domingo, diciembre 31, 2006

Retratos de la Nouvelle Vague (V y último): À bout de souffle

À bout de souffle, Al final de la escapada, Al filo de la escapada, Sin aliento... Falsos sinónimos, libres traducciones de la obra cumbre de la Nouvelle Vague. Una vez más, cumbre al principio, en el año del idilio cinematográfico: 1959. El año de Bresson y Pickpocket, el año de Cassavetes y Shadows, de Resnais e Hiroshima..., de Truffaut y Les 400 coups... Cosecha brillante e inigualable de cine mayúsculo con la cabeza visible de Belmondo y su sombrero ladeado. Godard, enfant terrible, logra un hito, un antes y un después de su primera gran obra maestra.


Montaje salvaje y rupturista, ausencia de guión salvo trazos argumentales básicos, improvisación, diálogos inventados sobre la marcha, planos imposibles, picados, contrapicados, Godard y sus cameos, homenajes varios a la Nouvelle Vague (Hiroshima, mon amour en un cine de París), desprecio infinito hacia los convencionalismos, rebeldía, inconformismo... Suma imposible en una película que rompió el miedo a alterar lo clásico, la construcción lineal que dictaban los manuales de cine, cine nuevo, único, irrepetible y su del mismo espíritu insultante y chulesco que su héroe, Michel Poicard.

Belmondo construye un mito dentro de otro mito, un personaje incomprensible, gamberro y nihilista ("entre la pena y la nada, elijo la nada...") que se ha enamorado. Motivos no le faltan: su Patricia es Jean Seberg, rubia americana de pelo corto y todos los honores para ser nombrada la más bella musa de la Nouvelle Vague. Su cara de ángel contrasta con el rostro curtido de Belmondo, hombre duro e imposible, amante enfermizo y delincuente de profesión. Un romance poco usual, en el filo de una escapada que tampoco es tal. Más bien la convicción de Godard de que un romance y una escapada no tienen por qué ser lo que nos hasta ahora habían sido. Y lo bien que le sale...




jueves, diciembre 28, 2006

Cándida



Resulta difícil encontrar películas hoy en día cuya principal virtud sea la sencillez. Cándida no tiene una trama compleja, ni espectaculares efectos especiales, tan solo tiene la historia de una mujer cuyo hobby es ser amable con la gente. Bajo esta premisa Guillermo Fesser nos trae una comedia, con bastantes toques de drama (o comedia tierna como la ha definido el propio Fesser), que probablemente sea una de las mejores opciones de cine familiar durante estas navidades.

Pese a que detrás de las cámaras se encuentra Guillermo, también ha participado de este proyecto su hermano Javier. Esto es algo que se aprecia en la pantalla con las altas dosis de humor absurdo marca de la casa, aderezado eso sí, con la personalidad única de Cándida Villar. No obstante, el film tiene más que agradecer a Cándida que a los Fésser, ya que es la desventurada vida de esta mujer la que nutre el guión y entorno a la cual orbita la acción. Para los que no la conozcan, Cándida era 'fregona' en M80 cuando conoció a los conductores de Gomaespuma, Guillermo y Juan Luis, con los que estableció una gran relación gracias a su desbordante optimismo. Ahora es parte del equipo de Gomaespuma y uno de los miembros más queridos por la audiencia. El propio Fesser reconoce que no tuvo Cándida la suerte de meterse en la radio sino que fue suya la suerte de encontrarla.

Algo parecido ocurre en la película. Mediante la figura de un presentador de informativos, Cándida pretende devolver la mirada del espectador a cosas que realmente importan más allá de las cotidianas vanalidades. De hecho la película hace constantes referencias a esta reflexión a lo largo de todo su metraje. De este modo, la película no se queda en una simple sucesión de humor delirante sino que quiere contar algo de forma sencilla y efectiva.

Por otra parte queda patente que Cándida no es una gran actriz, pero Guillermo Fesser sabía que solo ella podía tener un papel así. Al fin y al cabo es en parte la historia de su vida y, como tal, no interpreta sus emociones sino que las revive. De este modo, ya sea por la singularidad del personaje o por la pasión mostrada ante la cámara, resulta difícil imaginar a otra persona en su lugar. Como la propia Cándida Villar indica, la frase "prefiero morir de repente que un poco todos los días" no es parte del guión sino de su vida.

Aún así ,es posible que por la arriesgada apuesta que supone filmar centrándose en la vida de Cándida o por el toque personal Fesser sea una película que no acabé de gustar a todo el público por igual. Por mi parte solo puedo acabar diciendo 'es muy bonita, llevad a todos los niños a verla'.
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Cándida. España. 2006. 103'.
Director: Guillermo Fesser.
Guión: Guillermo Fesser y Javier Fesser.
Música: Cope Gutiérrez.
Montaje: Iván Aledo.
Fotografía: José María Civit.
Diseño de producción: Javier Fernández.
Vestuario: Tatiana Hernández.
Producción: Luis Manso, Javier Fesser y Gustavo Ferrada.
Intérpretes: Cándida Villar (Cándida), Jorge Bosch (Pablo), Raúl Peña (Javi), Víctor Sevilla (Julián), Yaiza Guimare (Mónica), Toni Morant (Flores), Joan Massotkleiner (Riki), María Elena Fesser (marquesa Martínez Campos), Maxi Márquez (marqués Martínez Campos), Soledad Mallol (Blasa) y Pedro Ruy-Blas (vecino).
Puntuación: 7'5
Para ver estos enlaces necesita uno la targeta del Canal Pus...
http://www.labutaca.net/films/47/candida.htm (sobre la peli)
http://www.candidalapelicula.com/web/index.html (página web)
http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2006/333/1139595338.html (reportaje de la película)
http://www.blogdecine.com/2006/12/22-acandidaa-nos-reimos-con-ella-o-de-ella (crítica de la peli)

martes, diciembre 26, 2006

Eragon



Una de esas señales inequívocas de que ha llegado la navidad la encuentra uno a la puerta del cine. De repente uno se da cuenta que la programación de los multisalas se llena de moñadas diversas, películas infantiloides o vergüenzas indescriptibles de la mano de cómicos como Tim Allen. También viene siendo tradición en los últimos años encontrarse productos de fantasía, adaptaciones de novelas incidentes en mundos imaginarios que encuentran su mayor e indiscutible referencia en la trilogía de Tolkien y por tanto, la de Jackson.

Eragon desde luego no escapa a esa oleada de películas surgidas a rebufo de El señor de los anillos. Y esta, huele a refrito. Apesta a refrito. Un poco de elfos por aquí, otro poquito de Rivendel por allá (le cambiamos el nombre, vale), unos cuantos orcos disimulados con vendas y bichitos asquerosos, un elegido para que salve el mundo y hasta un malo malísimo de asombroso parecido a 'lengua de serpiente'. Por supuesto incorpora la novedad de los dragones y sus jinetes, pero hasta ahí lo que Eragon aporta de nuevo. La falta de originalidad es, pues, la principal ausente de una película a la que se le presupondría un desborde de fantasía, falta que suple a base de batallas y peleas bien repartidas a lo largo de su metraje. Porque eso sí, la distracción que proporciona es innegable y su sencillísima trama no decae en ningún momento, máxime para los pequeños que la disfrutan los que más. Pero ese entretenimiento no deja de ser más que un fast food cinematográfico, trampa para obligados padres a acompañar a sus pequeños o para adolescentes eufóricos.

En medio de este espectáculo de fuegos artificiales y magia que viene y va, hay hueco para que Jeremy Irons se redima de su lamentable precedente en una película de este tipo y para la más que curiosa aparición de Crispin Glover (alias 'Willard'). A ellos dos le sumamos la impresionante belleza de Sienna Gallory y hasta ahí la suma en lo que al reparto se refiere. La aparición de John Malkovich como rey déspota y tirano se reduce a tan pocos minutos en pantalla que bien podría ser considerado un extra más, siendo algunos de esos segundos que le araña a la película los más innecesarios (el malo malísimo y cabreadísimo nos insiste en que habrá una segunda parte, por si a algún despistado en la sala se le había escapado).

Y aún a riesgo de quedarme corto en la crítica, nada más que contar. Entretenimiento palomitero, espectaculares efectos especiales a mansalva y una mayoría de personajes de cartón piedra de los que, como suele ocurrir en estas películas, poco se sabe o se pasa de puntillas sobre ellos. En resumen, ideal como película navideña "para todos los públicos", con canción moñas en los créditos incluída, lista para saltar a los cuarenta principales. Ah, y la dragona (porque es dragona) habla, aunque sea telepáticamente. Pero yo prefiero a Paco Rabal.
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Eragon. Estados Unidos. 2006. 104'.
Director: Stefen Fangmeier.
Guión: Peter Buchman; basado en la novela de Christopher Paolini.
Música: Patrick Doyle.
Montaje: Roger Barton.
Fotografía: Hugh Johnson.
Diseño de producción: Wolf Kroeger.
Vestuario: Kym Barrett.
Producción: John David y Wyck Godfrey.
Intérpretes: Edward Speleers (Eragon), Jeremy Irons (Brom), Sienna Guillory (Arya), Robert Carlyle (Durza), John Malkovich (rey Galbatorix), Djimon Hounsou (Ajihad), Garrett Hedlund (Murtagh), Joss Stone (Angela).
Puntuación: 4
Más dragonerías...
http://www.labutaca.net/films/47/eragon.htm (sobre la peli)
http://www.eragonmovie.com/ (página web)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1446 (sobre Jeremy Irons)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/modules.php?name=News&file=article&sid=1458 (sobre John Malkovich)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3253.html (crítica de la peli)

sábado, diciembre 23, 2006

Retratos de la Nouvelle Vague (IV): Hiroshima, mon amour

Hiroshima o el amor imposible. El romance clandestino de dos amantes unidos por el azar en el más improbable jardín en que pudiese florecer el amor. Hiroshima, la ciudad levantada sobre las cenizas donde solo es posible rodar una película sobre la paz, donde ella es una actriz deseosa de aventura, de pasión, encontrada en el primer japonés de su vida (aunque no tan japonés, como dice ella)

La obertura es demoledoramente hermosa, cuerpos abrazados, brazos entrelazados de los amantes que recuerdan el desastre de la bomba. O eso hace ella, para que no lo olvidemos y Resnais no olvide su encargo de hacer una película sobre la bomba de Hiroshima. Él se limita a repetir que ella no sabe nada, no ha visto nada, no sabe nada... La noche es el éxtasis el amor sin límites condicionado a la despedida inminente de ella, al adiós inaplazable y el "desearía que siempre fuera de noche". Él se resiste a aceptarlo y le suplica quedarse, en nombre del amor imposible, amor con mayúsculas de una noche y para siempre.

Ante el 'no' insistente de ella, Hiroshima (él) extorsiona sentimentalmente a Nevers (ella) y fuerza la desgarradora confesión, el dolor arraigado en el pasado, el amor oculto a un soldado alemán en la segunda mundial, amor paralelo a la vida en Hiroshima, amor con el mismo fatal destino: el asesinato brutal y sin concesiones. La confesión de Nevers obliga a ella a vagar por las calles de Hiroshima huyendo del amor, de la vida incierta y prometida a la que se lanzaban los enamorados de Les amants, pero aquí extirpado por la razón y el trauma de Nevers.

Resnais y Duras son los nombres propios de Hiroshima, mon amour. Director y guionista, padres ambos de una historia romántica de difícil digestión y mal envejecimiento. Sí, existe un romanticismo implícito en la película de Resnais, pero queda eclipsado y subyacente al retrato de un trauma, el suyo (de ella) y el de Hiroshima (él). La tragedia pasada y presente que significa el fin del amor (y por consiguiente, de la vida) es el fantasma que deambula por la película perdido en largos (larguísimos) paseos acompañados de largos (larguísimos) monólogos que son la voz de Duras. Brillantes las palabras, versos, prosa que nace de los labios de Emmanuelle Riva, pero a la larga vaciados de la emoción que merece toda gran historia de amor y diluídos bajo las eternas divagaciones de su protagonista.




Y Resnais dice:

"...Recuerdo haber solicitado a Marguerite Duras una historia que se desarrollase a dos velocidades distintas. Yo la había situado en Lyon durante la Resistencia, pero ella sugirió Nevers que, realmente, posee una pronunciación más hermosa como sonido......

Yo mantengo que un film como Hiroshima, mon amour transcurre siempre en presente. Las escenas de Nevers son imágenes mentales de la protagonista, lo cual permite establecer la hipótesis de que sean falsas..."


viernes, diciembre 22, 2006

Amores Perros



Con la vista y las expectativas puestas en ese monumento fílmico que promete ser Babel, es momento de echar la vista atrás y recuperar al González Iñárritu de hace 6 años. Justo el mismo de ahora, el mismo Alejandro humano, humanísimo, el discípulo más avanzado de Altman, capaz de entrelazar historias mínimas y no tan mínimas, cotidianas y trágicas sin dejar que una pizca de humanidad y de intensidad se derrame de sus imágenes. El Alejandro González Iñárritu de Amores Perros contaba con la sorpresa, con el desconocimiento del público internacional de un mexicano cuyo nombre apenas sonaba en Mexico tras su opera prima, El timbre. Y claro, Amores perros fue una bomba de consecuencias devastadoras, el destape de un gran director cuyo nombre iba anclado al de un gran guionista, Guillermo Arriaga.

Cuando se menciona a Iñárritu y a Arriaga, es inevitable identificar el tipo de película que vamos a ver. La película Iñárritu-Arriaga. Cine de autor con mayúscula, cine intenso, cine apasionante y conmovedor, cine trágico y doloroso, cine humano y sobre todo cine, mucho más allá de cualquier etiqueta que se pueda poner detrás de la propia palabra. Amores Perros ya anunciaba los elementos claves que le constituirían como autor de renombre: historias paralelas tangentes en un punto que constituye la tragedia, montaje complejo, desarraigado y muchas veces atemporal, abundancia de estilo en cada uno de sus fotogramas, y además en este caso perros, muchos perros en un perro mundo... Los perros son piezas clave de Amores Perros, siendo objeto de cariño y desprecio por parte de sus dueños, siendo la perfecta metáfora de las relaciones humanas que explora y explorará en sus siguientes películas su director.

En la primera de las tres historias, Octavio (Gael García Bernal) está enamorado de Susana, la mujer de su hermano, quien la maltrata y engaña estando embarazada y con un hijo ya en su haber. El destino, ingrediente inexcusable de cualquier película de Iñárritu hace que el perro se escape de casa y acabe topándose con una banda dedicada a las peleas de perros, para acabar destrozando a su más letal máquina de matar. A partir del trágico suceso, Octavio ve en su mascota un filón para reunir dinero y convencer a Susana de escapar juntos y vivir una vida nueva.
La segunda de las tres historias haría las delicias de Edgar Allan Poe. Una modelo española y su amante se van a vivir juntos. Ella está en la cúspide de su carrera y vida emocional hasta que un accidente la deja al filo de la muerte y con una pierna completamente destrozada. Valeria ve truncada su carrera como modelo y su relación sentimental irse por el fondo del retrete. En el proceso de rehabilitación y jugando con su perro, el animal se cuela por un agujero del suelo de madera para desaparecer durante varios días en el subsuelo de la casa. Valeria escucha angustiada durante horas los gritos de sufrimiento de su perro sin poder hacer nada para ayudarle.
La tercera y última cuenta la historia de un viejo mercenario con un oscuro pasado en el que abandonó a su familia. Vaga por las calles recogiendo perros abandonados y saldando cuentas para otros. Un día encuentra un perro moribundo, herido de bala en medio del caos de un sangriento accidente de tráfico. Después de curarlo y adoptarlo como uno más de sus compañeros, el perro acaba matando al resto de la jauría y su dueño, ido de ira se plantea ejecutarlo.

A partir de los perros y del suceso trágico que sirve de unión (no es difícil adivinarlo), Alejandro González Iñárritu ofrece una película completamente desgarradora, donde personas y perros dejan en evidencia sus instintos y naturaleza, capaces de amar al que les acoge para luego inflingirles un daño desproporcionado, cruel. Menos compleja en el montaje que 21 gramos, menos abusiva de la casualidad y el azar también, el pero de Amores Perros viene en el hecho de que la primera historia sea la mejor de las tres. Precisamente en ella encontramos la imagen-icono de la película con uno de los dueños conteniendo a su perro enfurecido. Es también la historia más completa y la que mejor muestra el dolor humano, la decepción que tan palpablemente queda expuesta en su conclusión, no así en la historia de Valeria que por momentos parece encallada, sin saber cómo avanzar.

Y así es como, con un guión prodigioso de Arriaga , capaz de darle más de una vuelta de tuerca al azar y destino más deprimente, y un puñado de buenos actores (notable para Gael García Bernal) es como se construye una gran película que, a pesar de todo, sigue siendo el punto de referencia a partir del cual Iñarritu proseguiría su evolución (a más) en una trilogía de las que quedan marcadas a fuego en el cine de esta primera década de cine del nuevo siglo.
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Amores Perros. México. 2000. 153'.
Director: Alejandro González Iñárritu.
Guión: Guillermo Arriaga.
Fotografía: Rodrigo Prieto.
Música: Gustavo Santolalla.
Montaje: Luis Carballar.
Producción: Alejandro González Iñárritu.
Intérpretes: Emilio Echevarría (el Chivo), Gael García Bernal (Octavio), Goya Toledo (Valeria), Álvaro Guerrero (Daniel), Vanessa Bauche (Susana), Jorge Salinas (Luis), Marco Pérez (Ramiro), Rodrigo Murray (Gustavo), Humberto Busto (Jorge), Gerardo Campbell (Mauricio).
Puntuación: 8
Sigue perreando por la red...
http://es.wikipedia.org/wiki/Amores_perros (sobre la peli)
http://www.imdb.com/title/tt0245712/ (sobre la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article417.html (crítica de la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1825.html (sobre Gael García Bernal)
http://es.wikipedia.org/wiki/Goya_Toledo (sobre Goya Toledo)
http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=58537&mapnivel1=CIN (vídeo de una entrevista con Alejandro González Iñarritu)
http://www.elpais.com/articulo/cine/Guillermo/Arriaga/cazador/escribe/elpcinpor/20051202elpepicin_9/Tes (sobre Guillermo Arriaga)

domingo, diciembre 17, 2006

Retratos de la Nouvelle Vague (III): Los 400 golpes

Recuerdo bien
aquellos "cuatrocientos golpes" de Truffaut
y el travelling con el pequeño desertor
Antoine Doinel,
playa a través,
buscando un mar que parecía más un paredón.

Y el happy-end
que la censura travestida en voz en off
sobrepusiera al pesimismo del autor,
nos hizo ver
que un mundo cruel
se salva con una homilía fuera del guión.
Cine, cine, cine,
más cine por favor,
que toda la vida es cine
y los sueños,
cine son.

Al fin llegó
el día tan temido más allá del mar,
previstos por los grises de Henri Decaë
cuánta razón
tuvo el censor,
Antoine Doinel murió en su "domicilio conyugal".

Pido perdón
por confundir el cine con la realidad,
no es fácil olvidar Cahiers du Cinéma,
le Mac Mahon,
eso pasó,
son olas viejas con resacas de la nouvelle vague.

Cine, cine (Luis Eduardo Aute)
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martes, diciembre 12, 2006

Retratos de la Nouvelle Vague (II): La mamain et la putain

Sólo una película tan desconocida, posterior y oculta por el espectro de la Nouvelle Vague podía ser tan perturbadora. A pocos se le escapaba que en 1973 la nueva ola había ya tocado a su fin y que sólo un realizador maldito como Jean Eustache podría permitirse el (último) capítulo final del movimiento cinematográfico más influyente y poderoso hasta la fecha conocido.

Película misteriosamente hipnótica, pese a sus 219 minutos, tour de force incomprendido y desconocido en España, su reaparición la convirtió casi automáticamente en película de culto. Elementos no le faltan. El trágico final de su director, quien se quitara la vida 8 años después, es uno de ellos, y a él se le incorpora el carácter nostálgico de la generación perdida, de la cultura desaparecida y del mayo del 68. Un último esfuerzo de retratar el mundo que pudo ser y que no llegó a ser, la vida desde el amor al amor, desde la bohemia y los cafés de París donde uno podía sentarse a dos mesas de Sartre a discutir sobre Murnau o Pabst. Una profunda desilusión.

Y a todo esto, Doinel (Léaud) ha crecido, pero no del todo. Ahora se llama Alexandre, extravagante y maniático Alexandre que vaga por las calles de París cual Horacio Oliveira, y dice que no tiene casa y añade que por suerte para él. Vive con su amante, la mamain del título (Bernardette Lafont), que le cuida y adora pese a la extraña convivencia que mantienen. Veronika, o la putain del título (François Lebrun), irrumpe violentamente en ese círculo tras un cruce de miradas en el café de una rue cualquiera y un intercambio de teléfonos. El círculo se estrecha, los papeles se confunden, el amante erudito y bohemio queda en evidencia, todos lloran lo perdido y que ya no queda nada por perder, mientras en el gramófono entona el Requiem de Mozart.

Y Edith Piaf, y Zara Leander, y Offenbach, y Bresson también... Ya no queda romanticismo, sólo putas y madres. Nada por lo que luchar, nada en que creer, la muerte lenta y dolorosa del 59, del 68, el umbral de la nueva era del miedo a la palabra, a la duda y la libertad. Dolor infinito el que encierra La mamain et la putain, el mismo que carcomía a Eustache fuera de su cine y le llevaba a hacer autorretratos dentro de él. Y el adiós de la generación perdida...

miércoles, diciembre 06, 2006

Casino Royale



Podría decirse que Casino Royale sigue la línea de inventarse precuelas que tan de moda puso George Lucas hace ya casi 10 años. Pero lejos de la realidad, Casino Royale rescata la novela original de Ian Fleming y nos muestra a Bond en su primera misión como 007. La anécdota no se queda en un simple salto al pasado sino que los productores de la serie han aprovechado para dar a Bond un lavado de cara y alejarse de la línea (errónea para muchos) de Muere otro día.

Lo más sorprendente de este proyecto es que no sea hasta 2006 cuando se estrene, siendo la primera novela de James Bond. La explicación es que los derechos de ésta no estuvieron en manos de la familia Broccoli hasta el año 2000. Si echamos la vista atras encontraremos una comedia de Peter Sellers que hacía uso de los derechos de Casino Royale. Aprovechando la oportunidad de retomar desde sus inicios la serie, se creyó conveniente buscar un nuevo perfil de Bond, que parece encajarle a la perfección a Daniel Craig. Con ello se ha conseguido forjar un Bond menos frío, menos letal y, en cierto modo, más creíble. Por supuesto que para muchos Bond seguirán siendo Connery y Moore, pero ahí ya no me meto.

La trama de Casino Royale se desarrolla con cierta complejidad inicial que mantiene sus puntos de intriga a lo largo de todo el metraje, pero en esencia es una película de acción clásica. Es espectacular y tensa sin necesidad de recurrir al ordenador. Pero principalmente presenta la evolución de un James Bond recién reclutado hasta el espía frío y calculador de las últimas entregas. Se ha hecho mención de que el nuevo Bond es más oscuro, pero creo que sería más correcto decir que se le ha sacado un poco de su halo de deidad, se le ha dado mayor humanidad.

Mención especial merece el hecho de que el film prescinda de paranoias megalómanas como satélites o barcos de camuflaje. Le Chiffre (Mads Mikkelsen) es un villano convincente y realista. Las motivaciones de los personajes son en apariencia digeribles por el cerebro humano. De igual manera es de agradecer que Eva Green, la nueva chica Bond, no se limite prácticamente a lucir palmito y apretar el gatillo, e interprete a un personaje y no un estereotipo. También podremos conocer un poco más de M (nuevamente interpretada por Judi Dench), concretamente cómo es su casa. Pero lo que no podremos saber es nada nuevo de Q, desaparecido en combate al igual que la mayoría de sus artilugios. Y en este caso es una pena dado que me descubro admirador de John Cleese.

La principal pega de Casino Royale es su excesiva duración. Muchas escenas se alargan en exceso como la persecución inicial con espectáculo parkour incluído o escenas del final que, por motivos obvios, no revelaré. Aún así, su director, Martin Campbell, que ya dirigió al espía británico en GoldenEye, consigue mantener un buen nivel de entretenimiento durante la casi totalidad del metraje. Y esto tiene especial mérito (debido en su mayor parte a Ian Fleming) ya que el grueso de la trama se centra en una partida de póker que se celebra en Casino Royale.

Los fans de la serie se verán gratamente sorprendidos por una vuelta al sello que ha llevado James Bond en sus entregas clásicas. Los fans de la acción se verán recompensados por un film que recupera el saber hacer de grandes clásicos como La jungla de cristal, sin necesidad de efectos especiales que acaben devorando la película. Y el niño que pegaba golpes a mi butaca en el cine se queda con un mal de ojo que le he echado.
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Casino Royale. Reino Unido, República Checa, Alemania y Estados Unidos. 2006. 144'.
Director: Martin Campbell.
Guión: Neal Purvis, Robert Wade y Paul Haggis; basado en la novela de Ian Flemming.
Montaje: Stuart Baird.
Fotografía: Phil Méheux.
Vestuario: Lindy Hemming.
Producción: Michael G. Wilson y Barbara Broccoli.
Intérpretes: Daniel Craig (James Bond), Eva Green (Vesper Lynd), Mads Mikkelsen (Le Chiffre), Jeffrey Wright (Felix Leiter), Judy Dench (M), Giancarlo Giannini (Mathis), Caterina Murino (Solange), Simon Abkarian (Dimitrios), Jesper Christensen (Sr. White), Ivana Milicevic (Valenka), Tobias Menzies (Villiers), Sébastien Foucan (Mollaka) e Isaac De Bankole (Obanno).
Puntuación: 7
Me llamo Bond, James Bond...
http://www.labutaca.net/films/45/casinoroyale.htm (sobre la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3240.html?topic=4 (critica de la peli)
http://www.elmundo.es/elmundo/2005/10/14/cultura/1129290214.html (sobre Daniel Craig)
http://lanegraflor.blogspot.com/2006/11/va-green-sabor-francs-para-vesper-lynd.html (sobre Eva Green)
http://es.wikipedia.org/wiki/Judi_Dench (sobre Judi Dench)
http://es.wikipedia.org/wiki/Ian_Fleming (sobre Ian Flemming)

domingo, diciembre 03, 2006

Retratos de la Nouvelle Vague (I): Les Amants

Una barca navega a través de un riachuelo con dos amantes a bordo. Ambos se encuentran tumbados, mirándose con desbordado amor y una ternura infinita mientras la poderosa partitura clásica de Alain de Rosnay suena de fondo. La escena en sí es una alegoría a la pasión, una manifestación exaltada del enamoramiento que se acentúa con las palabras de los dos amantes: "te quiero... eres guapo... te quiero...". Y la barca se pierde entre la maleza...

Ella es una aburrida burguesa, cansada de la monotonía de su matrimonio con un aburrido periodista que ya no la toca. La única aventura que queda en su vida es la de visitar a su amiga en París los fines de semana y aprovechar la estancia para lanzarse a los brazos de Raoul, un apuesto y pretendido campeón de polo del que cree estar enamorada. Son esos (escasos) los días de libertad y de pasión que llenan la vida de Jeanne (Tournier en la ficción, Moreau en la realidad).

Y entonces la sospecha creciente de su marido la obliga a celebrar una velada a la que asistan sus dos amigos. El destino fuerza a Jeanne a sufrir una avería de camino a esa cena, cruzándose en su camino con un desconocido que acabará convergiendo con los demás actores de la trama en lo que acaba convirtiéndose en una siniestra velada: insufribles silencios y conversaciones rellenas de palabras vacuas, insolencias de un amante celoso y falsedad manifiesta de un marido con tal de no admitir duda respecto a lo que es suyo. De repente Jeanne odia todo lo que le rodea, odio profundo y aburrimiento soberano de nuevo. El vacío absoluto.

Ese vacío que no le deja dormir, que reconduce sus pasos y la lleva al exterior de la casa en la madrugada. Allí espera el arqueólogo, el desconocido que la recogió. Juego de miradas, esquivas primero y furtivas después, juego del deseo, el hombre y la mujer solos ante la naturaleza y solos el uno ante el otro, descubriendo aquello que no supieron ver a la luz del día, despertando una tormenta de sentidos que les invaden y que explotan en la unión de un beso. Los amantes se sumergen en el trance absoluto e inician un paseo que resucita sus vidas y sus corazones. Eso debe ser el amor, piensan, eso debe ser enamorarse... y Louis Malle lo pone delante de nuestros ojos para que lo comprendamos.



Pero salta a la vista que Les Amants no es una película genuina de la Nouvelle Vague. No hay transgresiones, ni un guión desmontado y rupturista, ni violencia y desorden en el montaje o los planos. Más bien Les Amants muestra un completo respeto por la narrativa y estética clásica del clásico cine francés, por lo menos hasta que descubrimos dos elementos: la aparición del bohemio y latin lover, que va y viene a ninguna parte y que simboliza la aventura, la última oportunidad para el corazón desgastado de Jeanne, y el lírico y casi onírico final, donde el enamoramiento significa también un dudoso futuro y, por tanto, un final abierto. Malle nunca fue el autor arrebatador y genuino que fueran Truffaut o Godard, pero fue de los primeros en atreverse, en romper con el clásico conservadurismo del romanticismo en el cine y de hacerlo al servicio de dos amantes que explotan su deseo en la noche, pero que con la llegada del día descubren la incerteza de su futuro. Tras hacer el amor y dormir juntos pese a la amenaza de su entorno, el cielo da paso a una nueva aurora y el día a las nuevas incertidumbres. Jeanne está segura de haberse enamorado, pero duda de sus actos al despedirse de su hija dormida, y vuelve a hacerlo tras dejar atrás la mansión, cuando ambos huyen en el coche y ella llora. Jeanne se apresura a decir que está segura de lo que hace, que no sabe qué le pasa y que le perdone. Él, serio y meditabundo mira a la carretera mientras recita la más bella frase de Les Amants:

"...desearía que siempre fuera de noche..."

viernes, diciembre 01, 2006

Borat



...o la pintoresca aventura de un sucio, bruto y vulgar kazajo en la 'civilización'. Ese es Borat, claro. O Sacha Baron Cohen, antes Ali G. Nunca fue tan difícil criticar una película tan crítica con la realidad que describe, sin dejar un solo momento de mofarse de ella y hacer partícipe al público.

Y digo difícil por su capacidad para generar tanta repulsión como admiración. Sería tan injusto elevar Borat como una comedia revolucionaria como tildarla de película vulgar y burda. El caso es que está a medio camino de ambas cosas. Borat es escatológica, bestia y absolutamente descargada de cualquier tipo de buen gusto (hasta el punto de hacernos replantear qué lo es y qué deja de serlo), pero a la vez es totalmente despiadada en su mirada hacia la sociedad americana, un mosaico de culturas y gentes visto además desde un sujeto construido desde los prejuicios propios de una sociedad kazaja aparentemente en las antípodas de la nueva que descubre. Resulta divertidísimo y a la vez incómodo ver a un pobre inocente adentrarse en la jungla de Nueva York (con guiño a Cowboy de Medianoche inclusive) donde ríos de gente van y vienen sin atisbo de calidez humana alguna. Borat no tarda en comprender que puede ir olvidándose de la familiaridad de su pueblo y su gente, salvo excepciones que vienen, paradójicamente, dadas por dos subculturas y en dos encuentros generalmente repudiados por el resto de la gente: un desfile del orgullo gay y un encuentro con un grupo de chavales negros de los suburbios. Borat se ve abordado por las contradicciones de un mundo tan luminoso como hipócrita, tan presumido de su heterogeneidad pero tan repleto de odio hacia lo diferente...

Por tanto, uno puede afirmar sin miedo a equivocarse que Borat es un experimento sociológico de primera orden. El problema es que se vale del 'todo vale' y de una absoluta grosería para realizar su crítica, reventando las fronteras de lo 'políticamente correcto' y con claros altibajos en su línea de humor. A veces nos sorprende con arrebatos de brillante humor dado, casi siempre, por los equívocos de Borat debido a su ignorancia respecto a su entorno, para luego regalar con una escena tan gratuita y tan hiriente a la vista del espectador como es la escena de la pelea en el hotel, tan desagradable como innecesaria. Borat es sinónimo de polémica, es su razón de ser y la controversia su punto de partida, pero saldría ganando si aceptara dejar de lado determinadas escenas que no aportan nada al conjunto.

En todo este tinglado hay un responsable, protagonista, alma e impulsor que es el cómico Sacha Baron Cohen. Él es el centro y alter ego de Borat, un personaje que podría haber fracasado rotundamente y, sin embargo, triunfa gracias al buen hacer y enorme carisma del autor. Se podría decir que Baron Cohen buscaba un vehículo para dar rienda suelta a sus perversiones y utilizarlas como arma de doble filo, punzante como pocas, contra la supuesta primera sociedad del supuesto primer mundo ¿El resultado? una comedia tan inclasificable como delirante.
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Borat. Estados Unidos. 2006. 84'.
Director: Larry Charles.
Guión: Sacha Baron Cohen, Anthony Hines, Peter Baynham y Dan Mazer; basado en un argumento de Sacha Baron Cohen, Peter Baynham, Anthony Hines y Todd Phillips.
Música: Erran Baron Cohen.
Montaje: Peter Teschner y James Thomas.
Fotografía: Anthony Hardwick y Luke Geissbuhler.
Vestuario: Jason Alper.
Dirección artística: David Maturana.
Producción: Sacha Baron Cohen y Jay Roach.
Intérpretes: Sacha Baron Cohen (Borat), Ken Davitian (Azamat).
Puntuación: 6
La boratmanía en la red...
http://www.labutaca.net/films/47/borat.htm (sobre la peli)
http://www.fanzinedigital.com/articulo.php?sec=c&cod=2610&tm=3&al= (critica de la peli)
http://www.fox.es/borat/ (web oficial España)
http://www.boratmovie.com/ (web oficial Estados Unidos)
http://es.wikipedia.org/wiki/Sacha_Baron_Cohen (sobre Sacha Baron Cohen)

sábado, noviembre 25, 2006

Robert Bernard Altman (20.02.1925 - 20.11.2006)

Muere Altman, y con él se va uno de los grandes maestros del cine. Altman el inconformista, el director siempre al márgen y a contracorriente de Hollywood, eterno crítico e incómodo creador de obras tan originales e hirientes como MASH, Nashville, Los vividores o El juego de Hollywood. Un legado de más de 30 películas que, por descontado, nunca contaron con el favor de la Academia hasta su tardía justificación con el oscar honorífico de 2005. Su carrera estuvo siempre llena de altibajos, películas de autor y alguna sorprendente incursión en el mundo del cartoon (Popeye) o el de la moda (Prêt-à-porter). Rarezas a parte, Altman será recordado por su particular maestría para retratar Vidas Cruzadas, manejarlas a su antojo en encuentros y desencuentros corales donde desnudaba hacia vulnerables a sus personajes ante el espectador. Altman, incansable trabajador, siguió haciéndolo hasta que su corazón dejó de latir el pasado lunes, dejando como testigo de su paso por el cine una de las filmografías más interesantes (y a la vez personales) de la segunda mitad de siglo XX. Este es, pues, un pequeño y merecido homenaje rendido en un pequeño rincón dedicado al cine. Descanse en paz.

sábado, noviembre 18, 2006

Coe(n)táneos


Bienvenidos al particular universo del asombroso director bicéfalo. Su imaginario les maravillará y transportará a través del más variopinto catálogo de sensaciones y estímulos. Desde las extravagantes rarezas 'freak' a los homenajes al cine negro de los Bogart y Huston. Incluye el recorrido la revisión de los clásicos de Homero en tono ameno y distendido sin olvidar a los más pequeños, que tendrán la diversión asegurada con sus cartoons preferidos. Bonitas postales y añoranza de antiguos romances de cine les esperan, todo con un toque de distinguido humor, algo negro a veces si usted me permite la licencia. Es, no lo pueden negar, una oferta innegablemente atractiva, cortesía del asombroso director bicéfalo que muy gustosamente le presentaré en las siguientes líneas.

Corrigo. 'Les' presentaré. Sus nombres, Joel y Ethan, Ethan y Joel. Contemporáneos del cine, coetáneos y bandera del cine independiente norteamericano, autores con mayúsculas e identidad propia forjada desde su opera prima, los hermanos Coen nunca quisieron hacer muchas películas, pero sí hacerlas bien. Pocos casos se han dado en el séptimo arte de miembros de una familia prodigados en el arte de crear y filmar historias, pocos más allá de la actuación donde sí tienen mención linajes como el de los Fonda o los Baldwin. Los Coen son un bicho raro, en singular, porque son uno: el director bicéfalo. El apodo no lo he inventado yo, y responde a la compenetración que muchos de los actores de sus películas aseguran tienen, hasta el punto de recibir la misma respuesta de ambos a una pregunta sobre el guión o su personaje.

Llegados a este punto, prescindiré de más anécdotas y haré lo propio con los datos biográficos que podréis leer en cualquiera de los links que os esperan al final del post. La mejor explicación posible a los Coen es su inexplicable e imposible cine, y por aquí empezaremos. Trasgresión e inconformismo, surrealismo y estilo, sustantivos que sirven de coordenadas para un cine inclasificable que encierra mil y un recovecos que no caben en este párrafo. Sólo un repaso a los títulos dirigidos por Joel y Ethan Coen da una idea de la complejidad de su filmografía, tan aparentemente divergente y a la vez tan coherente. Ninguna de sus películas tiene nada que ver con la anterior y, salvo contada excepción, hace alarde de una frescura y estilo visual incomparables en el cine norteamericano desde que estos dos hermanos entraron en su escena. Es el sello Coen, que permanece en películas muy alejadas entre sí pero que en su heterogeneidad componen una carrera brillante en constante tira y afloja entre el gran público y los sectores más críticos.

Sangre Fácil (Blood Simple, 1984) fue su oscuro debut en la dirección*. Oscuro por ser un honroso e intenso tributo al cine negro con tintes del subgénero gore. Temprano encuentro de influencias ya en su primera película, que no olvidaba su etapa de montadores en diversos filmes de terror, a destacar Posesión Infernal, rodada bajo la batuta de Sam Raimi. En Sangre Fácil los Coen ya demostraron urgencia por verter todo el cine que llevaban viendo e imaginando desde siempre. Declaración de intenciones en cuanto a la posición de la cámara y los planos en sí, que contradecían con la naturaleza muerta y austera del cine negro clásico. Su inconformismo también se manifestaba en el montaje, aspecto fundamental de cualquiera de sus obras que aquí firmaron bajo el seudónimo de Roderyck Jaynes. Sangre Fácil sentaba las bases Coen tanto en el apartado estilístico como en el narrativo, donde se desarrollaba una siniestra y turbia historia de celos y asesinato donde ya veríamos a una de sus actrices fetiches y esposa de Joel (el pequeño), Frances McDormand.


Tras entrar con paso firme en el cine independiente y hacerlo con la bendición de la crítica, los Coen quisieron volver a sorprender, y lo hicieron. Arizona Baby (Raising Arizona, 1987) es una película extraña, surrealista y llena de personajes inusuales. La segunda película de los hermanos presentaba un universo 'freak' sin precedentes en una historia con un referente visual muy claro: los cartoons. El estilismo acusado de Arizona Baby hace de ella una película alejado de lo comercial y no tan fácil de digerir, apoyada principalmente en personajes peculiares: el delincuente que intenta reintegrarse en la sociedad pero en el fondo no puede dejar de hacer de las suyas (un gran Nicolas Cage), la policía que se enamora de él (Holly Hunter), un motorista que parece venir desde el mismo infierno y un par de presos fugitivos que enturbian la nueva y apacible vida familiar del protagonista (uno de ellos John Goodman, que se convertirá desde entonces en un indispensable para los hermanos). La suma es una comedia única en su especie que, de nuevo, nada tendría que ver con la siguiente película de los Coen.


Esa fue Muerte entre las flores (Miller's Crossing, 1990). Vuelta al cine negro, negrísimo, en su deseo de recuperar los clásicos en blanco y negro sin dejar de darle su personalísimo toque. Más parsimoniosa que sus dos anteriores propuestas, menos estilista y más rendida a las delicias de una excelente fotografía de Barry Sonnenfeld, otro de los habituales (y futuro director de La familia Addams y Men in Black). Un punto fuerte de Muerte entre las flores es descubrir cómo los Coen desenvuelven una historia de gángsteres absolutamente clásica sin renunciar a sus credenciales, con un guión sólido donde abundan los buenos diálogos. El otro punto fuerte corresponde al reparto, descubriendo de nuevo al que será un nuevo actor fetiche, John Turturro, que al igual que Byrne, Finney o Marcia Gay Harden componen sólidas actuaciones (algo que, por otra parte, raramente veremos desfallecer en la carrera del director bicéfalo, excelente director de actores).


En 1991 llegó la hora de la verdad para los Coen. Barton Fink (1991) es su obra más madura, la más personal y lo más parecido al espejo en el que se podrían mirar. Recibió, además, el merecido reconocimiento en Cannes donde ganó la Palma de Oro ese año. Con Turturro y Goodman a la cabeza del cartel y prácticamente únicos protagonistas, Barton Fink es una mirada interior hacia la crisis creativa del autor. En ella, las paredes empapeladas de la habitación de hotel que constituye casi el único escenario, ejercen una fuerza claustrofóbica sobre el protagonista y el espectador, inmerso en una densa y ambigua atmósfera en la que convive con los demonios del escritor en crisis. Pura creatividad creada a partir de la anticreatividad reposada sobre los hombros de un inmejorable Turturro. En Barton Fink el surrealismo del universo Coen se mezcla con el calor pegajoso y la sensación de agobio que traspasa la pantalla y te envuelve sin remisión. Puro arte.



Pero el inescrutable destino quiso que tras la obra que les consagraba, El gran salto (The Hudsucker Proxy, 1994) acabará de la peor manera posible: en un gran batacazo. No es que la quinta película de los hermanos fuera mala, sino que distaba mucho de estar al nivel que sus predecesoras y, lo que es peor, en su intento de lograr una comedia al más puro estilo capriano con, una vez más, dándole el toque Coen, el despropósito se hizo evidente y se quedó a medio camino de todo. Tras Muerte entre las flores y Barton Fink, en El gran salto Joel y Ethan pisaron el acelerador y el resultado fue una película atropellada, fallida e incluso pretenciosa. De nada sirvió que Tim Robbins y la leyenda viva Paul Newman mantuvieran el tipo en una película menor que, por primera vez desde que iniciaran su carrera como directores quedó por debajo de las expectativas y, de paso, dejó constancia del carácter inimitable del cine de Frank Capra. Un paso en falso que ganaría su redención dos años después.


"Sucedió donde nunca sucede nada", reza la frase promocional de Fargo (1996) y de la noche a la mañana, el pequeño pueblo de Dakota del Norte saltó a la fama junto con el mayor triunfo de la carrera de los Coen. 7 candidaturas a los oscar de los que ganó el mejor guión original y mejor actriz (Frances McDormand) y el aplauso unánime de la crítica que la encumbró como una de las obras capitales de los 90. Los paisajes nevados y desnudos de Fargo son el escenario de una historia de asesinatos y miserias humanas que presume de un impresionante guión trasladado con maestría a un thriller que consta de un envidiable pulso narrativo. Es en este punto de la filmografía de los Coen donde se alcanza la perfecta simbiosis entre el cine negro, aquí más policiaco, con ese innato y pícaro humor del que gozan, no exento de una cierta malicia ni tampoco inteligencia. Especulaciones a parte de si el "basado en hechos reales" al que se hace mención en la película fue una broma o no, Fargo se reveló como el compendio de todas las virtudes de los Coen, todo lo mejor de su cine unido en su brillante sexto trabajo. Seguramente, por ella serán recordados.



Y claro, la siguiente se antojaba más complicada con todos las miradas puestas en ellos y las expectativas por las nubes. Llamaron a buena parte de su repertorio actoral favorito (John Goodman, John Turturro, Steve Buscemi, Peter Stormare...) y transformaron a Jeff Bridges en El gran Lebowski (The big Lebowski, 1998), un hippie tirado y vago que accidentalmente se ve envuelto en una trama de secuestro y extorsión a un millonario del mismo nombre. El gran Lebowski supuso una comedia de enredo y/o equivocación que contaba con una galería de personajes otra vez rayantes en lo 'freak', pero que se movían en un contexto cultural y social concreto (la guerra del Golfo) que permitía a los hermanos agudizar su ironía e integrarla plenamente en una sátira en la que cabía hasta un brillante vídeo musical (exquisita banda sonora, con Costello y Dylan entre otros) con delirio alucinógeno de 'el nota' (Bridges) en el que se eleva el surrealismo a la enésima potencia. Bridges desempeñó la mejor actuación de su carrera como el más divertido y absurdo antihéroe de los Coen y Turturro hizo una breve pero magistral aparición (impagable Jesús Quintana bailando a ritmo de Hotel California de los Gypsy Kings). Si hay una película de culto en la filmografía de los Coen, sin duda es esta.


Otra de esas imágenes con las que uno identifica el universo Coen es la de tres presos correteando por los campos de Mississippi. Son George Clooney, Tim Blake Nelson y (como no) John Turturro. Cualquiera diría que están protagonizando una revisión de la odisea de Homero, aunque viendo O, brother where art you? (2000) no es difícil adivinarlo. Elementos no le faltan: el nombre del protagonista (Ulysses Everett McGill), el cíclope encarnado por John Goodman, las tres sirenas que atraen a los fugitivos hacia un oasis de placer y perdición... No deja de ser llamativo que el título de esta adaptación libre del clásico lo deba al nombre ficticio de la película que menciona el héroe de Los viajes de Sullivan, de Preston Surges (1941). En cualquier caso, O, brother... se ganó de nuevo el respeto de Cannes y le valió a Clooney su globo de oro, con lo que se puede decir que salieron triunfantes de una de sus propuestas más arriesgadas. Las claves que le hicieron contar con el aval de la crítica fueron su una vez más brillante estilo visual y su singular reflejo de la época de la Gran Depresión a ritmo de folk.

Tras dos acertadísimas comedias, Joel y Ethan sentían la necesidad de volver a su género predilecto, el negro. El hombre que nunca estuvo allí (The man who wasn't there, 2001) estaba protagonizada de nuevo por un Bogart, un Marlowe que debía reunir al tiempo las cualidades indispensables de antihéroe: peluquero, poco habilidoso galán y sólo aparente hombre duro. Billy Bob Thornton fue aquí uno de los mejores protagonistas del que han dispuesto los Coen, haciendo totalmente creíble un Ed Crane asqueado de su vida, que busca por primera vez en su vida la emoción allá donde no debe y acaba pagándolo. Él no es el detective, sino la víctima que se ve envuelta en el homicidio y gradualmente verá como todo lo poco que tuvo se va derrumbando a su alrededor. El hombre que... es una renovación del 'cine noir' que los Coen convierten en el particular drama de un hombre desarraigado. Luces tenues y sombras abundantes (excelente la fotografía de Roger Deakins), el humo del cigarrillo flotando en el blanco y negro, el rostro adusto de Thornton... todo aquí tiene olor a clásico. Un clásico de los Coen y nuestro tiempo.

La fructuosa relación laboral entre los hermanos y Clooney les llevó a repetir asociación en Crueldad Intolerable (Intolerable Cruelty, 2003). Tributo a las 'screwball comedies', las esplendorosas comedias románticas del Hollywood de los 30, ambientadas en la alta sociedad y casi siempre con un enredo de por medio y/o guerra de sexos. Crueldad Intolerable es la película más abiertamente 'comercial' de los Coen y, paralelamente, la que marca un bajón en su filmografía luego acentuado con The Ladykillers. La apuesta por la comedia romántica se quedó en una película simpática, pero nunca entrañable, donde la mayor baza era la innegable química entre George Clooney y Catherine Z. Jones. A pesar de contar con buenos diálogos cargados de acidez e inteligencia, Crueldad Intolerable tiene un acabado frío, distante y previsible que la hace contar entre las obras menores de sus creadores.

Por último, poco que contar de The Ladykillers (2004). Su última película hasta la fecha es, también, la más floja. De nuevo abiertamente comercial, nos pone en alerta del bajón en la trayectoria de los Coen. En el caso de The Ladykillers, ni siquiera se puede defender la idea de la originalidad, puesto que es un 'remake' de la obra homónima de 1955 aquí traducida como El quinteto de la muerte. Cuando dos creadores natos como los Coen recurren al 'remake' de una comedia clásica como recurso, dejando un resultado además muy inferior del esperado, existe motivo para la preocupación. Con Tom Hanks a la cabeza de la banda de atracadores que se hospedan en la casa de una apacible ancianita para planear un golpe maestro al banco, The Ladykillers deja mucho que desear en el momento es comparada con cualquiera de las obras precedentes. Más efectista, menos inteligente y lo que es peor, apenas divertida salvo momentos puntuales, hacen que sea una película para olvidar salvo su (de nuevo) estilizado retrato de la sociedad sureña. Triste manera de celebrar dos creativas décadas de buen cine.


Este es el legado Coen (de momento). No del todo perfecto, no del todo constante, pero sin duda uno de los más importantes en las dos últimas décadas. Próximamente podremos ver Paris, je t'aime, una película coral francesa donde varios directores cuentan una historia con su particular visión de la ciudad de las luces. Sin embargo, los proyectos que pueden hacer olvidar las dos últimas decepciones son Hail Caesar y No Country for Old Men. La primera cierra la idiot trilogy iniciada con O, Brother... y Crueldad Intolerable, situándose en el mundo del teatro. La segunda cuenta con el atractivo de un renovado reparto en el que veremos, entre otros, a Javier Bardem, Tommy Lee Jones y Woody Harrelson. Dos oportunidades más para un reencuentro feliz (y fraternal) con el mejor cine de este par de coe(n)táneos.

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*Aunque en los créditos siempre figure Joel Coen como director y Ethan habitualmente aparezca como responsable de la producción, ambos son responsables de todas las facetas de sus películas. No será hasta The Ladykillers cuando aparezca acreditada por primera vez la dirección compartida.

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Algunos links de interés:

http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1924.html (sobre los Coen, en general)

http://es.wikipedia.org/wiki/Joel_Coen (sobre los Coen, en general)

http://www.cinestrenos.com/cinefilia/temas/coen/1.htm (sobre Sangre Fácil)

http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article432.html (sobre Arizona Baby)

http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article914.html (sobre Muerte entre las flores)

http://cinefilia.bloxus.com/historias/8521 (sobre Barton Fink)

http://www.miradas.net/0204/estudios/2002/05_jcoen/gransalto.html (sobre El gran Salto)

http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1773.html (sobre Fargo)

http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article722.html (sobre El gran Lebowski)

http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/obrother.shtml (sobre O, brother...)

http://www.labutaca.net/49sansebastian/themanwhowasntthere.htm (sobre El hombre que...)

http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1688.html (sobre Crueldad Intolerable)

http://www.labutaca.net/films/22/theladykillers5.htm (sobre The Ladykillers)

miércoles, noviembre 15, 2006

Hijos de los hombres




Esta es posiblemente la crítica más difícil de realizar de cuantas he hecho. Este dato ya debería decir bastante en favor de Hijos de los hombres, una película compleja, con grandes destellos de calidad tras la cámara y poco margen para mi locura. Por eso ya pido perdón de antemano a mi psiquiatra por no desfasar.

Mentiría si afirmara ser admirador de Alfonso Cuarón, director del film, puesto que solo he visto de sus películas Harry Potter y el prisionero de Azkaban, la cual probablemente haya sido moneda de cambio para este proyecto. Por suerte es la única de Harry Potter que no me he dormido. Así que sólo puedo decir que acudí al cine con las buenas críticas que habían llegado a mis oídos y me encontré gratamente sorprendido. Hijos de los hombres debe sus excelentes resultados en pantalla a la buena mano de Cuarón, que ha sabido combinar una dirección impecable junto con la adopción de notables riesgos tras la cámara. Los puntos álgidos de la película han sido rodados con espectaculares (y no por efectos digitales) planos secuencia.

Y llegado este punto debo descubrirme muy especialmente ante un plano secuencia cercano a los 10 minutos en los que la cámara sigue las acciones de Theo (Clive Owen) mientras se ve devorado por la erupción del conflicto bélico en las calles de una demacrada ciudad de inmigrantes británica. La secuencia reviste una gran complejidad en efectos especiales y tensión dramática, por lo que no se limita a un aburrido plano secuencia en el que la cámara apenas se desplaza unos metros, la película merce la pena sólo por ver este momento. Pero no se trata de una secuencia aislada sino que diversos momentos clave son narrados de igual forma y con idéntica destreza por Cuarón.

Por cierto que casi mejor si comento brevemente la trama, puesto que se trata del punto más flojo de la cinta. Hijos de los hombres nos emplaza en el año 2027, 18 años desde que naciera el último humano poor causas desconocidas. Se intuye el caos imperante en el mundo y el decadente Reino Unido en el que casi la mayoría de la población forma parte de los "fugis" (refugiados), terriblemente perseguidos y marginados por el gobierno británico. Sin embargo, el contexto presentado adolece de muchas incógnitas que no son resueltas en la película, que quizá se centre demasiado en la historia de Theo y Kee.



También merecen su mención honorífica el buen hacer del elenco de actores, pese a qe en su mayoría son grandes desconocidos para el gran público. No obstante, en la película podremos reconocer rostros como los de Peter Mullan, Michael Caine o Julianne Moore. Pero el protagonista indiscutible es Clive Owen, que en los últimos años se está abriendo un importante hueco con sus apariciones en films como Sin City, Plan Oculto o la propia Hijos de los hombres.

Por último de todo cabe comentar que, pese a tratarse eminentemente de un drama, Hijos de los hombres incluye importantes dosis de buen humor negro que puede salpicar incluso a la persecución más angustiosa, algo que considero un importante acierto. Y solo me queda pedir que no comente nada el usuario anónimo y que Jordi no me envíe a Ling-ling a casa en venganza por la tardanza.
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Hijos de los hombres (Children of men). Reino Unido y USA. 2006. 109'.
Director: Alfonso Cuarón.
Guión: Alfonso Cuarón, Timothy J. Sexton, David Arata, Mark Fergus y Hank Ostby; basado en la novela Children of men de P.D. James.
Fotografía: Emmanuelle Lubezki.
Montaje: Alex Rodríguez y Alfonso Cuarón.
Música: John Tavener.
Diseño de producción: Jim Clay y Geoffrey Kirkland.
Vestuario: Jany Temime.
Intérpretes: Clive Owen (Theo), Julianne Moore (Julian), Michael Caine (Jasper), Chiwetel Ejiofor (Luke), Charlie Hunnam (Patrick), Claire-Hope Ashitey (Kee), Peter Mullan (Syd).
Puntuación: 8
Si consigues escapar del campo de refugiados...
http://www.labutaca.net/films/44/childrenofmen.htm (sobre la peli)
http://bango.blogia.com/2006/110701-los-hijos-de-los-hombres-desgarradora-vision-del-futuro-de-la-humanidad-con-la-r.php (crítica de la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3218.html (más críticas de la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1961.html (sobre Alfonso Cuarón)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2284.html (sobre Clive Owen)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1470.html (sobre Julianne Moore)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1518.html (sobre Michael Caine)

viernes, noviembre 10, 2006

Scoop



Segunda película dentro de la etapa londinense del director Allan Stewart Konigsberg. A Woody le ha gustado Londres, claro está, pero no se quedaría a vivir allí por dos razones que bien explica su personaje en Scoop, Sidney Waterman. La primera, por el idioma. La segunda, porque conducen por el lado incorrecto de la calzada (detalle irónicamente importante en la resolución de la película).

Scoop, exclusiva, vuelta a la comedia de Woody Allen tras la notable tragedia que fue Match Point. Seguimos a película por año y no vale la pena ya deshacerse en elogios hacia un hombre que ha dedicado su vida al cine mientras descubría las entrañas de su alma y la nuestra a golpe de diálogos afilados y manías y miedos existenciales de una personalidad que a estas alturas conocemos muy bien. Basta con decir que si bien Scoop no es ni de lejos una de sus grandes películas, un servidor con permanente sonrisa dibujada se percató en un momento concreto de la película de lo mucho que algún día le echaría de menos. Espero que ese día quede muy lejos.

Como decía antes de ponerme sentimental, Woody vuelve con una comedia, más ligera y menos exigente para consigo mismo, con lo cual se agradece aquí la colaboración del espectador si no la compara con joyas como Desmontando a Harry o Annie Hall, respecto a las que queda en clara evidencia. En Scoop, Allen decide mezclar el mundo de los muertos (muerte, tema recurrente en su filmografía) con el mundo del periodismo. Tras su muerte, un prestigioso periodista descubre en su viaje al más allá (estupendas las escenas en ese barco capitaneado por la parca) una relevante información que descubre al adinerado y guapo hijo de un lord inglés (Hugh Jackman) como el 'asesino del tarot', un peligroso serial killer al que Scotland Yard no consigue echarle el guante. El periodista en sí decide aparecerse ante una inexperta e inocente estudiante de Periodismo (Scarlett Johansson). Con la ayuda de un extravagante, pesimista e histérico ilusionista (¿hace falta decir quién?) se sumergirán de lleno en una investigación para desenmascarar al aristócrata en la que, evidentemente, la chica acabará rendida a sus encantos.

A partir de esta premisa, tan rara como sencilla, Scoop es un vehículo de humor tan hilarante como intrascendente. Pasa por ser una película menor del realizador, lo que en su caso nunca significa una mala película. Scoop rebaja el listón del humor al que nos tiene acostumbrados Woody Allen, alternando escenas que nos recuerdan lo mejor de él mismo (“Yo me crié en la religión israelita, pero al crecer me convertí al narcisismo”), con otras en las que encontramos golpes de efecto o chistes forzados que, aunque con cierta gracia, nos sorprenden por su facilidad (el chiste de Mercedes es el mejor ejemplo). No asistimos al Woody que explora el alma humana, está obsesionado con la muerte y no entra el cine si los créditos iniciales de la película ya han comenzado. Es un Woody menos trascendente y maniático, más simpático y que durante su (brillante) actuación prefiere hacernos reír a hacernos pensar y reflexionar. Nada que recriminar, nada que perdonar. Scoop es divertida y se pasa en un suspiro, goza de una exquisita y clásica banda sonora que recuerda en la obertura a Match Point y una Scarlett Johansson tan bella como eficaz en su papel. También gusta un Ian McShane, breve pero grande en su papel de Joe Strombel, el implacable periodista muerto que da la exclusiva. No convence sin embargo un Hugh Jackman que, fuera de sus papeles de héroe duro, se pasa de encantador y acaba endulzando en exceso su papel de niño rico.

La esencia de Allen sigue presente en Scoop, máxime a través de diálogos mordaces que salpican la película de buenos momentos. Bien es cierto que Sydney Waterman no es Alvy Singer, aquel que se para a hablar con el espectador sobre Groucho Marx o la naturaleza humana, el mismo que saca Marshall McLuhan de la cola de un cine para hacer callar a un pedante bocazas. No es el mismo, pero su esencia de ser construido desde la ironía y la inseguridad sigue perviviendo. Y sabe, como nadie, hacer que nos riamos de las pequeñas y no tan pequeñas miserias de la vida. Su inmenso legado cinéfilo le avala y avalará siempre, garantizándonos, como bien cita uno de los personajes de Scoop, que tenemos una eternidad para disfrutarlo. Aunque sea desde el más allá.
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Scoop. Reino Unido. 2006. 96'.
Director: Woody Allen.
Guión: Woody Allen.
Fotografía: Remi Adefarasin.
Montaje: Alisa Lepselter.
Diseño de producción: Maria Djurkovic.
Dirección artística: Nick Palmer.
Vestuario: Jill Taylor.
Producción: Letty Aronson y Gareth Wiley.
Intérpretes: Woody Allen (Sid Waterman), Hugh Jackman (Peter Lyman), Scarlett Johansson (Sondra Pransky), Ian McShane (Joe Strombel), Romola Garai (Vivian), Matt Day (Jerry Burke), Charles Dance (Sr. Malcolm), Anthony Head (detective).
Puntuación: 6
¡Extra, extra!...
http://www.labutaca.net/films/43/scoop.htm (sobre la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3225.html (critica de la peli)
http://www.scoopmovie.net/ (página web oficial)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1615.html (sobre Woody Allen)
http://www.onpictures.com/peliculas/scoop/entrevista_woody.htm (entrevista con Woody Allen)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1748.html (sobre Scarlett Johansson)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1425.html (sobre Hugh Jackman)

sábado, noviembre 04, 2006

Pequeña Miss Sunshine



A veces las historias más insospechadas pasan a ser las más exitosas. Díganle a un productor que quieren hacer una película de una familia más bien freak con suicida homosexual, abuelo heroinómano y adolescente resentido con el mundo haciendo voto de silencio incluidos. Luego díganle que la trama de la película no va más allá de la peregrinación de la familia en una cochambrosa furgoneta amarilla y blanca a un concurso de belleza donde quiere participar su pequeña Olive. Tal vez les mire raro o ni siquiera les mire. Jonathan Dayton y Valerie Faris no tuvieron este problema. El matrimonio, colaborador en más de 75 proyectos cinematográficos, televisión, publicidad y vídeos musicales (los han hecho para los Red Hot Chili Peppers, Smashing Pumpkins o REM, entre otros), atesoraba ya una considerable capacidad creativa y un renombre que les permitía acudir con cierto riesgo a la cita de su definitivo debut cinematográfico.

Y así, a golpe del boca-oreja la pequeña Miss Sunshine empieza a darse a conocer en los cines y acaba convirtiéndose en uno de los estrenos más rentables de 2006. El bajo presupuesto de esta producción con tintes de indie clásico y su reparto poco o nada conocido para el gran público hacen más meritorio el éxito que ha ido acumulando esta producción independiente. Se trata de una propuesta original, una road movie y una reflexión, película de carretera y retrato de una sociedad obsesionada con el éxito que nos hace esbozar una sonrisa al recordarnos las ventajas de ser un perdedor. A partir de un argumento tremendamente simple nos cuenta la historia de los Hoover, una familia tan inusual como desmembrada. Un poco como los Tenenbaums, pero algo más graciosos y bastante menos triunfadores. En el caso de los Hoover, su historia funciona porque la suya es una comedia de carretera donde confluyen muchas comedias: la comedia inteligente que recurre a la ironía y el sarcasmo como mejores armas ("El sarcasmo es el refugio de los perdedores"), la comedia de los gags y los golpes de efecto, la comedia negra, la desenfadada, la comedia de la vida... la de unos personajes que buscan su lugar en el mundo. Una historia mil veces contada, pero pocas con tanta gracia.

A que nos creamos a esos personajes ayuda un elenco de actores en estado de gracia. Partiendo de un Greg Kinnear haciendo de padre obsesionado por inculcar la cultura del éxito en su familia, hasta el abuelo vividor, enganchado a la heroína y malhablado que interpreta entrañablemente Alan Arkin. Pero sin desmerecer ni a Toni Collette (de madre desbordada por la situación) ni a un Paul Dano de asombroso parecido con Leo Messi, la palma se la llevan un divertidísimo Steve Carell y una brillante Abigail Breslin. El personaje del tío Frank, erudito, homosexual y de tendencias suicidas es absolutamente insólito dentro de las familias que solemos ver en la gran pantalla. El 'segundo' experto en Marcel Proust de los Estados Unidos logra la comicidad desde su estado absoluto de depresión y desgracia, momento crucial en el que se incorpora a una familia en la que deja de ser incomprendido por entrar a formar parte de un grupo tanto o más incomprensible. Lo de Abigail Breslin es otra cosa. Pocas pequeñas actrices hay de su tamaño. Su interpretación como la pequeña Olive Hoover es encandiladora, llena de inocencia e inseguridad propias de una niña de su edad y a la vez poderosamente convincente. Breslin desfila ante la pantalla (nunca mejor dicho) como si la cámara nunca hubiera estado allí, pura naturalidad que hacen de ella un diamante en bruto y que consigue emocionar y enamorar en la escena más bella de la película, aquella en la que le pregunta a su abuelo si es guapa.



Para no endulzar en exceso la crítica, advertiré rápidamente de que Pequeña Miss Sunshine dista mucho de ser la comedia perfecta. Innegables son su originalidad, excepcionales actuaciones o comicidad como lo son su excesivo alargamiento a partir de una idea excesivamente simple el bajón en puntuales escenas, su poco sólido y definido final que además deja el destino de los Hoover en suspensión o, lo que es lo mismo, inmerso en la crisis. La película de Dayton y Faris explota al máximo sus recursos y apela directamente al corazón de los espectadores, lo que muchas veces funciona como efecto pantalla para hacernos olvidar que detrás de determinadas escenas se encuentra la necesidad de encontrar una parada o un gag para hacer continuar el camino.

Al fin y al cabo, los altibajos forman parte de ese viaje como lo hacen de la propia vida de los Hoover o la nuestra. De eso se trata, del viaje donde todo el mundo se descubre a sí mismo, algo representado por activa y por pasiva. No es eso lo que hace especial a Pequeña Miss Sunshine. Es ese sabor agridulce que nos deja y esa simpatía permanente que se torna en tristeza en la siguiente para romper en una carcajada en la posterior. Es la impresión de haber abierto un regalo y haber encontrado tras el envoltorio aquello que estábamos deseando.
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Little Miss Sunshine. Estados Unidos. 2006. 101'.
Director: Jonathan Dayton y Valerie Faris.
Guión: Michael Arndt.
Música: Mychael Danna.
Fotografía: Tim Suhrstedt.
Montaje: Pamela Martin.
Diseño de producción: Kalina Ivanov.
Vestuario: Nancy Steiner.
Intérpretes: Greg Kinnear (Richard), Toni Collette (Sheryl), Steve Carell (Frank), Paul Dano (Dwayne), Abigail Breslin (Olive), Alan Arkin (abuelo).
Puntuación: 7,5
Sigue el viaje por aquí...
http://www.labutaca.net/films/44/pequenamisssunshine.htm (sobre la peli)
http://www.septimovicio.com/criticon/little_miss_sunshine_por_david_lopez/ (crítica de la peli)
http://www.fox.es/pequenamisssunshine (página web oficial España)
http://sansebastian.mister-i.com/galerias2006/pelicula_es.jsp?id=540148 (sobre la peli, página del Festival de San Sebastián)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1893.html (sobre Greg Kinnear)
http://www.cinetecanacional.net/cgi-bin/ampliar.cgi?clave=5466 (entrevista y datos de Jonathan Dayton, Valerie Faris, además de crítica de la peli)
http://www.imdb.com/name/nm1113550/ (sobre Abigail Breslin)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1603.html (sobre Toni Collette)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2746.html (sobre Steve Carell)
http://es.wikipedia.org/wiki/Alan_Arkin (sobre Alan Arkin)
http://www.imdb.com/name/nm0200452/ (sobre Paul Dano)

martes, octubre 31, 2006

Infiltrados



Mucho se ha hablado del puto olor a Oscar que despedía esta puta película. Si bien se me plantean putamente exagerados, Infiltrados se presenta como una puta película destinada a estar entre los putos éxitos del puto 2006. Y no, no se me ha acabado de ir la olla, es uno de los efectos secundarios que provoca su visionado.

Infiltrados pretende adaptar la cinta asiática Infernal affairs, trasladando la turbia historia de mentiras, sita originalmente en Hong Kong, a los barrios bajos de Boston. La trama orbita entorno a Billy Costigan (Leonardo DiCaprio), infiltrado en la mafia, y Colin Sullivan (Matt Damon), infiltrado en la policía. Ir más allá de esta simple descripción podría desquiciarme y tampoco es lo que prentendo hacer. Lo que sí cabe comentar es que pese al gran interés 'in crecendo' que despierta su trama, parte de un arraque algo atolondrado y poco satisfactorio en su montaje. Aunque para gustos colores.

Si bien la trama es atractiva, no reside en esta el atractivo de Infiltrados. El film nos permite contemplar la labor de Martin Scorsese como director de un elenco de actores de probada valía. Desde luego el resultado es inmejorable. Desde sus protagonistas hasta los secundarios de lujo se pueden disfrutar de grandes actuaciones. Personalmente destacaría a Mark Wahlberg, Martin Sheen y la descubierta Vera Farmiga. Por su parte Nicholson parece demasiado esclavo de su genialidad y al final no se sabe si estás viendo a un mafioso o un vídeo de lo mejor de Jack Nicholson.

También no quería dejar pasar la ocasión de comentar que la banda sonora me parece, de lejos, el aspecto más pobre de Infiltrados. En muchas escenas no acompaña y tiene poca fuerza (si es que yo mismo sé qué quiero decir con eso). Patinazo de Howard Shore.

Retomando el lamentable inicio de la crítica, recomendaría a William Monahan, el guionista, la compra urgente de un diccionario. El de Manuel Seco ya le servirá. Tras dos horas de película uno se cuestiona si al guionista le traiciona el subsconciente. Incluir la palabra 'fuck' y sus derivados (en la versión original, obviamente) hasta 237 veces no es normal (1'56 veces por minuto). En la versión doblada oiremos 'puta' o 'follar' (ya que nosotros molamos más y usamos dos vocablos para la misma palabra).

Al margen de anécdotas estúpidas, Infiltrados se convierte en una interesante recomendación que mezcla calidad y entretenimiento en buenas dosis. Dos horas largas (quizá le sobre algún minutillo) de buen cine y, sobretodo, buenas interpretaciones. Decir que huele a Oscar me parece exagerado, pero como a Hollywood le entiende su abuela vaya usted a saber.
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Infiltrados (The departed). USA. 2006. 152'.
Director: Martin Scorsese.
Guión: William Monahan, inspirado en la película "Infernal affairs" de Andrew Lau y Alan Mak.
Fotografía: Michael Ballhaus.
Montaje: Thelma Schoomaker.
Música: Howard Shore.
Diseño de producción: Kristi Zea.
Vestuario: Sandy Powell.
Intérpretes: Leonardo DiCaprio (Billy Costigan), Matt Damon (Colin Sullivan), Jack Nicholson (Frank Costello), Mark Wahlberg (sargento Dignam), Martin Sheen (capitán Queenan), Ray Winstone (Sr. French), Vera Farmiga (Madolyn), Alec Baldwin (capitán Ellerby), Anthony Anderson (Brown), Kevin Corrigan (Sean), James Badge Dale (Barrigan).
Puntuación: 7
A ver si os atragantáis con los links...
http://www.labutaca.net/films/46/infiltrados.htm (sobre la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article3226.html (crítica de la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2277.html (sobre Martin Scorsese)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1495.html (sobre Leonardo DiCaprio)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1506.html (sobre Matt Damon)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1427.html (sobre Jack Nicholson)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1505.html (sobre Mark Walhberg)
http://en.wikipedia.org/wiki/Martin_Sheen (sobre Martin Sheen)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1318.htmll (sobre Alec Baldwin)
http://en.wikipedia.org/wiki/Howard_Shore (sobre Howard Shore)
http://imdb.com/title/tt0338564/ (la película en la que se basó)

domingo, octubre 29, 2006

Serpientes en el avión



Tras muchas amenazas de diversa índole y el envío de varios canarios muertos aquí está la esperadísima (como poco) primera crítica de mi trabajo de negro en Cinelandia. Como por esta vez ya no pongo titulillos absurdos, habrás podido adivinar el título del film, espero... Pues bien, bajo su apariencia de película roñosa esconde mucha miga, así que invito al que tenga estómago a darse un paseo por los diversos sites que nos brindan algo de luz ante como ha podido concebirse este espanto de película.

Serpientes en el avión nos plantea una situación homónima. El título ya deja entrever lo que es importante en esta película, que no viene a desarrollar una intensa trama sino una competición de asquerosas escenas de culebrillas. Y todo esto está aderezado con un extenso reparto de personajes que sumarán 4 frases cada uno para conformar la típicas situaciones ñoñas y fáciles. No faltará sexo en el baño, sangre, el tipo repelente que quieres que maten, la azafata que se iba a jubilar ese día... Llegados a este punto no hace falta estrujarse el seso para comprender que se trata de otra Turbulence más que se ha colado en la gran pantalla.

Resultará chocante para los que hayan visto el reportaje de Variety Nadie sabe nada que los mismos productores que aseguran buscar siempre una buena cinta, acaban apoyando semejante esperpento. Serpientes en el avión supone el triunfo absoluto de la promoción. Partimos de un guión de "serie B" que, alimentado por hordas de aburridos internautas, se ha colado en algún despacho ejecutivo. Antes de su estreno, esta película ya gozaba de un amplio público entre los internautas que, a través de los foros oficiales de la película, habían ido sugiriendo como destrozar el séptimo arte. El resultado da que pensar sobre la relación cine-espectador.

Más allá de tramas absurdas y de la escandalosa predecibilidad del film, surgen dudas como el sueldo que Samuel L. Jackson se habrá ganado por participar en el film. También llama la atención que Elsa Pataky no enseñe carne, pero eso ya es otra historia. Otra duda importante es comprobar que el apartado técnico alcanza un nivel más que aceptable, incluso por encima de producciones similares, lo que plantea la duda de si de verdad se apuesta por el buen cine o por la boca muere el pez. Al menos los bajos presupuestos estiran la imaginación.

Y con la nefasta sensación de que el público se decante por el fast-food cinematográfico despido esta crítica. Eso sí, he de hacer un apunte sobre la puntuación. En realidad la película me merece un 2 de nota (por aquello de que tiene gracia ver a una boa comiendo gente), pero le quito un punto por la frase "Dios bendiga a la PlayStation".
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Serpientes en el avión (Snakes on a plane). USA. 2006. 105'.
Director: David R. Ellis.
Guión: Jonh Heffernan y Sebatian Gutierrez.
Fotografía: Adam Greenberg.
Montaje: Howard Smith.
Música: Trevor Rabin.
Diseño de producción: Jaymes Hinkle.
Vestuario: Karen Matthews.
Intérpretes: Samuel L. Jackson (Neville Flynn), Julianna Margulies (Claire Miller), Nathan Phillips (Sean Jones), Rachel Blanchard (Mercedes), Byron Lawson (Eddie Kim), Flex Alexander (Three G's), Kenan Thompson (Troy), Keith Dallas (Big Leroy), Lin Shaye (Grace), Bruce James (Ken), Sunny Mabrey (Tiffany), Elsa Pataky (Maria).
Puntuación: 1
Si no se te tragó la boa constrictor aún...