jueves, septiembre 08, 2011

Destruir la nostalgia

1. Leo con fruición la crónica del pasado Festival de Cannes que Sergi Sánchez publica en Transit: cine y otros desvíos. Y me quedo con una frase, demoledora, que resume la tesis de la última película de Lars von Trier:
"Melancholia quemaba sus naves en el prólogo -un resumen embellecido de la película, y todo hay que decirlo, algo kitsch- para luego defender la tesis de que en la destructividad de la melancolía está la lucidez del mundo".

Pocas horas después, veo Nostalgia (1983), penúltima película en la filmografía de Andréi Tarkovski y primera que rodara fuera de la Unión Soviética (Toscana italiana, para más señas). A nadie se le escapa la relación entre ambos cineastas: Von Trier, cineasta que siempre me ha mantenido entre la admiración y el rechazo pero más en lo primero, dedicó su Antichrist (2008) a Tarkovski, en un acto de... ¿petulancia, gratuidad, honestidad, rimbombancia, pleitesía, provocación? Que cada cual ponga aquí el sustantivo que más le convenga. El caso es que, tras aquel auto-exorcismo salvaje, gratuito y fatalmente imborrable, Von Trier apunta otra vez al maestro ruso. Y ya no sólo desde la dedicatoria, sino desde la sinonimia del título y, al parecer, desde su misma concepción.

2. En Nostalgia, como en Solaris, el protagonista persigue un fantasma (el de un compositor ruso del siglo XVI en un balneario italiano), y su itinerario viene marcado por la relación líquida, etérea entre una realidad agotada (la presente, la del propio caminante, la de su fallida relación sentimental con la intérprete italiana que le acompaña) y un pasado confeccionado a medida del consuelo de esa melancolía. La diferencia es que, si en Solaris esa relación estaba marcada por un diálogo permanente con el subconsciente creador, que al final acababa siendo agente devorador de todo anhelo (en palabras de Stanislaw Lem, aquel tiempo de los milagros crueles que ya había terminado), en Nostalgia, la separación entre las dos realidades está más bien delimitada: el pasado del poeta ruso (asumiendo que a él le pertenezcan esas estampas rurales en sepia) se congela antes de los créditos iniciales, como postales irrevocables que se intercalan en la memoria, falaces o no, durante sus largos, absortos paseos entre las paredes del balneario y ese monasterio abandonado; como dos mundos separados, desde un principio irreconciliables, hecho que Tarkovski se encarga de subrayar en la imposibilidad, sin razones concretas, que encuentra el propio poeta en emprender el camino de vuelta a casa.

3. Volvamos de nuevo a la crónica de Sánchez:
"...es el film del cineasta danés que tiene más planos generales, como si la intimidad que debería provocar el fin del mundo, como si la cercanía entre los cuerpos solo fuera una falacia. Queda, por tanto, la tensión entre la grandeza de lo que se cuenta -el Apocalipsis- y lo pequeño, lo superficial del lugar desde el que se cuenta."
La opción estética del plano general tiene una función básica en el cine de Tarkovski, si bien este viene acompañado, necesariamente, de un movimiento de apertura del plano. El final de Solaris y el de Nostalgia, por ejemplo, repiten la misma maniobra: la culminación de ese diálogo constante en una imagen final que expone la única certeza que queda y que, al mismo tiempo, se abre a un abismo de interpretación entre la realidad y nuestro acercamiento a esta. En la primera, el zoom out adquiere el mecanismo de la sinécdoque con el resto de implicaciones que ya conocemos. En la segunda, el efecto es si cabe más demoledor. Tras el último aliento del poeta, esa estampa de la infancia congelada por la nostalgia adquiere de nuevo movimiento. Inmediatamente, el contraplano supone el derrumbamiento de todas nuestras convicciones (y las suyas): el poeta aparece con el perro junto a la charca, frente a la casa que guardaba en su memoria. Pero en la charca hay reflejados tres arcos, y poco a poco, el plano se abre lentamente, mientras se oye apenas el susurro de una melodía folclórica. El gran plano general revela, al fin, un espacio único que muestra a la casa, la charca, el poeta y su perro empequeñecidos entre los enormes arcos y paredes del monasterio abandonado. Esa última imagen es la gran obra maestra que encierra Nostalgia, porque finalmente desmiente la separación de ambos universos, porque destruye la nostalgia titular, si cabe, con una sinécdoque más sofisticada: el poeta, adulto como contraplano al niño, congelado en el escenario idealizado del pasado de su infancia, y este a su vez encerrado en los muros inalcanzables de un presente que aprisionará y delimitará, inevitablemente, todo recuerdo. Si efectivamente la nostalgia, la melancolía, separan al mundo de la lucidez, es la lucidez de un gran plano general de Tarkovski lo que basta para su destrucción súbita. 


En las imágenes: Imagen promocional de Melancolía, película distribuida en España por Golem (fotos por Christian Geisnaes) © 2011 Zentropa Entertainments, Memfis Film, Slot Machine, BIM Distribuzione, Eurimages, Trollhättan Film AAB, arte France Cinéma y Zentropa International Köln. Todos los derechos reservados. Fotograma de Nostalgia © 1983 Opera Film Produzione, Rai Due y Sovinfilm. Todos los derechos reservados.

lunes, septiembre 05, 2011

La piel que habito

Tarántula, de Thierry Jonquet, llevaba la herencia de esa ficción hasta extremos de insoslayable depravación: la ecuación monstruosa impulsada desde un relato de venganza salvaje y autodestrucción, con la vejación permanente y la cirugía transgenérica como vías para la tortura sistemática, pero también como caminos insospechados que llevan a la sumisión y, finalmente, a la pasión prohibida. Resulta llamativo que sea aquí, en su primer viraje al terreno del fantástico, donde Pedro Almodóvar haya encontrado el improbable equilibrio entre las pulsiones subterráneas de su cine, su a menudo mal digerida cinefilia y la intensidad melodramática siempre pasada por el filtro del género. La piel que habito es, en ese sentido, no una película redonda, pero sí la que mejor ha sabido reconciliar las virtudes de un realizador para consumar una tesis que ya apuntaba en Hable con ella (2001): la doble piel de la protagonista, la doble condición de epidermis indestructible pero sensible al mismo tiempo, habla también de que el horror y la belleza, el odio y el cariño pueden ser caras de la misma moneda, tactos sobre un mismo cuerpo.
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En la imagen: Fotograma de La piel que habito, película distribuida por Warner Bros. Pictures International España © 2011 El Deseo. Todos los derechos reservados.

martes, agosto 30, 2011

Destino final 5


Hizo falta más de una década de ausencia y mucha reflexión sobre el metadiscurso audiovisual para que Wes Craven resucitara su franquicia Scream para elevarla de nuevo a sus mejores niveles. Hay en ese espacio prolongado, en ese hueco insólito para que una saga del género de terror continúe, y no se reinicie o rehaga, una falta de urgencia palomitera que posiblemente nunca pudo disfrutar la serie Destino final para reinventarse con conocimiento de causa. Su primera entrega ya mostraba todas las cartas: una set piece catastrófica como primer acto, seguida de un reguero de imprevisibles muertes, a cada cual más macabra, que demostraban a la Parca como la más original y sofisticada serial killer del cine. A partir de ahí, la repetición del esquema, a través de irregulares secuelas y tímidas improvisaciones en cuanto a las reglas del juego que venían a desembocar, en esta Destino final 5, en la conclusión impepinable de que tarde o temprano y variantes aparte, a todo cerdo le llega su San Martín.
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En la imagen: Fotograma de Destino final 5, película distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España © 2011 Jellystone Films y New Line Cinema. Todos los derechos reservados.

lunes, agosto 22, 2011

Super 8

Casi tres décadas después, J.J. Abrams encuentra en su último trabajo ese punto de intersección ideal que concilia la sensibilidad Amblin que en su caso significó motor e inspiración de una carrera meteórica, y sus consabidas ambiciones como gurú de una renovación del discurso audiovisual, que también tiene por base lo humano y lo dionisíaco. Decir que Super 8 es un homenaje a los impagables placeres que la productora de Steven Spielberg tradujo en educación cinematográfica de una entera generación de espectadores y artistas, es quedarse corto.
En la imagen: Cartel promocional de Super 8, película distribuida en España por Paramount Pictures Spain © Amblin Entertainment, Bad Robot y Paramount Pictures. Todos los derechos reservados.

martes, agosto 16, 2011

La boda de mi mejor amiga


La boda de mi mejor amiga es traslación inequívoca de los temas Apatow a una producción eminentemente femenina, la película reproduce esquemas y bromas a costa de la inmadurez, el instinto autodestructivo del perdedor y la amistad como motor de afectos que supera obstáculos, incluso los que marcan las despedidas —la conclusión de la boda es escena gemela de la despedida en el centro comercial en Supersalidos (Greg Mottola, 2007)—. Y no lo hace como superposición de arquetipos —masculinos, a menudo acusados de sexistas— de esa comedia en el sexo opuesto, sino como adaptación a la feminidad de sus protagonistas, perfectamente consciente y natural (...) Kristen Wiig, comediante extraordinaria salida de la cantera del Saturday Night Live (1975-), el alma mater de una película que, en su entrega a la comedia de improvisación, padece los mismos desajustes que otros títulos de la factoría: dentro del desmedido metraje y poca concisión narrativa del filme que firma Paul Feig, la actriz es a todas luces justísima acaparadora de protagonismo y estrella, una que brilla con especial intensidad en sus enfrentamientos dialécticos con Rose Byrne.
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En la imagen: Fotograma de La boda de mi mejor amiga, película distribuida en España por Universal Pictures International Pictures Spain © 2011 Apatow Productions, Relativity Media y Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

martes, agosto 09, 2011

El origen del planeta de los simios


El recuerdo imborrable del final de El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968) podría servir para apuntar la verdadera ausencia en El origen del planeta de los simios: lo memorable como requisito para forjar su propia leyenda. Rupert Wyatt desempeña con corrección y hasta cierto entusiasmo la microhistoria que dará paso a la macrohistoria, lo hace con indudable músculo narrativo y el entretenimiento más o menos inteligente como base de un blockbuster sólido como una roca (...)  Pero la excelencia artesana, una vez más, no significa necesariamente la majestuosa naturalidad del clásico instantáneo. 
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En la imagen: Fotograma de El origen del planeta de los simios, película distribuida en España por Hispano Foxfilm © 2011 Twentieth Century Fox y Chernin Entertainment. Todos los derechos reservados.