lo que pasará a continuación. El camino tomado no es el del hospital, sino el del matadero. Sobran las palabras y cualquier giro afectado de espectacularidad. Basta un solo plano de unos cuantos árboles para darnos un vuelco como espectador. Y demostrar una vez más porque
Los Soprano es lo más cercano a una serie perfecta.
Aquí la escena entera.
En las imágenes: Fotogramas de "Los Soprano" - Copyright 1999-2007 HBO. Todos los derechos reservados.Etiquetas: 24, David Chase, Dexter, Drea de Matteo, House, James Gandolfini, Los Soprano, Lost, Michael Imperioli, Steve Van Zandt, The IT Crowd