viernes, octubre 27, 2006

Copying Beethoven



Hay películas que despiden amor por el arte, en cualquiera de sus máximas expresiones: sea pintura (La joven de la perla), cine (Cinema Paradiso) o como en Copying Beethoven, una mirada auténticamente enamorada de la música. La película de la polaca Agnieszka Holland no disimula su pasión en ningún momento, ni por la gloriosa música de 'El Monstruo', ni por 'el monstruo' en cuestión.

Su principal virtud es la de ser una improvisación más que loable de los últimos días de Beethoven sin faltar a la verdad. Copying Beethoven gira en torno a la figura de Anna Holtz, una brillante copista y aspirante a compositora para quien compartir con Ludwig van Beethoven los días previos al estreno de su Novena Sinfonía Coral son la consumación de un sueño. La Tal Holtz es un personaje recreado a partir de un personaje bastante difuso de la vida del maestro que, efectivamente, le ayudó a copiar la que es su obra más célebre pero del que poco más se sabe. A partir de la poca documentación existente al respecto, Christopher Wilkinson y Stephen Rivele han ideado una trama inneglabemente atractiva, que afronta y dibuja los límites de la atracción y admiración entre un maestro y su aprendiz. Por tanto, estamos ante un biopic alejado de los cánones, original pero completamente respetuoso, capaz de imprimir amor por la música e hipnotizar al espectador gracias a un tremebundo Ed Harris.

Centro de la película, grandiosa y admirable es la actuación de Harris que le otorga con todos los honores el título que se merece: el de grande entre los grandes. Su interpretación de Beethoven está cargada de ira y furia, haciendo suyos y nuestros los tormentos de la última etapa del compositor en la que su sordera confinó la música a sus pensamientos. El indomable temperamento, su cercanía y casi suplantación de Dios son palpables en cada escena y traspasan la pantalla mientras una dignísima Diane Kruger encandila con un personaje sincero y luchador que pasa de admiradora a musa del maestro. Ambos ganan fuerza en sus interpretaciones mientras avanza la película hasta alcanzar el punto álgido en la que es una escena para el recuerdo. La larga escena del estreno de la Novena Sinfonía es sencillamente cautivadora, impresionante, a la altura de algunas de los grandes momentos de la mítica Amadeus de Milos Forman. La cámara se mueve a través de los instrumentos, los miembros de la orquesta, el asombrado público y por supuesto, un Beethoven que, de la mano de Holtz inicia una ascensión hacia el éxtasis mientras se oyen las gloriosas voces del coro acompañándoles hasta las mismísimas puertas del cielo. El sudor corre por su cara, Harris sacude violentamente su cabeza en movimientos idos de euforia y la cámara empieza a temblar como si la escena se hubiera rodado en el epicentro de un terremoto. Es un prodigio de fuerza, energía y pericia técnica que consigue atrapar al espectador para dejarlo en el asombro cuando concluye con un silencio absoluto y Harris mira hacia la cámara con esa mirada que significa su despertar, la vuelta a la realidad. Un vistazo a su alrededor le deja contemplar la clamorosa ovación que Agnieszka Holland prefiere dejar en el silencio absoluto de unos segundos durante los que somos Beethoven. Brillante cierre para una escena memorable e imperecedera.

Tan grande es dicho fragmento que una vez alcanzamos los créditos finales nos da la impresión de que la película entera gira en torno a esa escena de la Novena. El declive de la película de ahí en adelante es más que evidente. Tal vez sea porque nos sepa a poco lo que pueda pasar, tal vez porque Holland no sabe darle un acabado a la altura... el caso es que la intensidad que había caracterizado la primera parte de la película se va diluyendo lentamente en el tramo final. La pasión que invade todas y cada una de las escenas precedentes al estreno de la sinfonía parece desfallecer después de la misma hasta desembocar en un final tosco y rápido, un mal remate que deja bastante que desear si recordamos, por establecer un paralelismo, la lenta agonía de Mozart en Amadeus. Otra nota negativa que apuntar aquí es el uso de determinadas licencias estilísticas que no cuajan del todo en una obra de inevitable tono clásico. Es algo que se vislumbra, por ejemplo, en la escena de apertura, en la que asistimos a un montaje nervioso que poco tiene que ver con lo que vendrá luego.

En conclusión, Copying Beethoven resulta enormemente interesante y hasta apasionante en algunos pasajes. Si bien le falta la suficiente fuerza en sus compases finales para no hacer de ella la gran película que podría haber sido, no hay duda que asistir al espectáculo de la Novena Sinfonía deja huella y obliga a convertirla en referencia indiscutible de una película dominada por el inmenso Ed Harris. Dios de El show de Truman y dios aquí otra vez. Alabado sea.
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Copying Beethoven. Estados Unidos, Hungría y Reino Unido. 2006. 104'.
Directora: Agnieszka Holland.
Guión: Christopher Wilkinson y Stephen Rivele.
Fotografía: Ashley Rowe.
Montaje: Alex Mackie.
Música: Maggie Rodford.
Diseño de producción: Caroline Arnies.
Dirección Artística: Paul Ghirardani y Lorand Javor.
Vestuario: Jany Temime.
Intérpretes: Ed Harris (Ludwig Van Beethoven), Diane Kruger (Anna Holtz), Nicholas Jones (archiduque Rudolph), Matthew Goode (Martin Bauer), Joe Anderson (Karl Van Beethoven), Bill Stewart (Rudy), Angus Barnett (Krenski).
Puntuación: 6,5
Con la música a otra parte...
http://www.notrofilms.com/copyingbeethoven/ (página web España)
http://www.labutaca.net/films/44/copyingbeethoven.htm (sobre la peli)
http://www.elpais.es/articulo/cine/Copying/Beethoven/recrea/ultimos/anos/compositor/elpcinpor/20061020elpepicin_11/Tes/ (sobre la peli)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1673.html (sobre Ed Harris)
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1673.html (sobre Diane Kruger)
http://www.decine21.com/FrmEspecial.asp?id=24&P= (entrevista a Diane Kruger y Agnieszka Holland)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El friki te eclipsa...

laura dijo...

ooooooooooooooooooooooOOOOOOOOOOOOOh!

Y tu mensaje ha pasado inadvertido (recomendación propia), anónimo!