domingo, abril 02, 2006

Wallace & Gromit: La maldición de las verduras

Posted by Picasa


Comienzo a escribir estas líneas hablando de la factoría Aardman Animations con respeto y dosis considerables de cariño y simpatía. Es lo que me despierta esta compañía británica que no puede ser considerada sino un auténtico grupo de artesanos que a base de plastilina y esfuerzo se han ganado un renombre en el cine, un prestigio y sinonímia de calidad encadenada a la diversión garantizada por el humor inteligente. Todo eso son, ni más ni menos, Wallace & Gromit.

La fructífera relación de ese peculiar inventor amante del queso y su inteligente perro con la factoría se remonta a 1985. Fue entonces cuando Nick Park creó para ellos esa entrañable y rentable pareja y los puso en escena en A Grand Day Out, el cortometraje que les dio a conocer. Desde entonces Park contó sus proyectos por éxitos que le reportaron multitud de galardones que culminaron con el que fue The wrong trousers (Los pantalones equivocados), al que le siguió A close shave (Un afeitado apurado), ambos ganadores del oscar al mejor cortometraje de animación. Chicken Run (Evasión en la granja) significó el salto al largometraje de animación, un salto logrado y entretenido que adaptaba, a su manera, aquella gran evasión de McQueen. Pero el mayor logro estaba por llegar y, por fin, ha llegado. Wallace & Gromit: The curse of the were-rabbit, título libremente adaptado como La maldición de las verduras es, no solo el esperado debut de la pareja en un largo, sino una cumbre del cine de animación. Un triunfo de los artesanos.

Wallace y Gromit, o Gromit y Wallace protagonizan una película que aglutina todos los ingredientes posibles. El coloso trabajo de realización y animación realizado viene acompañado de una historia que divierte, entretiene y ofrece todo un repertorio de guiños adultos y homenajes que le convierten en mucho más que un simple producto para niños. A eso se le suman los brillantes tintes de humor absurdo que la salpican (atención al libro de los monstruos) y unas cuantas escenas que quedan para el recuerdo. Habría que contar entre ellas ese final tan emocionante como delirante a lo King Kong o la no menos desternillante caza del monstruo a base de sofisticadas estrategias de seducción. No es la película de Merian C. Cooper la única que recibe unos segundos de tributo, también encontramos pedazos de Un hombre lobo americano en Londres, Ben-Hur e incluso un arrebato inesperado de Bugs Bunny.
Resulta además, sorprendente, la personalidad que Park y su ejército de animadores imprimen a esos personajes de plastilina, especialmente a su pareja protagonista. Gromit es, sin duda, uno de los mejores personajes paridos por el cine de animación, capaz de expresar sin boca (y por tanto), sin una palabra, más expresividad que algún que otro actor que circula por los taquillazos de turno.

La suma de todas esas virtudes hacen de La maldición de las verduras, una invitación a borrar cualquier prejuicio o identificación de cine de animación como estrictamente infantil. Su disfrute es absoluto de principio a fin y su escaso metraje se hace aún más efímero hasta el punto de echar de menos algún que otro minuto de más. Bien es cierto que si bien las referencias, dobles sentidos y demás ocupan los 85 minutos de la película de Wallace & Gromit, su trascendencia no va más allá ni aspira a alcanzar cuotas como las que alcanza, desde las antípodas mismas de su toque inglés, el cine de Miyazaki. No es ese su cometido. Su máxima es la de entretener con un producto por encima de la media, que levanta admiración por su titánica producción y que, valga el tópico, encandila a grandes y pequeños. Su sello de calidad debería prescindir por tanto, de reclamos innecesarios como supone el doblaje de Ralph Fiennes, pero se ve incrementado por la aparición en los créditos de un Hans Zimmer que olvida estridencias y pone el broche con una música emocionante, pegadiza y que se adapta perfectamente a las imágenes.


Un pequeño gran rato de cine que otorga los correspondientes galones a la animación stop-motion en tiempos postrados a la animación por ordenador. Solo queda agradecer en este punto de la carrera de Nick Park, la escasa explotación de esta pareja animada y brillante, y esperar del próximo trabajo de Aardman un producto a la altura o mejor que La maldición de las verduras. Pese a sus predecibles años de elaboración, la espera merece la pena.
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Wallace & Gromit: The curse of the were-rabbit. Reino Unido. 2005. 85'.
Dirección: Nick Park y Steve Box.
Guión: Steve Box, Nick Park, Bob Baker y Mark Burton.
Música: Hans Zimmer.
Fotografía: Dave Alex Riddett y Tristan Oliver.
Montaje: David McCormick y Gregory Perler.
Diseño de producción: Phil Lewis.
Doblaje original: Peter Sallis (Wallace), Ralph Fiennes (Victor Quartermaine), Helena Bonham Carter (Lady Tottington), Peter Kay (PC Mackintosh), Nicholas Smith (Reverendo Clement Hedges), Liz Smith (Sra. Mulch).
Puntuación: 7
Sigue el rastro de las verduras...
http://www.labutaca.net/films/35/wallaceygromit.htm (sobre la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2820.html (crítica de la peli)
http://www.aticoezine.com/num6/num_sep_anim.html (sobre la trayectoria de Aardman y Nick Park)
www.aardman.com (página web de Aardman)
http://www.wallaceandgromit.com/fla/wg.html (página web de Wallace & Gromit)
http://www.elmundo.es/metropoli/2005/10/07/cine/1128636006.html (entrevista a Nick Park)

5 comentarios:

Ctrl_Alt_Supr dijo...

Vi la pelicula hace un tiempo y me gusto me parecio muy divertida y entretenida, igual que los cortos de Wallace y Gromit.

Jordi dijo...

Pues sí. Yo vi hace mucho "Los pantalones equivocados" y la verdad tengo un muy buen recuerdo (me lo estoy volviendo a bajar, junto con los otros cortos).

Ctrl_Alt_Supr dijo...

ese corto me encanto es la risa, sobre todo el animal que hacia de malo (no recuerdo que animal era) pero que como gromit no decia nada, y era la risa

Jordi dijo...

Sí, el pingüino ladrón, jeje que grande.

Silver Sack dijo...

Esta película me ha sorprendido muy gratamente, sobretodo porque me quedé un poco traumatizado tras Chicken Little. Parece que todavía consideramos al público más joven inteligente y con criterio para aportarle una cinta con mucho ingenio y sin recurrir a tópicos. Y, además, se agradece mucho que sea igualmente apta para todo tipo de público. La risa no tiene edad.