martes, septiembre 22, 2009

Malditos bastardos




El título original, Inglourious basterds, da la pista sobre el destinatario de tamaña declaración, a partir de la reinvención ortográfica sobre “The inglorious bastards”, título inglés de Aquel maldito tren blindado (Enzo G. Castellari, 1978). La cinta de Castellari (quien disfruta de un cameo aquí) era una digna representante del macaroni combat, subgénero contestando con deliciosa serie B y desinhibición a las muestras de cine de comandos que llegaban desde Hollywood a finales de los 60 (imprescindibles como Doce del patíbulo Los violentos de Kelly). Tarantino no excluye ninguna posibilidad y Malditos bastardos profesa devoción por aquellas formas gamberras y festivas, pero se postra, sobre todo, ante un tiempo y contexto en el que también coexistía el spaghetti western. Los primeros compases de su película significan, de hecho, uno de los mayores milagros de su filmografía, el improbable encuentro entre Sergio Leone y John Ford que supone un capítulo-apertura equiparable en excelencias al de Kill Bill: Vol. 2. Este le basta al realizador para demostrar su dominio insultante en el diseño del diálogo, en el asentamiento de un clima desde el perfecto control de los tiempos y los resortes del mismo; pero también en la creación de personajes irrevocablemente magistrales, aquí un coronel Hans Landa interpretado por un inmenso Christoph Waltz.
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2 comentarios:

Albert {in itinere} dijo...

Bueno, ya te he comentado el La Butaca, pero quería dejar mi huella aquí, donde lo he hecho siempre. Una gran, gran, gran película. Y una gran crítica, como no. Coincido plenamente con ella.

moonriver dijo...

Pues sí, ésta podría ser la obra maestra de Tarantino. Desde "Reservoir Dogs" no había hecho nada tan auténtico. Un guión impecable, grandes interpretaciones, una magnífica banda sonora y un inigualable manejo de la cámara hacen de "Malditos bastardos" una de esas películas que siempre te descubren algo nuevo por muchas veces que la hayas visto ya.